malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos en la Categoría: vida

Goytisolo

Para contar por qué le digo coamante a mi coamante necesito contar cómo conocí al novelista Goytisolo. Conocí a Juan Goytisolo en la Maison de l’Amérique Latine, en un brindis que celebraba la publicación de un poemario. Goytisolo se refugiaba del humo del cigarro en un rincón, junto al novelista Ríos y cinco o seis personas más. Mi amigo M quería un autógrafo del novelista Fuentes, pero éste se encontraba sitiado por una muralla de admiradores. Mejor vamos con Goytisolo, propuse: está más despejado. Juan Goytisolo tiene la tertulia generosa, toma y daca la palabra con atención y respeto, sin importar la calidad de sus co.enunciadores, en este caso dos aficionados a la escritura sin oficio ni beneficio. Al final, Goytisolo le dice al grupo: si alguno de ustedes pasa algún día por Marraquech, que vaya a la plaza de Xemáa El Fná y pregunte por Juan. Al diciembre siguiente, coamante y yo ya estábamos en el puerto de Sète, a punto de abordar una embarcación con destino a Tánger para, después de variopintas aventuras, llegar finalmente a Marraquech, más precisamente a Xemáa El Fná. Pregunten por Juan, sí, pero ¿a quién? ¿Al encantador de serpientes, al contador de historias, al místico ambulante, al vendedor de kebabs, al exprimidor de jugos, al domador de insectos, al merolico, al ratero, al policía, al mesero, a la gitana que pinta las manos de jena, al del puesto de periódico? Exacto, al vendedor de periódico. ¿Juan? Vayan al Café de France. Ahí un mesero nos da las indicaciones. Coamante me sigue, no muy convencida, por el laberinto de calles medievales. Nos detenemos frente a una puerta baja, misteriosa, puerta de tiempo más que de espacio. Toco. Abre un bigotón. Buenos días, soy (¿soy?) un escritor mexicano, busco a Juan Goytisolo. El bigotón se pierde. La puerta queda entreabierta. Tengo taquicardia, que la súbita presencia de Goytisolo en pantuflas casi vuelve infarto. Bue, bue, buenos días ma, ma, maestro, soy ¿soy? Juan enfoca los párpados sin reconocerme. Vengan a tal hora, al Café de Francia. Gra, gra, gracias. Y así, con la respiración entrecortada, regreso a las actividades propias del turista. Una hora antes de la cita, entro a un café internet para ver qué encuentro sobre Goytisolo porque sólo he leído Señas de Identidad y el Conde don Julián. Ahí, en http://www.juan.goytisolo.org, hallo un artículo suyo en donde habla de lo triste que es la expresión compañero sentimental, tan de moda en la prensa escrita, y lo bueno que sería resucitar la forma medieval coamante. Llegada la hora de la cita, nos dirigimos al Café de France. Juan nos ofrece dos sillas, su atención, un té. Yo le presento a mi coamante y Goytisolo se entusiasma, pregunta quién me enseñó esa palabra. Taquicardia (no digas la verdad: miente, finge cultura). Me, me, me la enseñó mi, mi, mi maestra de li, li, literatura medieval (¡cuál maestra, cuál literatura medieval si tú eres ingeniero!) y la taquicardia me va a durar toda la noche, pero se va a ir diluyendo con los días, porque regresaremos encantados al día siguiente a escucharlo, a conocer a otros adictos de esa misma terraza y esa misma hora, la hora en que Juan se vuelve un contador más de Xemáa El Fná, domador de lenguas, merolico irreductible, vendedor de patrias, bardo gitano de todos lados. Y además nos invita el té. Y nos regala libros, no libro.mío.cualquiera para admirador.cualquiera, sino ese libro que necesitas, ese que viene a cuento por lo que platicamos ayer: libro.para.que.entiendas. De regreso a París, tomo por asalto la biblioteca del Instituto Cervantes para volcarme en su obra y descubrir maravillas: Coto Vedado, En los Reinos de Taifa, Makbara. Le mando una fax lleno de signos de admiración intelectual. Responde por correo postal. Su respuesta cierra con una evocación de Las Mil y Una Noches en donde, con esos caracteres verticalmente apretados de su puño y letra, le advierte al par de coamantes: ámense bien, hasta que puedan.

