malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

¿Cuántas veces más vas a intentar resucitar esto?

Hay que resucitar todo esto. La cantera de las letras, la ruina de la literatura en construcción, las dos horas de silencio necesarias para que las palabras se posen en el vacío de la creación. Las circunstancias no lo van a facilitar. Un mundo en apocalipsis cotidiano, una vida dividida entre dos países, una vida sin casa propia. Hay que aprender a escribir sin espacio y sin tiempo. Hay que aprender a escribir en la prisa del instante interrumpido y en la incomodidad de un escritorio reducido.

Hoy por la mañana en el radio hablaban de James Joyce. ¿Cuántas carreras literarias ha arruinado el gran granuja irlandés? ¿Cuántos hemos creído a pie juntillas que el valor de un texto literario es proporcional a su oscuridad? ¿Cuántos lo hemos adorado en la cúspide del altar experimental? ¿Cuántos hemos caído en la trampa de vestir a la mona vacía de formas originalísimas y experimentos incomprensibles para disimular nuestro profundo nada.qué.decir?

Y justo ayer por la noche, a la distancia, mantenía yo con ella una discusión por mensajes cortos en donde ella señalaba que yo prefería el jolgorio de la vida social al silencio espartano (toro por los cuernos) de la escritura. No en tono de reproche (los mensajes cortos apenas y tienen tono) sino de constatación observable. Sales más de lo que escribes ahora que tienes tiempo. Cuando la familia está reunida, cuando la fuerza vital del chiquillo nos consume gozosamente el día y nos llena de una fatiga plena de sentido, ahí sí sabemos por qué no escribimos: porque estamos impulsando a la vida, criando a un torbellino de dos años y medio, proveyéndolo de lo necesario para mantener su impulso vital. Pero ahora que por motivos laborales un océano nos separa, ahora que vivo en un cuarto de monje de ciencia y que mis días consisten en trabajo y poco más, ahora sí que podría hacer espacio y tiempo para sentarme aquí y retomar la pluma, la prosa, ese otro impulso tan parecido en su biofilia al de la paternidad, el impulso creativo.

La pregunta es esa: ¿a qué hora crear, dónde crear, qué sentido tiene crear en este planeta.agregación.de.tsunamis en donde todo ya ha sido creado y no queda espacio para una subjetividad original más ni tiempo para sentarse en calma a conformar un tejido estético fino.

Después de Joyce, el radio se pone a hablar de Duchamp, de la hueva, del rechazo al trabajo, y del gesto genial del huevón que no tiene ganas de trabajar como pendejo y mejor le da la vuelta a un mingitorio para cambiar sin esfuerzo la historia del arte y de paso crear un nuevo género.

Salud.

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