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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

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Goytisolo

Para contar por qué le digo coamante a mi coamante necesito contar cómo conocí al novelista Goytisolo. Conocí a Juan Goytisolo en la Maison de l’Amérique Latine, en un brindis que celebraba la publicación de un poemario. Goytisolo se refugiaba del humo del cigarro en un rincón, junto al novelista Ríos y cinco o seis personas más. Mi amigo M quería un autógrafo del novelista Fuentes, pero éste se encontraba sitiado por una muralla de admiradores. Mejor vamos con Goytisolo, propuse: está más despejado. Juan Goytisolo tiene la tertulia generosa, toma y daca la palabra con atención y respeto, sin importar la calidad de sus co.enunciadores, en este caso dos aficionados a la escritura sin oficio ni beneficio. Al final, Goytisolo le dice al grupo: si alguno de ustedes pasa algún día por Marraquech, que vaya a la plaza de Xemáa El Fná y pregunte por Juan. Al diciembre siguiente, coamante y yo ya estábamos en el puerto de Sète, a punto de abordar una embarcación con destino a Tánger para, después de variopintas aventuras, llegar finalmente a Marraquech, más precisamente a Xemáa El Fná. Pregunten por Juan, sí, pero ¿a quién? ¿Al encantador de serpientes, al contador de historias, al místico ambulante, al vendedor de kebabs, al exprimidor de jugos, al domador de insectos, al merolico, al ratero, al policía, al mesero, a la gitana que pinta las manos de jena, al del puesto de periódico? Exacto, al vendedor de periódico. ¿Juan? Vayan al Café de France. Ahí un mesero nos da las indicaciones. Coamante me sigue, no muy convencida, por el laberinto de calles medievales. Nos detenemos frente a una puerta baja, misteriosa, puerta de tiempo más que de espacio. Toco. Abre un bigotón. Buenos días, soy (¿soy?) un escritor mexicano, busco a Juan Goytisolo. El bigotón se pierde. La puerta queda entreabierta. Tengo taquicardia, que la súbita presencia de Goytisolo en pantuflas casi vuelve infarto. Bue, bue, buenos días ma, ma, maestro, soy ¿soy? Juan enfoca los párpados sin reconocerme. Vengan a tal hora, al Café de Francia. Gra, gra, gracias. Y así, con la respiración entrecortada, regreso a las actividades propias del turista. Una hora antes de la cita, entro a un café internet para ver qué encuentro sobre Goytisolo porque sólo he leído Señas de Identidad y el Conde don Julián. Ahí, en http://www.juan.goytisolo.org, hallo un artículo suyo en donde habla de lo triste que es la expresión compañero sentimental, tan de moda en la prensa escrita, y lo bueno que sería resucitar la forma medieval coamante. Llegada la hora de la cita, nos dirigimos al Café de France. Juan nos ofrece dos sillas, su atención, un té. Yo le presento a mi coamante y Goytisolo se entusiasma, pregunta quién me enseñó esa palabra. Taquicardia (no digas la verdad: miente, finge cultura). Me, me, me la enseñó mi, mi, mi maestra de li, li, literatura medieval (¡cuál maestra, cuál literatura medieval si tú eres ingeniero!) y la taquicardia me va a durar toda la noche, pero se va a ir diluyendo con los días, porque regresaremos encantados al día siguiente a escucharlo, a conocer a otros adictos de esa misma terraza y esa misma hora, la hora en que Juan se vuelve un contador más de Xemáa El Fná, domador de lenguas, merolico irreductible, vendedor de patrias, bardo gitano de todos lados. Y además nos invita el té. Y nos regala libros, no libro.mío.cualquiera para admirador.cualquiera, sino ese libro que necesitas, ese que viene a cuento por lo que platicamos ayer: libro.para.que.entiendas. De regreso a París, tomo por asalto la biblioteca del Instituto Cervantes para volcarme en su obra y descubrir maravillas: Coto Vedado, En los Reinos de Taifa, Makbara. Le mando una fax lleno de signos de admiración intelectual. Responde por correo postal. Su respuesta cierra con una evocación de Las Mil y Una Noches en donde, con esos caracteres verticalmente apretados de su puño y letra, le advierte al par de coamantes: ámense bien, hasta que puedan.

Extracto de Musofobia (en libre acceso acá)

#0 ELEGÍA IDEOLÓGICA PARA JUAN GABRIEL

#1 la dictadura perfecta llueve hoy féretros populares y militares para su Lorca_light
#2 nuestra viril patria guadalupana, esa que otrora pita putos masiosares contra portero enemigo, recita hoy las coplas de la jotería feliz
#3 y en la universidad feminicida regresamos a clase tarareando aquella ranchera con que el Elvis de Ciudad Juárez nos arrulló
#4 “dime cuando tú, dime cuando tú, dime cuánto tú vas a volver, ja ja”
#5 cántanos, ¡oh muso!, la gesta de tus cancioncitas de liviandad homosexual bailando en las narices de Televisa, Dios y el pri_patriarcado
#6 arias de Juan Gabriel, goles de Zidane: detengan el tiempo en la noche antes del atentado, en el comercial previo al primer feminicidio
#7 sólo ustedes para reconciliar con rimas bobo_pegajosas al terrorista con su infiel decapitado, al militar con su estudiante calcinado
#8 al narco con su yonki_enganchado, al capitalista con su explotado, al feminicida con su objeto de trabajo
#9 si algún día rebuteamos México en borrón y cuenta nueva, que la águila_serpiente ceda su lugar a un pollo orgánico de libre pastoreo
#10 y cuando el mexicanos_al_grito_de_guerra rinda al fin cuentas en las mazmorras de los cantos genocidas
#11 que el zonzo mas gracioso pero al fin unánime_inocente noa_noa sea nuestro nuevo himno

A una agonía

Poema de mi amigo Ramsés Sandoval, mismo que he debido ir a rescatar hasta el web archive  porque Ramsés ha (tristemente) bajado la cortina del blog en donde publicaba sus poemas.

El cielo se te cae, viejo mortero,
en los gruñidos que a tus lustros ya es tan pura
voz que quien ciego desde siempre resucita
hecho cenizas y dice azul o meteorito
durante el hálito que quede entre jirones.

Ya no es el segundero esta montaña
en tierra del minutero cielo, acaso aroma:
daga de filo bajo bajo olvido coralino:
ha vuelto llaga como una profecía,
en el último saco postal amordazada.

Hora es de cosechar trenos y gemidos,
los silencios, los ecos nonatos, hiel de lirio.
Hay que tañer la voz hasta abrir coágulos:
no más ver la era de canallas, sin inercia
aniquilado, anhelo o rabia:
comprendes que termina
y has comprendido todo.

Y a tu silencio postrero empotre emblemas
de aquel año en cuya muerte refugiaste
a un alma confundida como un simio,
que al pensar lo venidero anida un puño,
qué si no el mausoleo de un vuelve mudo
o el cállate que sisean las hachas quietas.

Diciembre de 2011.
DR (RSR)

El niño que quería que perdonaran a los nazis [1/∞]::ombligo

Oficialmente, papá Árbol de Pan dice que mamá Jazzy se vio muy enferma cuando bebé Yoyó nació. Verse enfermo, ese es el término que siempre usa. Como si la consciencia de la mirada estuviera divorciada del cuerpo y pudiera presenciar su sufrimiento desde una aurora de protección.

En la historia oficial, mamá Jazzy se ve muy enferma porque los doctores que atienden su parto están ebrios y dejan una parte del instrumental médico dentro de su vientre. La cosa se infecta y mamá Jazzy emite más adelante eclosiones verdes pútridas del vientre, que la postran cuatro meses en terapia intensiva sin apenas poder acercarse a bebé Yoyó. Papá Árbol de Pan cuenta esta historia mirando al horizonte o al destino, casi buscando ese párrafo en donde él mismo amenaza al doctor de las solapas porque quiere a ambos, su mujer y su hijo, vivos. La historia oficial no especifica en cambio cuáles eran los riesgos que aquejaban al bebito: en esta historia oficial sólo hay un rol de enfermo y ya está ocupado por mamá Jazzy. Los roles son los siguientes: enferma, héroe y culpable. Por extraño que esto parezca, la historia oficial le reserva el rol de culpable al bebito.

