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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: marzo 2011

Disco compacto

Fragmento de Ejercicios de español para actriz porno
novela #enconstrucción. @harmodio

1. Escucha:

Mi papá se llama Rigoberto, pero aquí en Atzolco la gente le dice don Rigo. La palabra don sirve para respetar a alguien. La tienes que poner antes del nombre de la persona a la que quieres respetar. Los vecinos respetan a mi papá porque tiene el pelo canoso. Las canas son esos cabellos blancos que te salen en el pelo cuando sufres mucho. Como los viejitos viven más tiempo, pues sufren más que los que se mueren jóvenes y entonces todo el pelo se les pone blanco. Pero mi papá no está viejito. Mi papá trabaja de indocumentado en California, en un restaurante mexicano. California está en Estados Unidos, cerca de Disneylandia. ¿Conoces? ¡Qué envidia! A mí también me gustaría ir. No nada más por Disneylandia, más bien por ver a mi papá. Hace ya cinco años que se fue. No nos ha mandado fotos, pero nos llama todos los domingos. El problema es que por teléfono no puedo ver cuántas canas le han salido en estos cinco años.

Mi mamá trabaja de tamalera. Se llama Raquel, pero los vecinos de Atzolco le dicen Raquelito. Así como el don sirve para dar respeto, el ito sirve para darle cariñito. Si le das cariñito a un nombre, haz de cuenta que se lo estuvieras dando a la persona. Nada más tienes que poner atención a si es un nombre de hombre o de mujer. A los hombres les pones ito, a las mujeres ita. También lo puedes usar con palabras que no son nombres, para formar palabras nuevas más cariñosas. La perrita, el periquito, la casita. Nosotros aquí usamos muchas palabras terminadas en ito. Ha de ser porque somos gente muy cariñosa.

Tengo dos hermanos. El mayor se llama Raymundo y la menor se llama Rana. Mi hermano es siete años mayor que yo, pero como está gordo, alto y tiene bigote, la gente que no nos conoce seguido piensa que es mi papá. El bigote son esos pelos negros y gruesos que les salen a los hombres sobre la boca y que sirven para decir: soy un hombre, cuidado conmigo, pego fuerte. Al menos para eso se usa aquí el bigote. A mí apenas me empieza a salir. Me voy a acercar para que lo veas bien. Aquí me da la luz. ¿Lo ves? Pero yo no me lo pienso dejar, en cuanto me salga bien voy a a garrar el rastrillo de Raymundo y me lo voy a rasurar. A mí no me gusta amenazar a nadie. Tampoco me gusta que me peguen. O a lo mejor es que a mí me dan miedo los bigotones y yo quiero darle miedo a nadie.

Mi hermano Raymundo trabaja de secuestrador. Los secuestradores son personas que se dedican a desaparecer a otras personas. A las personas desaparecidas se les llama secuestrados, y para volver a aparecer de nuevo tienen que pagar un rescate. La palabra rescate puede significar muchas otras cosas, pero para nosotros significa sobre todo dinero. Si no pagas rescate, no vuelves a aparecer. Pero no te preocupes, casi todo el mundo paga el rescate y aparece de regreso. Además, aquí los tratamos muy bien. Raquelito cocina muy rico, y cuando a mí me toca cuidarlos yo trato de platicarles para que se distraigan y no se les haga el tiempo largo. Claro que a ti no te puedo platicar tanto porque no hablas español. Pero poco a poco lo vas a ir aprendiendo. Yo te puedo explicar cómo se usan algunas palabras, si quieres. Sirve que estudio para mi examen de español.

Mi mamá vende los tamales en Izcalli, que es una colonia vecina de Atzolco. Los tamales son un exquisito guiso de la cocina mexicana. Haz de cuenta que agarras manteca de puerco, harina de maíz, caldo de pollo, lo mezclas todo hasta hacer una pasta espumosa y luego haces tortitas que envuelves en hojas de maíz. Les tienes que poner antes un guiso, y si son de dulce los tienes que pintar. Nosotros vendemos tamales de verde, de rojo y de dulce. El verde y el rojo son dos colores. El dulce no, ese es un sabor. También hay otros tipos de tamales, oaxaqueños o de rajas, pero de esos no vendemos. También se le puede hablar al celular de Raquelito para pasar pedidos. La palabra pedido viene de pedir. Cuando estás en tu casa y tienes hueva nada más le llamas a Raquelito, le pides el pedido y ella me manda a mí con los tamales. Yo soy el que los reparte. A mí me gusta repartir tamales porque los de Izcalli seguido me dan propina. Además, allá en Izcalli está el café internet donde voy a ver tus películas. Las he visto casi todas. Bueno, las que se pueden ver gratis. Las otras no porque no tengo tarjeta de crédito. Esas las veo en casa de mi amigo Rico, que también vive en Izcalli y le agarra el número de tarjeta a su papá.

Mi hermana chiquita se llama Rana. Es la consentida de la casa. La palabra consentida sirve para significar a esa hermana que no tiende su cama ni lava sus tenis y grita y patelea sin que nadie la regañe. Rana está siempre molestándome, lo pregunta todo, lo quiere saber todo y no guarda ningún secreto. Nunca le vayas a decir algo íntimo a Rana porque se lo va a ir a contárselo a todo el mundo. A las personas así se les dice chismosas. Rana es una chismosa y una molestona.

