malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos en la Categoría: lamentos

homo.narco.necro.capitalista: @eltlacuache40

1: Me dispongo a propinar una serie larga y numerada de tuits sobre algo que escuché en el programa de radio de @eltlacuache40

2: esta tarde venía en el taxi, escuchando a pesar de mí un inane programa llamado “vivoreando”, cuyo locutor es el susodicho @eltlacuache40

3: el principio del programa: el auditorio llama para contar intimidades propias y ajenas en contra de algún colega, familiar, conocido…

4: en eso, una muchacha ecuatoriana llamó a @eltlacuache40 para quejarse de que no pudo tomar su avión de regreso a Ecuador

5: la ecuatoriana ya había documentado pero en la sala de abordar no la dejaron subir porque su maleta de mano era demasiado grande

6: la ecuatoriana le contó a @eltlacuache40 el arrogante trato que sufrió de parte de @AeroMexico: no la dejaron abordar

7: ella propuso vaciar a la mitad su equipaje de mano con tal de que @AeroMexico la dejara abordar (al teléfono @eltlacuache40 asentía)

8: ya no tenía un centavo y su novio mexicano ya no estaba en el aeropuerto: debía abordar ese avión de regreso a Ecuador, @eltlacuache40

9: no sólo @aeromexico no la dejó abordar (perdió el avión) sino que rompieron también la maleta que ya había documentado, @eltlacuache40

10: su relato quebraba el corazón

11: al terminar su llamado a @eltlacuache40, ella le envió un mensaje a la azafata que no la dejó abordar: todo se paga en esta vida

12: y para @aeromexico resumió su sentir en un: chinguen a sus madres, aún estoy en México, aún no me puedo ir

13: y colgó

14: tras la llamada, @eltlacuache40 dijo que su programa no era la profeco, y que por favor no lo llamaran para hablar mal de las marcas

15: RT @eltlacuache40: “nosotros vivimos de las marcas, así que si van a hablar de ellas, mejor llamen a @Profeco y no a mi programa”

16: pregunta: ¿qué mal software le instalaron a @eltlacuache40 en vez de la dotación humana de neuronas?

17: @eltlacuache40 es un ejemplo paradigmático del homo.narco.necro.capitalista: soldado sin horizonte ético, nacido para defender su marca
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18: Fin de la transmisión. Que duermas bien en tu paraíso duty.free, @eltlacuache40

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A una agonía

Poema de mi amigo Ramsés Sandoval, mismo que he debido ir a rescatar hasta el web archive  porque Ramsés ha (tristemente) bajado la cortina del blog en donde publicaba sus poemas.

El cielo se te cae, viejo mortero,
en los gruñidos que a tus lustros ya es tan pura
voz que quien ciego desde siempre resucita
hecho cenizas y dice azul o meteorito
durante el hálito que quede entre jirones.

Ya no es el segundero esta montaña
en tierra del minutero cielo, acaso aroma:
daga de filo bajo bajo olvido coralino:
ha vuelto llaga como una profecía,
en el último saco postal amordazada.

Hora es de cosechar trenos y gemidos,
los silencios, los ecos nonatos, hiel de lirio.
Hay que tañer la voz hasta abrir coágulos:
no más ver la era de canallas, sin inercia
aniquilado, anhelo o rabia:
comprendes que termina
y has comprendido todo.

Y a tu silencio postrero empotre emblemas
de aquel año en cuya muerte refugiaste
a un alma confundida como un simio,
que al pensar lo venidero anida un puño,
qué si no el mausoleo de un vuelve mudo
o el cállate que sisean las hachas quietas.

Diciembre de 2011.
DR (RSR)

@rafadro no more:: respect

Querido Rafa Saavedra (acá @rafadro), dos puntos:

¿Y si no escribimos en la frontera entre la emoción y el estilo, con qué escribimos, pues, bro?

