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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

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consideraciones sobre escritura open source

Resumen ejecutivo: escribir open source quiere resignificar la actividad de creación literaria en función de los métodos de creación informática del open source. ¿Qué es el open source? Visto en modo idealista, el open source consiste en programas computacionales cuyo código fuente es abierto, es decir, que cualquier paisano tiene acceso a él, se lo puede apropiar, lo puede modificar, recombinar, transformar, distribuir siempre y cuando el código fuente permanezca abierto y se dé el debido crédito a sus autores.

¿Qué significaría entonces una creación literaria open source? Primero, un proceso de creación ayudado por las herramientas informáticas del open source, donde las versiones previas, o la genética del texto si nos ponemos teóricos, sería visible desde el primero hasta el último instante de la creación. O si se quiere, levantarle la falda a aquel renombrado iceberg de Hemingway usando para tal efecto las navajas suizas propias de los desarrolladores de sistemas informáticos open source: control de versiones, desarrollo colectivo, reporte de errores y así.

Segundo: una escritura colectiva. El autor funcionaría entonces como una especie de maestro de obra (o productor), rompiendo así la idea del escritor romántico embebido en su máquina de escribir, impulsado por su sempiterna botella de whisky y la sombra de esas musas decimonónicas  a quienes el procesador de texto y sus infinitas posibilidades de edición parecen haber espantado desde hace ya algunos decenios. Esta relación uno a uno entre creación literaria e individualidad creadora es tan pertinaz que ni siquiera el manifiesto de la literatura huiqui (versión 3.1) la cuestionó. ¿Por qué, a diferencia de los artículos científicos, los textos literarios siguen siendo asociados a un solo nombre, y no a una pluralidad de autores? Las series de televisión en cambio ya superaron el asunto del creador único. ¿Quién es el autor de Homeland, Fringe, The Wire o Hatufim? Sus nombres no nos vienen inmediatamente a la memoria, hay que buscar, hurgar en google/wikipedia para encontrarlos. Nada que ver con la relación de equivalencia nominal entre Cien años de soledad y García Márquez. Me dirán que esta idea de la muerte del autor ya es vieja. Pero aquí no se trata de la muerte del autor, sino de esa amistosa disolución de su nombre en una página de Wikipedia.

Esa será la siguiente tarea de la Literatura Huiqui: mudarse a wikimedia (la aplicación que impulsa y da soporte a la Wikipedia) y olvidarse de que cada autor produzca un texto suyo para mejor trabajar en el barbecho de un texto colectivo, de obra lenta, producto de esas interminables discusiones y negociaciones que subyacen a los artículos más polémicos de la wikipedia. ¿Habrá un lugarcito ahí para la estética?

Y finalmente: tercero: el código abierto, es decir la renuncia a la comercialización directa de la materia de creación. Los escritores open source publicarían luego entonces su obra bajo una licencia Creative Commons 0 misma que permite la copia, distribución e incluso el uso comercial de la obra siempre y cuando se de crédito a sus autores. De forma y manera que el más modesto editor del Ecuador, si le viene en gana, puede publicar la obra sin siquiera prevenir a los autores. Compárese este método de distribución a lo que tenemos ahora: un enorme pelotón de escritores en ciernes peleándose un puñado de premios, dos pesos de marketing, medio kilo de reconocimiento de la universalmente enquistada élite que conforma el campo editorial y una nombradía que extiende por unos cuantos meses la tierra prometida de esos 15 minutos de fama que nos prometió Warhol. El agente del agente del agente.

Para lo cual, por supuesto, hay que salir del analfabetismo informático, saber declinar la obra en huiqui, blog, tuit, féis, epub, mobi, pdf y ese largo y técnicamente embrollado trasunto del etcétera.

En eso andamos.

Retrato.de.dorita.garay.wilde. harmodio.wiki (fragmento)

De regreso al relato, Enric, reponiéndose apenas de ese extraño viaje en el tiempo al que lo sometió la publicidad, se mira en el espejo del baño del Hotel Garage Capitolio y se dice: ya no quiero que me digan Enric, ahora deseo llamarme Henry y deseo ser más fuerte que Enric, más temible, a Enric se le podía mentir, a Henry no. Al salir del baño, Henry encuentra a Dora y a Basilio (que a partir de este momento, en un súbito arranque anglófilo de la producción, llamaremos Basil) satisfechos tras la lucha genital.greco.rromana del sexo. Basil ya no es el púber inseguro de hace un cuarto de hora, la seguridad de su perfil, la rectilínea mirada sin temor de sus ojos, la firmeza de su cuello (como sostenido por una gorguera imaginaria) son absolutamente incompatibles con una estúpida gorra de beisbolista, es más, La Producción agrega aquí una secuencia instantánea de una gorra de los Ángeles de Ánaheim en llamas, convirtiéndose en ceniza por obra y gracia de la combustión, el oxígeno y las llamas del segundo círculo del infierno.

Henry está desnudo, como Basil y Dora. Nadie fuma. Henry sostiene entre sus manos un botellín de Zubrowka. Por primera vez, los telespectadores lo contemplan de cuerpo entero. En efecto, el tamaño de su verga es considerable, sobre todo tratándose de un post.adocescente cuyo desarrollo genital acaso aún no haya llegado a su fin (#buscar a algún experto en anatomía de la post.pubertad). Dora ni siquiera lo mira, al contrario, se voltea de espaldas ofreciéndole al mismo tiempo su desprecio y la silueta de sus nalgas no de siux sino de negra. Sí el casting es aquí acertado y respeta la genealogía de Dora, la actriz que la represente será tan india como negra, tan siux como togolesa, huesos largos, músculos tubulares, nalgas parabólicas con la exacta curva y consistencia de una negra, mientras que los ojos son rasgados, la nariz aindiada, el pelo indeciso entre el lacio indio y el rizado a ultranza negro, a veces uno, a veces otro; incluso se podrían aquí intercalar dos actrices como hace Buñuel en el Oscuro objeto del deseo, cuando se requiera de sexualidad volcánica se usará literalmente a la negra, cuando haya que disimularse entre la masa demográfica mexicana que baja del Ajusco a la ciudad todas las mañanas se usará una india, sí, dos actrices para un mismo personaje, nada nuevo, nada que algún cineasta sordo no haya ya inventado, pero el mercado es olvidadizo y la moda aún más, con un poquito de polémica, algún periodicazo sobre el odio que se profesan mutuamente las actrices durante el rodaje ya se tiene carne de mercadeo.

No nos adelantemos. Por el momento todo esto es solo prosa, libreto, hojas blancas por donde se enredan las sábanas blancas que ahora interrumpen la ecuación sexual de los tres muchachos como si de paréntesis se tratara. Henry vino a preguntar ¿por qué me mienten? pero incapaz de generar el más mínimo conflicto, mejor se calló la boca conforme su verga de post.adolescente superdotado se encendía como un faro en dirección de Dora y, por qué no, también de Basil.

Cambio de actriz. Sale la negra. Entra la india. Dora se llama ahora Dorian. La india tiene un cuerpo deseable de Malinche. Las estampas de la Malinche en la escuela primaria. Las sirvientas que limpian la casa de Henry, las que limpiaban la casa de Basil en aquellos tiempos de bonanza precrisis, cuando podíamos pagarlas. Belleza no de portada de revista ni de anuncio de jabón neutro: belleza de uso y abuso, sumisión racial total, belleza dominatoria: hazme lo que quieras, penétrame por donde quieras, véjame si nos vejan.

