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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: agosto 2011

Zócalos desiertos este 15/sep en protesta contra la violencia

Leo el siguiente mensaje en féisbuc:

M É X I C O: ¿ESTÁS HARTO DE LA VIOLENCIA? ESTE 15 DE SEPTIEMBRE DEJA SOLO AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, AL GOBER Y A LOS PRESIDENTES MUNICIPALES EN EL ZÓCALO Y EN LAS PLAZAS, COMO GESTO DE PROTESTA DE TODOS LOS MEXICANOS. FESTEJEMOS EL GRITO DE INDEPENDENCIA EN CASA CON NUESTRAS FAMILIAS, CON LOS VERDADEROS MEXICANOS. SI ESTÁS DE ACUERDO, CIRCULA EL MENSAJE.

Y me imagino la cara del gobernante en turno ante un zócalo vacío. Su bandera, el eco sin fin del grito en la piedra desierta de la plaza. La imagen repite, en una escala de mucha menor mortandad, el acto inicial con el que ellos atizaron esta guerra: dejar solos a los ciudadanos ante la violencia, atender sus intereses, sus carreras políticas, sus egos telegénicos en vez de ocuparse del bien común. ¿Gobiernan en falso? Pues entonces quédense gritándole al vacío.

Minuta sentimental de una reunión con Javier Sicilia en París

Lugar: Théâtre de Verre.
Fecha: viernes, 19 de agosto del 2011 a las 19h30.

Prólogo

Cita con Javier Sicilia frente a la iglesia de St. François Xavier. Viste camisa de cuadros (¿franela, algodón?). Lleva al cuello una medalla circular de metal con una cruz. Saluda con un beso. Lo acompaña Isolda. “Estamos medio cansados de caminar”. Su andar es ligeramente asimétrico, como si acabara de recorrer a pie un país entero. Tomamos el autobús 80 en École Militaire. La conversación vagabundea por la periferia de las personas que no se conocen. La situación en México, la vida en París, el cansancio, el dolor, su encuentro con Calderón. Brinca por ahí una cita de Nietzsche: “el poder es el más frío de los monstruos fríos”. Sabrá Dios cómo pasamos del poder frío a la relación de los católicos con el cuerpo. Por cierto, Calderón toma mucho café. Afuera hace un día extrañamente soleado. Ni rastro de la marca de la casa: el cielo color gris París. Sicilia es un gran conversador. Ahora narra su futura novela sobre un sacerdote que fue salvado de la ejecución en Auschwitz por un desconocido. ¿Cuál es el sentido del sacrificio?

Reunión

El Théâtre de Verre (17 rue de la Chapelle, al fondo del patio) parece un taller mecánico de arte dramático. Puertas de vidrio abiertas, utilería de escenografía regada por acá o por allá, artesanía espontánea. Sobre los respaldos de algunos sillones han sido pintados rostros humanos. Tras besar una a una a toda la concurrencia, Sicilia escoge uno de esos sillones con respaldo humano para sentarse. El efecto es extraño. Te levantas del sillón y aparece un rostro del tamaño de tu espalda, como si lo trajeras ahí tatuado. Hay aproximadamente unos treinta Ciudadanos por la paz en México (grupo París). La gente está emocionada. Sicilia reparte videos del diálogo con el congreso. ¿De qué vamos a hablar?

Punto 1: Evaluación de la acción de las grullas y posibles acciones para dar visibilidad al movimiento en el extranjero y financiar acciones futuras.

  • La mirada exterior es importante en México, dice Sicilia. Las acciones de los grupos en el extranjero han sido ampliamente cubiertas por la prensa local. La acción de los sobres vacíos, por ejemplo, salió en todos los periódicos. Es importante que los mexicanos en el extranjero se sigan movilizando. Se discute la naturaleza de las acciones del grupo, construidas todas ellas en torno a una metáfora (la tierra, el sobre vacío, la grulla).
  • Se habla de acompañar a la caravana del sur, que convocará a la gente a salir a los zócalos de todo el país 18/19 de septiembre en México. Se comenta que si todos los grupos en el extranjero se unieran en torno a una misma acción, se lograría un mayor impacto mediático contra la Ley de Seguridad Nacional apoyada por el poder ejecutivo.
  • Se habla de financiamiento. Sicilia dice que el MPJD es un movimiento moral, por lo cual se necesita transparencia total en su financiamiento. Se prefiere con mucho los financiamientos ciudadanos al financiamiento partisano, con dinero cuyo origen se desconoce o trae intereses detrás. De ahí la campaña de 1 peso por la paz. Se habla de reproducir la campaña desde el extranjero. Por ejemplo, vendiendo grullas en el Trocadero de París y en el resto de ciudades donde hay células de la Red Global de Mexicanos por la Paz en el Extranjero, de a 1€ la grulla. También se habla de pedirle textos a Le-Clézio, Carlos Fuentes y Fernando del Paso para “cartonearlos” (es decir, editarlos en rústico, a la manera de Eloísa la Cartonera) y venderlos a 10€ el ejemplar. En París, los libros de cartón se han vendido bien. Si lográramos sacarle un texto a Le-Clézio, cartonearlo en varios idiomas y venderlo en las ciudades donde hay células de la Red Global, se podrían financiar acciones ulteriores por la paz.