Yo por mi parte no sé si creer en la historia oficial. Yo era un recién nacido idéntico a los millones de bebés que a diario llegan al planeta desde que la tierra es tierra y el oxígeno una sustancia respirable. Un bebito dependiente, ¿qué bebito no lo es?, necesitado de todo ese arsenal de cuidados, cariños y apapachos a los que son tan afectos los bebitos. No creo haber sido culpable de nada hasta el momento, ni de la borrachera del cirujano ni del ectoplasma verde que brotó del vientre de mamá ni de los cuatro meses que pasamos sin frecuentarnos, ella en el cuarto de cuidados intensivos, yo en el cunero. Yo apenas si sabía cómo tener acceso a los sentidos. Yo apenas si podía respirar.

La historia oficial dice que bebé Jazzy pasó cuatro meses en el cunero, mismo que describe como una granja de camitas pueriles yuxtapuestas como los manípulos romanos en los cómics, cuadriláteros equidistantes, ordenados, un bebé por cuna, las enfermeras vestidas de un blanco impecable, cofia, falda, camisa de manga corta, maternalmente afanadas en esa milpa de niños que no son suyos. Por cierto, la historia oficial agrega que estas enfermeras querían mucho a bebé Yoyó pues era el único no recién nacido entre recién nacidos. Cuatro meses en un cunero da tiempo para adquirir malos hábitos, como robarle las cobijas a los efectivamente recién nacidos.

Cuatro meses confinado en el cunero, robando cobijas y cautivando enfermeras con un improvisado carisma de no tan recién nacido, carisma de vida o muerte para el bebito sin mamá que depende del cuerpo de auxiliares médicos para sobrevivir, dice la historia oficial. No me queda memoria del lugar, pero sí de una foto que algún día me enseñaron con la que supuestamente era mi enfermera favorita (o viceversa). Tengo los ojos extraviados.

¿En qué estábamos? En el cunero, sí, y en que mamá Jazzy se recupera trabajosamente de la cesárea fallida y en que papá Árbol de Pan amenaza de las solapas a un doctor para obligarlo a salvar a su mujer y a su hijo. ¿Pero qué tenía su hijo? La historia oficial no lo cuenta. Se sabe sólo que bebé Yoyó recibió una transfusión de sangre por el ombligo y que por eso lo tiene ancho, con forma de ojiva, carente de esa gracia espiral de los ombligos que no sufrieron traumatismo alguno.

Un ombligo cosido con hilo, como si el corte del cordón umbilical no hubiera sido un buen augurio para iniciar la vida sino un castigo.

Bebé Yoyó no va a recordar por supuesto nada. No le gustará su ombligo cuando crezca, ni por su tamaño ni por las costuras de fondo, pero al menos celebrará que siga ahí, cerrado como un labio cosido a media palabra viva. Celebrará también que al final de los cuatro meses de convalecencia postparto mamá Jazzy y papá Árbol de pan abandonen el hospital, al menos físicamente. A Bebé Yoyó le habría gustado dejar en el hospital los roles a los que la historia oficial los había confinado, por ejemplo que mamá Jazzy hubiera dejado la máscara de enferma para salir a abrazar la salud ya fuera del hospital, en vez de pasarse el resto de su vida adulta representando el rol del enfermo imaginario. Pero los roles eran rígidos y la historia oficial una sola.

Reitero: la herida comienza en el ombligo. En esos puntos de aguja quirúrjica que cierran un cordón umbilical anómalo. Quizá el cirujano cortó el cordón y cosió el ombligo antes de tiempo. A los bebés normales (inocentes, diría yo) se les cose poco o nada y la herida se cierra sola tras unas semanas de desinfección cotidiana. Con los bebes anómalos (culpables, diría yo) las cosas son distintas: hay deudas, faltantes, cuentas pendientes que hubo que amputar para poder cerrar el trauma del cordón y mandar a padre, madre e hijo a seguirse cobrando en planos menos materiales.

Papá Árbol de Pan y mamá Jazzy necesitaban concebir un bebé extremadamente ruin (por ejemplo, un nazi) para poder depositar en él varios fardos sedimentarios de culpa acumulada, proveniente incluso desde un más allá genealógico, invisible desde sus respectivas actas de nacimiento manuscritas. Esto lo pienso yo, por fuera de la historia oficial porque ésta sólo dice que a bébé Yoyó le hicieron una transfusión de sangre (papá Árbol de Pan fue el donador, ¿quién mejor donador que un héroe?) por el ombligo y que por eso se lo debieron coser así. Segunda anomalía: el cordón umbilical es una vía privada madre-hijo, reservada para tránsitos alimenticios y en su defecto edípicos: la sangre de papá Árbol de Pan no tenía nada que hacer ahí, ¿o sí?

monólogo matutino (algo críptico) leyendo a Daniel Sada

Daniel Sada y sus octosílabos. Estoy leyendo Porque parece mentira la verdad nunca se sabe. Llevo seis meses leyendo ese libro y apenas voy a la mitad. Son seiscientas páginas de octosílabos. Con excepciones. Empieza con heptasílabos y endecasílabos pero luego los octosílabos se vuelven mayoritariamente abundantes de una abundancia superlativa y dominadora. Sin pesadez, empero. Con una creatividad léxica (pongan aquí un adjetivo que conlleve sorpresa, lucidez, sagacidad, velocidad de acceso a la totalidad del patrimonio léxico hispano norteño, por ejemplo:) temeraria.

Leo a Daniel Sada en una ruta que conlleva dos autobuses y un tren. Primero en el autobús 255 que une Saint-Ouen con la estación de trenes de Saint Denis. La portada del libro  (una edición de Tusquets) trae una foto de Robert Capa: La primera víctima del día de las elecciones. Esa foto contiene potencialmente todas las posibles variantes antropomórficas de un rostro mexicano. Acaso la novela de Daniel (la übernovela de Daniel) contenga también potencialmente todas las frases (posibles, potentes) un mexicano podría pronunciar, especialmente un mexicano afectado o agredido o lastimado o pasado bajo la aplanadora del cacicazgo cotidiano al que malllamamos política. Pero en dulce, en corrido, en octosílabo cantadito con palabras y alientos que provienen del romance serfardí o la primera poesía mozárabe. Todo ese lento trabajo arqueológico de la etimología puesto al servicio de la historia de un fraude electoral en un estado del norte en todas sus mortalidades: la violencia jerárquica, la burocracia corrupta rayana criminal, la periferia de mudos, la oposición ética.romántica y la gran familia mexicana, como no, con sus fidelidades y sus calenturas entremetidas en un canto épico.

Leer Por que parece mentira la verdad nunca se sabe es sumergir la cabeza (los oídos, los ojos) en un torbellino local con ritmo de lavomatic.molino.de.viento en frases que hacen crac crac no con onomatopeyas sino con palabras raras provenientes de lejos, logaedros que algún árabe lanzó a caballo desde su boca barbada de fiel de Alá y que por alguna herencia (por mor) azar  viral.vital llegó hasta nosotros pasado por Castillaragón, la colonia, el náhuatl y norte bárbaro.

No estoy siendo muy claro: no hay manera de serlo en una mañana de protoinvierno, en un tren que une Saint-Denis con Épinay-Villetaneuse, leyendo un libro mexicano en un andén poliétnico donde todas las nacionalidades, cada una con la cabeza llena de su propia maraña etimológica, esperan el mismo tren que los lleve a una miseria amistosa, protectora: de anónimos periféricos quizá menos mudos que los de Sada pero igualmente parte baja de la pirámide social. Son esos ojos lejanos de pordoquier quienes al compartir mi vagón se posan ahora sobre la foto de Capa sin interés, acaso con curiosidad exótica y entonces Capa y Sada hacen buena pareja para decir, en un instante de visual o en seiscientas páginas verbales, una misma frase que no es una frase sino un lugar: el norte de México, la luz del norte de México, las urnas incendiadas en el norte de México, los casquillos bien invertidos del norte de México, el logaedro de la lengua bronca como leche sin hervir o como comparación harta de comos.

Las espirales rítmicas de Sada conminan a pensar en octosílabos, también con palabras viejas que suenen originales y canten bonito y tengan el humor del amor y el amor de la huída y una propensión introductoria a empezar los enunciados por un legal adverbio de cantidad: Otrosí.

El tren llega a Épinay. Las puertas del vagón se abren y los cinco continentes salen al andén, entran al túnel, toman el autobús y van adormilados, tempraneros, expirando bocanadas de invierno en punta de humo, a trabajar en lo que se pueda o lo que se deba, a preocuparse por la integridad sentimental o la guardería del chiquillo o la visibilidad frente al ser-o-no amado. Minucillas cotidianas, diminutivas como las chancludillas de Sada en su congal imaginario El Firmamento; traemos tanta y tan antigua etimología pegada con medioambiente y genética a nuestra pared neuronal que nuestros lugares comúnes podrían de pronto descomunalizarse para de pronto llamarse con topónimos sadianos: Remadrín, Pencas Mudas, San Chema, Capila, Mágico.

Un café y un vaso de cartón de invierno para leer al sol de Daniel Sada en un camino que transmite potencia. Potencia de energía y de posibilidad infinita: así como esos rostros de mexicanos de medio siglo pasado en la cámara de Capa pueden contener todas las posibles o probables variaciones morfológicas de lo que sería la carota de México setenta años después, las frases arcaizantes de Por que parece mentira saben contener todos los posibles futuros mexicanos ya dichos ahí con el ingenio, humor, humildad, engaño, requiebro, generosidad,  amabilidad, sumisión traicionera y un largo etcétera de atributos mexicanamente nacionales que, como las palabras en la red etimológica de nuestra cognosis colectiva, avanzan también en un tren soleado hacia su trabajo cotidiano: mutar, cambiar, mantenerse, conservar, permanecer, respirar y sobrevivir hasta lo imposible.

@rafadro no more:: respect

Querido Rafa Saavedra (acá @rafadro), dos puntos:

¿Y si no escribimos en la frontera entre la emoción y el estilo, con qué escribimos, pues, bro?

Hoy por la mañana recibí un lamentable mensaje en donde una amiga me informaba de tu fallecimiento por infarto. La mala nueva me llenó de tristeza, una tristeza ciertamente inédita porque a pesar de que nunca te conocí personalmente, con frecuencia intercambiábamos comentarios breves por tuíter y esa nueva manera de relacionarnos crea afectos inesperados y ganas de llorarte como si de un amigo entrañable se tratara (y aquí es donde el subjuntivo se arrepiente de sí mismo y brutalmente se hace un lado para darte tu lugar en indicativo): porque en efecto de eso te tratas: de un amigo entrañable con el que me citaba de aquella entrópica manera, sin acuerdo ni predisposición previa, por el mero azar de estar ambos embebidos en tecnología, no en el mismo lugar espacial pero sí en el mismo espacio temporal de este presente radical tuitero, bloguero, feisbuquero: aquí y ahora tú y yo together a pesar de la geografía, la genealogía y el social status.

Que profundo me estoy poniendo, pal. Tu bloody culpa. ¿Por qué te tuviste que ir así, tan abrupta y subrepticia y elegantemente, entre todos esos amaneceres premonitorios que colgaste en féisbuc y esas frases poderosas, libres, del que intuye con lenguaje que está a punto de abrirse en open source el corazón para el quirófano?

Escuché por primera vez tu nombre mentado en labios (en blog, sería más preciso) de Heriberto Yépez, que hablaba de ti como de un gurú de la condición fronteriza. Habiendo yo nacido en Mexicali y habiendo vivido un año en Tijuana, los modos y las maneras en que ustedes se desmarcaban de la Meca chilanga para centralmente escribir la periferia fronteriza norteamericana me intrigaban y fascinaban por igual. Así fue como te descubrí  en magnífico paleobloguero: empezaste a bloguear en 2001 y escribías no en espánglish, sino en un español resentido por la violenta clave americana, un español fascinado y a la vez castigado por la lengua domninante, bravucón cuando amenaza con irse al otro lado para siempre, cariñoso cuando regresa entre requiebros para confesar que siempre no se fue porque su querencia es justamente esa doble condición de puente agrietado o grieta-túnel bilingüe de ida y vuelta.

Y encima tu música. Leer tus textos en Bukonica fue descubrir una prosa con alma de playlist: sintetizador mata corrector ortográfico: historias intolerantes a esas tramas argumentales tan propias del papel, pero por el contrario perfectamente compatibles con la distracción constante del cristal líquido: parrafadas hiperestésicas de adolescente hipersensible cuyas amenazas tiene forma y manera de hipervínculo queriendo (hu)irse a la chingada del confinamiento semántico al que el hilo del discurso lo somete para ir a liberar su hedonismo en la orgía formal del sonido.

Pero no estamos aquí para hacer teoría crítica, bitch. Estamos aquí para lamentarte desde el libre albedrío de la emoción más cursi, o poniéndotelo en instagram para que me entiendas: queremos calcar el movimiento pendular que te llevaba de la orilla de la noche más excesiva, bilingüe y nihilista hasta ese relajo dionisiaco en donde ojeroso, alcoholizado y euforizado, alcanzabas a llegar a tiempo a Playas de Tijuana para bañar tu incipiente optimismo en el amanecer.

Porque desde tu ojo niurro (y no es albur, bro, sino metáfora de cinco y diez) las playas de Tijuana eran cachondas Muertes en Venecia previas al balbuceo en modo Apocalipsis Now de la cruda y el necesario descanso para reponer fuerzas, recargar la batería de litio y sumergirse de nuevo en la noche tijuanense con las antenas del lifecasting bien abiertas y unas crónicas cubistas cuyas esquirlas salían disparadas/declinadas en tuit, blog, féis y podcast.

Era tu prosa de paso por este presente que todavía ayer, obnubilados por música, la fiesta y la tecnología, asegurábamos eterno. ¿Y ahora qué hacemos? Favearte y likearte rabiosamente esta última y elegante secuencia de tu despedida en línea, las palabras sentidas y exactas pasadas por la mano, la pluma, el papel (antiquísimos soportes) para luego ser fotografiadas, instagrameadas, tuiteadas y feisbuquadas en vivo y en directo a moco tendido hacia nuestro lado: el de los virtuales vacíos.

Un infarto a los 44, what the fuck? ¿O tenías 46?

Elegía, compadre, elegy, élégie. ¿Compadres o zombies? nos dabas a elegir en un memorable tuit. Nos vas a hacer falta, @rafadro. Pero ese vacío atmosférico que tu presencia deja en la noche tijuanense y tuitera será, te lo aseguro, fértil. Míranos: llenos de ganas de leer y escribir hacia ti.

No descanses en paz, bro. Mejor reviéntate en el ritmo total y permanente de la más beyondera materia nocturna.

In memoriam Rafa Saavedra, from Tijuana West Coast. Cronista snobground. Fanzinero-revistero de luxe. CDJ en alza. Escritor sin tiempo. Radio show producer. Fotógrafo de escenas y nimiedades. Bloguero posteverything.

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consideraciones sobre escritura open source

Resumen ejecutivo: escribir open source quiere resignificar la actividad de creación literaria en función de los métodos de creación informática del open source. ¿Qué es el open source? Visto en modo idealista, el open source consiste en programas computacionales cuyo código fuente es abierto, es decir, que cualquier paisano tiene acceso a él, se lo puede apropiar, lo puede modificar, recombinar, transformar, distribuir siempre y cuando el código fuente permanezca abierto y se dé el debido crédito a sus autores.

¿Qué significaría entonces una creación literaria open source? Primero, un proceso de creación ayudado por las herramientas informáticas del open source, donde las versiones previas, o la genética del texto si nos ponemos teóricos, sería visible desde el primero hasta el último instante de la creación. O si se quiere, levantarle la falda a aquel renombrado iceberg de Hemingway usando para tal efecto las navajas suizas propias de los desarrolladores de sistemas informáticos open source: control de versiones, desarrollo colectivo, reporte de errores y así.

Segundo: una escritura colectiva. El autor funcionaría entonces como una especie de maestro de obra (o productor), rompiendo así la idea del escritor romántico embebido en su máquina de escribir, impulsado por su sempiterna botella de whisky y la sombra de esas musas decimonónicas  a quienes el procesador de texto y sus infinitas posibilidades de edición parecen haber espantado desde hace ya algunos decenios. Esta relación uno a uno entre creación literaria e individualidad creadora es tan pertinaz que ni siquiera el manifiesto de la literatura huiqui (versión 3.1) la cuestionó. ¿Por qué, a diferencia de los artículos científicos, los textos literarios siguen siendo asociados a un solo nombre, y no a una pluralidad de autores? Las series de televisión en cambio ya superaron el asunto del creador único. ¿Quién es el autor de Homeland, Fringe, The Wire o Hatufim? Sus nombres no nos vienen inmediatamente a la memoria, hay que buscar, hurgar en google/wikipedia para encontrarlos. Nada que ver con la relación de equivalencia nominal entre Cien años de soledad y García Márquez. Me dirán que esta idea de la muerte del autor ya es vieja. Pero aquí no se trata de la muerte del autor, sino de esa amistosa disolución de su nombre en una página de Wikipedia.

Esa será la siguiente tarea de la Literatura Huiqui: mudarse a wikimedia (la aplicación que impulsa y da soporte a la Wikipedia) y olvidarse de que cada autor produzca un texto suyo para mejor trabajar en el barbecho de un texto colectivo, de obra lenta, producto de esas interminables discusiones y negociaciones que subyacen a los artículos más polémicos de la wikipedia. ¿Habrá un lugarcito ahí para la estética?

Y finalmente: tercero: el código abierto, es decir la renuncia a la comercialización directa de la materia de creación. Los escritores open source publicarían luego entonces su obra bajo una licencia Creative Commons 0 misma que permite la copia, distribución e incluso el uso comercial de la obra siempre y cuando se de crédito a sus autores. De forma y manera que el más modesto editor del Ecuador, si le viene en gana, puede publicar la obra sin siquiera prevenir a los autores. Compárese este método de distribución a lo que tenemos ahora: un enorme pelotón de escritores en ciernes peleándose un puñado de premios, dos pesos de marketing, medio kilo de reconocimiento de la universalmente enquistada élite que conforma el campo editorial y una nombradía que extiende por unos cuantos meses la tierra prometida de esos 15 minutos de fama que nos prometió Warhol. El agente del agente del agente.

Para lo cual, por supuesto, hay que salir del analfabetismo informático, saber declinar la obra en huiqui, blog, tuit, féis, epub, mobi, pdf y ese largo y técnicamente embrollado trasunto del etcétera.

En eso andamos.

Retrato.de.dorita.garay.wilde. harmodio.wiki (fragmento)

De regreso al relato, Enric, reponiéndose apenas de ese extraño viaje en el tiempo al que lo sometió la publicidad, se mira en el espejo del baño del Hotel Garage Capitolio y se dice: ya no quiero que me digan Enric, ahora deseo llamarme Henry y deseo ser más fuerte que Enric, más temible, a Enric se le podía mentir, a Henry no. Al salir del baño, Henry encuentra a Dora y a Basilio (que a partir de este momento, en un súbito arranque anglófilo de la producción, llamaremos Basil) satisfechos tras la lucha genital.greco.rromana del sexo. Basil ya no es el púber inseguro de hace un cuarto de hora, la seguridad de su perfil, la rectilínea mirada sin temor de sus ojos, la firmeza de su cuello (como sostenido por una gorguera imaginaria) son absolutamente incompatibles con una estúpida gorra de beisbolista, es más, La Producción agrega aquí una secuencia instantánea de una gorra de los Ángeles de Ánaheim en llamas, convirtiéndose en ceniza por obra y gracia de la combustión, el oxígeno y las llamas del segundo círculo del infierno.

Henry está desnudo, como Basil y Dora. Nadie fuma. Henry sostiene entre sus manos un botellín de Zubrowka. Por primera vez, los telespectadores lo contemplan de cuerpo entero. En efecto, el tamaño de su verga es considerable, sobre todo tratándose de un post.adocescente cuyo desarrollo genital acaso aún no haya llegado a su fin (#buscar a algún experto en anatomía de la post.pubertad). Dora ni siquiera lo mira, al contrario, se voltea de espaldas ofreciéndole al mismo tiempo su desprecio y la silueta de sus nalgas no de siux sino de negra. Sí el casting es aquí acertado y respeta la genealogía de Dora, la actriz que la represente será tan india como negra, tan siux como togolesa, huesos largos, músculos tubulares, nalgas parabólicas con la exacta curva y consistencia de una negra, mientras que los ojos son rasgados, la nariz aindiada, el pelo indeciso entre el lacio indio y el rizado a ultranza negro, a veces uno, a veces otro; incluso se podrían aquí intercalar dos actrices como hace Buñuel en el Oscuro objeto del deseo, cuando se requiera de sexualidad volcánica se usará literalmente a la negra, cuando haya que disimularse entre la masa demográfica mexicana que baja del Ajusco a la ciudad todas las mañanas se usará una india, sí, dos actrices para un mismo personaje, nada nuevo, nada que algún cineasta sordo no haya ya inventado, pero el mercado es olvidadizo y la moda aún más, con un poquito de polémica, algún periodicazo sobre el odio que se profesan mutuamente las actrices durante el rodaje ya se tiene carne de mercadeo.

No nos adelantemos. Por el momento todo esto es solo prosa, libreto, hojas blancas por donde se enredan las sábanas blancas que ahora interrumpen la ecuación sexual de los tres muchachos como si de paréntesis se tratara. Henry vino a preguntar ¿por qué me mienten? pero incapaz de generar el más mínimo conflicto, mejor se calló la boca conforme su verga de post.adolescente superdotado se encendía como un faro en dirección de Dora y, por qué no, también de Basil.

Cambio de actriz. Sale la negra. Entra la india. Dora se llama ahora Dorian. La india tiene un cuerpo deseable de Malinche. Las estampas de la Malinche en la escuela primaria. Las sirvientas que limpian la casa de Henry, las que limpiaban la casa de Basil en aquellos tiempos de bonanza precrisis, cuando podíamos pagarlas. Belleza no de portada de revista ni de anuncio de jabón neutro: belleza de uso y abuso, sumisión racial total, belleza dominatoria: hazme lo que quieras, penétrame por donde quieras, véjame si nos vejan.

Entra aquí una parodia porno.diabólica de la canción vernácula ranchera Si nos dejan.

La Producción se comunica con el libretista vía un apuntador para observar: hay un abuso de comparaciones en la prosa, exagerado uso de los “comos”: La Producción nos recuerda que esto no es literatura y que no hay nada más difícil para un director de series comerciales que traducir en imágenes una metáfora tipo “como un faro en dirección de Dora”.

Basil, que ahora que ha perdido la virginidad parece más inteligente, interrumpe el trío sexual para proponer: ¿y si adulteráramos la figura retórica? ¿Y si en el momento que el Rey Salomón canta el cantar de tus labios son como un hilo escarlata alguna bellaquería ultratecnológica cayera como un misil americano sobre la boca de la sulamita afgana y se llevara para siempre los labios y dejara exactamente un literal par de hilos de cáñamo escarlata para que el rey aprenda a respetar las figuras retóricas y a desconfiar de la ficción? De paso podríamos vender alguna pomada de coco para los labios partidos. Pobre Rey Salomón condenado a besar cáñamo escarlata o a cambiar de esclava.

¿En qué estábamos? pregunta por el apuntador La Producción. En Henry metiéndose a la cama con Basil y Dora. En la verga desmedida de Henry infectándose con las bacterias bucales de Dora en un ir y venir patrocinado por el enjuague de higiene buco.dental marca Listerine, sabor menta. Poco nos importa la calidad moral de la playa horaria, Henry se vacía media botella de Listerine azul sobre su verga mientras ésta penetra gozosa en la boca con forma de O de Dorita Garay, la O infinita del porno oral, la letra por donde cabe todo siempre y cuando se trate de una O de labios y no de hilo literal rojo escarlata.

Se intentará que la escena escape al canon del porno, se disimulará la verga inmensa de Henry tras la curve frontal de sus nalgas, se sugerirá que Basil, sin rastro de gorra ni gorguera, se masturba mientras los genitales orales de sus amigos se pronuncian. Dora ahora es una india callada llamada Dorian, una india ambigua, adolescente indio.india, hermafrodita para uso y abuso de los descendientes televisivos del colonizador.

Demasiado mexicana la referencia a la Malinche. Urge una nota explicativa o un cambio de referente para que los telespectadores argentinos, colombianos y españoles no prefieran otro canal.

Olvidémonos mejor del sexo. Lo más probable es que la serie se difunda entre nueve y diez de la noche. Borren por favor de su memoria todo lo que acaban de ver.

Las secuencia sexual será la misma, pero las imágenes menos explícitas.

He aquí el orden:

  1. Coito de Enric con Dora.

  2. Basilio lee Vida y Destino ante la luz del refrigerador, frustrado mientras escucha copular a sus amigos.

  3. Enric termina. Sale de la habitación. Se acerca al refri para conminar a que Basilio vaya y copule con Dora.

  4. Basilio y Dora copulan. Espectacular pérdida de virginidad de Basilio (abusar de la lírica).

  5. Coito de tres.

Pero el libreto está ya embalado. Le prometieron que esto no iba a ser una serie porno.policiaca, pero el libreto mira hacia el abismo por abajo y por arriba y quiere, siente que quiere contar ese coito de tres sin ningún límite narrativo. A Henry (los nombres son termosensibles: se auto.traducen al inglés cada que los personajes se calientan) le duele el brazo que le rompió su padre cuando era niño, no durante el coito sino mientras anuncia desodorante sentado en el sillón, a oscuras, escuchando o no la cópula animal de sus amigos. El brazo de las traiciones, la fractura que en su cerebro se rompe de nuevo cuando lo engañan y le mienten y lo utilizan, la fractura del amor de canción barata, el convenenciero que te busca por dinero. Sabe que sus amigos lo engañan, sabe que Dora está embarazada de sabrá Dios quién, que Basilio algo saca de ahí pero no conoce los detalles. Y sin embargo va a meterse dentro del porno, un porno puro, nítido, sin consciencia moral ni transgresión alguna. Porno blanco, porno para niños, tres adolescentes vueltos niños o mejor aún, vueltos embriones, apareándose como peces dentro del líquido amniótico: la orgía con embarazadas duplica el número de amantes, Dora ofrece su ano abierto a la verga encremada de Basil (crema marca Nivea dorada) mientras el ostentoso animal de Enric la penetra por la vagina, bendecido su amor por el embarazo, todo un anticonceptivo perfecto, pero en la escena no hay transgresión ni búsqueda del enorme potencial de venta del porno, al contrario, hay una intimidad, una sinceridad muy grande, dos tortugas apareándose en un documental a las tres de la tarde, nada qué censurar a nadie, animales inocentes, los juicios morales y legales se han quedado fuera, también las mentiras mutuas: porno antropológico, la inocencia original de la tribu, Dorian es ahora una negra andrógina que ofrece todos sus orificios con la generosidad de una sunamita inocente ofreciendo pan. No hay porno alguno. Tampoco mentiras. Hay una penetración doble en toda inocencia. Vida en proceso de perpetuación. Delfines felices.

Nunca, nunca me habían cogido así. Son ustedes inolvidables. Estuvo bien. Ahora nos toca el dolor.

No vamos aquí a meter un aborto después de una secuencia tan bonita. No. Se acaba el capítulo de la serie y nos vemos la semana que viene. Los libretistas, la producción y el sindicato de actores exigen aquí un corte de descanso. O una digresión.

No se lo vayan a contar a nadie, exige una Dora india a sus amigos. Hagamos como que esto nunca pasó, pide una Dora moral. La moral mexicana. Seguro este par va a difundir por cielo mar y tierra la noticia de la orgía. No vale la pena. Es más, la orgía nunca sucedió.

La Producción además nos notifica que rodar un capítulo de esa naturaleza, con todas esas figuras retóricas saldría muy caro, la serie se comería el presupuesto de una temporada en un capítulo.

Mejor otra cosa.

Mejor el miedo.

Nueva secuencia:

  1. Dora, Enric y Basilio están en Las Bohemias de la zona rosa emborrachándose entre música de mariachis, tristeando porque Dora va a tener que abortar al hijo de Basilio en la clínica donde trabaja el papá de Enric, acaso a manos mismas del papá de Enric que (reiteración innecesaria porque ya se sabe) es ginecólogo.

  2. Basilio confía en perder la virginidad esa noche. Bajo la gorra de béisbol, todos los ángeles de Anaheim sudan de aprehensión.

  3. Enric sospecha que la verdad no le ha sido dicha. Su instinto le dice que entre Basilio y Dora falta la complicidad cinética, biológica, psicológica de los amantes. Además, Basilio sigue siendo el mismo imbécil ultra.letrado y ultra.inteligente que cuando era virgen. Algo le dice que lo están usando. Señal inequívoca: le duele el brazo.

  4. Lo que menos desea Dora en este mundo es meterse a un Hotel Garage con Basilio, pero los tratos son los tratos. ¿Por qué no le habló a Enric con la verdad? ¿Por qué no le dijo simple y sencillamente que Giorgio la había embarazado y que sus papás están construyendo una casa en el Ajusco, por tanto no tienen dinero ni para pagarle los estudios de corno francés en el conservatorio, mucho menos para pagarle abortos?

  5. El inciso cinco es puramente psicológico, sin drama alguno. En él se explica que hay personas, como Dora, que le tienen alergia a la palabra No. Dora prefiere manipular un complejo entramado de mentiras entre Basilio y Enric, a pedir simplemente las cosas. Pedir implicaría la posibilidad de un No. Mintiendo en cambio se garantiza el resultado sin riesgo alguno de negativa.

  6. La producción hace énfasis en la inutilidad de los incisos psicologizantes como el anterior. Si no hace avanzar el relato, no vende. Y si no vende, no tiene por qué existir.

  7. Enric invita una sucesión de tequilas y cervezas a sus amigos con la secreta intención de 7.1) obtener la verdad, o 7.2) acostarse con Dora, pues su sentido de bestia cazadora.seductora le sugiere que acaso esta noche se encuentre ella más accesible.

  8. Mientras Basilio va al baño envuelto en su goguera de Anaheim, Henry y Dorian negra se dan un beso. Los efectos especiales de la imagen improvisan una figura retórica en donde el beso corroe dentro de una piscina de cerveza y tequila, o mejor aún, dentro de un torbellino de ambas bebidas. La metáfora aparece en un cintillo inferior para sordomudos: “Enric y Dorita se besan como en un torbellino de cerveza y tequila”. En el cintillo se evita la autotraducción al inglés de los nombres, no porque sus correspondientes personajes no se encuentren extraordinariamente calientes, sino para mantener la estabilidad lógica del relato.

  9. Cuando Basilio regresa del baño, Dora miente como una india y le dice a Basilio que Henry les va a dar un aventón. Desde el subtítulo, el Español Estándar aclara: los va a conducir en su coche (aventón ~= autostop).

  10. Elipsis dentro del coche, música de U2, moda 1992.

  11. Con la canción de fondo, el coche de Enric penetra en el estacionamiento del Hotel Garage Casablanca (las evocaciones de esta palabra, en esta nueva versión, han sido preferidas a las de Capitolio).

  12. Basilio se muestra desconcertado. Él creía que Dorian y él entrarían al hotel solos. Los tres bajan del auto, un Nissan Tsuru modelo 1991 color amarillo, ángulos rectos, rines plateados relucientes.

  13. Inciso digresivo para mostrar una crisis de nervios del Castellano Estándar. Eso que en México se denomina rin, en España se llama llanta, en Colombia copas y en Venezuela tapas. El Castellano Estándar se lleva las manos a la cabeza y la estrella contra las llantas del Tsuru de Henry.

  14. Basilio no sabe por qué Enric baja también del coche. Bajo el tiro del pantalón de Henry se adivina una erección más o menos voluminosa.

  15. Crisis de nervios de Basilio. Insulta a Dorian. ¿Por qué no pueden estar solos? Temerosa de que Basilio desvele la verdad a Enric, Dora se acerca a él y lo hace entrar en razón.

  16. Bajo el pantalón de Enric la erección ha desaparecido. Las mejillas de Dora ya no están rojas de excitación.

  17. ¿Lo estaban? #insertar un inciso entre 13.5 en donde las mejillas de Dorian se enciendan de excitación sexual.

  18. Durante la conversación entre Dora y Basilio, Enric toma una habitación de corta estancia para los tres. Dora convence difícilmente a Basilio de perder la virginidad no con ella sola sino en una orgía. Basilio se muere de vergüenza. Teme no dar el ancho sexual ante su mejor amienemigo. Dora lo vuelve a calmar.

  19. Enric en la habitación, desnudo, el control en la mano, su verga como un globo desinflado sobre sus muslos.

  20. Dora y Basilio penetran en la habitación 404. Basilio apaga las luces. Dora abre el servibar y destapa un botellín de vodka.

La Producción interrumpe la secuencia narrativa para exigir que el narrador se haga a un lado y deje hablar a los personajes. Además, pide diálogos con plecas, como en las novelas de Carlos Fuentes. El Verosímil pregunta: ¿para qué sirven las plecas en un libreto?

–Ven. No tengas miedo.

–No tengo miedo –Dora y Basilio se besan. Enrique concentra la atención en el porno.

–Ven aquí tú también.

–Ahorita.

–Mmhhh. –Basilio pierde la gorra de beisbolista. El pelo grasoso de su cabeza huele mal. Dora no logra despertar su excitación ni la de Basilio. Enrique se masturba con los ojos fijos en el porno de la televisión. Desde una habitación lejana se escucha el inconfundible gemido de un coito.

–Yo se los dije: esto era una mala idea.

–Ahorita se nos para.

–¿No qué a ti siempre se te paraba?

–¿Tú qué presumes, si eres bien pinche virgen?

–Vírgenes mis huevos. Voy a tener un hijo con Dora. Bueno, un hijo no, pero si un aborto. ¿Verdad, Dora, que vamos a tener un aborto juntos?

–Si querían un tema de conversación poco excitante, lo acaban de encontrar –Dora se levanta de la cama y se encierra en el baño. Se escucha un sollozo infantil.

–¿Ya ves, pendejo?

–¿Yo qué?

–Para qué sacas el tema.

–Pues tú.

–¿Yo qué?

–Que no se te para.

–A ti tampoco.

–Al ratito se me va a parar. Además, ya se me paró cuando concebimos al hijo. Bueno, al aborto. ¿Y a ti, cuándo se te ha parado?

–Un chingo de veces. Muchas más de las que te imaginas. Además, yo la tengo más grande. ¿A quién crees que vas a hacer feliz con esa madre?

–¿Cuál madre? Es una verga normal. Además, no importa el tamaño, sino lo bien que la muevas. Me lo dijo Dora el día en que nos acostamos.

–Tú y Dora ni siquiera se han acostado. Nada más se están haciendo pendejos.

Dora sale del baño, furiosa. La furia se percibe en la amplitud de sus movimientos, el énfasis con que agita sus brazos negros, la amplitud de los pasos con que recorre la habitación mientras se viste. Furia agazapada en prisa.

–¿Ya te vas?

Dora no responde.

–¿Y ahora por qué te enojaste? Si este pendejo no hubiera hecho su berrinche, ahorita nos la estaríamos pasando muy bien.

Los labios carnosos, negros y rojos como dos hilos de cáñamo tropical, se mantienen pegados al silencio. Enrique y Basilio se masturban al unísono, como en una competencia. Dora los ignora.

–Espérate. Ahorita se nos para.

–Pinche par de adolescentes impotentes. ¿Qué van hacer el amor ustedes? Lo único que les importa son sus pitos –Dora se va con un azotón de puerta. Enrique sale tras ella, desnudo.

–¿Cómo te vas a ir?

–¡En taxi!

Basilio logra una erección indecisa, blanda y tardía.

–¿Por qué el puto narrador siempre tiene qué poner los adjetivos de tres en tres?

–¿Qué dices?

–Nada. Que eso no es una erección decente.

–¿Y si mejor llamamos unas putas?

–¿Quién las va a pagar?

–Usted mero.

–Tu chingada madre. Ya les voy a pagar su pinche chiste del aborto. Nada más dime la neta. ¿En serio te cogiste a Dora, o sólo se trata de verme al cara de pendejo?

–En serio.

–Júrame por nuestra amistad que te la cogiste.

–Te lo juro.

–¿Y cómo sabes que el embarazo es tuyo y no de Giorgio?

–Porque Giorgio se hizo la vasectomía.

–¿Tú como sabes?

–Dora nos lo dijo hace mucho. ¿No te acuerdas?

–No.

–Estás bien pendejo. Nos lo dijo un día, en la Filarmónica.

–No me acuerdo.

–Seguro andabas borracho.

Tres toquidos suenan a la puerta.

–Ya regresó. Ábrele, ahora sí nos la vamos a coger.

Basilio se levanta y abre. Un rostro de intendente de hotel a medianoche aparece tras la hoja de la puerta.

–Disculpen que los interrumpa, jóvenes, pero si se quieren quedar otra hora primero tienen que bajar a pagar.

–Ni madre, ya nos vamos.

Basilio y Enrique se visten. El ánimo se presiente derrotado.

–¡Mira!

–¿Qué?

–Lo que se le olvidó.

–Mierda. Se le olvidó su corno.

La Producción y El Verosímil asienten desde la última fila del teatro. El Castellano Estándar no quiere saber nada sin normalización del diálogo de por medio. El celular de la actriz que representa el ascendiente indio de Dorita suena. La escena se arruina porque a principios de los años noventa no había teléfonos móviles (el Español Estándar agradece).

Una tropa de símiles retóricos invade la escena o la pantalla o la hoja. Los títulos corren por la pantalla con música de U2. El Verosímil pregunta entonces qué pasó: ¿hubo orgía o no hubo orgía? La producción fuerza un final de capítulo y con inusitada violencia empieza uno nuevo, bajo la amenaza de que la primera temporada está por concluir sin que ninguno de los cabos de esta historia se hayan realizado.

Hace falta un respiro.

Sacar la cámara a respirar.

Romper la retromnesia de los años noventa y regresar al año 2010.

La Producción y el Verosímil discuten sobre la pertinencia de narrar conjuntamente el aborto de Dorita en 1992 y merma activa en 2010.

¿Merma activa?

Muerte, quiero decir. Su muerte. Pero en 2021, fecha desde donde toda esta historia es narrada por tratarse del presente preciso, los verbos matar y asesinar tienen prohibido el objeto humano. Animales no hay problema, pero nunca humanos. Ahora hay merma activa, en casos excepcionales exterminio sustentable y ya. Las guerras ha reducido a ruinas y cenizas el campo terminológico.

Un respiro.

Un capítulo sin Eros ni Tanatos.

Algo que tenga que ver con la tecnología.

La historia del paniconógrafo, por ejemplo.

El Mercado aprueba la idea.

El Mercado es el gobernador de todo esto, el dueño de La Producción, El Verosímil y El Español Estándar. El Mercado paga los sueldos de los libretistas, los productores, los investigadores, los actores que representan a Dorita, Enric, Basilio, Dorian, Henry, Basil y Enrique.

Enrique es una versión mexicanista de Enric. Enrique es Enric pasado por Carlos Fuentes.

¿Y qué pasa si nuestros telespectadores no saben quién es Carlos Fuentes?, pregunta frunciendo el ceño El Verosímil.

Carlos Fuentes es un escritor mexicano nacido en 1938 y muerto en 2012. Los primeros cuarenta años de su vida escribió novelas de gran valía, osadía, desfachatez y libertad creativa, como Terra Nostra, La muerte de Artemio Cruz, Aura, Cambio de Piel y Las buenas consciencias. Los últimos cuarenta y tres años de su vida los invirtió en cultivar su persona, practicar la lucha política grecorromana, ungir a jóvenes escritores en el altar de su sucesión y redactar novelas dictadas por El Mercado y El Verosímil, de pésima factura, con algunos fragmentos salvables, restos de su natural talento.

Dos detalles tristes e interesantes de su persona: 1) sus hijos fallecieron antes que él, y 2) mandó esculpir su lápida varios años antes de su muerte. La mandó esculpir en París, cuyos cementerios garantizan por anticipado la gloria cuasieterna de sus futuros huéspedes.

El Mercado, que no tiene tiempo para perderlo en tonterías, pregunta: ¿a cuento de qué viene la referencia de Carlos Fuentes?

