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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: enero 2014

sobre la lengua en construcción de bebé.darío [2/∞]

Darío tiene diecinueve meses. Ya habla. Su lengua no es perfecta ni correcta ni fonéticamente pulida, pero logra con decoro el alto honor de la comunicación verbal. A lo largo de este recorrido de adquisición, hay palabras talismán que le han servido para escalar trabajosamente los peldaños acústicos, sinntácticos y semánticos de esta escalera común (escalera.estadio) a la que llamamos lenguaje. Empiezo ahora un recuento breve, incompleto y desmemoriado de esas palabras, sabedor que el intervalo del verbo empiezo es abierto y que tal recuento no tendrá fin.

coche
Si hay palabras talismán para bebé Darío, la primera es coche. Su lengua se sube en ella desde tempranas horas de la mañana para conducir por el imaginario automotriz con fascinación. Bebé Darío despierta entre las siete y las ocho de la mañana, empuña los barrotes de su cuna, levanta su cuerpo adormilado y pide mamá, leche, papá, Bibi. Consumido el biberón al calor del espacio abierto entre mamá y papá en la cama matrimonial, levanta otra vez la cabeza como en un segundo ensayo de despertar, esta vez no para pedir placeres orales sino semántico.mecánicos: coche, coche, coche. Papá o mamá se levantan entonces, caminan hasta la cueva del tesoro de los juguetes y traen a los tres primeros y coches que su aturdimiento sonámbulo les haya permitido distinguir. Entonces bebé Darío abre una autopista, crea casetas imaginarias sin conocer la palabra caseta, viaja hasta confines imposibles para cualquier objeto que repose sobre cuatro ruedas, confines donde las palabras se confunden con los gruñidos y en donde el sol es una onomatopeya estelar que le infunde energía al mundo a través del sonoro rayo de su ¡BRRRRRUUUUUUMMMMMM!

donne
En esas horas matutinas de invierno, confusas a fuerza de fronteras mal negociadas entre el sueño y la vigilia, bebé Darío nos entrega el primer biberón de la mañana con un triunfal: donne, que en francés significa dar, o dame en imperativo, o dáselo ipso facto en el tono autoritario de las educadoras de su guardería de Saint-Ouen, disciplinadas y disciplinadoras francoparlantes. Cualquier objeto le cabe a donne, especialmente aquellos cuyo margen de utilidad lúdica se ha agotado, la pelota, el coche aburrido, el babero en mitad de la comida. Donne da lo que bebé Darío ya no quiere, porque el don generoso, ese con el que ofrece su comida o su muñeco de peluche favorito, ocurre en silencio, con una sonrisa confiada y un movimiento oferente capaz de derritir las más aguerridas defensas emotivas y de conmover al receptor de turno.

quita

Quita, pronunciado en un español perfecto, expresa otro movimiento de impaciencia, generalmente ligado a la ropa, tema siempre delicado pues si algo destesta bebé Darío en este mundo nuevo suyo es el trato de objeto o percha que sus padres le inflingen a la hora de vestirlo/desvestirlo, cubrirlo/destaparlo, cambiarlo/limpiarlo, etcétera/etcétera. Quita quiere quitarse la bufanda a pesar del viento, el gorro a pesar del frío, el suéter a pesar de que no hay calefacción, pero también su uso se extiende a las personas, quita papa cuando papá está embebido en su teclado, quita mama cuando mamá se toma un respirio para navegar en su teléfono: quita entonces es un sinónimo de ven, hazme caso, ocúpate de mi, ven a jugar conmigo.

Bibi
El primer y más íntimo nombre propio de bebé Darío. Su primera creación literaria, acaso, aunque a él esto del valor estético lo tenga francamente sin cuidado por ahora. Bibi es eso que los psicólogos llaman “objeto transicional”: la indispensable mascota que lo asegura, especialmente a la hora de dormir la siesta o la noche entera; el peluche que lo consuela cuando se cae y grita su nombre entre lágrimas de dolor recién dolido. Bibi es una rata de peluche que le compramos cuando aún no había nacido. Una rata simpática, llena de colores y protuberancias textiles.dulces. Los mayores sustos de nuestra recién carrera de padres se han materializado cuando nos damos cuenta que hemos perdido a Bibi: el espectro de las noches sin sueño, las caídas sin consuelo y las siestas truncas se aparece y corremos a recorrer el camino literal de regreso hasta hallar, siempre milagrosamente, a este nuevo miembro de la familia cuya principal virtud, además de ahuyentar los primeros miedos de bebé Darío, es la de reaparecer después de haberse perdido. Lo hemos perdido en un Oxo de México D.F., en donde un amable empleado nos lo guardó y esperó a que nuestra desmemoria activara la alarma; lo perdimos de noche en un parque oscuro frente a la sala de conciertos de Bercy: la apariencia desorientada del parque nocturno no impidió que lo encontráramos abandonado en las mismas escaleras por donde habíamos bajado; lo perdimos camino a casa de Ligia, en un suburbio a cuan más alejado del centro, era el día de navidad, Darío lo dejó caer en algún semáforo en donde una vez más milagrosamente nadie lo tomó por suyo. Entre Bibi y Darío hay un vínculo sobrenatural fuerte: Darío lo deja caer con discreción: el vínculo somoso nosotros, que cuando nos percatamos de su ausencia desandamos la realidad y el tiempo hasta dar con la ratita, casi una hija postiza, quien generosa siempre nos hace el milagro de seguir ahí.