Paréntesis

Sicilia fuma y habla y fuma y habla. Sensación de estar frente a un hombre presente, que habita todos y cada uno de sus límites. ¿Cuántos cigarros llevas, Sicilia? pregunta Isolda. Ha perdido la cuenta. Afuera, la tarde cae por los ventanales de vidrio. Sensación de un hombre al pie de la letra, sin segundas intenciones. Impresión de hombre a ciencia cierta. Hombre tal cual.

Punto 2: Estado del diálogo con el Ejecutivo y el Legislativo. Interrogaciones filosóficas sobre el perdón, el crimen, el mal.

  • Sicilia recuerda algunas de las demandas del MPJD: Ley de Seguridad humana y ciudadana, comisión para la verdad, fondo para las víctimas. Se habla de un posible diálogo con el ejército. Se le pregunta a Sicilia de qué sirve dialogar con un poder que acaso permanezca sordo. Sicilia responde que el país está balcanizado, los gobernadores sumidos en una ceguera histórica: el diálogo es una oportunidad para corregir el rumbo a tiempo (¿a tiempo?), antes de que la inercia suma al país en una guerra aún más cruel, guerra de autodefensa.
  • Se discute la naturaleza ideológica de la guerra en México. Crímenes sin ideología. Crimenes de mercado. ¿El mercado, es ideológico o no? Matan a la gente por una “cierta suma”, dentro de un proceso que sigue un ciclo comercial. ¿Qué tan ideológicos son los crímenes de mercado?
  • Sicilia habla del asesinato de su hijo Juan Francisco, muerto a cambio de 300,000 pesos. Se habla del perdón. Per-don: ir más allá del don, dice Sicilia. Per-dón: aumentación del don, magnificación de la gratuidad del amor. Y sin embargo él no ha logrado ir a ver al Negro Radilla, el asesino de su hijo. Cuando lo detienen, el Negro se intenta suicidar, pero la policía no lo deja. El Negro aparece en televisión enojado, emputado, encabronado porque no lo dejaron suicidarse. Encabronamiento y nada más. ¿Se puede perdonar a alguien que no pide perdón, que no tiene consciencia de sus actos ni sentido de sus consecuencias? ¿Cuántos asesinos se necesitan para producir 50,000 muertos? ¿Qué va a hacer la sociedad con todos esos asesinos? ¿Están definitivamente perdidos para la sociedad?
  • Se habla de la importancia de la demanda de una Comisión por la verdad. “Nos estamos adelantando 18 años a Colombia”. Se discute sobre posibles estrategias de división de las víctimas. ¿Wallace representa a las víctimas de una sola clase social? El MPJD no enfrenta a unas víctimas con otras, el MPJD está abierto a todos los dolores y todas las sensibilidades.
  • Se le pregunta a Sicilia por la desobediencia civil y el voto en blanco. Sicilia responde: los partidos no entienden que este debería ser un momento de unidad nacional urgente. Ellos creen que nos pueden usar políticamente, que nosotros tenemos esos 5 millones de votos que les faltan. Se equivocan. Nosotros representamos a las víctimas y nuestra agenda es clara: detener la Ley de Seguridad Nacional, crear una Comisión de la verdad y un fondo para las víctimas. La legitimidad de este movimiento emana del dolor. Este movimiento terminará cuando las demandas de las víctimas sean satisfechas. Entonces surgirá acaso un movimiento de movimientos que abogue por todo lo que falta por hacer: voto en blanco, candidaturas ciudadanas, reforma de la educación.
  • Se le pregunta a Sicilia cómo hacer para que este movimiento no acabe como todos los movimientos: confinado al olvido o entregado a la politiquería inane. Sicilia insiste: somos un movimiento moral. En cuanto los líderes empecemos a vivir, a comer del movimiento, la cosa se pudre. El zapatismo y el MPJD son los dos únicos movimientos morales. Las víctimas históricas: los indígenas, y las víctimas presentes de esta guerra.