Entra aquí una parodia porno.diabólica de la canción vernácula ranchera Si nos dejan.

La Producción se comunica con el libretista vía un apuntador para observar: hay un abuso de comparaciones en la prosa, exagerado uso de los “comos”: La Producción nos recuerda que esto no es literatura y que no hay nada más difícil para un director de series comerciales que traducir en imágenes una metáfora tipo “como un faro en dirección de Dora”.

Basil, que ahora que ha perdido la virginidad parece más inteligente, interrumpe el trío sexual para proponer: ¿y si adulteráramos la figura retórica? ¿Y si en el momento que el Rey Salomón canta el cantar de tus labios son como un hilo escarlata alguna bellaquería ultratecnológica cayera como un misil americano sobre la boca de la sulamita afgana y se llevara para siempre los labios y dejara exactamente un literal par de hilos de cáñamo escarlata para que el rey aprenda a respetar las figuras retóricas y a desconfiar de la ficción? De paso podríamos vender alguna pomada de coco para los labios partidos. Pobre Rey Salomón condenado a besar cáñamo escarlata o a cambiar de esclava.

¿En qué estábamos? pregunta por el apuntador La Producción. En Henry metiéndose a la cama con Basil y Dora. En la verga desmedida de Henry infectándose con las bacterias bucales de Dora en un ir y venir patrocinado por el enjuague de higiene buco.dental marca Listerine, sabor menta. Poco nos importa la calidad moral de la playa horaria, Henry se vacía media botella de Listerine azul sobre su verga mientras ésta penetra gozosa en la boca con forma de O de Dorita Garay, la O infinita del porno oral, la letra por donde cabe todo siempre y cuando se trate de una O de labios y no de hilo literal rojo escarlata.

Se intentará que la escena escape al canon del porno, se disimulará la verga inmensa de Henry tras la curve frontal de sus nalgas, se sugerirá que Basil, sin rastro de gorra ni gorguera, se masturba mientras los genitales orales de sus amigos se pronuncian. Dora ahora es una india callada llamada Dorian, una india ambigua, adolescente indio.india, hermafrodita para uso y abuso de los descendientes televisivos del colonizador.

Demasiado mexicana la referencia a la Malinche. Urge una nota explicativa o un cambio de referente para que los telespectadores argentinos, colombianos y españoles no prefieran otro canal.

Olvidémonos mejor del sexo. Lo más probable es que la serie se difunda entre nueve y diez de la noche. Borren por favor de su memoria todo lo que acaban de ver.

Las secuencia sexual será la misma, pero las imágenes menos explícitas.

He aquí el orden:

  1. Coito de Enric con Dora.

  2. Basilio lee Vida y Destino ante la luz del refrigerador, frustrado mientras escucha copular a sus amigos.

  3. Enric termina. Sale de la habitación. Se acerca al refri para conminar a que Basilio vaya y copule con Dora.

  4. Basilio y Dora copulan. Espectacular pérdida de virginidad de Basilio (abusar de la lírica).

  5. Coito de tres.

Pero el libreto está ya embalado. Le prometieron que esto no iba a ser una serie porno.policiaca, pero el libreto mira hacia el abismo por abajo y por arriba y quiere, siente que quiere contar ese coito de tres sin ningún límite narrativo. A Henry (los nombres son termosensibles: se auto.traducen al inglés cada que los personajes se calientan) le duele el brazo que le rompió su padre cuando era niño, no durante el coito sino mientras anuncia desodorante sentado en el sillón, a oscuras, escuchando o no la cópula animal de sus amigos. El brazo de las traiciones, la fractura que en su cerebro se rompe de nuevo cuando lo engañan y le mienten y lo utilizan, la fractura del amor de canción barata, el convenenciero que te busca por dinero. Sabe que sus amigos lo engañan, sabe que Dora está embarazada de sabrá Dios quién, que Basilio algo saca de ahí pero no conoce los detalles. Y sin embargo va a meterse dentro del porno, un porno puro, nítido, sin consciencia moral ni transgresión alguna. Porno blanco, porno para niños, tres adolescentes vueltos niños o mejor aún, vueltos embriones, apareándose como peces dentro del líquido amniótico: la orgía con embarazadas duplica el número de amantes, Dora ofrece su ano abierto a la verga encremada de Basil (crema marca Nivea dorada) mientras el ostentoso animal de Enric la penetra por la vagina, bendecido su amor por el embarazo, todo un anticonceptivo perfecto, pero en la escena no hay transgresión ni búsqueda del enorme potencial de venta del porno, al contrario, hay una intimidad, una sinceridad muy grande, dos tortugas apareándose en un documental a las tres de la tarde, nada qué censurar a nadie, animales inocentes, los juicios morales y legales se han quedado fuera, también las mentiras mutuas: porno antropológico, la inocencia original de la tribu, Dorian es ahora una negra andrógina que ofrece todos sus orificios con la generosidad de una sunamita inocente ofreciendo pan. No hay porno alguno. Tampoco mentiras. Hay una penetración doble en toda inocencia. Vida en proceso de perpetuación. Delfines felices.

Nunca, nunca me habían cogido así. Son ustedes inolvidables. Estuvo bien. Ahora nos toca el dolor.

No vamos aquí a meter un aborto después de una secuencia tan bonita. No. Se acaba el capítulo de la serie y nos vemos la semana que viene. Los libretistas, la producción y el sindicato de actores exigen aquí un corte de descanso. O una digresión.

No se lo vayan a contar a nadie, exige una Dora india a sus amigos. Hagamos como que esto nunca pasó, pide una Dora moral. La moral mexicana. Seguro este par va a difundir por cielo mar y tierra la noticia de la orgía. No vale la pena. Es más, la orgía nunca sucedió.

La Producción además nos notifica que rodar un capítulo de esa naturaleza, con todas esas figuras retóricas saldría muy caro, la serie se comería el presupuesto de una temporada en un capítulo.

Mejor otra cosa.

Mejor el miedo.

Nueva secuencia:

  1. Dora, Enric y Basilio están en Las Bohemias de la zona rosa emborrachándose entre música de mariachis, tristeando porque Dora va a tener que abortar al hijo de Basilio en la clínica donde trabaja el papá de Enric, acaso a manos mismas del papá de Enric que (reiteración innecesaria porque ya se sabe) es ginecólogo.

  2. Basilio confía en perder la virginidad esa noche. Bajo la gorra de béisbol, todos los ángeles de Anaheim sudan de aprehensión.

  3. Enric sospecha que la verdad no le ha sido dicha. Su instinto le dice que entre Basilio y Dora falta la complicidad cinética, biológica, psicológica de los amantes. Además, Basilio sigue siendo el mismo imbécil ultra.letrado y ultra.inteligente que cuando era virgen. Algo le dice que lo están usando. Señal inequívoca: le duele el brazo.

  4. Lo que menos desea Dora en este mundo es meterse a un Hotel Garage con Basilio, pero los tratos son los tratos. ¿Por qué no le habló a Enric con la verdad? ¿Por qué no le dijo simple y sencillamente que Giorgio la había embarazado y que sus papás están construyendo una casa en el Ajusco, por tanto no tienen dinero ni para pagarle los estudios de corno francés en el conservatorio, mucho menos para pagarle abortos?

  5. El inciso cinco es puramente psicológico, sin drama alguno. En él se explica que hay personas, como Dora, que le tienen alergia a la palabra No. Dora prefiere manipular un complejo entramado de mentiras entre Basilio y Enric, a pedir simplemente las cosas. Pedir implicaría la posibilidad de un No. Mintiendo en cambio se garantiza el resultado sin riesgo alguno de negativa.

