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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

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Menos días aquí: Guerra NN, guía rápida para contadores perplejos

1.- Nuestro trabajo es nombrar. Más que contadores, somos nombradores. Toda historia empieza con un nombre. Tras el nombre viene la fecha, el lugar, las circunstancias, el relato. Con un poco de suerte, algún día la verdad se aparece por ahí. Por ahora nosotros contamos sólo una parte de la historia, un milímetro del iceberg, lo evidente. Las causas están abajo, sumergidas en presente. Las causas le tocarán a la Historia con H mayúscula. Lo nuestro es que ningún nombre quede callado. En el antiguo Egipto, los muertos revivían por un instante al pronunciar sus nombres. Nosotros dejamos los nombres en nuestra lista para que, si el relato, las causas, las explicaciones aparecen algún día, devuelvan (si tal cosa es posible) un poco de justicia a los ajusticiados.

2.- Por lo mismo, es importante mantener la coherencia de los datos. A veces, los no identificados encuentran una identidad dos o tres días después. Hay que actualizarlos en el blog correspondiente al día, lanzar un nuevo tuit con el nombre y borrar el viejo tuit de “hombre no identificado”. Y sin embargo en esta drôle de guerre la mayoría de los ejecutados mueren sin identidad. La policía de Nuevo León los etiqueta como “NN”: no nombre. Ese sería un buen apelativo para esta guerra: la Guerra NN, guerra anónima donde no hay frente, no hay trincheras, o acaso si las haya, enterradas en los balances generales, en libros contables confidenciales, en estados de cuenta. En esta guerra tan extraña, sin ideología ni banderas, los muertos pierden hasta el nombre de pila. ¿Dónde están los familiares de los desaparecidos? En el mismo lugar que gran parte de la sociedad: el calladito, el obediente, el superviviente silencio.

3.- El contador cuenta las víctimas con un día de retraso. Hoy domingo 19 se cuentan las víctimas del sábado 18 y así sucesivamente. No pretendemos ser fuente de noticias, sino fuente de memoria. Si la justicia llega algún día, que los nombres tengan un lugar donde esperarla. Además, el día de retraso da tiempo para identificar a las víctimas. Repito: más que el número, más que la cifra, lo nuestro son los nombres.

4.- Hacer la cuenta es dar un viaje de varias horas por todo el país. Por exceso de trabajo, este contador no ha logrado especificar la fuente de cada elemento de la cuenta (metodológicamente, eso sería lo más apropiado). Dejo aquí una lista de hipervínculos con las fuentes, en el orden en que este contador las visitaba cotidianamente.

5.- Pregunta deontológica para saber qué imágenes incluir en el sitio. Si el difunto fuera un pariente o un conocido, o tú mismo (se ruega tocar madera): ¿te gustaría ser exhibido así? (Post data: seamos fuente de memoria, no de amarillismo).

6.- Escribir notas breves. Usar tiempo presente en la medida de lo posible. Centrarse en los detalles biográficos o humanos. No tomar partido, en la medida de lo posible. Un detalle certero exhibe y denuncia más que un adjetivo.

7.- Después de actualizar el blog, hay que ir a actualizar Twitter. Es muy sencillo: basta con reducir las notas a 140 caracteres. A veces, los seguidores de @menosdias tienen información que nos falta. También los comentaristas del blog.

8.- En mitad de la semana, por ahí del miércoles o jueves, pasado el impulso inicial, el contador puede caer en un bache anímico, dada la aridez de la tarea. Sepa el contador que somos como camilleros electrónicos de esta extrañísima guerra anónima: nuestra misión es traer aquí a los caídos de cualquier bando para atenderlos en este, nuestro modesto hospital nominal, en donde acaso (como en el antiguo Egipto), al pronunciar su nombre, recuperen algo de la humanidad perdida.

Texto escrito para el proyecto colectivo “Menos días aquí

Menos días aquí: 48 horas, 87 decesos (día 2)

Búrlese usted de la inocencia del contador, que el domingo por la noche soñaba con una cuenta en ceros.

El día de hoy fue el día de Claudia Coronado Puentes. Si bien los contadores no son propensos a las emociones, la historia de esta muchacha de 22 años que cuida niños ajenos en su casa para vivir, y cuyo marido es solicitado por un comando y pasado por las armas en pleno patio de la casa mientras ella se interpone y se sacrifica buscando protegerlo con su cuerpo, funde el corazón del contador más cuadrado. ¿Y de qué sirven sus lágrimas, señor contador? Bueno, primero prueban que en este mundo donde sobran series policiacas y falta humanidad, el contador aún es capaz de conmoverse. Conmoverse, verbo humano si los hay. Segundo, las lágrimas son la demostración química de que el contador sigue vivo. Dadas las circunstancias, no es poco.

Fue también un día de topónimos: el nombre del lugar. Los cuerpos de las víctimas caen sobre una tierra con nombres de una belleza ajena al horror: Loma de Lima, Huetamo, San Francisco, El Roble, La Teja, la calle Dalia, el municipio de Elota, la hacienda Andalucía, la calle Magnolia: topónimos buenos para todo, menos para morir. O nombres rimbombantes, patrioteros, ultraseguros de sí mismos, cuya pertinencia histórica estas muertes violentas vienen a contradecir: colonia Tierra y Libertad, Terrenos Nacionales, monumento a los Agricultores, Artículo 123. Mire donde venimos a morir, mi contador: justo sobre un artículo de la Constitución. Y también están los nombres de mal agüero, aquellos que reciben al finado con los brazos abiertos: avenida Escaramuza, bulevar Pancho Villa.