Paréntesis

¿Qué ve un hombre común cuando de pronto una tragedia lo catapulta a la pupila encendida del huracán? Políticos que toman demasiado café. Políticos que están mal en su cuerpo. Hombres que se rompen con un beso. Hombres de poder que en el fondo y en la forma se saben impotentes. Hombres que no saben qué hacer. Hombres que necesitan ayuda urgente. Hombres infinitesimales, perdidos en la fachada bronceada, bien vestida, perfumada, retocada por la cirugía, suavizada por lentes de marca: hombres extraviados en su cuerpo.

Punto 3: ¿Qué pacto se firmó en Juárez?

  • Se le pregunta a Sicilia por qué no se incluyeron las demandas de las comisiones en Juárez ,al final de la caravana del Consuelo. Sicilia responde: necesitamos moderación. No podemos repetir los errores de la historia. No voy a jugar al 68. No es realista exigir el juicio político a Calderón, o al menos no por ahora (hay que esperar que termine el sexenio, que se establezca una comisión de la verdad, etcétera). No podemos dejar que una minoría radical se apodere del movimiento. Nosotros ya leímos a Foucault: no vamos a caer en la asambleítis. Los acuerdos de San Andrés fueron traicionados, entre otras cosas porque los zapatistas ganaron el podio en el congreso pero perdieron el control de las mesas. Subir 900 demandas al gobierno es la mejor manera para que el gobierno no haga nada. Aquí las decisiones las tomamos las víctimas, y nuestros objetivos son claros: detener la LSN, hacer una Comisión de la verdad, resolver los crímenes, crear un fondo para las víctimas. Nosotros queremos hacer avanzar las causas. Con un pliego irrealista, nunca hubiéramos sentado a Calderón y al congreso en la mesa de negociación.
  • Se discute con Sicilia: los indignados españoles funcionan con asambleas; las revoluciones árabes lograron enjuiciar al dictador. Pero los indignados viven en democracia, y México no es una democracia. Y las revoluciones viven en dictadura, y México tampoco es una dictadura. México es más complejo: un híbrido entre el autoritarismo y la democracia. Un estado mafioso que se avienta a hacer una guerra: he aquí las consecuencias. Debemos actuar ahora de manera lúcida: de lo contrario, el país se va a incendiar autodefendiéndose.

Epílogo

Sicilia enciende un nuevo cigarro, le da dos fumadas. Lo apaga. Lo vuelve a encender, ahora para exaltarse hablando de Foucault, de la realpolitik, de la izquierdoderecha radical. Mienta madres. Entra en la arena. De cierta manera ejerce poder. Los que apenas estamos empezando en esto de la militancia perdemos la inocencia política. También aquí las decisiones se toman desde arriba. Por más moral que ésta sea, en la topología del poder siempre habrá un arriba. “Aquí las decisiones las tomamos las víctimas”. La frase se multiplica en su eco. Entendemos por qué no se le pueden colgar a este movimiento todos los sambenitos que quisiéramos. Sí, Elba Esther se tiene que ir. Sí, ojalá México fuera el primer país del mundo en legalizar todas las drogas. Sí, Calderón tiene que sentarse ante un tribunal a rendir cuentas de las consecuencias de esta guerra, y ojalá también Salinas y Fox se sentaran junto a él a rendir cuentas sobre las políticas de exclusión, injusticia y discriminación que la causaron. Pero por el momento, son las víctimas las que llevan la voz cantante porque, en tanto no haya reparación moral, legal, acaso económica, su herida se sigue conjugando en tiempo presente. ¿Cuantos cigarros llevas ya, Sicilia? le pregunta Isolda. ¿Qué augurio onomástico hizo que el apellido de este hombre sea el nombre de la capital de la mafia? La reunión termina con un picnic intramuros. Vino, queso, tomate, totopos de maíz negro. Sicilia bebe vino tinto en un vaso de plástico, de perfil, mal rasurado, agotado por la asamblea y el desfase horario. La reunión nos deja con la sensación de haber recibido algo concreto, importante, inexplicable. Malversando las palabras de Lacan: este hombre nos acaba de dar algo que él no posee del todo. La tranquilidad del justo. La generosidad extrema de quien viene de perderlo todo. La dignidad del que, en las condiciones más adversas, se aferra a no desfigurarse, a seguir siendo quien es.