Extracto de Musofobia (en libre acceso acá)

martes, passage.molière (23/ago/2005/9:41)

Pues sí. Hay lunes que comienzan con cara de nada, o peor aún, cara de lunes. Y está lloviendo, y hace un frío de agosto, y la ciudad bosteza amodorrada después de un verano que no cumplió una sola de sus promesas. Resumiendo: un lunes. Precisamente por eso, por que uno nunca espera nada de los lunes, es que luego al lunes menos pensado le da por contradecir su naturaleza, y se disfraza de viernes de primavera o de grito de independencia. Y uno lo ve llegar y lo desconoce y le pregunta: ¿eres tú lunes? Ayer, por ejemplo. Parecía que no íbamos a ningún lado. Y de repente, Sanlunes manda un párrafo de eso que resuelven todo un cuento, de esos que cuando le das enter y lo relees te desconoces: ¡ay güey! ¿soy yo… en lunes? Y la conexión inalámbrica del Internet funciona a la primera, cuando tú te esperabas un mes de batallas contra France Télécom. Y las papas al horno rellenas de tocino y tomate, esas que eran sólo para terminar lo que quedaba de la alacena, quedan deliciosas. Y llama Iván para tomar cerveza en Saint-Michel, nada más una, cuestión de sobrevivir el lunes. Pero Sanlunes está que no cree en nadie, Sanlunes manda un hada a la vuelta de la esquina, y el hada me reconoce, me saluda, viene a tomar cerveza con nosotros, a dar consejos en primera persona del singular femenino (no nos creas, porque hombre que pone toda su fe en una es hombre desarmado: no nos creas, y si nos crees, que no nos demos cuenta que nos crees). Y, gracias a un hada, eso que empezó con cara lunes cierra como día festivo: mirando para arriba, con sonrisa de árbol de navidad y ojos de fuego pirotécnico.

Últimos fragmentos de un largo viaje.2

Por Christiane Singer

[..] Queridos amigos:

Me veo obligada a anular mis seminarios y conferencias. Dentro de poco me operarán y el diagnóstico es grave. Sería yo feliz si recibieran ustedes esta noticia como yo la recibí: con el corazón abierto y sin juicio. Toda existencia es singular; ésta que yo vivo –y que quizá se prolongue– es una vida verdadera y plena hasta derramar el vaso de amor, de amistad, de encuentros, de fervor, de compromiso hacia lo vivo y también de locura. Las pruebas tienen ahí un lugar como todo lo demás y yo acepto sin regatear ésta que ahora se presenta ante mí.

*

[..] Tal como lo prometí (y con alegría)…

Creo que este libro tiene luz propia. ¡La gracia de él que recibí mientras le abría paso!

Cuídalo, te lo ruego. Mi ilusión sería que se publicara lo antes posible. Sería una forma muy fuerta de entrar de aquí en adelante en un espacio NUEVO –poco importa dónde o qué– pero NUEVO.

Christiane Singer a su editor
2 de marzo del 2007

*

[…] Tengo una enfermedad. Es un hecho. Está en mí. Mi trabajo consiste ahora en que la enfermedad no me tenga: en no estar yo dentro de la enfermedad.

Últimos fragmentos de un largo viaje.1

Un [ joven/frío/científico ] doctor le diagnostica a Christiane Singer seis meses de vida y un tumor. Ella toma su pluma y escribe Derniers fragments d’un long voyage: un puñado de páginas literales, en el umbral de la despedida definitva, en donde una adicta a la vida toma el cáncer como una pista de despegue para emprender un [altamente literario] vuelo espiritual. Ya existe una versión en español pero está agotada, y como quería compartir ciertos fragmentos de este vuelo lírico y vital con seres muy muy queridos aquejados de cáncer, heme aquí traduciéndolo, poco a poco, libremente y “a la que te criaste” (que decía Cortázar).

1

[…] Otra cosa peligrosa y superflua en este estado mío de enfermedad es precisamente pensar en la enfermedad. ¡Sin embargo sería temerario dejar la medicina en posesión exclusiva de los médicos!

