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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: julio 2011

escritura vs. obra

Fragmento de Roland Barthes por sí mismo (1975)

Trampa de la infatuación: hacer creer que acepto que eso que he escrito sea considerado como una “obra”, pasar de la contingencia de la escritura a la trascendencia de un producto unitario, acabado. La palabra “obra” es imaginaria. La contradicción está entre la escritura y la obra (el Texto, él, es una palabra magnánima: no hace acepción de esta diferencia). Yo gozo continuadamente, sin fin, sin término, de la escritura como de una producción perpetua, de incondicional dispersión, de una energía de seducción tal que no hay defensa legal que pueda detener a este sujeto que ahora lanzo a la página. Pero en nuestra sociedad mercantil hay que lograr una “obra”: hay que construir, es decir acabar un producto. Mientras que escribo, la escritura es así aplanada, banalizada, culpabilizada por la obra de la cual debería formar parte. ¿Cómo escribir a través de las trampas que me tiende esa imagen colectiva de la obra? Pues bien: ciegamente. Perdiendo, afilando, pronunciando en cada instante del trabajo nada menos que esa palabra con la que Sartre concluyera su Puerta Cerrada: continuemos.

Presentación de Siembra de nubes, novelibro de cuentos de Oswaldo Zavala

Siembra de Nubes, por Oswaldo Zavala (Praxis, 2011).
Presentan: Mariana Martínez Salgado, Marcos Eymar, Jorge Harmodio, Alexandre de Núñez.

Fecha: Viernes, 22 de julio del 2011, 19h

Lugar: Librairie El Salón del libro
21 rue des Fossés Saint-Jacques, Paris 5ème
(RER Luxemboug, cerca del Panthéon)

George Steiner escribió que los críticos sólo deben ocuparse de las obras que aman. En Siembra de nubes de Oswaldo Zavala, está practicado el corolario narrativo del apotegma: sólo debemos inventar a los escritores que nos apasionan, aquellos que hemos releído con el temor recóndito —que es esperanza— de que no sean tan buenos como en el recuerdo y nos sorprenden. Porque son mejores. Porque son distintos. Porque son al mismo tiempo hondamente nuestros e impenetrablemente miste-riosos. El libro no es sólo ejemplar por la constelación de autores que propone, sino por la tierna, esmerada imaginación con la que examina sus páginas para convertirlas en ficción. En ficción pero también en memoria, autobibliografía, sueño. Este Rulfo, este Borges, este Bolaño, por mencionar sólo a tres, se vuelven parte de Oswaldo Zavala y mediante su prosa regresan a nosotros reencarnados, sonrientes, compasivos, humanamente tristes. Nosotros leemos este don narrativo, escrito para un hijo, intervenimos como una escala en esta herencia. Y celebro tener la primicia, poder leer esta carta que no deja de ser muy íntima, profundamente cierta.

En esta ficción hay verdad.

José Ramón Ruisánchez