  6. La producción hace énfasis en la inutilidad de los incisos psicologizantes como el anterior. Si no hace avanzar el relato, no vende. Y si no vende, no tiene por qué existir.

  7. Enric invita una sucesión de tequilas y cervezas a sus amigos con la secreta intención de 7.1) obtener la verdad, o 7.2) acostarse con Dora, pues su sentido de bestia cazadora.seductora le sugiere que acaso esta noche se encuentre ella más accesible.

  8. Mientras Basilio va al baño envuelto en su goguera de Anaheim, Henry y Dorian negra se dan un beso. Los efectos especiales de la imagen improvisan una figura retórica en donde el beso corroe dentro de una piscina de cerveza y tequila, o mejor aún, dentro de un torbellino de ambas bebidas. La metáfora aparece en un cintillo inferior para sordomudos: “Enric y Dorita se besan como en un torbellino de cerveza y tequila”. En el cintillo se evita la autotraducción al inglés de los nombres, no porque sus correspondientes personajes no se encuentren extraordinariamente calientes, sino para mantener la estabilidad lógica del relato.

  9. Cuando Basilio regresa del baño, Dora miente como una india y le dice a Basilio que Henry les va a dar un aventón. Desde el subtítulo, el Español Estándar aclara: los va a conducir en su coche (aventón ~= autostop).

  10. Elipsis dentro del coche, música de U2, moda 1992.

  11. Con la canción de fondo, el coche de Enric penetra en el estacionamiento del Hotel Garage Casablanca (las evocaciones de esta palabra, en esta nueva versión, han sido preferidas a las de Capitolio).

  12. Basilio se muestra desconcertado. Él creía que Dorian y él entrarían al hotel solos. Los tres bajan del auto, un Nissan Tsuru modelo 1991 color amarillo, ángulos rectos, rines plateados relucientes.

  13. Inciso digresivo para mostrar una crisis de nervios del Castellano Estándar. Eso que en México se denomina rin, en España se llama llanta, en Colombia copas y en Venezuela tapas. El Castellano Estándar se lleva las manos a la cabeza y la estrella contra las llantas del Tsuru de Henry.

  14. Basilio no sabe por qué Enric baja también del coche. Bajo el tiro del pantalón de Henry se adivina una erección más o menos voluminosa.

  15. Crisis de nervios de Basilio. Insulta a Dorian. ¿Por qué no pueden estar solos? Temerosa de que Basilio desvele la verdad a Enric, Dora se acerca a él y lo hace entrar en razón.

  16. Bajo el pantalón de Enric la erección ha desaparecido. Las mejillas de Dora ya no están rojas de excitación.

  17. ¿Lo estaban? #insertar un inciso entre 13.5 en donde las mejillas de Dorian se enciendan de excitación sexual.

  18. Durante la conversación entre Dora y Basilio, Enric toma una habitación de corta estancia para los tres. Dora convence difícilmente a Basilio de perder la virginidad no con ella sola sino en una orgía. Basilio se muere de vergüenza. Teme no dar el ancho sexual ante su mejor amienemigo. Dora lo vuelve a calmar.

  19. Enric en la habitación, desnudo, el control en la mano, su verga como un globo desinflado sobre sus muslos.

  20. Dora y Basilio penetran en la habitación 404. Basilio apaga las luces. Dora abre el servibar y destapa un botellín de vodka.

La Producción interrumpe la secuencia narrativa para exigir que el narrador se haga a un lado y deje hablar a los personajes. Además, pide diálogos con plecas, como en las novelas de Carlos Fuentes. El Verosímil pregunta: ¿para qué sirven las plecas en un libreto?

–Ven. No tengas miedo.

–No tengo miedo –Dora y Basilio se besan. Enrique concentra la atención en el porno.

–Ven aquí tú también.

–Ahorita.

–Mmhhh. –Basilio pierde la gorra de beisbolista. El pelo grasoso de su cabeza huele mal. Dora no logra despertar su excitación ni la de Basilio. Enrique se masturba con los ojos fijos en el porno de la televisión. Desde una habitación lejana se escucha el inconfundible gemido de un coito.

–Yo se los dije: esto era una mala idea.

–Ahorita se nos para.

–¿No qué a ti siempre se te paraba?

–¿Tú qué presumes, si eres bien pinche virgen?

–Vírgenes mis huevos. Voy a tener un hijo con Dora. Bueno, un hijo no, pero si un aborto. ¿Verdad, Dora, que vamos a tener un aborto juntos?

–Si querían un tema de conversación poco excitante, lo acaban de encontrar –Dora se levanta de la cama y se encierra en el baño. Se escucha un sollozo infantil.

–¿Ya ves, pendejo?

–¿Yo qué?

–Para qué sacas el tema.

–Pues tú.

–¿Yo qué?

–Que no se te para.

–A ti tampoco.

–Al ratito se me va a parar. Además, ya se me paró cuando concebimos al hijo. Bueno, al aborto. ¿Y a ti, cuándo se te ha parado?

–Un chingo de veces. Muchas más de las que te imaginas. Además, yo la tengo más grande. ¿A quién crees que vas a hacer feliz con esa madre?

–¿Cuál madre? Es una verga normal. Además, no importa el tamaño, sino lo bien que la muevas. Me lo dijo Dora el día en que nos acostamos.

–Tú y Dora ni siquiera se han acostado. Nada más se están haciendo pendejos.

Dora sale del baño, furiosa. La furia se percibe en la amplitud de sus movimientos, el énfasis con que agita sus brazos negros, la amplitud de los pasos con que recorre la habitación mientras se viste. Furia agazapada en prisa.

–¿Ya te vas?

Dora no responde.

–¿Y ahora por qué te enojaste? Si este pendejo no hubiera hecho su berrinche, ahorita nos la estaríamos pasando muy bien.

Los labios carnosos, negros y rojos como dos hilos de cáñamo tropical, se mantienen pegados al silencio. Enrique y Basilio se masturban al unísono, como en una competencia. Dora los ignora.

–Espérate. Ahorita se nos para.

–Pinche par de adolescentes impotentes. ¿Qué van hacer el amor ustedes? Lo único que les importa son sus pitos –Dora se va con un azotón de puerta. Enrique sale tras ella, desnudo.

–¿Cómo te vas a ir?

–¡En taxi!

Basilio logra una erección indecisa, blanda y tardía.

–¿Por qué el puto narrador siempre tiene qué poner los adjetivos de tres en tres?

–¿Qué dices?

–Nada. Que eso no es una erección decente.

–¿Y si mejor llamamos unas putas?

–¿Quién las va a pagar?

–Usted mero.

–Tu chingada madre. Ya les voy a pagar su pinche chiste del aborto. Nada más dime la neta. ¿En serio te cogiste a Dora, o sólo se trata de verme al cara de pendejo?

–En serio.

–Júrame por nuestra amistad que te la cogiste.

–Te lo juro.

–¿Y cómo sabes que el embarazo es tuyo y no de Giorgio?

–Porque Giorgio se hizo la vasectomía.

–¿Tú como sabes?

–Dora nos lo dijo hace mucho. ¿No te acuerdas?

–No.

–Estás bien pendejo. Nos lo dijo un día, en la Filarmónica.

–No me acuerdo.

–Seguro andabas borracho.

Tres toquidos suenan a la puerta.

–Ya regresó. Ábrele, ahora sí nos la vamos a coger.

Basilio se levanta y abre. Un rostro de intendente de hotel a medianoche aparece tras la hoja de la puerta.

–Disculpen que los interrumpa, jóvenes, pero si se quieren quedar otra hora primero tienen que bajar a pagar.

–Ni madre, ya nos vamos.

Basilio y Enrique se visten. El ánimo se presiente derrotado.

–¡Mira!

–¿Qué?

–Lo que se le olvidó.

–Mierda. Se le olvidó su corno.

La Producción y El Verosímil asienten desde la última fila del teatro. El Castellano Estándar no quiere saber nada sin normalización del diálogo de por medio. El celular de la actriz que representa el ascendiente indio de Dorita suena. La escena se arruina porque a principios de los años noventa no había teléfonos móviles (el Español Estándar agradece).

Una tropa de símiles retóricos invade la escena o la pantalla o la hoja. Los títulos corren por la pantalla con música de U2. El Verosímil pregunta entonces qué pasó: ¿hubo orgía o no hubo orgía? La producción fuerza un final de capítulo y con inusitada violencia empieza uno nuevo, bajo la amenaza de que la primera temporada está por concluir sin que ninguno de los cabos de esta historia se hayan realizado.

Hace falta un respiro.

Sacar la cámara a respirar.

Romper la retromnesia de los años noventa y regresar al año 2010.

La Producción y el Verosímil discuten sobre la pertinencia de narrar conjuntamente el aborto de Dorita en 1992 y merma activa en 2010.

¿Merma activa?

Muerte, quiero decir. Su muerte. Pero en 2021, fecha desde donde toda esta historia es narrada por tratarse del presente preciso, los verbos matar y asesinar tienen prohibido el objeto humano. Animales no hay problema, pero nunca humanos. Ahora hay merma activa, en casos excepcionales exterminio sustentable y ya. Las guerras ha reducido a ruinas y cenizas el campo terminológico.

Un respiro.

Un capítulo sin Eros ni Tanatos.

Algo que tenga que ver con la tecnología.

La historia del paniconógrafo, por ejemplo.

El Mercado aprueba la idea.

El Mercado es el gobernador de todo esto, el dueño de La Producción, El Verosímil y El Español Estándar. El Mercado paga los sueldos de los libretistas, los productores, los investigadores, los actores que representan a Dorita, Enric, Basilio, Dorian, Henry, Basil y Enrique.

Enrique es una versión mexicanista de Enric. Enrique es Enric pasado por Carlos Fuentes.

¿Y qué pasa si nuestros telespectadores no saben quién es Carlos Fuentes?, pregunta frunciendo el ceño El Verosímil.

Carlos Fuentes es un escritor mexicano nacido en 1938 y muerto en 2012. Los primeros cuarenta años de su vida escribió novelas de gran valía, osadía, desfachatez y libertad creativa, como Terra Nostra, La muerte de Artemio Cruz, Aura, Cambio de Piel y Las buenas consciencias. Los últimos cuarenta y tres años de su vida los invirtió en cultivar su persona, practicar la lucha política grecorromana, ungir a jóvenes escritores en el altar de su sucesión y redactar novelas dictadas por El Mercado y El Verosímil, de pésima factura, con algunos fragmentos salvables, restos de su natural talento.

Dos detalles tristes e interesantes de su persona: 1) sus hijos fallecieron antes que él, y 2) mandó esculpir su lápida varios años antes de su muerte. La mandó esculpir en París, cuyos cementerios garantizan por anticipado la gloria cuasieterna de sus futuros huéspedes.

El Mercado, que no tiene tiempo para perderlo en tonterías, pregunta: ¿a cuento de qué viene la referencia de Carlos Fuentes?

La referencia viene porque junto al corno francés que Dorita olvidó en el Hotel Garage Casablanca y también en el Hotel Garage Capitolio estaba una novela de Carlos Fuentes, acaso su novela más difícil: Cambio de Piel. Tanto Enric como Basilio usaban esa novela como pretexto para entablar justas hermenéuticas sobre su posible interpretación y significado. Ninguno de los dos tenía la madurez ni la experiencia literaria necesaria para ver en esta novela un simple alarde de talento, hijo de su época, con una altísima concentración de elementos arbitrarios.

Xipe Totec, nuestro señor el desollado, recitaban Basilio y Enric en borracheras donde también escuchaban música de Nick Cave y veían películas de Andrei Tarkovski.

Dorita presenció algunas justas como aquella.

En otras estuvo físicamente ausente, que no simbólicamente, porque a la luz de lo que ocurrió después se podría pensar que el premio simbólico de aquellas justas era, precisamente, Dorita. O su intelecto. O su sexo.

Pero el sexo con Dorita no ocurriría sino muchos años después.

Años en los que ni Basilio ni Enrique leían ya a Carlos Fuentes.

La Producción solicita estabilizar el nombre del personaje Enric/Henry/Enrique. Los libretistas contra.argumentan que acaban de instalar en el personaje un homenajeador automático. Es decir, un mecanismo capaz de alterar el nombre del personaje en contextos aptos para rendir homenajes a destajo a Carlos Fuentes. De esta manera, cuando los telespectadores perciban que quien representa a Enric no es el actor habitual, sino una versión moda 1950, con corbata, bigotito pero en el fondo el mismo ego, la misma pasión por si mismo e igual propensión por ensalzar el miembro viril propio, leerán Enrique y el actor será ya no un flaco alto de pelo chino, nariz roma y lentes Armani, sino un hombre más fornido, de corbata permanente, bigotito priista e igual talento para la potencia literaria y el ejercicio del poder. Enric, narrado por Carlos Fuentes.

Los personajes son programas. Máquinas literarias con sensores, calculadores, ciclos y condiciones. Los personajes no buscan la humanidad, sino la emoción que precede a la venta. Un personaje no aspira a la universalidad, sino a formar parte de la venta más grande del mundo. Nos importa un pepino relleno de carajo que el personaje venza al tiempo, salga de su obra y se integre a la cultura para convertirse en una referencia. Necesitamos personajes.maquinarias capaces de todas las metamorfosis mediáticas y extramediáticas: relato, cine, serie, aplicación, obra de teatro, juguete, dibujo animado, disfraz de tela en un parque. El parque de esta guerra es ese: el parque de diversión.

Un acuerdo comercial entre La Producción, El Mercado, El Castellano Estándar y Carlos Fuentes exige terminar esta temporada con la narración simultánea del aborto de Dorita y su merma activa en la sala de tortura, a manos de Víctor, el torturador bueno, a quien el relato y seguramente los telespectadores ya habrán olvidado, o en el mejor de los casos tendrán ahí arrumbado en el desván de alguna lejana neurona.

¿Por qué torturamos a Dorita?

Necesitamos aquí cerrar la retromnesia de los años 1990 y emprender una nueva, que nos lleve a tres ciudades: París, Nueva York y México D.F. en torno al año 2000.

Nuestros post-adolescentes son ahora profesionistas hechos y derechos.

Enrique vende programas de tiempo real para instituciones financieras en Nueva York.

Basilio estudia un doctorado en Fotografía y Literatura en la Universidad de la Sorbona.

Dorita toca el corno en la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes, en México D.F.

Ahí están en la víspera de fin de siglo.

No tan rápido.

El Mercado exige, para poder seguir financiando la producción de esta serie, olvidar lo que ocurre en torno al cambio de siglo y explicar por qué diablos el apodo provisional de esto es el Retrato de Dorita Garay.

Es decir, relatar el retrato.

Pasar de largo por el 2000 y el 2006 para aterrizar en 2010, año de la supresión activa de Dorita.

Instantes antes de su exterminio sustentable, Basilio, vestido de mujer, toma la paniconografía de Dorita ordenada por Enric, antes de que Víctor, sustentablemente, la extermine.

Eso es lo que el Mercado nos exige. Eso es lo que le daremos para concluir esta primera temporada.

Pero hay un problema.

El Verosímil, después de haber verificado en detalle el entramado lógico de esta historia, ha recabado las siguientes observaciones:

–Dorita queda embarazada de Giorgio, su novio, un hombre maduro, mucho mayor que ella, en 1987. Ahí se sugiere que Giorgio es coordinador de un taller literario y que vive de la distribución y venta de droga en el mundillo literario.

–Dorita aborta en 1990, durante el partido México-Italia, mientras los tres posibles padres causales de su embrión ven el futbol en dos televisiones, Giorgio por su lado en una covacha del barrio de Tepito (el Castellano Estándar exige contexto: ¿qué significa ese barrio? ¿su mención agrega algo a la historia? ¿qué tan caro es reproducir en un estudio de 2021 el Tepito de 1990?). Además, en esta versión Giorgio es el maestro de corno francés de Dorita.

–Los Hoteles Garage Capitolio (donde Dorita folla) y Casablanca (donde Dorita no folla) están ubicados en 1992, información que El Verosímil dedujo esto a partir de las referencias musicales de U2 .

Carlos Fuentes y El Mercado se levantan indignados de la lectura. Esta serie no puede continuar ante tanta contradicción. Los libretistas prometen un artilugio dramático que permita explicar dichas contradicciones y salvar el relato, hacerlo salir airoso para responder a las telespectativas de los telespectadores.

Empecemos por aceptar que el tiempo no transcurre de manera lineal en la cabeza de los torturados.

Continuemos por afirmar que, con cada instrumento diferente que Víctor mortifica el cuerpo de Dorita, su recuerdo de la realidad se altera, salta de un punto temporal a otro, cruza y contradice cadenas causales de forma y manera que un embarazo producto de una orgía con Henry y Basil en el Hotel Garage Capitolio de 1992 cause un embrión abortado por el padre de Enric, el doctor Acero, en una clínica Aguascalientes de 1990.

La tortura es eso: un hombre armado exigiendo un imposible de ti.

Un hombre que te rompe en tus causas y tus secuencias.

Un instrumento de mortificación que te hace trizas el cuerpo con todo y tiempo.

Retrato.de.Dorita.Garay.wilde.harmodio.huiqui

Este texto forma parte del proyecto J’aime mon quartier, je ramasse. Su versión más actual (una novelota) está en malversando.com

Dorita está desnuda en una habitación vacía. O casi vacía, salvo por dos sillas, la del Dorita y la del hombre que la tortura. El torturador canta una canción sobre las palpitaciones de un corazón al sol. Es un hombre de sufrido aspecto, espalda encorvada por las privaciones o la obediencia, no muy limpio ni en sus hábitos ni en su manera de hablar, uno de esas personas que hablan atropelladamente, malpasando los labios sobre las palabras y perlando a su interlocutor con gotitas de saliva propias de la prisa por pronunciar. Pero un hombre honrado al fin, alguien que hace lo que le piden a cambio de una suma fija y mensual de dinero. Torturador de 10 de la mañana a 6 de la tarde, con excepcionales horas extras de madrugada. Vacaciones dos veces al año. Aguinaldo. Dorita, su objeto de trabajo, está desnuda, llorando, sufriendo la milla de dolor, cual se debe en los buenos torturados. No se le ha tocado ni con el pétalo de una picana, no se le ha sumergido en agua mineral, no ha habido hasta ahora una sola gota de violencia. Pero Dorita llora porque está desnuda frente a un hombre que no conoce, un burócrata del terror, alguien que en la calle no representaría ninguna amenaza para nadie, pero que aquí, en esta habitación casi vacía, sin ventanas, alejada de cualquier lugar más o menos humano, dice palabras breves, rápidas, perladas de saliva: te vamos a tener que torturar, y esa sola frase sobre una mujer desnuda abre la compuerta del llanto, del sufrimiento anticipado. Un cuerpecito sufriendo en el plano imaginario lo que a continuación le tocará sufrir en en plano real. Sin nada más que decir, el torturador vuelve a tararear su cancioncita. La muchacha solloza. La muchacha es bonita, tan bonita como aquellas torturada de serie porno.policiaca, una de esas series cuyos héroes son policías científicos, guardianes del orden moral, legal del mundo: en esas series nunca torturan feos: los bonitos constituyen mejor carne de tortura que los feos, acaso porque la fealdad es en sí una tortura lenta, indolora pero terrible, los feos nacen con la picana de su fealdad puesta. Dorita no. Ella era espectadora de series policiacas, nunca protagonista; ella era consumidora, no objeto de consumo. Ella daría toda su belleza por estar ahora acostada en el sillón abrazando a su novio bajo una cobija, su cabello color topacio desparramado en la comodidad flojita de la almohada, el sueño profesional venciéndola: mañana hay que trabajar. Pero no. Mañana es día de asueto. Vacación para desaparecidos. Gente que se ausenta del mundo por una o dos semanas, meses, años, para darse una vuelta no por el placer sino por el suplicio infligido por alguien con una mayor capacidad de fuego, logística y dominación. Vacaciones culpables para inocentes. Pero, ¿es inocente Dorita? Nadie es inocente, piensa el torturador sin dejar de tararear su cancioncita. No lo digo yo, regurgita el torturador, lo dice La Biblia. Porque el torturador ha leído La Biblia, no en su totalidad ni de manera lineal, sino por fragmentos, como un mosaico a oídas y leídas: el sermón de los domingos en la iglesia, los predicadores de madrugada en el canal de televisión católica, o la Biblia que sembró en el revistero del baño, bajo la torre de revistas femeninas de su esposa, porque en el fondo alberga la duda de ver si eso de Dios es cierto. El paraíso y todo aquello. Si la leyera con más detenimiento se daría cuenta de la infinitamente superior calidad literaria del Antiguo Testamento sobre el nuevo. En eso los judíos son muy superiores a los cristianos. Lirismo. Tensión dramática. Complejidad de los personajes. El problema es que la escritura del Nuevo Testamento ya se dio por concluida. Pero su lectura es superficial, y de cualquier modo un torturador no tiene la claridad ni la calma para concentrarse seriamente en esas cosas. En fin, piensa el torturador o piensa Dorita, poco importa: están tocando la puerta: ahí viene la acción. El torturador deja de cantar. Dorita deja de llorar. Sabe que hay que dejar de sufrir en lo imaginario porque ahí viene lo real. Teme, pero no todavía. Un instrumento animal siendo afinado para el sufrimiento. La frontera de lo real. Espera. La puerta se abre. El torturador recibe a otro hombre. Un hombre que entra con una cámara fotográfica: un artista. Espera. No es un hombre. Es una mujer. Viene cubierta con la típica sábana negra en donde se sumergen los fotógrafos para hacer sus fotografías: la sábana oscura de los aparatos viejos: una fotógrafa del siglo XIX, conduciendo un enorme aparato de ruedas, una vieja cámara fotográfica con sábana negra y placa de plata. Lo contrario a una tecnología de punta. Debemos aquí detener brevemente la acción para improvisar un antónimo de punta. Algo que no represente el extremo de un arma; algo que no protubere ni hiera: una palabra ancha, instrumental pero rolliza, un vocablo gordo y bueno, demasiado bonachón para venir a punta de lanza o de pistola, demasiado impuntual para la hora punta, calmante inmediato de pelos de punta, generoso en exceso, capaz de desbordar ampliamente la punta de la lengua. Mango. Hora mango. A punta de mango. Con los pelos de mango. Lo contrario de lo puntiagudo: lo mangograve. Lo contrario de un arma: una fruta. Lo contrario de una amenaza: un color. Lo contrario de una herida: un sabor. Podemos regresar al drama. ¿Dónde estábamos? Lo tengo en el mango de la lengua. Ah, sí, con la tortura de punta. Dorita desnuda. Un torturador que tararea. Una habitación vacía, salvo por dos sillas. Tocan a la puerta. Entra una fotógrafa que parece fotógrafo por encontrarse envuelta en esa sábana negra donde antiguamente los fotógrafos se refugiaban para perpetrar su vicio. Entra empujando una torre mecánica con ruedas, una vieja cámara fotográfica, nada que ver con las cámaras digitales, microscópicas de ahora: todo eso son armas de punta. Esto no. Nada que ver. Esto es tecnología viejita, tecnología de mango.

