malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Adelfa_Danzón.mejía_patiño.harmodio.huiqui (1)

Huiquificación de una novela original del señor Javier Mejía Patiño, siguiendo las prescripciones del Manifiesto por una literatura huiqui.

Una niña camina por la calle con dos veladoras. Tan gruesas que apenas le caben entre las manos. Viste un vestido largo, desgastado, color naranja con flores estampadas. La niña camina con la cabeza hacia el suelo, concentrada en los gironnes que se forman en las orillas al contacto del suelo con el vestido. Sus pasos levantan el polvo. Las nubes de polvo conforman el rostro ajado de su abuela Macrina, una de las mejores curanderas de Catemaco. ¡Ándale, chamaca huevona!, chilla doña Macrina, ¿qué no ves que se me hace tarde para mis preparaciones? La niña sube de dos en dos los escalones de madera. Aunque delgadito, su cuerpo los hace crujir bajo su peso. Las veladoras adquieren sentido entre las manos verrugosas de la abuela. Esta para San Pascualito Bailón, esta otra para San Judas Un fogón arde. Las llamas se reflejan, entrópicas, desdentadas, sobre la dentadura dorada de la abuela.

Doña Macrina dispone las veladoras en una mesa de madera, junto a un manojo de hierba. Después sale al descuidado jardin del traspatio, de donde corta otro manojo más. Su mandil es color pardo, perlado de manchas de sangre. Sus manos llenas de uñas y de mugre atan el nuevo manojo con un hilo de seda. Con pasos desiguales, doña Macrina llega trabajosamente al gallinero. Su olor indispone a los animales, que se cacarean, se temen, se huyen unas a otras con saltos vanos dentro del corral. La mano implacable de la vieja se cierra sobre el gañote de una de ellas. El hilo de seda, las manos, los dedos, las uñas amarran ahora a la gallina por las patas. Doña Macrina regresa a la habitación. La gallina cae como cosa al piso. La única diferencia con los objetos son sus ojos muertos de miedo. Doña Macrina se afana formando un cuidadoso atado de manojos. Una olla de barro hierve en el fogón. Doña Macrina remueve su contenido. Sus dientes dorados mastican palabras, frases, conjuros que sólo ella entiende.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: