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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

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Lascaux, literatura y contagio (1/varios)

Estábamos Miguel, Haydée y yo esperando entrar en las grutas de Lascaux II, donde hay una copia facsimilar de las pinturas rupestres de Lascaux, mismas que tras diecisiete mil años de conservación hermética fueron descubiertas por el hombre, quien las contempló, analizó, estudió y respiró tanto que les contagió un hongo tan tenaz que hubo que cerrarlas para siempre y hacer una copia (huiquificarlas, diría el otro) para que los miles de turistas que pasan por la región de Dordoña en el mes de agosto las puedan contemplar como parte de viajes que incluyen muchos otros actos de entretenimiento, por ejemplo navegación en canoa, paseos en globo aerostático, degustacion de vinos de la region y sesiones de atragantamiento de gansos con la intención cotidiana de provocarles una cirrosis que permita luego atesorar esos deliciosos hígados cirróticos bajo la gastronómica etiqueta de fois gras.

Estábamos, decía, a las puertas de la gruta cuando, para hacer un poco de tiempo (¿alguien tiene acaso la receta para hacer tiempo, de preferencia una que no conduzca a la cirrosis?) comenzamos a preguntarnos si existe alguna condición necesaria y esencial que permita considerar a un texo como literario.

Éramos tres: una bióloga, un literato y un ingeniero. El primer acuerdo fue consierar a la literatura no como una condición permanente sino como un estado pasajero del texto: así como la materia puede adquirir los estados sólido, líquido y gaseoso, los textos pueden adquirir o abandonar la condición (la etiqueta) literaria según los caprichos del tiempo, los usos sociales, el momento histórico, los meandros del tiempo (¿quién hace el tiempo?).

Así pues, nuestra reflexión llegó a un primer acuerdo: la literatura es un estado posible de la materia textual. Es decir, que los textos pueden adquirir y abandonar y readquirir el estado literario. Hay poemas de Amado Nervo que hace cien años eran literatura y hoy ya no lo son, Harry Potter quizá sea literatura hoy en día, pero no sabemos si dentro de cien años lo será: la autoridad de un clásico es precisamente esa: la de un puente que resiste al embate de los ríos generacionales: los hombres pasan pero su condición literaria persiste porque entre una generación y otra ese texto se transmite, como si de una herencia o una infección se tratara.

Aquí la bióloga levanta la mano: volvamos a la pregunta original: ¿existe una condición necesaria y esencial para que un texto sea considerado literatura? ¿Qué tienen en común el Cantar de los Cantares, las Mil y una noches y la Búsqueda del tiempo perdido? Dado que ya falta poco para ingresar en la gruta, el literato propone evadir toda explicación intra-textual, es decir, toda consideración estética, estilística o poética.

¿Qué necesita, pues, un texto para ser literatura? Lo primero que se me ocurre: un lector. Perogrullada: las notas periodísticas, los manuales de instrucciones y los correos electrónicos tienen muchos más lectores que los libros: ¿por qué entonces no son literatura? El literato apunta: porque, a diferencia del lector funcional, el lector literario no solamente busca informarse o aprender: busca otras cosas menos previsibles: emociones, experiencia vital, historias que apropiarse: palabras suyas que no sean suyas.

Suya o no suya, la bióloga piden la palabra. Antes de cederla, el literato apunta un corolario: para ser literatura, un texto necesita al menos un lector que se lo apropie: un lector apasionado o ebrio o cirrótico, capaz de saltarse las fronteras racionales y reivindicar el texto como suyo, memorizarlo como si él lo hubiera escrito y propagarlo en su entorno como una herencia o una infección.

Habla la bióloga: el lector literario se diferencia de los otros lectores por su condición de infectado: el texto es el virus, la infección condena a ese lector a recordar el texto, a rebuscarlo, a releerlo, a transmitirlo en su entorno. El lector.foco.de.infección necesita que ese texto se propague para transmitir las emociones que experimentó al leerlo (contagiar también es compartir). El lector de literatura se apropia del texto, lo hace suyo (“ese libro cambió mi vida”) y en su inercia pasional infecta a su entorno con el título, o la historia o el nombre del autor. El lector ha sido aquejado por un virus, quienes se aproximen a él se exponen a un contagio: contagio necesario sin el cual un texto no podría aspirar nunca a la condición literaria.