Seamos claros. Cuando analizamos todo científicamente obtenemos (obvio) resultados puramente científicos. La ciencia engendra ciencia: tautología perfecta. Sistema cerrado sin amenaza alguna en el horizonte. Tenemos resultados pero no frutos. Para que haya frutos, el uno tiene que reventar: para que haya frutos se necesitan dos. A la horizontal del conocimiento habría que adjuntar la vertical de la incógnita doblemente desconocida. Sólo cuando el horizonte científico de lucidez e investigación se junta con la vertical del secreto es que el fruto puede nacer plenamente. Cuidaré que así sea, al menos en mi consciencia. Para lo cual habrá que aguantar mucho tiempo (demasiado tiempo) la presión del no-saber (no-conocer). La modernidad, al soltar sobre nosotros las hienas de la urgencia, vuelve impracticable el acceso a las incógnitas verticales. Además, ¡cuanta gratitud frente al tiempo que se abre ante mí a partir de ahora, otorgándome una libertad que será (al menos así lo espero) cada vez más grande!

Desde ahora, toda mi atención estará concentrada en un solo verbo: ser… ser… ser… ser… […]

Derniers fragments d’un long voyage
Christiane Singer

metrobús Perineo Sur

Estamos en la ludoteca del museo de las ciencias de la universidad. Lucio exige una ludoteca como las que había en aquel otro país donde vivíamos, con dos pisos, dos empleados de tiempo completo, miles de juguetes y una política social vieja de cincuenta años. Pero aquí, en este nuevo país a donde recién nos mudamos ¿dónde hay una ludoteca?

La del museo de las ciencias no está mal. No es lo de allá, pero Lucio parece contentarse con que el nombre del lugar coincida y no parece fijarse demasiado ni en calidades ni en cantidades. La vida es juego por el momento, juego infantil infinito y la insistencia de ir a la ludoteca acaso sea más un consuelo simbólico para sobrevivir a la mudanza (los bebés no se mudan, ¿o sí?) que una necesidad real. Desde su lengua adquirida hace apenas unos meses pareciera que el hecho de que ambos lugares sean designados por la misma palabra es más importante que las transatlánticas diferencias que los separan.

Estamos, pues, en la ludoteca con Lucio sumido en una fantasía vehicular lúdica (poco importa que los juguetes aquí sean de madera y allá de plástico acabado) cuando fatalmente me percato que he olvidado los pañales. Brrrruuuuum. Son casi las tres de la tarde, Lucio debería ya estar comiendo o durmiendo la siesta pero entre su obsesión lúdica y las dudas logísticas paternas nos dan las tres de la tarde en el segundo piso de la ludoteca y con un solo pañal en la pañalera.

Lucio todavía no sabe decir que está cansado. Su fatiga se manifiesta primero en forma de psicodrama, con llanto, hartazgo y una necesidad imposible de satisfacer. A las tres con quince de la tarde, a partir de una imposibilidad de lanzarse por la resbaladilla (a la que él llama tobogán), truena el llanto, corre la desesperanza y su cachetona faringe de apenas dos años llama, castálidamente inundada en lágrimas: mamá. Pero mamá no es posible por el momento, mamá trabaja, está en una junta importantísima, y papá trae una pañalera henchida de toda la logística del día pero defectuosa en su nombre mismo por contar apenas con un sólo pañal.

Manos a la obra entonces. ¿Qué prefieres, Lucio: sopa o leche? Leche y bibi, pareja léxica que en nuestra nuececita familiar significa siesta. Es decir, que quiere primero hacer siesta y después comer. Si nosotros siguiéramos la escuela del país aquel en donde nació Lucio y al que abandonamos no sin dudas hace muy poco, lo forzaríamos a comer a cierta hora, a dormier a cierta otra, el todo arreglado como una coreografía vital de metrónomo que culmina en el ceremonial nocturno de mandar al niño a dormir a las ocho en punto de la noche.

Pero nosotros no somos transatlánticos de allá, sino caóticos, calurosos y ligeros como los de acá (y los clichés me perdonen). Así que preferimos preguntarle, tomar en cuenta su opinión y su gana, con ciertos límites es cierto, tampoco se trata de dormirlo diario a la media noche. Además desayunó como se desayuna acá, fuerte, consistente y tarde, así que acepto su deseo: le preparo un biberón, mismo que acompaño con su objeto transicional de peluche apodado Bibi y vámonos,a la carreola a dormir.