Hoy por la mañana recibí un lamentable mensaje en donde una amiga me informaba de tu fallecimiento por infarto. La mala nueva me llenó de tristeza, una tristeza ciertamente inédita porque a pesar de que nunca te conocí personalmente, con frecuencia intercambiábamos comentarios breves por tuíter y esa nueva manera de relacionarnos crea afectos inesperados y ganas de llorarte como si de un amigo entrañable se tratara (y aquí es donde el subjuntivo se arrepiente de sí mismo y brutalmente se hace un lado para darte tu lugar en indicativo): porque en efecto de eso te tratas: de un amigo entrañable con el que me citaba de aquella entrópica manera, sin acuerdo ni predisposición previa, por el mero azar de estar ambos embebidos en tecnología, no en el mismo lugar espacial pero sí en el mismo espacio temporal de este presente radical tuitero, bloguero, feisbuquero: aquí y ahora tú y yo together a pesar de la geografía, la genealogía y el social status.

Que profundo me estoy poniendo, pal. Tu bloody culpa. ¿Por qué te tuviste que ir así, tan abrupta y subrepticia y elegantemente, entre todos esos amaneceres premonitorios que colgaste en féisbuc y esas frases poderosas, libres, del que intuye con lenguaje que está a punto de abrirse en open source el corazón para el quirófano?

Escuché por primera vez tu nombre mentado en labios (en blog, sería más preciso) de Heriberto Yépez, que hablaba de ti como de un gurú de la condición fronteriza. Habiendo yo nacido en Mexicali y habiendo vivido un año en Tijuana, los modos y las maneras en que ustedes se desmarcaban de la Meca chilanga para centralmente escribir la periferia fronteriza norteamericana me intrigaban y fascinaban por igual. Así fue como te descubrí  en magnífico paleobloguero: empezaste a bloguear en 2001 y escribías no en espánglish, sino en un español resentido por la violenta clave americana, un español fascinado y a la vez castigado por la lengua domninante, bravucón cuando amenaza con irse al otro lado para siempre, cariñoso cuando regresa entre requiebros para confesar que siempre no se fue porque su querencia es justamente esa doble condición de puente agrietado o grieta-túnel bilingüe de ida y vuelta.

Y encima tu música. Leer tus textos en Bukonica fue descubrir una prosa con alma de playlist: sintetizador mata corrector ortográfico: historias intolerantes a esas tramas argumentales tan propias del papel, pero por el contrario perfectamente compatibles con la distracción constante del cristal líquido: parrafadas hiperestésicas de adolescente hipersensible cuyas amenazas tiene forma y manera de hipervínculo queriendo (hu)irse a la chingada del confinamiento semántico al que el hilo del discurso lo somete para ir a liberar su hedonismo en la orgía formal del sonido.

Pero no estamos aquí para hacer teoría crítica, bitch. Estamos aquí para lamentarte desde el libre albedrío de la emoción más cursi, o poniéndotelo en instagram para que me entiendas: queremos calcar el movimiento pendular que te llevaba de la orilla de la noche más excesiva, bilingüe y nihilista hasta ese relajo dionisiaco en donde ojeroso, alcoholizado y euforizado, alcanzabas a llegar a tiempo a Playas de Tijuana para bañar tu incipiente optimismo en el amanecer.

Porque desde tu ojo niurro (y no es albur, bro, sino metáfora de cinco y diez) las playas de Tijuana eran cachondas Muertes en Venecia previas al balbuceo en modo Apocalipsis Now de la cruda y el necesario descanso para reponer fuerzas, recargar la batería de litio y sumergirse de nuevo en la noche tijuanense con las antenas del lifecasting bien abiertas y unas crónicas cubistas cuyas esquirlas salían disparadas/declinadas en tuit, blog, féis y podcast.

Era tu prosa de paso por este presente que todavía ayer, obnubilados por música, la fiesta y la tecnología, asegurábamos eterno. ¿Y ahora qué hacemos? Favearte y likearte rabiosamente esta última y elegante secuencia de tu despedida en línea, las palabras sentidas y exactas pasadas por la mano, la pluma, el papel (antiquísimos soportes) para luego ser fotografiadas, instagrameadas, tuiteadas y feisbuquadas en vivo y en directo a moco tendido hacia nuestro lado: el de los virtuales vacíos.