Surge un espacio en blanco.

Los espacios en blanco significan que el tiempo o el espacio están transcurriendo.

Cambio de decorado.

Que entren los tramoyistas.

Que se lleven la página anterior.

Que traigan una trama nueva.

Un contrapunto de trama para el drama arriba mencionado. Un nuevo drama que ocurra en una calle de París.

Cambio de contexto.

Tramoyistas, instalen, durante este largo espacio en blanco, una calle cualquiera de París. Pero sin los lugares comunes. Sin el Sena ni nada de eso. Es más, ni siquiera digan que la calle está en París. Simplemente pongan una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. Al rato nos las arreglamos para decir que la calle está en París. A lo mejor ni siquiera es necesario, y así nos ahorramos toda esa clase de cosas absurdas que aparecen en la cabeza de la gente en cuanto uno menciona la palabra París.

Dejen únicamente el farol. No en todas las ciudades hay faroles, pero en París sí y eso está bien.

Terminemos el espacio en blanco con una sombra. La sombra de un matón. Un matón mexicano. Junto al matón, aparece proyectada la cifra que sintetiza su salario. La cifra no forma parte de la realidad, es una proyección. Que aparezca y desaparezca. Una cifra de luz junto a la sombra, representando el sueldo del matón. No gana tanto dinero porque no es un matón de personas, como esos que protagonizan las series porno.policiacas. No. Este es un matón de fotografías. Un especialista en la destrucción de retratos humanos. Un antropo.iconoclasta. Para acabar pronto: un fotomatón. Pero por favor, caracterícenlo con todos los atributos de un matón tradicional: corpulencia, barba rala, lentes oscuros, pelo negro, ojos cafés, manos en los bolsillos, piernas gruesas y actitud corporal propia de quien ha liberalizado todas y cada una de sus barreras éticas para ser capaz de acabar con la vida de una persona a cambio de dinero. La única diferencia radica en que éste no asesina humanos, sino fotografías, pero por ahora esa diferencia no es significativa. Queremos que, al verlo, el espectador sienta el mismo miedo que siente al ver los matones de las series policiacas. Ese miedo tranquilizador: el mundo está lleno de gente así, pero a mí no me va a pasar nada: yo estoy al calor de mi sofá, mi marido y mi televisión.

La escena es muy breve. Casi un flashback. ¿Cómo demonios se puede decir flashback sin tener que contorsionar la lengua española con una pronunciación inglesa? Detengamos aquí la acción para buscar una palabra que nos permita atraer al español la palabra flashback en algo que contenga luz y memoria, resplandor y pasado, una palabra.instante capaz de abrir un pasaje en el decurso dramático del relato y transportarnos a otro tiempo, mezcla de regresión, evocación y el antónimo memorioso de la amnesia. Por ejemplo: retromnesia.

En las series porno.policiacas, la retromnesia es pasada por un filtro de color: azul, blancoinegro o sepia. Así se sabe que es pasado, que el personaje era un niño, un joven, alguien distinto, alguien perfectamente ignorante de que algún día su vida daría un giro trágico, digno de serie porno.policiaca.

Las series porno.policiacas son series donde se aprovecha el canon de la serie policiaca (¿ya agarraron al asesino?) para hacer alarde de violencia, exhibir sin moderación el cuerpo y sus intestinos y poner en escena una crueldad necrófila cuyo resultado es un clima de opresión sádica en donde el único oasis posible es una pausa comercial.

Decíamos que la escena ocurre en París, bajo un farol en cuyo muro se proyecta la sombra de un matón, o mejor aún, el matón mismo de espaldas contra la pared, fumándose un cigarro a la luz del farol, con la mirada dirigida insistentemente hacia la longitud de la calle, que por supuesto nosotros no alcanzamos a ver, y por donde presumiblemente aparecerá la víctima que espera. Resumiendo: un matón de noche, un matón esperando a su víctima bajo un farol.

Escúchese aquí un grillo. La garganta del grillo posee la enorme virtud dramática de amueblar la espera. Los característicos intervalos regulares de su cri-cri son sinónimo de que no está pasando nada y augurio de que todo está por pasar. No importa que no haya grillos en París. Esos detalles se arreglarán después.

La acción ocurre muy rápido. La nueva víctima aparece. No es Dorita. Es una víctima distinta, también calcada de las series porno.policiacas: por supuesto inocente, de preferencia mujer, guapa de una belleza que no es de largometraje ni de anuncio publicitario. Guapa, pues, de una belleza perfectamente normal, belleza de estudiante, abogada o secretaria, podría tratarse de cualquiera de nosotros, casi se podría decir que su belleza emana de su natural congenialidad.

La víctima mete la llave en la cerradura de una puerta que no habíamos visto, pero que el talento giratorio de la tramoya nos revela justo ahora, en el preciso instante (huelga el adjetivo: no hay instante que no sea preciso) en que el matón impide el cierre de la puerta, fuerza la entrada, extrae un arma de punta desde el fondo de su abrigo (tampoco habíamos visto el abrigo) y se abre el paso hasta el departamento de la víctima, que como buena víctima no hace nada para salvarse, muy por el contrario, precipita con sus actos el desenlace de su destino. La punta del arma brilla en la calma de la noche. Ya no se escuchan los grillos. Sólo el subibaja aterrorizado de la respiración de la víctima. Faringe rápida. Pulmones infla.desinflándose precipitadamente. Animales ante el miedo.

La víctima se llama Andrea, pero eso en sí no importa. Lo que importa es el acto de nombrarla, es decir de encarnar el miedo en carne y hueso, valga la redundancia, dando así lugar a un cuerpo, el cuerpo indispensable para que la trama transmita su miedo a los espectadores quienes, más que ponerse en el lugar de la víctima, se ponen a la víctima, su sensibilidad, su miedo, sus ganas de huir encima: todos, como Andrea, tenemos un cuerpo abajo del nombre, una manera de ganarnos la vida (Andrea es diseñadora), una edad (28 años) y un lugar en donde guarecernos de la noche (Andrea vive en la única calle con grillos de París). Parco de palabras, la punta del arma en ristre, el fotomatón ejerce su trabajo: intimidación, pateado de estantes y libreros, destrucción de la pantalla de plasma del televisor, creación de caos de vajillas rotas: no le importa que lo escuchen los vecinos: su trabajo es que Andrea (y todos aquellos que en ese momento se encuentren puestos en el lugar de Andrea) aprenda quién tiene la sartén por el mango grave, quién manda aquí. Y en China. Y en París. ¿Me entendiste?