Ha sido también un día de dudas metodológicas. ¿Qué víctimas incluir? ¿Sólo aquellas de la violencia ligada al narcotráfico, o también las otras, las de siempre, los asesinatos de corrido y nota roja, los hermanos que se matan jugando cartas, el borracho que muere de un golpe de caguama, o aquel otro al que asesinan con un picahielo por no haber pagado los 5 pesos que cuesta la meada en el baño del bar. El contador se decide por un amplio espectro que a la vez respeta el proyecto original de Mayra Barraza en el Salvador. La hipótesis: el holocausto empieza con un primer muerto, lo demás son escalas geométricas, que no éticas. Hermanar en la lista al velador que matan a golpes en Tuxtla Gutiérrez con los paramilitares uniformados que protegen a los Zetas es decir: el germen de la violencia no se circunscribe al narco: el embrión se gesta en sociedad, en el machismo y el clasismo ambiente, en la desigualdad y la marginación. Pero el contador no es sociólogo: sus hipótesis son modestas.

Segunda duda metodológica: ¿cómo contar la violencia? El contador ofrece aquí una guía de estilo para futuros contadores: empezad por el lugar, luego la fecha, los nombres y las edades (espacio, tiempo y persona: nuestras tres dimensiones), para proseguir con una prosa que privilegie los verbos en presente. Trampas estilísticas para lograr el efecto: no señor, estos muertos no son pasado ni polvo ni ceniza: estos muertos son nombres vivos, sujetos de predicado activo, reclamos por un país sin comandos emboscados en las alamedas. Un país en donde los artículos de la constitución dejen de ser ornamento urbano, esquinas de mala muerte, y se transformen en causas eficaces: fuentes civilizadas, armas de paz.

Perdonarán los lectores la verborrea del contador. Ante tan siniestra labor, el contador confunde el blog con un diván. Tengan ustedes buenas noches.

Texto escrito para el proyecto colectivo “Menos días aquí

Claudia Coronado Puentes (22 años): día 2

Cd. Juárez, 13/sep. Claudia Coronado Puentes (22 años) y su esposo Gerardo Gómez Favela (22 años) ejecutados en la colonia Terrenos Nacionales. Un grupo de hombres armados llega al hogar de la pareja, en donde ella cuida niños de otras familias. Antes de la ejecución, los asesinos permiten que los niños salgan de la casa. Gerardo es llevado al patio. Para proteger a su hombre, Claudia se interpone entre los asesinos y este. Ambos son ejecutados. La policía encuentra 20 casquillos de cuerno de chivo. Los ejecutores se dan a la fuga. Según vecinos, la pareja era muy tranquila y rara vez salía se les veía salir de su casa.

Fuente: El Diario de Cd. Juárez

Texto escrito para el proyecto colectivo “Menos días aquí

Menos días aquí: La noche de un día difícil (día 1)

Contar muertos en México es un trabajo de tiempo completo. El contador apenas ha tenido tiempo de nombrarlos, cuando esto ha sido posible, y acaso de dar alguna coordenada somera con la impersonalidad de una nota roja. ¿Retratos? No hay tiempo: la calidad narrativa se declara en quiebra ante la cantidad numérica. Veintitantos muertos en un solo día. El descabezado de Tijuana que guardaba un rosario y una nariz de broma en el bolsillo. La niña de 8 años asesinada en la sierra de Choix. La palabra víveres: “asesinados cuando buscaban víveres”. En esa palabra cabe el drama nacional: quien tiene, quien busca, quien acumula, a quien le sobran, a quien le faltan los víveres. En México, salir por víveres mortifica.

Con la cabeza llena de nombres mortificados, el contador se va a dormir. Dadas las circunstancias, despertar será un lujo.

Texto escrito para el proyecto colectivo “Menos días aquí

Menos días aquí, día cero: El contador vela armas de paz

¿Quiénes morirán por violencia esta semana en México? El contador se lo pregunta. El deseo íntimo del contador es que su cuenta se quede en cero. Intuye el contador que no será así. En la víspera de emprender su triste tarea, el contador tiene un pensamiento para esos que ahora recorren el mundo y dentro de una semana caerán en las trampas de una configuración social violenta y quedarán atrapados entre los hilos de encono, negocio y azar que rigen el subnegocio de la violencia. ¿Quiénes son? ¿Dónde están, qué hacen a esta hora, dónde comen, dónde viven, dónde duermen los que morirán la semana que entra? Todos tienen algo en común: como usted y como yo, ellos también esperan no formar parte de esa lista. Hacen planes, confían en su suerte, esperan. En eso, traficantes y militares, políticos y capos, escritores y lectores, en eso todos somos iguales.


Algunas reglas que el contador se impone antes de iniciar su trabajo. Regla uno: contar los decesos por violencia en México, no sólo numérica sino también narrativamente. Regla dos: contar seres humanos. Partir de los datos factuales (número, fecha, lugar, hora, nombres de las víctimas, causas del deceso) para retratar seres humanos (fotos, gustos, atisbos de su vida). Regla tres: no imponer ningún cartabón moral, no tomar partido, no hacer distinciones morales o políticas entre los bandos. Concentrarse en eso que comparten víctima y victimarios, desde el criminal de guerra hasta al transeúnte que pasaba por ahí: el fondo humano.

Luego entonces, el contador creará tres etiquetas para sus notas:decesos (datos factuales, números, información), retratos(acercamiento humano a las víctimas) y comentario. En ésta última sección el contador se permitirá hacer algunas digresiones acerca de su triste e ingrata tarea. La digresión es pausa, descanso, respiración. ¿A qué hora respira la violencia?

Empiece usted pues, señor contador, a combatir la violencia con su calculadora, su pluma y sus deseos. Cada quien sus armas. No importa que lo tachen de utopista: por algo se empieza. ¿Habremos ya empezado a terminar con la violencia?

Texto escrito para el blog “Menos Días Aquí”