Un infarto a los 44, what the fuck? ¿O tenías 46?

Elegía, compadre, elegy, élégie. ¿Compadres o zombies? nos dabas a elegir en un memorable tuit. Nos vas a hacer falta, @rafadro. Pero ese vacío atmosférico que tu presencia deja en la noche tijuanense y tuitera será, te lo aseguro, fértil. Míranos: llenos de ganas de leer y escribir hacia ti.

No descanses en paz, bro. Mejor reviéntate en el ritmo total y permanente de la más beyondera materia nocturna.

In memoriam Rafa Saavedra, from Tijuana West Coast. Cronista snobground. Fanzinero-revistero de luxe. CDJ en alza. Escritor sin tiempo. Radio show producer. Fotógrafo de escenas y nimiedades. Bloguero posteverything.

Links:: Crossfader Network blogBukonicaSelector de Frecuencias show,podcastmyspace.TwitterLast.fm

temporada verano-otoño de Fred Perry: la moda que reconcilia a neonazis y antifascistas

Primero los hechos: el 5 de junio pasado un joven militante antifascista y estudiante de Ciencias Políticas, Clément Méric (18 años) es asesinado por un militante neonazi (alias skinhead) a plena luz de la tarde, en la rue Caumartin de París, que es una calle peatonal sobrepoblada de comercios, maravillosamente ubicada para la compraventa de bienes de todo tipo, justo entre las Galerías La Fayette y Printemps. En Francia se ha escrito mucho al respecto, todo el espectro político nos ha propinado su opinión (generalmente monodireccional, oscilando entre los polos A) la extrema derecha asesina otra vez, como en las peores horas del siglo XX y B) no es tan ideológico ni tan grave, se trata de una riña entre adolescentes que terminó mal). También en tuíter hubo mucho ruido y guerra de etiquetas en redes sociales entre los überpatriotas de la extrema derecha y los internacionalistas del frente de izquierda, cuya etiqueta #nopasaran se mantuvo varios días en los primeros lugares del hit parade tuitero. La versión oficial que corre por la policía y por las cámaras de seguridad (entre comillas) y control urbano (sin comillas) es que ambos militantes asistían a un remate de ropa marca Fred Perry que tenía lugar en la rue de Caumartin. Al salir de la tienda, se agreden mútuamente y el resultado es que el militante neonazi mata a puñetazo limpio (o no) al militante antifascista.

Pongámosle pausa.

¿Qué diablos hacen antifascistas y neonazis comprando la misma marca de ropa? Es decir, que poco importa que unos se reivindiquen hiperanarquistas y los otros überpatriotas y arios puros: a ambos los viste la misma línea de camisitas de tennisman setentero marca Fred Perry. Luego entonces, el color de la piel es ideológico, la nación es ideológica, la raza es ideológica, la internacional es ideológica pero no así la marca de ropa, ideológicamente neutra. El mercado dobla la apuesta y gana.

¿Por qué la crítica del militante enmudece de pronto, ciega y sorda en cuanto al acto de entrar en la rue Caumartin, abrir la billetera y donarle un margen de utilidad (para nada ideológica) a Fred Perry, Apple, Levis o Facebook a cambio de artilugios indispensables para seguir ejerciendo la militancia del color que ésta sea?

PD: Alguien por aquí supone que a lo mejor los militantes antifascistas no iban a Fred Perry a comprar camisas, sino a cazar skinheads. Sin embargo por acá hay un vínculo en donde que explica el porqué de una moda (y una genealogía) común para ambos movimientos.

