malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

el hemisferio izquierdo mutuo de Marina y Ullay (o en busca de la resurrección del blog) #750ciegas

El otro día, hablando con mi cuñado, me contó sobre un ejercicio para dibujar con el hemisferio derecho del cerebro. El ejercicio consiste en concentrar la mirada sobre la palma de la mano mientras con el brazo disponible (es decir el furtivo, el que no implica ni concentra mirada alguna y puede entonces operar a salvo de sus ojos críticos) ir dibujando una de las líneas de la mano.

(La prosa aquí prueba: abre la palma izquierda, pone los ojos en la línea de la resurrección del blog y con la mano ciega la va dibujando sobre una hoja de internet imaginaria que no ve)

Yo por mi parte le conté que cuando me encuentro ante un bloqueo marca página.en.blanco cierro los ojos y dejo que los dedos huyan solos sobre el teclado para dejar fluir la prosa. Al principio (como ahora) cuesta trabajo, la mano derecha (su dedo meñique) cae con insistencia en la tecla para corregir y entonces los ojos se abren y el hemisferio izquierdo (supongo) toma el control crítico de la situación (como ahora) (ciérrame de nuevo esos ojos) (baja la guardia crítica) (o baja a la guarida crítica) (salva el blog).

Es decir, como si el cerebro se empañara empeñado en corregir los errores de dedo o de idea inmediatamente en vez de esperar paciente a que la fuente de las palabras deje brotar su natural, su burdo, sus inocentes erratas mientras por el otro lado hace contacto tácito con ese otro lado en donde las cosas pueden nacer libres de polución crítica (sin.super.yo) para llegar hasta aquí, hasta la punta de estos dedos desde donde la ceguera y el impulso muscular de unas manos adoloridas (ateridas de tantos meses de estacionamiento creativo) bostezan poco a poco (bostezo) desperezando sus esperanzas en el hemisferio intuitivo y en el hecho concreto de sentir el sol otra vez.
El sol.
En octubre.
Nublado.
Ahora se me están perdiendo las teclas y me está además doliendo la mano derechoa.
Debo izquierdi.hemisferalmente corregir mi posición de escritura (mi poción de escritura).
Mi postura, quiero decir.
Postura física.
¿A qué hora murió este blog?

El otro objeto del ejercicio del que le hablé mi cuñado (se llama Pablo Ángel Lugo) es dejar surgir todos los días 750 palabras escritas a ciegas (o #750ciegas), diario.diario, sin los ojos cerrados (lapsus: ¿por qué dije “sin los ojos cerrados” cuando quería decir “con”?)

*Cambio de postura*
*También de posición*
*Desplaza el teclado*
*Intenta no doler*
*Intenta huir de la razón por el túnel de la intuición que pasa por debajo de la razón para sorprenderla de espaldas, reconciliarla y renacerla desde su patio de atrás*

El traspatio de la razón. El túnel carpiano de topo de la intuición. Los topos son ciegos. ¿Escribirán bien? ¿Ya habremos llegado a las #750palabrasciegas?

Not jet.

¿Setecientas cincuenta palabras bastan para revivir un blog que fue asesinado hace cinco años por una novela? ¿O se requieren también hilos narrativos, trama, tensión y todas esas quintaescencias que llevamos tanto tiempo rehuyendo?

Nos informan en este instante desde la Subdelegación Cuentapalabras Visibles que todavía no hemos llegado a las 750. Ni modo: hay que contar. Contar por ejemplo la historia de un hombre o una mujer o ambos mirándose muy concentrados una de sus respectivas palmas manuales (diríase embebidos) mientras con la otra dibujan las líneas crípticas de sus manos abiertas de homínidos, entramado de rayas orgánicas capaces de simbolizar a veces un puñado de futuros, otras la salud presente, otras un arduo pasado de trabajo agrícola o incluso el doloroso historial académico (quiébreme la espalda) de los intelectuales de manos suaves.

Ahí está entonces un hombre sentado mirándose la palma, de espaldas a él hay una mujer haciendo lo mismo, ambos empuñan sendos crayones para dibujar sendas líneas ciegas, él es zurdo (como mi cuñado) y se llama Ullay, ella es derecha y se llama Marina Abramović. Están siendo vistos a través de una grabación superocho de los años setenta, desnudos, dos cuerpos jóvenes y espigados bajo la cortina de hierro de una Yugoslavia socialista; ambos ejecutan el mismo tránsito interior de un hemisferio a otro y mientras la mano ciega de Ullay dibuja las líneas de la vida de Marina, la salud de Marina, los hijos postfuturos de Marina, su expresión o mejor dicho sus expresiones respectivas y faciales se van apaciguando, abandonando así un mundo demostrativo, determinista y calculatorio para sumergirse en otro acuático, amplio, despojado de toda gravedad físico.espiritual. Dos semblantes se relajan, dos ceños se recuestan a descansar de tanto fruncimiento (acudes aquí ahora momentáneamente al hemisferio izquierdo para producir una combinatoria pertinente a partir del verbo fruncir pero no la encuentras::desfruncir, antifruncir, con el ceño contrafruncido, o mejor aún: el ceño fundido, eso es, el ceño fundido en paz).

La cámara se enfoca ahora en ambos dibujos, la transcripción respectiva de las líneas de Ullay y Marina; es una cámara doble, sensible a la contr4adicción del mundo: permite sentir ambos hemisferios simultáneamente si se quiere, en ella podemos ver en blanco y negro, con una granularidad espesa, propia de las tomas de los años setenta, como las líneas de Marina y Ullay divergen, tendiendo a un desencuentro cuyo límite tiende a un infinito que traducido de un hemisferio a otro debe seguramente ser sinónimo de reunión.

Este relato no tiene final pero sí termina; termina cuando ambas líneas se estrechan en su divergencia o cuando los respectivos hemisferios izquierdos de Marina y Ullay se entrelazan en una metáfora con forma de cabello donde repentinamente el cabello o su metáfora les ha crecido a partir de un cuero hemisferial izquierdo o incluso del hemistiquio izquierdo del cuero cabelludo, de donde les brota una mata creativa y negra de líneas pilosas, finas (ambos son yugoslavos jóvenes) hasta conformar un chongo de unión que se deshace en cuanto ambos abren los ojos junto con los hemisferios diestros y se dan cuenta que tienen frío, que las 750 palabras ciegas han transcurrido y que es la hora de salir a la miseria, el viento y el trabajo del mundo en realidad.

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