Pero la vida y la logística pueril me han enseñado que si pones a un bebé a dormir con el pañal fatigado de toda la mañana, su siesta no será larga porque el pañal ya está saturado de orina o cosas peores y entonces su pelvis tendrá frío y las nuevas deyecciones no encontrarán capacidad de absorción y desbordarán en chorros prístinos por sobre las piernas mojando el pantalón, humedeciendo la carriola y sobre todo enfriando la siesta del bebé hasta despertarlo. Así que, manos urgentes a la obra, agotamos nuestra última recarga de pañal en la siesta seca del niño para que emprenda el sueño en condiciones de temperatura y humedad ideales. Dicho y hecho.

Una vez bebé dormido, se plantea la cuestión: ¿dónde comprar pañales dentro de esta inmensa y confusa ciudad universitaria? El único camino que conozco, el que hemos recorrido con Lucio en su primera bicicleta sin pedales, y que conecta el centro cultural con la parada de metrobús. Y ocurre que el azar, que piensa en todo, nos ha proveído por casualidad con una tarjeta que permite abordar los metrobuses. Y ocurre también que mi vago conocimiento de la ciudad universitaria se limita a la avenida Insurgentes, en donde hay un supermercado que seguro tiene pañales. ¿Será posible abordarlo con carriola y bebé durmiendo? ¿Habrá escaleras? ¿Cuántas? ¿Qué tan serias?

Pero el papá no tiene alternativa, así que con las dos manos junto valor y empujo la carriola por el camino ya conocido, hasta la parada del metrobús. Primer azoro ante los torniquetes: ¿habrá que cargar la carriola como en el metro viejo de un siglo de aquel país donde vivíamos? Nada de eso: el policía que vela sobre los torniquetes abre una puerta mágica para sillas de ruedas, bastones de ciego y carriolas. Dos autobuses pasan saturados. Los autobuses cuentan con una división sexual: en la parte de enfrente van las mujeres y los niños, en la de atrás el resto. ¿En cuál se suben los minotauro modernos como yo, mitad padres, mitad carriolas con bebé durmiendo? El tercer autobús trae la respuesta: viene vacío. Un prurito sexual me hace subir en la parte que me corresponde y no en la que le correspondería a Lucio, quien por venir sumido en plena siesta infantil acaso vea temporalmente reducidas sus cualidades ciudadanas.

Nos bajamos en Perisur. El centro comercial (inmenso) tiene nombre de perineo, pensamiento que a pesar de ser perfectamente impropio en alguien que tiene a bajo su responsabilidad una siesta infantil, me llena de entusiasmo: ¿habría tantos consumidores si en vez de Perisur se llamara Perineo? Supongo que sí: el Mercado tiene apetitos rabelesianos que todo lo degluten para transformarlo por digestión capitalista en perfecto objeto de consumo.

Economía aparte, la telaraña de puentes peatonales que unen la estación del metrobús con el centro comercial parecen diseñados por Escher: una pesadilla de descansos y escaleras. A diferencia del país en donde vivíamos, aquí la gente es más amable, servicial (y cruel): las escaleras dan así menos miedo puesto que siempre es posible acudir a alguien con voluntad y tríceps. No será necesario, pues nuestra nueva ciudad nos reserva una mayúscula sorpresa: un elevador, si bien rudimentario, nos espera en la cúspide de la pirámide de Escher para llevarnos al nivel inferior ya no del mar, sino del centro comercial donde venden los pañales.

Asunto resuelto, con superávit de gozo y jolgorio por estar de nuevo aquí. La ida y la vuelta fueron realizadas sin sufrir el tormento dorsal que las escaleras infringen a los minotauros hombre-carriola. Único bemol feminista: la señalización del ascensor restringe el acceso a tripulantes de sillas de ruedas, ciegos con bastón, mujeres embarazadas y mujeres con carriola. ¿Qué país es este, en donde las muejeres monopolizan el monopolio de la carriola?

Gozo, sí, con sus dosis nacional de crueldad: sobre el puente peatonal, un niño vende cacahuates japoneses. Le compro un paquete de ocho pesos. En el país del que venimos los niños no trabajan, pienso. Este niño de aquí no sólo trabaja esperando clientes que le compren cacahuates japoneses: también (más sorpresa) lee un libro.
–¿Qué lees?
El niño me muestra el título. Odisea del espacio sin dimensiones. Autor gringo. Azoro. Lucio prosigue su siesta. Subo al metrobús comiendo cacahuates y pensando: debería regresar la semana que entra por más cacahuates y dejarle algo de Julio Verne.

Sobre melancolía atlantista

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Un periodista me cuestiona por meil sobre mi pasión atlantista. En esta hora difícil para el Atlante, comparto con la web mis respuestas.

1) Cual es la imagen del club en Mexico ? Como se habla de el en el pais, en la cultura ? En que sentido Atlante es differente de los otros clubes del DF ?
Atlante es uno de los equipos más antiguos del D.F (acaba de cumplir 98 años). Estaba particularmente asociado a la cultura popular. Se le apodaba “el equipo del pueblo”, o “los prietitos”, epíteto que en el español de México se refiere a la piel oscura, condición que dentro de nuestro racisclasismo nacional se asocia a lo popular. El Atlante representaría entonces el mérito de lo popular, el improbable triunfo de las clases bajas. En México no tiene mucha afición, somos pocos pero muy fieles. Con respecto a otros equipos del D.F. no tiene ni la identidad universitaria de la UNAM ni la enorme afición del América ni la buena organización del Cruz Azul. El Atlante es una especie de huérfano pobre y malquerido entre el futbol del D.F., ahora en el exilio, permantentemente expoliado por padrastros sin corazón (sus sucesivos dueños).

2) Que tipo de afición tiene este club ? Esta aficcion ha cambiado mucho en la historia ?
Su afición es aflicción y sin duda alguna popular. Sus porras más notable son Tito Tepito y Corazón y Huevos. De pronto te salen intelectuales atlantistas, como Guillermo Arriaga o exjugadores del Atlante a quienes de pronto les aparece la vena intelectual, como al exportero Félix Fernández.

3)  Por que amas este club ? Cual es tu historia con el Atlante ? Qué significa esta institucion para ti ?
La familia vecina de mi casa en mi natal Izcalli Ecatepec le iba al Atlante. El papá de mi amigo Enrique nos llevó por primera vez al estadio y fue ahí en donde empecé a ser atlantista. Supongo que la primera afición siempre tiene un afecto de fondo, el mío fue esta familia de vecinos que me llevaron por primera vez al estadio: el papá profería gritos ricos en palabrotas y leperadas y al salir del estadio pedía disculpas por haber “echado las carnes”. Recuerdo una liguilla (finales de los 80?) en la que en la ida le ganamos al Cruz Azul en el Azteca 4-1 pero en el regreso el Cruz Azul nos metió 4-0 y nos dejó fuera. Yo iba con la familia de mi vecino. Regresamos a Ecatepec llorando, con la bandera del potro en alto. Poco desúés, en 1993, fuimos campeones con Lavolpe como técnico de un equipazo que contaba con el Piojo Herrera (hoy seleccionador nacional), el Profe Cruz (entrenador que nos hizo campeones en 2008) y demás. Para mi el Atlante significa la casa de mis vecinos, el barrio en donde me crié, quizá una familia que me fascinaba por ser tan distinta a la mía…

4) Cuales son los momentos claves de la historia del club ? Es verdad que fue comprado por el IMSS en los 70′ ?
Yo ignoro gran parte de la historia del club. Recuerdo eso sí que jugaban en el estadio Insurgentes, hoy del Cruz Azul. Era un estadio viejo, de barrio, muy apropiado para la identidad del club. Si hubiéramos tenido una directiva responsable, coherente y organizada, como la del Cruz Azul, ahí seguiríamos, pero como te digo el Atlante es una especie de Cosette del futbol mexicano, pasa de mano en manol, la pena es inmensa, la gloria ínfima, baja a segunda, y como los buenos huérfanos vive en la doble condición de ver su existencia permanentemente amenazada al tiempo que desarrolla extraordinarias habilidades de supervivencia. Y sí, el IMSS lo compró en los años 70 (creo que por entonces llegó a una final contra Tigres: fue la primera final que vi como nuevo Atlantista en casa de mis vecinos: creo que Cabinho falló un penalty, no lo recuerdo claramente, ahora creo recordar que perdimos en pénaltis con el portero de Tigres, Pilar Reyes, deteniéndolo todo: a la mejor fue en la primera tristeza de aquella derrota que se forjó mi ego atlantista: para ser atlantista se necesita una gran tolerancia a la melancolía).