Bastaría con cerrar los paraísos fiscales durante 87 días para eliminar un año de hambre en el mundo

Paraísos fiscales

  • Eliminar el hambre en el mundo: 30 mil millones de euros al año
  • Bastaría con cerrar los paraísos fiscales durante 87 días para eliminar el hambre en el mundo
  • Déficit de la seguridad social francesa: 20 mil millones de euros al año
  • Fraude fiscal en Francia vía los paraísos fiscales: 20 mil millones de euros al año

(Fuente: CCFD-Terre-Solidaire)

Pedro Páramo: {narco}{empresa}{politi}cacique

por Juan Rulfo
publicado en  Letras Libres (año 2000)

Pedro Páramo es un cacique. Eso ni quien se lo quite. Estos sujetos aparecieron en nuestro continente desde la época de la conquista con el nombre de encomenderos, y ni las Leyes de Indias ni el fin del coloniaje, ni aun las revoluciones, lograron extirpar esa mala yerba. Aún en nuestros días, los hay que son dueños hasta de países enteros; pero concretándonos a México, el cacicazgo existía como forma de gobierno siglos antes del descubrimiento de América, de tal suerte que los conquistadores españoles sólo “echaron raspa”, es decir, les fue fácil desplazar al cacique indio para tomar ellos su lugar. Así nació la encomienda y más tarde la hacienda con su secuela de latifundismo o monopolio de la tierra. Esa es la realidad, sin tapujos ni metáforas ni nada de sueños. Pedro Páramo es un cacique de los que abundan todavía en nuestros países: hombres que adquieren poder mediante la acumulación de bienes y éstos, a su vez, les otorgan un grado muy alto de impunidad para someter al prójimo e imponer sus propias leyes. No hay en ello, pues, ninguna metáfora, si acaso cierta metamorfosis que los convierte, por asociación, en consorcios o en sociedades anónimas al servicio de determinados intereses. En otras palabras, son los representantes del antiguo coloniaje al que aún estamos sometidos. Con la pregunta “¿están ustedes muertos?” se quiere encontrar una respuesta al por qué las fuerzas del poder, no obstante que operan en todas direcciones, permanecen en la oscuridad. Hay ocasiones en que uno desearía saber dónde se oculta aquello que causa a veces tanto daño. Por ejemplo, ignoramos cómo se produce y cunde la pobreza; quién o qué la causa y por qué. Yo no me preguntaría por qué morimos, pongamos por caso; pero sí quisiera saber qué es lo que hace tan miserable nuestra vida. Usted dirá que ese planteamiento no aparece nunca en Pedro Páramo; pero yo le digo que sí, que allí está desde el principio y que toda la novela se reduce a esa sola y única pregunta: ¿dónde está la fuerza que causa nuestra miseria? Y hablo de miseria con todas sus implicaciones. –

© Juan Rulfo. Herederos de Juan Rulfo.

Homilía navideña del padre Jame Alfredo Fonseca Guzmán (1971-2008), párroco en Ciudad Netzauhalcóyotl y escritor de Coyoacán

Jaime Alfredo Fonseca Guzmán fue mi amigo. Nos conocimos en el taller literario del Hijo del Cuervo en Coyoacán, por ahí de 1995. Fuimos juntos a Cuba a presentar un ejemplar autopublicado de la antología Cría Cuervos en un viaje delirante que nos llevó hasta el oriente de la Isla. Compartimos la noche, las letras y la borrachera de México D.F. con una vitalidad demoniaca. En aquellas épocas, el “padrecura” dudaba entre Dios, el amor carnal y la literatura. Se lo acabó llevando Dios, pero le costó trabajo. Llegamos al extremo de acompañarlo a dar la misa de ocho de la mañana en Neza, sin transición después de una noche de juerga: su rostro angelical dormitaba ebrio contra el vidrio del automóvil: el amanecer tibio del chilango lo arrullaba. En sus homilías citaba con frecuencia a Lorca, casto poeta pecador. También a Timbiriche, a Cortázar y a “San José María Escribá de Balaguer” porque el padre pertenecía al Opus: entre su director espiritual de allá y sus amigos pecadores de acá se libraba una lucha atroz. Lo acabamos perdiendo. Jaime se consagró a su actividad diocesana en Ciudad Netzahualcóyotl y nos dejamos de frecuentar del todo, a tal grado que me vine a enterar de su fallecimiento por leucemia con dos años de retraso. Recuerdo que en una de nuestras últimas orgías (el padre nos acompañaba sin pecar, bebiéndose a los toros desde la barera) confesó que tenía cáncer. Nadie le hizo caso, sabíamos que era tan aficionado a la flagelación verbal como talentoso escritor, amigo infalible, conversador enciclopédico, humorista cáustico y a la vez didáctico, radical pordoquier, de Navarra a Santiago de Cuba, de la Gládyz a la Magdalena, del Opus a James Joyce. Descanse en paz el amigo de las gafas lúcidas: los pecadores literarios nos sentimos dos puntos más abandonados.