La referencia viene porque junto al corno francés que Dorita olvidó en el Hotel Garage Casablanca y también en el Hotel Garage Capitolio estaba una novela de Carlos Fuentes, acaso su novela más difícil: Cambio de Piel. Tanto Enric como Basilio usaban esa novela como pretexto para entablar justas hermenéuticas sobre su posible interpretación y significado. Ninguno de los dos tenía la madurez ni la experiencia literaria necesaria para ver en esta novela un simple alarde de talento, hijo de su época, con una altísima concentración de elementos arbitrarios.

Xipe Totec, nuestro señor el desollado, recitaban Basilio y Enric en borracheras donde también escuchaban música de Nick Cave y veían películas de Andrei Tarkovski.

Dorita presenció algunas justas como aquella.

En otras estuvo físicamente ausente, que no simbólicamente, porque a la luz de lo que ocurrió después se podría pensar que el premio simbólico de aquellas justas era, precisamente, Dorita. O su intelecto. O su sexo.

Pero el sexo con Dorita no ocurriría sino muchos años después.

Años en los que ni Basilio ni Enrique leían ya a Carlos Fuentes.

La Producción solicita estabilizar el nombre del personaje Enric/Henry/Enrique. Los libretistas contra.argumentan que acaban de instalar en el personaje un homenajeador automático. Es decir, un mecanismo capaz de alterar el nombre del personaje en contextos aptos para rendir homenajes a destajo a Carlos Fuentes. De esta manera, cuando los telespectadores perciban que quien representa a Enric no es el actor habitual, sino una versión moda 1950, con corbata, bigotito pero en el fondo el mismo ego, la misma pasión por si mismo e igual propensión por ensalzar el miembro viril propio, leerán Enrique y el actor será ya no un flaco alto de pelo chino, nariz roma y lentes Armani, sino un hombre más fornido, de corbata permanente, bigotito priista e igual talento para la potencia literaria y el ejercicio del poder. Enric, narrado por Carlos Fuentes.

Los personajes son programas. Máquinas literarias con sensores, calculadores, ciclos y condiciones. Los personajes no buscan la humanidad, sino la emoción que precede a la venta. Un personaje no aspira a la universalidad, sino a formar parte de la venta más grande del mundo. Nos importa un pepino relleno de carajo que el personaje venza al tiempo, salga de su obra y se integre a la cultura para convertirse en una referencia. Necesitamos personajes.maquinarias capaces de todas las metamorfosis mediáticas y extramediáticas: relato, cine, serie, aplicación, obra de teatro, juguete, dibujo animado, disfraz de tela en un parque. El parque de esta guerra es ese: el parque de diversión.

Un acuerdo comercial entre La Producción, El Mercado, El Castellano Estándar y Carlos Fuentes exige terminar esta temporada con la narración simultánea del aborto de Dorita y su merma activa en la sala de tortura, a manos de Víctor, el torturador bueno, a quien el relato y seguramente los telespectadores ya habrán olvidado, o en el mejor de los casos tendrán ahí arrumbado en el desván de alguna lejana neurona.

¿Por qué torturamos a Dorita?

Necesitamos aquí cerrar la retromnesia de los años 1990 y emprender una nueva, que nos lleve a tres ciudades: París, Nueva York y México D.F. en torno al año 2000.

Nuestros post-adolescentes son ahora profesionistas hechos y derechos.

Enrique vende programas de tiempo real para instituciones financieras en Nueva York.

Basilio estudia un doctorado en Fotografía y Literatura en la Universidad de la Sorbona.

Dorita toca el corno en la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes, en México D.F.

Ahí están en la víspera de fin de siglo.

No tan rápido.

El Mercado exige, para poder seguir financiando la producción de esta serie, olvidar lo que ocurre en torno al cambio de siglo y explicar por qué diablos el apodo provisional de esto es el Retrato de Dorita Garay.

Es decir, relatar el retrato.

Pasar de largo por el 2000 y el 2006 para aterrizar en 2010, año de la supresión activa de Dorita.

Instantes antes de su exterminio sustentable, Basilio, vestido de mujer, toma la paniconografía de Dorita ordenada por Enric, antes de que Víctor, sustentablemente, la extermine.

Eso es lo que el Mercado nos exige. Eso es lo que le daremos para concluir esta primera temporada.

Pero hay un problema.

El Verosímil, después de haber verificado en detalle el entramado lógico de esta historia, ha recabado las siguientes observaciones:

–Dorita queda embarazada de Giorgio, su novio, un hombre maduro, mucho mayor que ella, en 1987. Ahí se sugiere que Giorgio es coordinador de un taller literario y que vive de la distribución y venta de droga en el mundillo literario.

–Dorita aborta en 1990, durante el partido México-Italia, mientras los tres posibles padres causales de su embrión ven el futbol en dos televisiones, Giorgio por su lado en una covacha del barrio de Tepito (el Castellano Estándar exige contexto: ¿qué significa ese barrio? ¿su mención agrega algo a la historia? ¿qué tan caro es reproducir en un estudio de 2021 el Tepito de 1990?). Además, en esta versión Giorgio es el maestro de corno francés de Dorita.

–Los Hoteles Garage Capitolio (donde Dorita folla) y Casablanca (donde Dorita no folla) están ubicados en 1992, información que El Verosímil dedujo esto a partir de las referencias musicales de U2 .

Carlos Fuentes y El Mercado se levantan indignados de la lectura. Esta serie no puede continuar ante tanta contradicción. Los libretistas prometen un artilugio dramático que permita explicar dichas contradicciones y salvar el relato, hacerlo salir airoso para responder a las telespectativas de los telespectadores.

Empecemos por aceptar que el tiempo no transcurre de manera lineal en la cabeza de los torturados.

Continuemos por afirmar que, con cada instrumento diferente que Víctor mortifica el cuerpo de Dorita, su recuerdo de la realidad se altera, salta de un punto temporal a otro, cruza y contradice cadenas causales de forma y manera que un embarazo producto de una orgía con Henry y Basil en el Hotel Garage Capitolio de 1992 cause un embrión abortado por el padre de Enric, el doctor Acero, en una clínica Aguascalientes de 1990.

La tortura es eso: un hombre armado exigiendo un imposible de ti.

Un hombre que te rompe en tus causas y tus secuencias.

Un instrumento de mortificación que te hace trizas el cuerpo con todo y tiempo.

Principios rectores del Retrato de Dorita Garay

Llevo ya dos años escribiendo una huiquificación sobre el Retrato de Dorian Gray de Wilde. Me gustaría terminarla para este verano. El principal problema con mi escritura es que se sabe donde empieza pero nunca donde termina. Como si empezara a escribir los textos con la secreta intención de no llevarlos nunca a término.

Retrabajando el texto, encontré algunos principios rectores que me dispongo a reproducir aquí, no sin cierto afán exhibicionista que podría también, si nos ponemos profundos, defenderse como una intención metaliteraria de transparentar en el blog el proceso de creación del texto.

Van pues los principios:

FORMA BASE (es decir, la forma que debe repetirse, en sus múltiples variaciones, en cada elemento estructural del texto, desde la más modesta frase hasta la estructura global): movimiento circular entre la creación y la destrucción. Circular ascendente: creación. Circular descendente: destrucción. Beto (o Basil o Basilio) es el personaje ascendente que encarna al creación. Enrique (o Enric o Henry) es el personaje descendente que encarna la destrucción crítica o crítica destructiva. Al centro del círculo está Dorita: objeto simultáneo de deseo y destrucción.

FORMA FONDO: Párrafos libres en donde el principio creador y el destructor son reconciliados por l’insouciance, el desparpajo, la desfachatez, el atrevimiento inocente: en resumen: el relajo. La prosa se crea y autodestruye en cada párrafo con desparpajo relajiento o inocencia aparente. En ese caldo de cultivo irresponsable, Beto, Enrique y los libretistas (fuerzas protagónicas) ceden sin darse cuenta a la irresponsabilidad de dejarse gobernar por fuerzas antagónicas al movimiento narrativo: el Mercado, la Producción, lo Porno Policiaco, el Telespectadorado.

FORMA APARIENCIA: La forma exterior de la novela no es de una novela, sino de una serie televisiva. La premisa existencial del discurso es “esto es una serie de televisión” (así como en Musofobia era “esto es un blog”).