El guía nos llama. Se abren las puertas de la gruta. Ponemos la mente en blanco. Luego en negro. La copia de las pinturas rupestres sobre la piedra facsimilar de la gruta nos deja mudos.

harina y anulacionismo

¿Por qué limitarse sólo a anular el voto? Este acto fundacional puede muy bien propagarse a otros ámbitos de la vida civil, siempre y cuando se mantenga su principio activo, que consiste en blanquear algo que anteriormente gozaba de color (cromático o político) con la finalidad de manifestar su caracter indistinguible, su falta de transparencia. Quiero pensar que quienes decidieron anular su voto en la pasada elección (un millón setecientas mil personas) querían dejar en claro que los políticos se han vuelto indistinguibles y sus normas éticas comunes incluyen la deshonestidad, el ocultamiento, el compadrazgo y la indiferencia hacia el bien común (si es que tal cosa existe aún en la sociedad postcolonial mexicana, postcolonial siendo un adjetivo que encobija a otros peores: por ejemplo clasista o racista o ventajista o arribista).

Luego entonces, propongo aquí un modesto catálogo de objetos apropiados para asociarse al verbo ANULAR:

  • Anular un mítin: asistir vestidos de blanco y corear la onomatopeya “SHHHH”.
  • Anular la propaganda política: pintar de blanco la cara del candidato. Blanquear su apellido sobre la barda. Alterar los videos en Youtube borrando el rostro del candidato e introduciendo sonidos que anulen la pista sonora (aquel clásico pitido con que antes se ocultaban por televisión las palabrotas).
  • Anular (de manera real o simbólica) la declaración de hacienda (declararé impuestos cuando ustedes declaren lo que se gastan en autopromoción, en bebidas, en restaurantes, en congales).
  • Anlular el acto de nacimiento de los políticos que no respeten los principios básicos anulacionistas (transparencia, honestidad, claridad, respeto por el bien común, buen gobierno) rayando con corrector blanco el nombre, el lugar y la fecha en el acta de nacimiento del político en cuestión.
  • Anular los actos públicos por medio de un cordón sanitario (acordonar la agenda presidencial con cinta canela blanca para impedir la propagación de la hipocresía).
  • Anular el grito de independencia: reunirse en el zócalo callándose la voz y el voto: abstenerse de gritar o corear la onomatopeya ¡SHHHHH!
  • Anular la credencial de elector.
  • Anular a la selección nacional (creo que ya Honduras, Guatemala y El Salvador se están encargando de ello).
  • Anular los medios de transporte de los políticos (derramar pintura blanca sobre sus coches, sus carreteras, sus pistas de aterrizaje).
  • Anular la vivienda de los políticos (derramar pintura blanca sobre sus casas)
  • Anular la vestimenta de los políticos (enharinarlos en actos públicos: enharinarles el traje Hugo Boss).
  • Anular a funcionarios corruptos (enharinarlos, mancharlos de blanco).
  • Anular instituciones disfuncionales (acordonar la zona con cinta canela blanca, blanquear logotipos, enharinar disfuncionarios públicos).
  • Anular el diario oficial: reescribir leyes absurdas, huiquificar la ley.

peñanieto_anulado

ensayo de lingüística general

Caminaba por la calle Montorgueil hoy por la mañana bajo un clima seco en donde no nevaba ni llovía ni hacía frío, acaso una embarrada de nubes indecisas sobre un cielo delimitado por los bordes de las azoteas. En una esquina había un puesto de libros usados, es decir manidos, demasiado vistos, y si no demasiado leídos (ningún libro puede ser demasiado leído) al menos demasiado llevados y traídos, amarilleados por el tiempo, las pastas blandas y arrugadas como consecuencia de la multitud de manos que los han manipulado, sea para leerlos, sea para ojearlos o llevarlos o traerlos. No había gran cosa, ¿gran cosa?, ¿qué es gran cosa?, no sé, clásicos, autores clavados en el imaginario colectivo, o autores de culto, nombres con vocación de herpes secreto y transmisión de boca en boca: eso sería gran cosa. Caí pues en Jakobson, o para ser más preciso mis ojos dieron con Jakobson, o inversamente su nombre dio con mis ojos y tras mis ojos estaba la conciencia, el saber, la red cirquera de neuronas que sostienen su nombre, lo poco que sé de él, los lugares donde lo he aprendido, el diámetro de la calvicie de los profesores que me lo han enseñado, el escote de una lingüísta iraní en un salón de clases que ya no recuerdo. Sobre el ejemplar, un pegote o una estampa o una calcomanía o una calcamonía, es decir un objeto de reciente creación, un objeto que aún no ha alcanzado su nombre por tratarse de algo nuevo y por tanto todavía resistente cualquier síntesis vocal que sea capaz de concentrar el significado de un pedazo de papel que se pega. El pegote decía Circulalibros siendo la traducción mía porque la palabra francesa no cabe en mi lengua: Circul’livres, mi lengua es reacia a los apóstrofes, desde mi lengua las palabras se preguntan qué son esas comas aéreas que se elevan del ras de texto para ir a puntuar sabrá dios qué celestiales fenómenos allá arriba. Recuérdese que estamos en la calle Montorgueil, en una mañana tardía, seca, vagamente nublada sobre un puesto de libros. Como es la costumbre, quien preguntamos por el precio del libro de Jakobson, pero el tenedor del puesto no da color ni cifra porque los libros ahí son gratis, sin embargo gratis no es la palabra porque todo lo que es gratis presupone un precio y el ejemplar de Jakobson no lo tiene; el ejemplar de Jakobson tiene un pegote que anula en él toda aspiración a la propiedad privada afirmando a voz en cuello: no soy de nadie, o mejor aún soy de todos, como las piedras o las hojas del árbol del parque. Con menos retórica, con más calmita, la tenedora del puesto me explica que quienquiera que pase se puede llevar cualquier libro. Ellos están ahí el segundo sábado de cada mes para que los lectores regresen los libros que ya leyeron y se lleven libros nuevos sin inscripción ni pago ni foto ni estado de por medio. Tomo a Jakobson con una mano y con la otra le sonrío al tenedor del puesto con la gratitud de una palabra recién nacida o de una fruta que pasa del árbol a la boca con la gracia de una metáfora dulce o de una enfermedad gozosa.

lunes, passage.molière, 5:42

En vez de vivir quejándome por no escribir, buscando pretextos, oficinas con horarios imposibles que te dejen cuatro horas libres en la mañana y te permitan emborracharte hasta deshoras, tías ricas que te hereden, rentas prustianas, decides que lo más sencillo era hacer una manda, consistete en prometerle al santo patrón de los escritores (¿quién será… San Balzac, San Joyce, San Satanás?) que de aquí al resto de tus despertarás a las 5:55 para escribir. / Días súbitamente dulces. La ansiedad, la angustia y la neurosis a veces tienen comportamiento de fenómenos meteorológicos: de pronto se despejan cediendo su espacio, capitulando su impulso parásito para dar lugar a un domingo en paz o un lunes de escritura a las cinco de la maána. Ayer fuimos a ver la última obra de Wadji Mouawad: Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente. Saldo positivo: la obra pone en juego diversos momentos genealógicos del linaje de Edipo, cuyo punto en común es haber acaecido en Tebas. Me quedo con dos momentos: el primero, la representación de la esfinge como una computadora con pantalla espectacular, ciclada en la frase yo no sé yo no só yo no sé yo no sé yo no sé, entre cuyos intersticios dialoga con Edipo a través del teclado. La esfinge es un cluster de 122 nodos, cada uno de cuatro procesadores, capaz de preguntar al infinito. El segundo momento: la salida del teatro de Abesses en una tarde soleada de septiembre, Montmartre semejante a sí mismo, es decir dulce y cursi y pueblerino y altanero. La terracita, la crepa de Nutella, la caminata por calles vespertinas que yo creía olvidadas. El alma en paz: ¿por ventura de qué milagro edípico la culpa me ha dejado en paz sin sacarme los ojos?

pasos patosos (6:26 AM)

Cuando Olivia Ruiz canta ecorcher mon petit coeur tout mou la verdad es que me pongo muy nervioso

marcos carrasco

le proporciona minuto a minuto la hora exacta del absorvatorio ostronómico: son las seis en punto, la temperatura en Saint-Ouen es de seis grados centígrados, la vida es una miseria y los intelectuales mexicanos siguen citando inopinadamente a Emil Cioran: buenos días. / Para iniciar bien la semana, cuatro blogs, cuatro:

1. mariana.ad.nauseam, dos puntos

según amos oz escribir es un trabajo duro, en el que el placer y el dolor van de la mano. “mi trabajo consiste en encontrar la palabra exacta que debe estar en el lugar preciso de la frase (…). trabajo duro para que no se den cuenta de que he trabajado duro. si las palabras son precisas nadie reparará en ello, pero si no lo son todos se darán cuenta”. / escribir es atrapar sombras, pero el único que no tiene sombra es el diablo. oz piensa que “hay que aprender a ver el mal en los ojos de los otros” y que “como el gato, al mal no le gusta que lo miremos a los ojos”. / detrás de su pluma está el escritor comprometido con la política del pueblo israelí, con el conflicto palestino. un escritor que no se calla, pero que no debe ser juzgado por su origen, sino por su obra. “el mal lector lee lolitacrimen y castigo y se pregunta ¿podría yo ser raskolnikov?” / el detalle morboso: la abuela de amos oz estaba obsesionada con los microbios, tomaba tres baños diarios. Murió, por supuesto, en el baño, de un paro cardiaco, pero la teoría de su nieto es que murió por el miedo a aceptar la existencia de esos seres microscópicos que invaden todo lo que nos rodea. y se pregunta si nabokov era pedófilo”, el buen lector, en cambio “lee

2. carlos.alvarado, alias el Tico, en directo desde san.josé.costa.airica

Hablando sobre la utilidad de la literatura dice Georges Bataille: “lo que a menudo distorsiona el asunto es la preocupación por ser útil que tiene el escritor débil. Cada hombre debe ser útil a sus semejantes, pero se vuelve su enemigo si no hay nada en él más allá de la utilidad.”

3. jorge.orgasmo.solana (a veces, en palabras del autor, orgasmo.múltiple)

abandonamos nuestros pensamientos
entre nuestros cabellos por largo tiempo,
cortemos cada uno para que existan.

4. chidoguguan:

Amigos, les presento el que quizás sea mi más grande invento hasta el momento.

El Mixiote en bolsita con popote:

El alimento ideal para el joven ejecutivo de hoy.

Otras ideas en proceso de concretarse:

– Los Churrumaiz en bolsita con popote.

– El plátano en bolsita con popote.

– La Patricia Highsmith en bolsita con popote.

lo que no hay que hacer en google

Buscar imágenes asociadas a la palabra MALFORMACIONES a las siete de la mañana, antes de haber desayunado.

cisnes tenebrosos y singulares (4:50 AM)

A veces creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores

Historia universal de la infamia.borges

retrato del artista en traje de empleado

Son las cuatro cuarenta y ocho de la mañana de un lunes 17 de marzo. Hoy empieza mi nueva vida, consistente en levantarme, de lunes a jueves, a las cinco de la mañana y aprovechar las tres primeras horas del día para escribir. El blog es mi nuevo reloj checador. El despertador aún no suena, una pesadilla tuvo a bien despertarme a las cuatro y cuarto. La nueva vida consistirá en despertar a las cinco, preparar té verde, escribir tres horas, bañarse a las ocho y cuarto, pedalear hasta la Gare du Nord para tomar el tren de las nueve, meter la bicicleta en el tren, llegar al trabajo a las diez, sentir la presión del publish or perish hasta las siete u ocho de la noche (una hora de pausa para comer: la peor hora del día: mesa de diez investigadores, temas personales cuidadosamente excluidos: sólo se tocan con pinzas temas académicos o científicos o silencio: comer en silencio como desconocidos con tal de no hablar de sí mismo), a las ocho pedalear de regreso a la gare de Fontenay aux Roses, llegar a la casa a las nueve y cuarto, preparar arroz o atún acompañado de pasta: son las cinco: suena la urgencia del despertador.