Decidió callar su enfermedad y alejarse de sus amigos. Nunca nos dijo nada de la leucemia, se fue alejando de nosotros, y sus homilias por mail (“spam bendito”) se convirtieron en el único vínculo efímero de lo que otrora fuera una cotidiana amistad. Transcribo aquí una de ellas, uniéndome metafóricamente a los feligreses de Neza hacia quien iba dirigida. Tengan ustedes (y usted, padre Jaime), una feliz navidad.

Finalmente, ha llegado la Nochebuena, para la que nos tanto nos hemos preparado. Algunos más material que espiritualmente, cabe reconocer. Pero hoy, de un modo u otro, los que creemos que Jesús es Hijo de Dios estamos a punto de celebrar el Misterio de Su Nacimiento.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”, nos dice el profeta Isaías. El nacimiento del Salvador fue anunciado al mundo por una “estrella” brillante, que los expertos identifican con la repetida conjunción de los planetas Júpiter y Saturno que se dio entre los años 7 y 5 a.C. Y es que, como todos sabemos, hay un ligero desfase en el calendario gregoriano; por eso, el Señor no nació exactamente en el año 0 sino, paradójicamente, unos años “antes de Cristo”.

La estrella fue un fenómeno que todos percibieron, pero que nadie tomó en cuenta. Los hebreos, que esperaban al Mesías que Dios les había prometido desde el principio de los Tiempos, ni siquiera se enteraron de Su llegada. En Belén, José y María pasaron como una más de las parejas jóvenes que con motivo del censo romano tuvieron que desplazarse a la tierra de sus antepasados. Tal vez alguno haya sentido compasión porque era una pareja muy pobre. Quizá sintió lástima al notar que la muchacha estaba embarazada. Pero sólo el dueño del establo que les sirvió de refugio se apiadó de ellos.

Dos mil años más tarde, ocurre exactamente lo mismo. Cuando vemos a alguien que está en desgracia y requiere nuestra ayuda. Nos conmovemos profundamente no hacemos nada por los hermanos y hermanas que más lo necesitan. Y así como en Belén una familia pobre ofreció a la pareja de emigrantes lo único que podía darles, los que menos tienen son los únicos que se apiadan de los más necesitados.

Es por eso que el Padre quiso manifestar el nacimiento de Su Hijo no a los ricos, a los poderosos o a los que se sienten más que los demás, sino a los más pobres, a los que todo el mundo desprecia. Porque en Israel, los pastores eran considerados dentro del grupo más bajo de la sociedad. Se les consideraba escoria, como a los publícanos y a las prostitutas. Pero fueron precisamente ellos los elegidos para recibir el mensaje de los ángeles.

No teman”, les dijo Gabriel. “Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo. Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. El Hijo de Dios no vino para quienes se creen superiores a los demás, sino para quienes reconocen que ser cristiano significa servir a su prójimo. No vino para quienes por comodidad o conveniencia no viven de acuerdo su Fe y se inventan argumentos para justificar su comportamiento, sino para quienes procuran decir siempre la Verdad, y viven de acuerdo a esa Verdad, por difícil que resulte.

No vino para quienes se creen buenos por participar en la Santa Misa una vez al año, pero se olvidan de Dios los otros 364 días. Viene para quienes hacen de su Fe un compromiso, y lo viven todos y cada uno de los días de su vida. No vino para quienes se creen confirmados en Gracia y se niegan a acercarse al Sacramento de la Reconciliación. Vino para los que se reconocen pecadores y se confiesan con frecuencia para ir venciendo esos pecados. No vino para los que reducen su Fe a costumbres y tradiciones huecas. Viene para quienes procuran conocer su Fe, y ponerla en práctica.