1000 grullas por la paz en el Trocadero de París este lunes 15/ago (15h)

Ciudadanos por la paz en México / Grupo París convoca a unirse a la
acción 1000 grullas por la paz en México, iniciado en Tokio, en la
Plaza de Trocadero de París este lunes 15 de agosto a partir de las
15h. La acción consiste en hacer grullas de papel de origami para
conformar un gran tendedero de grullas en el Trocadero (traigan papel
de colores). Este acto hace eco de la Marcha “Pasos hacia la Paz” que
se llevará a cabo en México D.F. el próximo domingo 14 de agosto. A
las 17h iremos hacia la oficina de Correos de Trocadero a enviar por
correo algunas grullas hechas con papel japonés que el grupo de Tokio
envió, y que serán llevadas a Hiroshima en octubre próximo.

¿De verdad estamos tan solos? por Efraín Bartolomé

Por Efraín Bartolomé
Tomado de féisbuc
Escrito minutos después del asalto 

Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.

Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, D. F.

Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.

Prendí la luz.

Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.

Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.

Mi mujer me gritó que me metiera.

Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.

Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.

“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.

Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.

Mi mujer está llamando a la policía.

Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.

Yo sigo soplando el silbato con desesperación.

En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.

¿Tres, cuatro, cinco?

Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.

Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.

“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada…!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.

Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.

Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.

“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”

Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.

Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.

Me quita el silbato.

−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.

−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.

Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.

Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.

Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.

Aquí…

Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.

Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.

Dos más permanecen en la puerta.

− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!

− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.

− ¡A qué se dedica!”

−Soy psicoterapeuta y escribo libros.

−¿Desde cuándo vive aquí?

− Desde hace treinta años…

−Cómo se llama.

−Efraín Bartolomé.

−Cuántos años tiene.

−60.

−A qué se dedica.

−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.

−Usted cómo se llama… –se dirige a mi mujer.

−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.

−A qué se dedica.

−Soy arqueóloga y ama de casa.

−Cuántos años tiene.

−54.

−Tranquilos. Respiren profundo… Voy a verificar los datos.

El hombre sale.

Oigo ruidos en toda la casa.

Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.

Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.

Nos cambiamos de posición.

Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.

Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.

Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.

Respondemos a todo brevemente.

Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.

El tiempo pasa.

Oímos que abren nuestro carro en el garage.

Voces ininteligibles en el patio del norte.

Más tiempo.

Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.

Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.

Comenzamos a movernos.

Sólo silencio.

Nos incorporamos con cierto temor.

Salimos del baño hacia la recámara iluminada.

Desorden.

Cajones abiertos.

Cosas volcadas en el buró.

La chapa de la puerta en el suelo.

Restos de la tranca destrozada.

La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.

Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.

Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.

Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.

La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.

Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.

Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.

Nada.

Mi mujer llama por segunda vez a la policía.

Es en vano: piden los datos una vez más.

Dicen que ya enviaron una unidad.

Llego a la barda y me asomo: no hay carros.

El portón del garage está intacto.

Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.

El estudio de abajo está con las luces prendidas.

De por sí desordenado, ahora lo está más.

Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.

Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.

Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.

En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.

Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.

“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.

También se la llevaron

Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.

Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.

Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.

Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.

Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.

Indefensión.

Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.

Se asoma y regresa.

Lo saludo y responde.

Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.

Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.

Magaña, responde el joven.

¡Es Paty!, dice mi mujer.

Salimos a la calle y voy hacia allá.

Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.

Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.

Patricia y su hija estaban solas.

Sus padres octogenarios también estaban solos.

Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.

Atranco la destruida puerta de la calle.

Con todo, mantenemos una sorprendente calma.

“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.

Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.

¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?

¿Lo sabe Marcelo Ebrard?

¿Lo sabe el procurador Mancera?

¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?

¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?

Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.

Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos…

Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.

Subo al estudio a escribir esto.

Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.

Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.

Son ya las 6:35 de la mañana.

La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.

La policía nunca llegó.

¿De verdad estamos tan solos?

Efraín Bartolomé