5) Por que ha cambiado tantas veces de estadio en su historia ?
¿Por qué los huérfanos viven en tantas casas? Porque nadie los quiere. Porque buscan una familia. Así es el Atlante. Una especie de huérfano de otro siglo buscando en una afición que ya no existe un amor que ya no necesita. (El otro lado de la respuesta: por la retahíla de gángster y mafiosos que se lo han apoderado)

6) Cuales son las raices de su rivalidad con Nexaca ?
Como te digo, conozco poco y mal la historia del Atlante. Sin embargo yo temo que al Atlante le sucedalo que al Necaxa: que sea vendido, pierda su nombre y su casaca, que desaparezca, que el übercapitalismo ambiente lo borre del tiempo y de la historia y nos deje a sus aficionados con la pasión pendiendo de una ilusión esfumanda. ¿De qué vive el corazón de los aficionados del Necaxa? Habría que preguntarle a Juan Villoro.

7) Por que se fue a Cancun en 2007 ? Cual fue tu reaccion y la de la aficcion ? Fue una buena decision ? La aficcion ha declinado y protestado?

El Atlante se fue a Cancún porque la colmena de gángster que lo gobierna así lo decidió, en colusión con el gobernador que entonces regentaba el estado de Quintana Roo. A mí el movimiento no me pareción entonces tan descabellado, incluso asistí a un partido en Cancún en 2007 y disfruté enormemente el campeonato del 2008. Sin embargo faltaba algo, el aire beisbolero del Caribe no es propicio para el futbol, y si alguna probabilidad había de que la mecha de la afición prendiera, esta fue reiteradamente extinta por las pésimas decisiones de la directiva actual (Grupo Pegaso, Burillo, Couchonal y demás banqueros balzacianos), principal responsable de la crisis que hora vive el equipo. Desde París yo seguía las protestas a distancia: primero en el foro http://www.atlantista.com y después en el grupo Radicales Atlante de féisbuc.

@rafadro no more:: respect

Querido Rafa Saavedra (acá @rafadro), dos puntos:

¿Y si no escribimos en la frontera entre la emoción y el estilo, con qué escribimos, pues, bro?

Hoy por la mañana recibí un lamentable mensaje en donde una amiga me informaba de tu fallecimiento por infarto. La mala nueva me llenó de tristeza, una tristeza ciertamente inédita porque a pesar de que nunca te conocí personalmente, con frecuencia intercambiábamos comentarios breves por tuíter y esa nueva manera de relacionarnos crea afectos inesperados y ganas de llorarte como si de un amigo entrañable se tratara (y aquí es donde el subjuntivo se arrepiente de sí mismo y brutalmente se hace un lado para darte tu lugar en indicativo): porque en efecto de eso te tratas: de un amigo entrañable con el que me citaba de aquella entrópica manera, sin acuerdo ni predisposición previa, por el mero azar de estar ambos embebidos en tecnología, no en el mismo lugar espacial pero sí en el mismo espacio temporal de este presente radical tuitero, bloguero, feisbuquero: aquí y ahora tú y yo together a pesar de la geografía, la genealogía y el social status.

Que profundo me estoy poniendo, pal. Tu bloody culpa. ¿Por qué te tuviste que ir así, tan abrupta y subrepticia y elegantemente, entre todos esos amaneceres premonitorios que colgaste en féisbuc y esas frases poderosas, libres, del que intuye con lenguaje que está a punto de abrirse en open source el corazón para el quirófano?

Escuché por primera vez tu nombre mentado en labios (en blog, sería más preciso) de Heriberto Yépez, que hablaba de ti como de un gurú de la condición fronteriza. Habiendo yo nacido en Mexicali y habiendo vivido un año en Tijuana, los modos y las maneras en que ustedes se desmarcaban de la Meca chilanga para centralmente escribir la periferia fronteriza norteamericana me intrigaban y fascinaban por igual. Así fue como te descubrí  en magnífico paleobloguero: empezaste a bloguear en 2001 y escribías no en espánglish, sino en un español resentido por la violenta clave americana, un español fascinado y a la vez castigado por la lengua domninante, bravucón cuando amenaza con irse al otro lado para siempre, cariñoso cuando regresa entre requiebros para confesar que siempre no se fue porque su querencia es justamente esa doble condición de puente agrietado o grieta-túnel bilingüe de ida y vuelta.