No vino para quienes reducen el amor al prójimo sólo a sus seres queridos. Viene para quienes aman a todos, sin diferencia ni distinción. No vino para quienes guardan rencores durante años, y le niegan el habla a sus familiares, amigos o vecinos. Viene para quien perdona siempre, sin recordar jamás la ofensa recibida. No vino para quien espera que sea el otro quien de el primer paso, sino para quien se atreve a darlo, y a pedir perdón.

No vino para quienes se dedican a criticar, a menospreciar, a pensar mal de los demás por su manera de ser, de vivir o de pensar. Viene para quienes tratan a todos con cariño, aún cuando los demás los critiquen, los desprecien, o piensen mal de ellos. No vino para quienes se olvidan de los pobres. Viene para quienes los ayudan siempre que pueden, No vino para quienes creen que los demás deben servirlos, sino para quienes viven sirviendo a los demás. No vino, en fin, para quienes se creen santos, sino para quienes se reconocen pecadores, y procuran escuchar Su llamado a la conversión.

Y no es que el Señor haga distinciones entre nosotros. Como nos dice San Pablo en la Segunda Lectura de la “Misa de Gallo” de esta Nochebuena, “la Gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos”. Somos nosotros quienes nos negamos a recibir al Salvador, como hicieron los habitantes de Belén, porque no estamos dispuestos a cambiar de vida. Porque no queremos, como nos sigue diciendo San Pablo, “vivir de una manera sobria, justa y fiel a Dios”. Nuestro Señor “se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien”. Nuestro Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos ha dado los medios para conseguirlo. ¿Qué nos cuesta corresponder?

Durante todos estos días nos hemos deseado felicidades. Nos hemos dicho palabras que en un mundo como éste en el fondo parecen huecas. Ante la guerra, las hambrunas, la pobreza y los demás conflictos del mundo. Ante las catástrofes naturales vividas recientemente en nuestro país. Ante la inseguridad, la delincuencia, las injusticias, la desigualdad que se vive en nuestro entorno. Ante las dificultades personales, de salud, económicas y familiares que cada uno puede tener. Ante la pérdida o la lejanía de nuestros seres queridos, festejar la Navidad podría parecer obsoleto.

Pero lo que celebramos no es la unión familiar ni los buenos sentimientos. Celebramos el Misterio de que “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”, como nos dice el Profeta Isaías, para que nuestra vida tenga sentido, y para que entregados a él en cuerpo, alma, mente y corazón, procuremos dar esperanza y sentido a la vida de los demás, recordándoles con la palabra y con las obras que Él vino para extender en el mundo “una paz sin límites”, para llenar todos los ámbitos de la vida con Su amor. Porque el Dios Niño cuenta con nosotros para “anunciar su grandeza a los pueblos”, como nos dice el salmo de la Misa de Nochebuena, y que el Salvador vino para “quebrantar el yugo” del pecado desde la humildad de un establo, la pobreza de una vida sencilla y la miseria de una cruz infame.

El Hijo de Dios se hizo hombre para necesitar de nosotros, para contar con nuestra ayuda, para anunciar el Evangelio por medio de las cosas sencillas y cotidianas. “Esto les servirá de señal”, dijo Gabriel a los pastores. “Encontrarán un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

A nuestro Dios no le gustan los prodigios ni las cosas raras. No lo busquemos pues, en las señales que poco o nada tienen que ver con nuestra Fe. Busquémoslo en los Sacramentos, en la Santa Misa, en nuestra Madre la Iglesia, aunque a veces los ministros no seamos precisamente la imagen del Salvador. Busquémoslo sobre todo en donde está realmente presente, con todo Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad: En el Sacramento de la Eucaristía.

