malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: octubre 2014

paniconografía

Abrupta y brutal, la travestida interrumpe el sepia de la retromnesia, mira a la cámara en primera persona y, desde la legitimidad de su peluca rubia, explica: los guionistas le están a usted mintiendo: esto no ocurre en el pasado sino en el futuro, no es flashback sino flashforward (o post-retromnesia, si prefiere). No se confunda: aquí tiene usted dos lugares y dos tiempos cuyo vínculo común es la fotografía, más precisamente una imagen: el retrato de Dorita Garay. Dos tiempos que corresponden a dos procesos: creación y destrucción. La creación transcurre aquí, en la habitación semivacía del torturador, misma que en cuanto éste apague las luces se transformará en cámara oscura. Sin embargo lo que a usted le va a importar aquí no va a ser la tortura (que ya está demasiado vista) sino la fotografía que será tomada durante la tortura con esta torre instrumental rudimentaria que yo manipulo y que pareciera venir de un siglo anterior más inocente. Voy a aprovechar esta oportunidad, continúa la fotógrafa, para contarle a usted un poco más acerca de este objeto: se denomina paniconógrafo. Sirve para producir retratos in vivo de las personas en sufrimiento, en este caso el retrato real de Dorita en el momento de mayor sufrimiento de su existencia. En toda existencia hay siempre un instante así: un punto cero en donde la quimera de la personalidad se derrumba y el cuerpo se rompe y la consciencia deja de oponer resistencia y se abandona al acantilado de la caída hasta desconectar todo vínculo sensorial y abandonar todo deseo y renunciar a todo recuerdo y reificarse radicalmente hasta convertirse ya no en un animal ni en cosa, sino apenas en algo, algo alienado, objeto sin sujeto, materia inerte cuya única vibración vital es este interminable instante de tiempo detenido al que solemos mal llamar dolor.

Fragmento del Retrato de Dorita Garay (S01E02.panoconografía)

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Enrodrigando el barbecho novelístico por la mañana

“La novela es trabajo agrícola, barbecho, sudor cotidiano” me dijo un día Rafael Gumucio en un restaurante de Santiago donde vendían cerveza y tortas de carne, quizá hamburguesas. Después de dos años de no pararme en mi parcela novelística, la encuentro llena de hierba, enredadera y plantas carnívoras correspondientes a esa especie que va carcomiendo el deseo vital de llevar la historia, la forma, el esfuerzo hasta el clímax probable de la cosecha.

Dos años después regreso y me encuentro con la granja abandonada y tres novelas inconclusas. ¿Por dónde empezar? La estrategia de las muñecas rusas aconseja empezar por la última que trabajé, el Retrato de Dorita Garay. ¿Pero para qué regresar a la literatura? ¡Hay tantas otras cosas por hacer en el mundo! Criar al chiquillo, pensar cómo diablos se sale de las fosas de Ayotzinapa, visitar a los amigos, tirarse al féisbuc, emborracharse en el Sully. ¿Para qué volver a la subjetividad del barbecho?

Porque el barbecho, abandonado, olvidado, carcomido por los yerbajos, no dará para comer pero da para vivir: la rutina cognitiva de ponerse cada mañana frente a las palabras para abañarlas, acodarlas, afrailarlas, argabillarlas, agostarlas, terciarlas, escotorrarlas, escardarlas, descogollarlas, desmamonarlas, callearlas y atetillarlas da flores, frutos y deja cuerpo y mente listos para la claridad del presente continuo.

¿Y el demás mundo? El mundo se esconde tras el significado de las palabras. Como dice Madame Franka Polari: “Las palabras existen por el sentido, una vez que tienes el sentido, te puedes olvidar de las palabras“. El barbecho literario matutino es una puerta de acceso (una de tantas) a eso que llamas el demás mundo.

¿Y la historia? La historia es la de una muchacha a la que torturan en un mundo en donde la crueldad ha sido integrada a la gran línea de producción de la riqueza. Algo falso, algo que no existe pero empieza a existir, un triangulo amoroso más o menos común y corriente que en un descuido, en un momento de extravío moral, nos hace desviar el camino y como en la Iliada de pronto ya nos causó una guerra: imagínate que estas viendo una serie de Vietnam y de pronto empiezas a discutir con tu mujer, cualquier pendejada, por qué no lavas bien los tomates, por qué no doblas bien la ropa, y cuando ya te diste cuenta la discusión degeneró en trinchera, Napalm y niñas desnudas huyendo del horror con la mitad del cuerpo calcinado.

Algo así: un orden televisivo que se apodera del bienestar pequeñoburgués de nuestra casa calientita desde donde presenciamos el horror protegidos por la gran escafandra del mercado, ante quien cualquier fuerza se doblega.

En fin, todo esto para decir que ya estoy de nuevo intentando alzando la pluma, pero antes hay que artigar la historia, estiercolar la prosa y entrecavar ligeramente la nueva intención para poder enrodrigar la trama.

Salud.

¿Cuántas veces más vas a intentar resucitar esto?

Hay que resucitar todo esto. La cantera de las letras, la ruina de la literatura en construcción, las dos horas de silencio necesarias para que las palabras se posen en el vacío de la creación. Las circunstancias no lo van a facilitar. Un mundo en apocalipsis cotidiano, una vida dividida entre dos países, una vida sin casa propia. Hay que aprender a escribir sin espacio y sin tiempo. Hay que aprender a escribir en la prisa del instante interrumpido y en la incomodidad de un escritorio reducido.

Hoy por la mañana en el radio hablaban de James Joyce. ¿Cuántas carreras literarias ha arruinado el gran granuja irlandés? ¿Cuántos hemos creído a pie juntillas que el valor de un texto literario es proporcional a su oscuridad? ¿Cuántos lo hemos adorado en la cúspide del altar experimental? ¿Cuántos hemos caído en la trampa de vestir a la mona vacía de formas originalísimas y experimentos incomprensibles para disimular nuestro profundo nada.qué.decir?

Y justo ayer por la noche, a la distancia, mantenía yo con ella una discusión por mensajes cortos en donde ella señalaba que yo prefería el jolgorio de la vida social al silencio espartano (toro por los cuernos) de la escritura. No en tono de reproche (los mensajes cortos apenas y tienen tono) sino de constatación observable. Sales más de lo que escribes ahora que tienes tiempo. Cuando la familia está reunida, cuando la fuerza vital del chiquillo nos consume gozosamente el día y nos llena de una fatiga plena de sentido, ahí sí sabemos por qué no escribimos: porque estamos impulsando a la vida, criando a un torbellino de dos años y medio, proveyéndolo de lo necesario para mantener su impulso vital. Pero ahora que por motivos laborales un océano nos separa, ahora que vivo en un cuarto de monje de ciencia y que mis días consisten en trabajo y poco más, ahora sí que podría hacer espacio y tiempo para sentarme aquí y retomar la pluma, la prosa, ese otro impulso tan parecido en su biofilia al de la paternidad, el impulso creativo.

La pregunta es esa: ¿a qué hora crear, dónde crear, qué sentido tiene crear en este planeta.agregación.de.tsunamis en donde todo ya ha sido creado y no queda espacio para una subjetividad original más ni tiempo para sentarse en calma a conformar un tejido estético fino.

Después de Joyce, el radio se pone a hablar de Duchamp, de la hueva, del rechazo al trabajo, y del gesto genial del huevón que no tiene ganas de trabajar como pendejo y mejor le da la vuelta a un mingitorio para cambiar sin esfuerzo la historia del arte y de paso crear un nuevo género.

Salud.