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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Fantabulosos sutras de los ojos que da pánico soñar

Prólogo a Such is life in Banana Republic, de Omar Feliciano

Andaba yo el otro día por el Ajusco un 16 de septiembre, día festivo y fiesta patria por antonomasia, cuando vi pasar un desfile. Me acababan de explicar que el pueblo de San Miguel Ajusco es un lugar sujeto a leyes particulares, gobernado por los usos y costumbres de comuneros hereditarios cuya ascendencia se pierde en la noche de los tiempos prehispánicos, lugar en donde no se paga predial, los terrenos se compravenden sin escrituras y los automovilistas pueden perfectamente circular sin cinturón de seguridad. El desfile nacional lo encabezaban los prohombres del pueblo montados en esas literales metáforas de la virilidad comúnmente denominadas caballos. Tras los jinetes ataviados de charro seguían los carros alegóricos con cumbia, las bandas de guerra de estudiantes de secundaria, los numerosos equipos de fútbol llanero, los tres viejitos recalcitrantes que todavía apoyan al Atlante y en general casi cualquier borracho con deseos de oropel social. Entonces, cuando el cortejo parecía concluir, apareció una veleidosa nube de vestidas, no más de diez, barrocas y descocadas lanzando besos al aire personal.

Pensé entonces en el Objeto Textual No Identificado que Omar Feliciano me había enviado por mail y en la encomiable misión de prologuista que me había encomendado. Y mientras las vestidas desfilaban como postdatas sociales desde la periferia de este fin del mundo chiquito que es el Ajusco, mientras sus besos de bilé barbado volaban sobre la concurrencia levantando insultos y piropos por igual, yo admiré la seguridad con que habitaban su condición, además de la osadía de sublimar el burdo alarde de patriotismo en una microceremonia del orgullo gay. Entonces decidí empezar el prólogo con esta escena porque acaso cada una de esas modestas vestidas del Ajusco traiga en la intimidad de su consciencia deseante una noveleta osada y desfachatada como esta que Omar Feliciano, alias Franka Polari, nos acaba de entregar.

Estas palabras regresan a condensarse en tu prístino corpus deseante

Creo que el centro de masas de este OTNI anglicanamente intitulado Such is life in Banana Republic no es una frase, sino una imagen: la del Santo Niño Marica, creada por Medusczka y curada por Feliciano para ser colgada entre los pasajes de su texto.museo. La imagen muestra a una encantadora niña Dios jotita, con vestidito, melenita y chamarrita de cuero en estoperoles. Para mi gusto esa imagen condensa el doble carácter de relato mitológico y cotidiano, épica y crónica, del (abre cita) universo formado por lentejuelas multiculores encarnadas las unas dentro de las otras donde un Buda Country atraviesa la creación cabalgando un caballo y floreándoles la reata a sus devotos (cierra cita) que Omar Feliciano se ha dado por tarea de retratar. Tenemos aquí entonces los tres elementos estructurales del texto de doña Franka Polari: 1) un relato mitológico cuyo propósito de fondo es remojar los mitos orientales y occidentales en pop ranchero, dinamitarlos con panfleto y caricatura para levantar con los restos de su derribo unos Upanishads jotos, reivindicadores del derecho a todas las formas torcidas de procurarse la felicidad; 2) una crónica cotidiana y cachonda de (abre comillas) la experiencia de un joto radical en los márgenes del capitalismo contemporáneo (cierra comillas); y 3) una curaduría ilustrada de 29 obras visuales que avalan y hermanan la perspectiva estética del autor.

                                 Santo Niño Marica (Medusczka, 2013)

“Franka llevaba un pene de hule que presentó al juez de paz”

Luego entonces, el tema de este Objeto Textual No Identificado es un Objeto Sexual Perfectamente Identificado, que para efectos prácticos podríamos sintetizar como un triángulo cuyos vértices están compuestos por la tripleta <falo, ano, feminidad>. El tercer elemento del trío podría parecer sorprendente: no lo es: en este universo de lentejuelas recursivas, la feminidad es gramaticalmente omnipresente: nombres propios, adjetivos, pronombres, sustantivos: al grito de ¡Clara de hueva! el estilo de Omar afemina lo que toca y su hambre de feminidad es tal que, si la norma lo permitiera, hasta las preposiciones y las conjunciones se travestirían. Y entonces, desde la página veintiocho, el sexto rostro de la Tribaldísima Trinidad abre cita y agrega: La red de pescar existe por el pez, una vez que tienes al pez, te puedes olvidar de la trampa […] Las palabras existen por el sentido, una vez que tienes el sentido, te puedes olvidar de las palabras. Es decir, que esa querencia formal femenina se corresponde con un fondo en donde lo femenino es habitado con idolatría islámica: mientras el machismo abandona radicalmente lo femenino para dominarlo mejor, la jotería emprende el movimiento opuesto: invertir a fondo la polaridad sexual hasta ser mas mujeres que Marilyn, Pituka y Paulina juntas. Donde el machismo evacua la feminidad vía la violencia y la dominación, la jotería la habita radicalmente en un carnaval pacífico de idolatría y exageración.