Si en Belén el Hijo de Dios se nos aparece como un Niño frágil, pequeño, pobre, necesitado de todos, en la Eucaristía se nos aparece pequeñito, escondido en un panderito de harina, como diría el poeta Federico García Lorca, para dejarse manipular, comer…, incluso profanar. El Señor se queda en el pan para acompañarnos siempre. Para consolarnos. Para escucharnos. Y lo hace solamente por amor.

Busquemos al Señor en la Eucaristía. Cuando lo hayamos encontrado, podremos encontrarlo en todos lados: en el trabajo, en la escuela, en la tienda, en el metro, en la cola de las tortillas. En la persona que nos han encomendado cuidar y a veces nos desquicia. En la vecina chismosa que tal vez se encuentra terriblemente sola.

Lo encontraremos en los más pobres, en los más necesitados, en los que todo el mundo desprecia. Lo encontraremos en los que reducen su Fe a devociones y tradiciones huecas, en quienes han abandonado la verdadera Fe o en los que han dejado de creer en Dios. Lo encontraremos en los que objetivamente viven en pecado público y notorio, y sin embargo dan más testimonio de vida cristiana que nosotros, porque la practican con los hermanos que más lo necesitan.

Esta noche, tan importante para los cristianos, podemos cometer dos errores. En primer lugar, entre los regalos, la fiesta, la cena, las luces, el “Santo Clós” y demás tonterías, podemos olvidar qué es lo que estamos celebrando. No olvidemos que quien tiene que ocupar el sitio primordial en nuestra mesa es el Hijo de Dios, acompañado de María y de José. Tenemos que dedicarles, al menos, una oración. Si no, nuestra fiesta perderá todo su sentido.

En segundo lugar, podemos cometer el error de dejarnos llevar por la nostalgia, la melancolía, el dolor, el sufrimiento y la depresión que suelen acompañar estos días. Pero ni la ausencia de nuestros seres queridos, ni la cama del hospital, ni la muerte de nuestros parientes, ni la amargura de la prisión, ni la soledad de nuestra casa puede entristecernos. ¡Somos hijos de Dios! ¿Qué nos importa la pobreza, la soledad, la enfermedad, la amargura, la distancia, el dolor y la muerte?

Dios se hizo hombre, y toda Su vida estuvo más solo que nosotros. No debemos perder la esperanza, como dice el papa Benedicto XVI en su Encíclica “Spes Salvi”. Aunque todo parezca estar en contra, sabemos que la historia va a terminar bien. Aún con la nostalgia, el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la soledad, la distancia, la amargura, la pobreza y la muerte, si de verdad procuramos entender lo que ocurrió esta noche hace dos mil años, sólo nos queda gritar con los ángeles “Gloria a Dios en las alturas”.

Esta noche, como oración inicial de nuestra cena, podemos usar las palabras que el Papa Juan Pablo II pronunció en la Homilía de la Nochebuena del Jubileo del año 2000: “Dirigimos la mirada hacia ti, Cristo, Puerta de nuestra salvación, y te damos gracias por el bien realizado en los años, siglos y milenios pasados. Debemos confesar, sin embargo, que a veces la humanidad ha buscado fuera de ti la Verdad, que se ha fabricado falsas certezas, ha corrido tras ideologías falaces. A veces el ser humano ha negado el respeto y el amor a hermanos de otras razas, credos y formas de pensar. Ha negado los derechos fundamentales a las personas y a las naciones.

Pero Tú sigues ofreciendo a todos el Esplendor de la Verdad que salva. Tú no te cansas de amarnos. Más aún, en el misterio de la Navidad vienes a iluminar las mentes para que los legisladores y los gobernantes, hombres y mujeres de buena voluntad se comprometan a acoger, como don precioso, la vida humana. Fijamos los ojos en Ti, Cristo, Puerta de la paz, mientras, peregrinos en el tiempo, visitamos tantos lugares donde reposan las víctimas de violentos conflictos y de crueles exterminios. Tú, Príncipe de la paz, nos invitas a abandonar el insensato uso de las armas, el recurso a la violencia y al odio que han marcado con la muerte a personas, pueblos y continentes”.

Que así lo hagamos. Feliz Navidad.