Y encima tu música. Leer tus textos en Bukonica fue descubrir una prosa con alma de playlist: sintetizador mata corrector ortográfico: historias intolerantes a esas tramas argumentales tan propias del papel, pero por el contrario perfectamente compatibles con la distracción constante del cristal líquido: parrafadas hiperestésicas de adolescente hipersensible cuyas amenazas tiene forma y manera de hipervínculo queriendo (hu)irse a la chingada del confinamiento semántico al que el hilo del discurso lo somete para ir a liberar su hedonismo en la orgía formal del sonido.

Pero no estamos aquí para hacer teoría crítica, bitch. Estamos aquí para lamentarte desde el libre albedrío de la emoción más cursi, o poniéndotelo en instagram para que me entiendas: queremos calcar el movimiento pendular que te llevaba de la orilla de la noche más excesiva, bilingüe y nihilista hasta ese relajo dionisiaco en donde ojeroso, alcoholizado y euforizado, alcanzabas a llegar a tiempo a Playas de Tijuana para bañar tu incipiente optimismo en el amanecer.

Porque desde tu ojo niurro (y no es albur, bro, sino metáfora de cinco y diez) las playas de Tijuana eran cachondas Muertes en Venecia previas al balbuceo en modo Apocalipsis Now de la cruda y el necesario descanso para reponer fuerzas, recargar la batería de litio y sumergirse de nuevo en la noche tijuanense con las antenas del lifecasting bien abiertas y unas crónicas cubistas cuyas esquirlas salían disparadas/declinadas en tuit, blog, féis y podcast.

Era tu prosa de paso por este presente que todavía ayer, obnubilados por música, la fiesta y la tecnología, asegurábamos eterno. ¿Y ahora qué hacemos? Favearte y likearte rabiosamente esta última y elegante secuencia de tu despedida en línea, las palabras sentidas y exactas pasadas por la mano, la pluma, el papel (antiquísimos soportes) para luego ser fotografiadas, instagrameadas, tuiteadas y feisbuquadas en vivo y en directo a moco tendido hacia nuestro lado: el de los virtuales vacíos.

Un infarto a los 44, what the fuck? ¿O tenías 46?

Elegía, compadre, elegy, élégie. ¿Compadres o zombies? nos dabas a elegir en un memorable tuit. Nos vas a hacer falta, @rafadro. Pero ese vacío atmosférico que tu presencia deja en la noche tijuanense y tuitera será, te lo aseguro, fértil. Míranos: llenos de ganas de leer y escribir hacia ti.

No descanses en paz, bro. Mejor reviéntate en el ritmo total y permanente de la más beyondera materia nocturna.

In memoriam Rafa Saavedra, from Tijuana West Coast. Cronista snobground. Fanzinero-revistero de luxe. CDJ en alza. Escritor sin tiempo. Radio show producer. Fotógrafo de escenas y nimiedades. Bloguero posteverything.

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Montevideo, 26/oct/10 (16h09)

Fácil, gozosa, soleada, indecisa entre el mar y el río, amable, fresca de brisa: así vivo la primera hora en Montevideo. // En la avenida 18 de julio me detengo por un café. Maravilla: lo sirven acompañado de un vasito de jugo de naranja natural (post.data: que chingue a su madre Europa). // Los sobrecitos de café marca AZUCARLITO rezan: “La dulzura puede cambiar al mundo”. // Breve ennumeración de los hechos: llegué a Sao Paulo hecho una mierda dormida, nadie me pidió visa la famosa visa que en París valía cielo mar y tierra: no es necesaria para conectar con otro vuelo internacional. Desayuné un par de empanadas deliciosas, perdí mi póster, lo encontré, me aburrí, me desesperé, terminé SI de Thomas Bernhardt (¡maestro!), tomé un exasperante avión para Montevideo, el aeropuerto Carrasco es nuevo, funcional bonito: la mierda es que mi maleta no llegó. Los franceses nos hospedaron en un hotel francés sin ningún atractivo, huí de mis compañeritos de conferencia para sumergirme en la ciudad, me perdí en la rambla marítima de La Cumparsita, llegué a un asadero delicioso y gentil llamado Paradero Sur, calle Paraguay. Me tumbé medio kilo de carne, varias capas de chimichurri, medio litro de vino, una ensalada y una felicitación de Pantagruel. Por casualidad caí en El VIAJERO HOSTEL, hoyo de mochileros, edificio viejo, mucho encanto y bajo precio: aquí me voy a mudar. Doy mis datos para la reservación: la recepcionista me dice que tengo nombre de telenovela. // Letreros vistos:
MATRIMONIOS IN EXTREMIS
BIBLIOTECA JOAQUÍN DE SALTERAIN (CERDOS Y AVES)