FONDO DE FONDO: Dorita es el eje subterráneo e invisible de la novela. En el Dorian Grey de Wilde es la debacle moral de Dorian la que rige el drama. Acá no. Acá la debacle moral empieza por Beto y Enrique y se propaga a toda la sociedad. Como en Dorian Grey, la víctima es también Dorita, cuyo retrato paniconográfico (fotografía obtenida con un paniconógrafo) es quien, como en Wilde, padecerá las modificaciones temporales propias de la vejez (nota mental: ¡qué complicado! #todo: simplificar, o en su defecto clarificar).

[Aquí un fragmento largo (20 páginas) del retrato de Dorita Garay]

Sobre El último explorador, de Alberto Chimal

Mi nombre es Horacio Kustos. Soy un viajero doblemente empedernido, pues mi creador me ha dotado con la capacidad de viajar en el tiempo y el espacio, que en el fondo son una misma sustancia, del mismo modo en que el polo sur de una esfera se transforma en una línea recta cuando se le representa en un mapa geográfico equirrectangular con división política, como esos que comprábamos en las papelerías de nuestra infancia. Acaso mi nombre sea el único atributo estable de mi persona. Bueno, también hay otro: mi irredenta verborrea. He vivido tanto en la horizontal del espacio como en la vertical del tiempo que tengo miles de anécdotas por contar: por eso acatarro con mis aventuras a cuanto cristiano, musulmán, budista o agnóstico se atraviesa en mi camino. Por lo demás, mi identidad es tan compleja como la de cualquier persona que en una tarde de viernes se apersona en el Instituto Cervantes de París para asistir a la presentación de una novela de Alberto Chimal, expromesa de las letras mexicanas.

 

Es en este punto cuando me duplico. Porque yo, Horacio Kustos, tengo la capacidad de dupli, tripli y hasta cuadriplicarme. Un Horacio Kustos se queda aquí, con ustedes, explicándoles por el canal auditivo izquierdo por qué he decorado el sustantivo promesa con el prefijo ex, significando así que con este libro Alberto Chimal deja de ser una promesa, mientras que, simultáneamente, aprovechando que tanto ustedes como yo contamos con dos canales auditivos simultáneos, les confieso mis dudas acerca de la infinita capacidad de multiplicación de mi persona: miles de Horacios Kustos se han quedado colgados en puntos diversos del tiempo.espacio por donde he pasado, de forma y manera que en alguno de esos sitios es posible encontrar aquí y ahora un restaurante en donde todos los clientes, empleados y paseantes son el mismo Horacio Kustos. Pásele, Albert Einsein, siéntase relativamente ahí.

 

Mi verborrea me lo permite todo. Cuídense, porque es contagiosa y transitiva. Se han dado casos de personas (generalmente directores de periódicos allegados al narco) que al contacto conmigo se intransitivan tanto que acaban adquiriendo atributos que me son propios: la compulsión locuaz, la disociación de los sentidos y hasta las aptitudes premonitorias. Dividan una vez más sus canales autditivos en otra digresión paralela que por un lado insista en que la fantasía, la fabulación imaginativa y la ruptura de los referentes reales son una respuesta válida y valerosa ante la realidad, especialmente aquella que nos orilla al horror y a la desesperanza mientras que por el otro establezca que la fantasía empieza con la primera palabra: el acto de enunciación, que parte las aguas del mundo entre lo visto y lo dicho, lo real y su sustantivo, las palabras y las cosas, es ya un umbral por donde se pueden tergiversar las reglas de coherencia (antes/después, arriba/abajo, causa/efecto) que sobreprotegen la cohesión racional de esa realidad a veces angelical, otras veces horrible aunque las más de las veces híbrida, insustantivable e inadjetivable, fantásticamente amoral.

 

Ya me fui por la verborrea, como en aquella ocasión en Pushkar, durante la feria del camello, cuando dos jinetes se hundieron en el oceano contenido dentro de las jorobas de los dromedarios que cabalgaban. Pero regresemos aquí, al hilo coherente del presente. Vine a decirles que el libro que Alberto Chimal, expromesa de las letras mexicanas, ha escrito sobre mí, es acaso el mejor de sus libros, al menos de los que le he leído. Dada mi apretada agenda turística cada vez me queda menos tiempo para la lectura. El tiempo se me va en redactar los informes de mis viajes para luego acatarrar a mis vecinos con mis anécdotas, excepcionalmente secuestrando a alguno de ellos para llevármelo por ahí gracias al ingenio que esconden todas las máquinas frotables (antes lámparas de genio), especialmente esta, la que me sirve para tener todo el tiempo del mundo, puesto que puedo penetrar en él, y que consiste en dos tuerquitas unidas por una rosca sinfín y una onomatopeya (¡puf!) por donde desaparecemos yo y esta tan guapa muchacha que atiende la papelería en donde suelo comprar estos mis mapas con división política, en donde el punto del polo esconde su secreto y se abre libre y rectilíneo.

 

Me sigo yendo por la tangente, como en aquel baño de lodo en Goa, cuando aparecieron unas avispas agoreras que en vez de picar la piel picaban el orgullo. Decía que sólo he leído tres libros de Chimal: Gente del mundo, Los esclavos y este Último explorador. En los dos anteriores, Chimal podría aún ser considerado una promesa de las letras mexicanas. Con este tal apelativo ya no es posible. Chimal está cumpliendo la promesa por medio no sólo de mí y mis atributos tan peculiares, sino también con esa combinación única de lo más cotidiano y lo más fantástico, en donde la imaginación rivaliza con la geometría, la fantasía con la abstracción, la retórica con la trigonometría, para crear un contexto de cultivo apropiado para una lírica sobria, elegante y eficaz, única en su género pues surge a la vez de un humor inocente y una maquinación literario.aritmética endiablada.

 

Supongo que no me estoy dando a entender. Me ocurre muy seguido. En mi cabeza se mezclan las lenguas vivas con las muertas, así como las notas al pie que los diversos personajes que han cruzado por este texto que soy han ido dejando en su trayecto: nota del editor, nota del traductor, nota de la encargada de la papelería, nota de Horacio Kustos, nota de un pingüino futuro, posthumano, perdido en la línea recta del antiguo punto Ártico en un lejano futuro en donde los humanos ya se han extinguido, pero donde el fantasma del capitán Scott, decimonónico explorador congelado, se aprovecha de un andamiaje literario que le permite venir a gritar ¡Hombres, hombres! ¡Dignidad! ¿Acaso no sóis súbditos de Inglaterra?

 

Son esas pasarelas, pacientemente construidas con un ladrillo de elipsis y otro de trigonometría léxica, el todo unido por un cemento parodia.homenaje a la ciencia ficción, los que hacen que El último explorador planee por vados en donde tantas otros intentos literarios se han hundido. El universo de El último explorador es coherente, chistoso, escalofriante y también difícil, precisamente porque en él las reglas de cohesión de la realidad han sido subvertidas en planos de proyección que les permiten parecer delirantes, decentes y perfectamente comprensibles, todo a la vez. El resultado produce una sustancia única, envidia de todo ese pelotón de escritores que persisten en hacerse viejos prometiendo maravillas para las letras mexicanas sin cumplir equis ni jota, atrapados como están en la jaula de su verosímil. El resultado de los viajes de Kustos produce eso que hace de un autor un gran autor: estilo, forma única, un universo propio y frases bellas y abstractas y poéticas, bien nacidas, bien crecidas, como un sorpresivo girasol en el corazón de Robocop.

 

Dispensarán ustedes la cursilería de mis metáforas. Yo sólo escribo reportes reales, nada de ficción. A ustedes les podrán parecer inverosimiles mis aventuras por demasiado fantásticas. No hagan caso a esa voz racionalista. Déjense llevar por mis relatos empiristas, cierren los ojos y sumérganse lo que no existe, pero que bajo ciertas condiciones de presión y temperatura podría existir: no hay punto más privilegiado de contemplación y crítica de toda esta pajarera parainfernal e hiperverosímil a la que llamamos realidad.

 

Texto leído en la presentación de El último explorador, libro de relatos de Alberto Chimal, presentado en el Instituto Cervantes de París ayer, viernes 22 de septiembre del 2012.