Jaime Alfredo Fonseca Guzmán.
Navidad del 2007.

así despiden a la gente hoy en día

En dos horas. Humillando, traicionando, empilando cajas de cartón para que quienes ayer imaginaban su futuro en esos muros se salgan para siempre en menos de dos horas. Y evidentemente, la ley mexicana está con ellos. Total, el jefe de departamento despacha en Miami. Para saber de qué hablo, leer esta nota  en el blog Pensamiento Visible Único reproche para la dueña del blog: ¿para qué proteger con el annimato a la empresa? Que se conozca su nombre, que la ignominia quede colgada en línea. Y como coroloario, una perla  de wikipedia:

CAPITALISMO: El orden económico en el cual predomina el capital sobre el trabajo como elemento de producción y creación de riqueza, sea que dicho fenómeno se considere como causa o como consecuencia del control sobre los medios de producción por parte de quienes poseen el primer factor.

Lázaro, sal de ahí

¿Cómo resucitar la necesidad? ¿Se resucita? ¿O se deja de escribir por que sí, por que las aguas de la rutina lo inundaron todo, porque se ha dejado de vivir digitalmente, es decir vivir transcribiendo lo vivido con diez dedos tecleadores que caminan su ruta paralela en las dos dimensiones del teclado o en las siete vidas del significado? Dejé de escribir en junio del 2007 y desde entonces nada, correcciones, asomos, excepciones raras como esporas o esporádicas como la rareza de estar aquí, frente al teclado a las ocho de la mañana, enfundado en la bata roja de la literatura, nadando en té verde bajo la luz nada natural de una lámpara ecológica que miente por duplicado a la luz y a la energía acaso como mienten los escritores que en la etiqueta rezan 60 watts pero en la realidad de la energía consumen solamente 11. / Lázaro, sal de ahí, levántate y escribe: pierde el miedo: anda, exponte a la crítica, exhibe tu palabra sin pena, tu sintáxis hecha a la oscuridad, hecha jirones, levantante y reza la oración desinterasada y desinteresante: el rezo que a nadie interesa, la palabra de más, el monólogo del sordo parado en una sola piedra, la misma, la de las ocho de la mañana, la de los once watts, la del cantor de mentiras, la del encriptador de vidas, la del vendedor de anécdotas que se cree con el derecho, la libertad, el exhibicionismo, la desfachatez de levantar la prohibición vital y entonar su canto. ¿Qué digo? ¿Qué dices? ¿De qué te tratas? ¿De qué prohibicion hablas? ¿Por quién te tomas para venir aquí a colgarte de este alambre, a montarte en esta línea, la línea infinita de la literatura (no una línea: un árbol) por su ramal más débil: el de lo de paso, lo perecedero, lo que no aspira ni siquiera al alto honor de la sustancia, es decir al papel? Lázaro, sal de la tierra, sal del silencio, sal de todos los moles, sal del miedo, sal flaca, sal sin sabor ni sudor: despierta, cuenta, ennumera lo que has vivido: vibren tus cuerdas vocales: los auditores, si los hay, te escucharán de milagro.

off

Cansado. Sobretrabajado. Hipoescrito. Sobrebuscado por sí mismo en internet. Sobreexpuesto. Con la pluma abandonada. Con el superyo pendiendo damoclianamente sobre la prosa. Con el blog en punto muerto. Con la novela en reversa. Con el cansancio entre las vértebras. Con sueño. Con ganas de vacaciones. Con el peso de los lectores sobre las íes. ¿Para eso los querías? Sin papeles. Trabajando sin permiso de trabajo. Con la Prefecture de Bobigny a cuestas. Con las críticas (sus primeras críticas, joven, pase por aquí, ¿quería ser escritor?, por esta ventanilla) entre las mientes. Con el verano en veremos. Con la prosa que no se despereza después de seis meses de hibernación. Con cuarenta años a la vista. Sin dinero. Con amor. Sin café (mañana compro). Con un proto.dolor de dientes raro. Sin bicicleta. Sin fuerza. Sin palabra: auto.amordazado.