Andrea, por su parte, es una víctima ejemplar: se cubre la cabeza con los brazos, teme encorvada debajo de una mesa, llora, pregunta ¿qué quieres de mí?. Terminada la fase de derribo intimidatorio, el fotomatón enciende el segundo cigarrillo de la noche, se sienta en el sillón y, con palabras parcas, enumera las alternativas: o bajas inmediatamente esa foto de internet, o inmediatamente te doy de baja a ti. ¿Cuál foto? pregunta Andrea, que es diseñadora y manipula centenares de fotos al día. ¿Cuál foto?, vuelve a preguntar, pero esta vez las palabras salen de su boca dentro de una burbuja de baba y llanto, acaso hasta algo de arrepentimiento, como en una metáfora interrogativa: ¿todo esto por culpa de una foto, una puta, pinche, puñetera foto?

La foto de doña Dora, responde con una bocanada de humo el fotomatón; la que pusiste ayer en internet. Los labios del fotomatón pronuncian una dirección a trompicones, como si la escupieran o la enumeraran. Pero el fotomatón es un hombre maduro: necesita gafas para leer la dirección que está a punto de pronunciar:

http://loskeepers.tumblr.com/dorita.garay.png

Andrea se tapa los ojos con las manos. Hace memoria, pero el miedo baraja sólo imágenes en blanco. No sé quien es la tal Dora. Dorita, fuma el matón, Dorita Garay, la señora de lentes, ojos grandes, suéter de cuello tortura y broche bonito con forma de sol. ¿Ya te acordaste? Ahora sé buena, sal de esa mesa (sal de abajo de la mesa, hubiera preferido decir, pero al ser más precisa, la fórmula era más larga y hasta cierto punto menos amenazadora), enciende tu máquina y eliminémosla para siempre de Internet. Después me tienes que dar el original para que lo destruya. Y tengo que destruir también todos tus discos duros, no vaya ser que hayas guardado alguna copia por ahí. Esa foto se tiene que acabar. Esa foto no puede seguir creciendo.

Grillos. Silencio. Tramoyistas. Telón. Fin de la retromnesia.

Con la finalidad de potenciar el potencial de venta de este relato, necesitamos aquí un fragmento que permita a los espectadores comprender el por qué de una retromnesia tan abrupta, justo cuando esperábamos con tanta ansiedad el desarrollo de la tortura de Dorita. Francamente preferíamos al torturador que al fotomatón (del primero sabemos que es un hombre casado, decente cuando no tortura, lector ocasional de la Biblia y hombre de pocas palabras, sin embargo dado a salpicar de saliva a su interlocutor durante sus concisos discursos; del segundo ¿qué sabemos, además de esa palabra tan extraña con que se le designa?). Además, una víctima desnuda será siempre más atractiva que una víctima vestida. A Andrea apenas y la vemos. En cambio a Dorita queremos darle protección, consuelo, una cobija para que se tape, un té para que se caliente. A Dorita la seguimos hasta el desenlace. Ante Andrea y toda esa complicación de los grillos en París, nos dan ganas de cambiar de canal.

Además el narrador, o la cámara, o el director nos mintieron. La retromnesia ocurre en el futuro: no es flashback, es flashforward. Progremnesia. Mentira. A nosotros, cuando nos mienten, cambiamos de canal.

Afortunadamente, cuando tenemos ya el dedo presto sobre el gatillo del control remoto, la fotógrafa o el fotógrafo saca la cabeza de su cámara oscura e interpela a los espectadores justo antes de ese disparo invisible con que los grandes controladores cambian hartos de canal. La intervención del fotógrafo es clara y contundente. No se confundan, dice él o ella, tenemos dos lugares y dos tiempos cuyo vínculo común es la fotografía, más precisamente una imagen: el retrato de Dorita. Dos tiempos que corresponden a dos procesos: creación y destrucción. La creación transcurre en la habitación semivacía del torturador, misma que en cuanto éste apague las luces llamaremos cámara oscura. Sin embargo, a diferencia de las series porno.policiacas, lo que aquí nos importa no es la tortura (que ya están demasiado vistas) sino la fotografía que será tomada durante la tortura con esta torre instrumental rudimentaria que parece sacada de un siglo anterior más inocente. Voy a aprovechar la digresión, continúa la fotógrafa, para contarles un poco más acerca de este objeto: se denomina paniconógrafo. Sirve para producir retratos vivos de las personas, en este caso un retrato fiel de Dorita en el instante de mayor sufrimiento de su vida. El nicho de mercado de este relato no es compatible con el salpicadero de sangre de las series porno.policiacas, sino con la historia del retrato (aunque lo apropiado sería llamarlo: la paniconografía) de Dorita, y que terminará muchos años después, en París, en casa de Andrea, con su destrucción definitiva a manos del fotomatón. Así que no se vayan. La paniconografía de Dorita Garay continuará después de estos anuncios de nuestros patrocinadores.

[continuará…]

Presentación de Siembra de nubes, novelibro de cuentos de Oswaldo Zavala

Siembra de Nubes, por Oswaldo Zavala (Praxis, 2011).
Presentan: Mariana Martínez Salgado, Marcos Eymar, Jorge Harmodio, Alexandre de Núñez.

Fecha: Viernes, 22 de julio del 2011, 19h

Lugar: Librairie El Salón del libro
21 rue des Fossés Saint-Jacques, Paris 5ème
(RER Luxemboug, cerca del Panthéon)

George Steiner escribió que los críticos sólo deben ocuparse de las obras que aman. En Siembra de nubes de Oswaldo Zavala, está practicado el corolario narrativo del apotegma: sólo debemos inventar a los escritores que nos apasionan, aquellos que hemos releído con el temor recóndito —que es esperanza— de que no sean tan buenos como en el recuerdo y nos sorprenden. Porque son mejores. Porque son distintos. Porque son al mismo tiempo hondamente nuestros e impenetrablemente miste-riosos. El libro no es sólo ejemplar por la constelación de autores que propone, sino por la tierna, esmerada imaginación con la que examina sus páginas para convertirlas en ficción. En ficción pero también en memoria, autobibliografía, sueño. Este Rulfo, este Borges, este Bolaño, por mencionar sólo a tres, se vuelven parte de Oswaldo Zavala y mediante su prosa regresan a nosotros reencarnados, sonrientes, compasivos, humanamente tristes. Nosotros leemos este don narrativo, escrito para un hijo, intervenimos como una escala en esta herencia. Y celebro tener la primicia, poder leer esta carta que no deja de ser muy íntima, profundamente cierta.

En esta ficción hay verdad.

José Ramón Ruisánchez

Adelfa_Danzón.mejía_patiño.harmodio.huiqui (1)

Huiquificación de una novela original del señor Javier Mejía Patiño, siguiendo las prescripciones del Manifiesto por una literatura huiqui.