“For the bona draga, for the omee-palomee, for all the queer paralanguages”

¿En qué lengua está escrito Such is Life in Banana Republic? Con un título inglés y una prosa en español de México abundantemente enriquecida con frases en polari y singlish, el texto de Omar Feliciano se construye una lengua mestiza que, más allá del lugar común literario por el cual (abren las comillas con que se citan las frases mil veces escuchadas) “el lenguaje es un personaje”, recrea el efecto de un lunfardo mestizo más propicio para contar la crónica de las periferias, los márgenes, los terrenos sociales poco iluminados en donde la decencia tiene miedo de entrar, o dicho de otra manera, en donde es preferible que entren primero las policías, sean éstas judiciales o morales. Paradójicamente, el polari tiene ahora ecos preciosistas (Bona Omee-Palomee Release-Moi!), lejos de aquella primera función lingüística que consistía en encriptar mensajes de ligue preservando simultáneamente la libertad y el pellejo de los homosexuales británicos en teatros y puertos del reino.

Cabe también la pregunta: ¿para qué solicitar dialectos arcanos ahora, ya entrado el siglo que trajo la normalización de la homosexualidad e incluso su sacralización en el altar monógamo de la familia? ¿Qué caso tiene actualizar el polari hoy, cuando los peligros del teatro y del puerto gay son menos evidentes que en la Inglaterra victoriana? Permítasele al prologuista proponer una hipótesis: el singlish-polari aderezado con español en desuso (un barbilindo gomoso muy mamacito) tiene la función opuesta de aquella lengua encriptada de hace dos siglos: aquella quería ocultar, ésta busca mostrar; aquella necesitaba mimetizar deseos supuestamente contrarios a la norma bajo el disfraz de la normalidad viril, ésta se traviste de pluma y lentejuela para afirmar su periferia y mejor gritarnos al oído su axioma dionisiaco: busca, persigue, inventa, proclama, respeta, combina, acepta las infinitas formas de tu placer.

“La tercera murió de vida, dio a luz a la muerte e inventó las palabras”

Regresando del desfile del 16 de septiembre, al calor de una chimenea del Ajusco, terminé de leer el libro que Omar me había enviado, celebrando que de libro ya le quedara muy poco, puesto que su cuerpo físico es un PDF y su cuerpo búdico.editorial está estampado con un sello copyleft que le da derecho a refocilarse gratuitamente entre las manos de sus lectores. Tras lo cual me pregunté: ¿qué tipo de prólogo voy entonces a escribir? Están los hagiógrafos que inmortalizan al libro desde antes del incípit; están los ultra.analíticos que desmenuzan a posteriori un contenido que el lector desconoce a priori; y están también los académicos que saturan el asunto de citas y teorías contrarias al estado de vigilia. O, peor aún, los prologuistas ególatras que prefieren glosar sobre sí mismos antes que comentar el objeto de tan literaria encomienda. Ahora que releo lo escrito noto que mi prólogo embona en todas las categorías anteriores. Acaso la única manera de salvarlo de ahí sea hablando de lector a lector, con la honestidad y la sencillez de las recomendaciones de sobremesa.

Leí Such is life in banana republic y quedé agradablemente impresionado por la osadía de su estructura, la heterodoxia de sus materiales y el sorprendente mestizajes entre mística, erótica, guarrería, y contrapunto visual. Me dije entonces que sería difícil mantener un ritmo tan intenso a lo largo de todo el texto y creo que así fue: las cuarenta y cinco primeras páginas gozan de una intensidad muy particular que en la segunda mitad del libro acaso se extrañe un poco, pero así son los gajes del novel autor que está aprendiendo a templar su prosa y domesticar sus talentos. Omar Feliciano se ha atrevido sin embargo ni empacho a construir un texto fuerte, original, honesto y raro. Pasen pues los lectores a ver la primera frase del primer canto. ¡Los fantabulosos sutras de quienes toman al orgasmo por su imperativo categórico de cabecera están por comenzar!

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