sábado, passage.molière (11h35)

Ha sido un mes de septiembre soleado. Han sido dos años duros. Ha sido un túnel, tanto para el blog como para el escriblogro que lo contiene. Pero hay formas incontenibles, o narcisismos inmarcesibles (esta última metáfora parece extraida de un discurso mafio.político): digamos mejor: inmarchitables narcisismos que regresan siempre a morderse la cola, a contar su vida, a decir: obtuve lo que deseaba (publicar), me explotó en la cara, ya regresé a esta forma mía que me vio nacer y que ahora se encuentra súbitamente envejecida: el blog. / Desde el alumbramiento de Musofobia, hace un año y cacho, no hubo manera de que este blog levantara cabeza. Se le sentía solo, viejo y acartonado: como danzando para públicos imaginarios. Había que darle una sacudida. Regresar al origen: el del espejo exhibicionista que en sus buenos días tiene algún interés, y en sus malos es un libro contable que da fe de los avatares de un ejemplar más de la especie, un granito de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrogeno y lenguaje rindiendo sus cuentas, diciendo, diciéndose: aquí estoy mientras dure. / Así que con la venia de la concurrencia, se retiran los cortinajes de cartón y se regresa a aquella modesta empresa de dar el parte de paz (mientras dure). / Reporto que tengo un chingo de trabajo, reporto que trabajo construyendo sistemas de resumen automático dentro de una disciplina científica periférica: el Tratamiento Automático de la Lengua. Repórtole que vivo con Hanna, una mujer de belleza y temple, junto a quien en las buenas subo al Himalaya y en las malas buceo por el bolsón de Mapimí. Reporto también que en dos meses perderé mi trabajo porque así lo estipula el contrato y esto no es una tragedia ni un atropello: la fecha se conocía desde que lo firmé hace dos años. Reporto un mes de septiembre inauditamente soleado por estos rumbos de Saint-Ouen, que a todo esto está en Francia, a unos 400 metros de su capital. En fin, me reporto aquí de nuevo, mi general, listo para dar fe de las intrascendencias cotidianas, dispuesto a librar la modesta batalla diaria del exhibicionismo, libre ya de ese fardo de la respetabilidad que este teniente de la pluma creía deber mantener por el sólo hecho de haber publicado un atajo de papel llamado Musofobia. Sea el que es, soldado, tenga su pluma, teniente, vuelva a aquel tono anterior ligero: esto no es más que un ping-pong diario, quince minutitos para calentar la mano: reportándome aquí, mi general, a punto de retomar la escritura con un cafecito instantáneo. / Acepto que esta pesadona prosa está muy castigada por la lectura del Pancho Villa de Taibo. / Sabadito, mediodía: váyase a usted a escribir: mañana seguimos platicando.

la distracción del verdugo

En su discurso de atribución del premio Nóbel (1961), Ivo Andric cita, como modelo narrativo supremo, “el que se dedica, como la legendaria y elocuente Sherezade, a distraer al verdugo, a hacerlo esperar para suspender la inevitable condena de muerte y prolongar por unas horas la ilusión de la vida y la duración“.

Hacer esperar al verdugo. Suspender por unas horas, o días, o meses nuestra condena de muerte. Sumergirse en la ilusión de vida. Probar con la punta de la lengua unos segundos de eternidad. Para eso sirve la literatura. No es poco. Palabra de Andric.