Una niña camina por la calle con dos veladoras. Tan gruesas que apenas le caben entre las manos. Viste un vestido largo, desgastado, color naranja con flores estampadas. La niña camina con la cabeza hacia el suelo, concentrada en los gironnes que se forman en las orillas al contacto del suelo con el vestido. Sus pasos levantan el polvo. Las nubes de polvo conforman el rostro ajado de su abuela Macrina, una de las mejores curanderas de Catemaco. ¡Ándale, chamaca huevona!, chilla doña Macrina, ¿qué no ves que se me hace tarde para mis preparaciones? La niña sube de dos en dos los escalones de madera. Aunque delgadito, su cuerpo los hace crujir bajo su peso. Las veladoras adquieren sentido entre las manos verrugosas de la abuela. Esta para San Pascualito Bailón, esta otra para San Judas Un fogón arde. Las llamas se reflejan, entrópicas, desdentadas, sobre la dentadura dorada de la abuela.

Doña Macrina dispone las veladoras en una mesa de madera, junto a un manojo de hierba. Después sale al descuidado jardin del traspatio, de donde corta otro manojo más. Su mandil es color pardo, perlado de manchas de sangre. Sus manos llenas de uñas y de mugre atan el nuevo manojo con un hilo de seda. Con pasos desiguales, doña Macrina llega trabajosamente al gallinero. Su olor indispone a los animales, que se cacarean, se temen, se huyen unas a otras con saltos vanos dentro del corral. La mano implacable de la vieja se cierra sobre el gañote de una de ellas. El hilo de seda, las manos, los dedos, las uñas amarran ahora a la gallina por las patas. Doña Macrina regresa a la habitación. La gallina cae como cosa al piso. La única diferencia con los objetos son sus ojos muertos de miedo. Doña Macrina se afana formando un cuidadoso atado de manojos. Una olla de barro hierve en el fogón. Doña Macrina remueve su contenido. Sus dientes dorados mastican palabras, frases, conjuros que sólo ella entiende.

Introducción a la literatura huiqui en 3.1416 alegatos

1

En el principio, el texto viajaba de boca en boca. Los relatos se memorizaban patrimonialmente, de abuelo a nieto, de contador a auditor, de tribu a tribu. No había entonces ni pergamino ni piedra ni libro: el texto estaba en la memoria y la memoria en el hombre: el texto era el hombre. Y de hombre a hombre, el texto, como el lenguaje, se volvió multitud. El autor no importaba. Recordar al autor de un texto debió haber sido entonces tan absurdo como recordar ahora el nombre de aquel vulgar latinohablante que por primera vez pronunció la palabra agua.

Con la escritura, el texto encontró un soporte fuera de la memoria de los hombres. Pronto nació el autor: esa persona cuyo nombre quedará para siempre asociado al texto. Autor, soporte, texto constituyen desde entonces una santísima trinidad inamovible: una trinidad editorial. El soporte sigue al texto como una sombra (el Quijote es el ejemplar del Quijote): el nombre del autor protege esa parcela privada del lenguaje de cualquier alteración. El tabú nace al centro de la trinidad editorial. El tabú dice: el lector no puede cambiar ni una coma de lo que esta leyendo: estas palabras no las tocas: va mi nombre de por medio.

1.5

Sin el salto tecnológico del pergamino al in-folio, la expansión del cristianismo en la antigua Roma hubiera sido irrealizable. Sin la invención de la imprenta, ni tratados científicos ni novelas de caballería. ¿Cuáles son las nuevas formas, los nuevos géneros que se están gestando en el vientre del texto electrónico y su circulación en red?

2

A mediados los años noventa, un programador gringo utilizó la palabra hawaiana wikiwiki (que significa rapidito) para bautizar un sitio Internet que intentaba agilizar la redacción colectiva de documentos técnicos. La principal característica de ese sitio era que los lectores podían enriquecer, corregir, alterar lo que leían. Esta función no representó ninguna revolución, hasta el día en que a otros gringos se les ocurrió la idea de democratizar de esta manera la redacción de una enciclopedia, alterando así los canales tradicionales de propagación del conocimiento. Para algunos, la Wikipedia es un escándalo epistemológico, una escuela donde los ignorantes de banda ancha podemos adquirir cultura instantánea. ¿Será cierto? Quizá es pronto para saberlo. Lo que sí es cierto es que el pedestal de autoridad del escritor (su pedestal de papel) se empieza a tambalear. Y no hablo del pedestal de Dostoievski (ese no es de papel, ese es de carne y hueso: son lectores), sino del que otorgan los premios literarios, las campañas de promoción, los monopolios mediáticos.

Los mismos mecanismos económicos que permitieron el advenimiento del Internet, han reducido a peau de chagrin (que mi abuela traducía por una nadininita) el antaño honorable pedestal de escritor: hoy reina el nombre sobre el texto, el número de ejemplares vendidos sobre la calidad literaria, la promoción en medios sobre la sustancia. Pareciera que en vez de comprar libros adquirimos latas de conserva: el libro es un contenedor más para el verdadero producto omnisciente, ese que se nos administra a toda hora por todos los medios: el espectáculo.

3

La intención de la literatura huiqui es, pues, la reescritura. Nada nuevo: Emma Bovary huiquifica a Eugénie Grandet, Leopold Bloom huiquifica a Ulises, Pierre Menard huiquifica a Cide Hamete Benegeli. Reescribimos la palabra wiki con hache y cú para manifestar esta intención de reescritura. Las otras intenciones no caben en una sola palabra. Por ejemplo, resucitar el mito barthesiano de la muerte del autor. O colectivizar el texto cual si de un artículo científico se tratara. O seguir el buen ejemplo de las artes plásticas e intervenir, deformar, malversar textos de bien. O contagiarle la gonorrea a la heroína del último Premio Planeta. O pensar el texto como un objeto eternamente inestable, de infinitas versiones, infinitamente traducible a otras o a su misma lengua. O eludir bajo la sábana de un manifiesto la tan adulta responsabilidad de asumir las palabras que uno escribe. O digerir a los clásicos por medio del vandalismo. O expropiar textos malos de autores con demasiado apego por sus regalías. O humildemente aceptar que la mejor lectura es la reescritura, así sea en copia fiel, porque representa una apropiación no sólo intelectual, sino corporal del texto. Busquemos, pues, el burro de Sancho en nuestra fantasía y colguémoslo en literaturawiki.org, optimicemos a Kafka, infiltremos a Ubú en los cuentos de Isabel Allende, hagamos una versión del Ulises para niños, invirtamos el sentido de los paréntesis de Proust: somos lectores: los textos son nuestros.

3.1416

Hubiera querido deslizarme subrepticiamente en este discurso que hoy debo dar. Más que tomar la palabra, hubiera querido aparecer envuelto en ella y en ella transportado lejos, más allá de todo comienzo posible. Hubiera querido darme cuenta de que, al momento de comenzar a hablar, una voz sin nombre me precedía desde hace tiempo: me hubiera bastado entonces con encadenar, con montarme y seguir la frase, con enquistarme en sus intersticios sin que nadie se diera cuenta, como si, al suspenderse por un instante, ella me estuviera haciendo una seña. Entonces no hubiera habido necesidad de comenzar, y en vez de ser ese de quien proviene el discurso, sería yo una casualidad cualquiera en su desarrollo, una tenue laguna o el punto final posible de su desaparición.

El_orden_del_discurso.foucault.harmodio.wiki

π

Algunos textos huiqui, para consumo público:

Luisa Helen Frey, en un raro ejemplo de huiquificación visual

El poema de los dones, huiquificado en spanglish por Tryno Maldonado

T.S. Eliott huiquificado por David Barreiro

El Levítico, huiquificado por Miguel Tapia

David Chávez huiquifica a Neruda y a Villaurrutia

Joel Flores huiquifica a Sor Juana