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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

diario.del.salon.du.livre.dia.uno

Día uno: mesa en el Instituto Cervantes. Están Tomás Segovia, Elena Poniatowska, Fabio Morábito, Margo Glanz y Jaime Moreno Villareal. El tema: escritores de raigambre extranjera. Llego tarde por culpa de un puto pedazo de código que no quiere correr. Además trabajo lejos. En el camino (metro, línea 13) cierro los ojos y hago respiraciones abdominales para relajar la tensión: el Instituto Cervantes le ha encargado al Taller de París la tarea de entrevistar a treinta y tres escritores invitados para CervantesTV. Las noches se nos han ido en juntas de preparación, horarios, ensayos, y el trabajo va poco a poco quedando relegado. Para colmo, tengo reunión de avance el jueves por la mañana con mi superior jerárquico: un informático hipercompetente frente al que no hay Salón del Libro que valga: el trabajo tiene qué salir. / Llego tarde a la mesa. Habla Tomás Segovia, habla bien y mucho, quizá porque escucha poco y eso poco es gracias a un discreto aparatito pegado al oído. Tras la mesa suben Segovia y Glantz y los dos primeros entrevistadores: más nervios. La entrevista ocurre en la oficina del director, al amparo de un óleo de Ortega y Gasset por Ignacio Zuloaga. Lo primero que pienso al entrar en la oficina y plantarme bajo el óleo: este no es mi mundo, yo vengo del código, de la tecla, del programa corre o no corre. El cámara ajusta sus aditamentos, Tomás Segovia salta al ruedo. Me impresiona su claridad: como si la vejez afinara sus ideas. Le preguntamos si existe la Literatura Mexicana y responde que literatura y nacionalismo son dos cosas distintas: primero viene la creación, ya luego los demás le atribuyen las banderas. Veinte minutos  eternos: diferencias entre prosa y verso, diferencias superficiales, diferencias profundas, bendito sea Turing también grabamos con una camarita para nuestro futuro sitio del taller: eso tienen los medios, distraen de lo esencial (la respuesta): la periferia (la cámara) le roba su lugar al centro (el objeto): no logro concentrarme en las respuestas de Segovia. Abajo, los asistentes a la mesa brindan arropados por un trío jarocho. Aparece Christopher Domínguez, muy castigado por el jet lag, Gustavo Guerrero, con un nuevo corte de pelo pero la misma afabilidad de siempre, el mismo dominio de sí mismo: ¿cómo le hace Gustavo para permanecer auténtico entre tanta faramalla, tanta farándula, tanto reino de la apariencia? / Sigue Margo Glantz. Habla del cuerpo, habla de los dientes, de que ha escrito una novela para cada órgano del cuerpo, a mi BalSac se le hacen agua las papilas: Margo es clara, sus palabras salen de su voz perfectamente pulidas. En el vestíbulo está la Poniatowska esperando su abrigo. Intento ser yo pero no lo logro. ¿Dónde está Harmodio?, me pregunta Hanna cuando bajo al fin junto con los entrevistadores. Detrás de un barro enorme que me salió en la nariz, justo la víspera de la entrevista con Sergio González Rodríguez… ¿qué voy a hacer? ¿qué va a pensar de mí el medio? / Al final, quedamos los irreductibles, los instrumentos sin músicos, la calle vacía. Esta es la parte más jugosa de las sesión: la de los chismes sin nombre. Que si un tal exige que su homenaje sea en tal lugar a tal hora sin importarle el programa, que si otro tal exigía su inclusión de último minuto en la mesa de la raigambre extranjera: los escritores tien todos un ego de aquí a Pachuca: son todos unas divas, y sin embargo qué bien, qué rico, cómo y cuánto me embelesaron las palabras de Segovia y Margo. / Entrevistaré a la Poni el domingo… ¡¡¡qué nerviooooooos!!!

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2 Respuestas a “diario.del.salon.du.livre.dia.uno

  1. eltaza 18 marzo, 2009 en 17:53

    Me quedé con ganas de que contaras cómo te fue con ‘la Poni’ el domingo.
    Anda.

  2. Miriam Jerade 20 marzo, 2009 en 17:23

    Sí, cuéntanos de la entrevista. Yo fui al salón el viernes, un poco en tono Bovary, escuché quince minutos a Bellatin, diez minutos a los escritores del norte, que me estaba gustando mucho, pero luego volví a recorrer de sur a norte la feria para encontrarme con Elsa Cross. Me hubiera gustado escuchar a Margo Glanz. Es curioso contestar a esa pregunta-etiqueta desde el extranjero “escritor mexicano”. Lo interesante también es cómo se fue haciendo el canon de la literatura contemporánea y sus géneros (del norte, kitch, femenina, etc) y cómo se exporta. Un saludo.

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