Mi mamá la consiente tanto porque Rana tiene una enfermedad: es invisible. Por eso atraviesa las paredes sin abrir la puerta, baja las escaleras sin hacer ruido y puede ver todo lo que estás haciendo siempre, hasta cuando cierras el baño con seguro. Al principio cuesta trabajo, pero al final te acostumbras. La reconocer fácilmente porque tiene la voz bien chillona. Además, habla muy chiqueado, así que no creo que le entiendas. Pero cuídate de ella. Nunca le vayas a contar una intimidad porque va a ir a chismearla con todo el mundo. Bueno, ahorita no puedes contarle nada porque todavía tienes la mordaza. La palabra mordaza significa esa chingadera que tienes en la boca y no te deja hablar conmigo. Pero ten paciencia, Raymundo se las quita cuando mucho a la semana. Nada más es para que al principio no griten. En lo que se acostumbran.

Tunnel of mondialisation

Letra: Jean-Charles Massera
Música: Pascal Sangla
Traducción al castellano: Jorge Harmodio

He conocido la desrealización del mundo
y el déficit de la experiencia
he conocido la concientización de las coordenadas de la historia en curso
y las condiciones de represión de la realización de la subjetividad
he deconstruido los procesos de alienación ordinaria
de cuerpos y consciencias
he deconstruido el dispositivo de instrumentalización
de los afectos y la líbido

me he estado rompiendo la madre con eso desde el 91
era la primera guerra del Golfo
era la entrada a una nueva era
la del cinismo y la desrealización del tiempo vivido
por los excluidos del crecimiento
la de la reducción definitiva de mi imaginario
al puro uso de bienes y servicios
la de la indexación del tiempo propio
al solo ritmo del crecimiento
la de la substitución de mis pulsiones
sirviendo la rotación del mercado en torno a mis deseos
la de la razón económica y los intereses financieros
como solo
y único
fin

puto túnel
túnel fundado sobre la sola y única expresión
de un conjunto geométrico de relaciones de poder y dominación
puto túnel
túnel creado por los mercados mundializados
túnel de mi desrealización
túnel a lo pendejo
tunnel of mondialisation

he intentado levantarme
¿cómo hacerle en este estado
¿cómo proyectarse
¿cómo hacerlo a su medida y según sus capacidades propias
¿cómo experimentar el tiempo y el espacio
¿en una cultura de la velocidad
¿del rendimiento
¿de la negación del loser?
he intentado la apropiación,
la apropiación de las formas de representación de la industria cultural
del tiempo libre
de un tiempo de trabajo que no esté sujeto a las necesidades y el ritmo del crecimiento
he intentado la idea de imposible
la idea de acostarme por la noche en otro lugar de pensamiento
que ese que el conocido al despertar
en otro lugar de pensamiento
que el previsto por nuestras actividades profesionales
nuestra situación social
nuestra localización

la idea de escribir la partición de mi día
la idea de imposible y de un medio que me sea propio
la idea de una posibilidad
la de apropiarnos,
aunque sea un poquito
del tiempo que nos ocupa
de los espacios que nos ocupan
y de…
¡ah, oui!
¡ah, oui!
intenté también
estar contigo
¡oh, sí!

puto túnel
túnel fundado sobre la sola y única expresión
de un conjunto geométrico de relaciones de poder y dominación
puto túnel
túnel creado por los mercados mundializados
túnel de mi desrealización
túnel a lo pendejo
tunnel of mondialisation
puto túnel

Adelfa.Danzón.mejía_patiño.harmodio.huiqui (2)

Novela huiqui por entregas, huiquificando una novela original e inédita de un gentilhombre veracruzano, el señor Javier Mejía Patiño, según las prescripciones del Manifiesto por una literatura huiqui.

Adelfa la observa con miedo desde un rincón. La vieja saca un manojo hirviente de la olla y sale al traspatio. Regresa con las manos vacías. Sus ojos caen sobre Adelfa. ¿Qué haces aquí? ¡Lárgate a buscar las botellas! De regreso me compras también un cuarto de cera de abeja. Doña Macrina echa un par de monedas al suelo. Adelfa las recoge con movimientos precavidos y sale corriendo de la habitación. ¡Y que no se te olviden los tapones de corcho! No se me olvidan, abuelita, dice mientras corre hacia el centro del pueblo. La curandera mete dos dedos en el cocido; atrapa un puño de humo y hierba, le sopla, lo seca, lo enrolla con cuidado en una hoja de papel de arroz y acerca un extremo del rollo a la boca, el otro a una brasa encendida, el rollo se vuelve cigarro que los labios secos de la vieja succionan con avidez. Macrina le da una fumada larga, aspirando al máximo, hinchando los pulmones, aguantando el aire. Los labios de doña Macrina se vuelven sólidos, largos, puntiagudos: surge un pico. El cigarro cae al suelo. En el ojo de doña Marcrina surgen nuevo párpados inesperados, párpados con estructura de ave, sus carnes colgantes de vieja curandera se convierten en plumas provisionales, el peso se reduce, el pico no fuma, su peso es tan leve que rivaliza con el de un rollo de hierba con forma de cigarro incandescente siendo atraído por la gravedad en dirección del suelo.

El chupamirto no, sus alas veloces lo mantienen fijo en el aire, luego lo posan sobre la olla de barro, que sus tres párpados consideran con desconfianza, el humo húmedo humedece sus alas: el chupamirto huye por la ventana. El chupamirto penetra la niebla sólida de la laguna, su vuelo se detiene sobre las ramas de un flamboyán. Quien la viera a la vieja, tan ligera, tan inofensiva en su faceta de chupamirto. No dura mucho el efecto de la fumada, hay que apurarse, hay que penetrar las flores rojas con el pico para extraer eso que le hace falta a su menjurje: néctar de flor de flamboyán pasado por pico de chupamirto.

Adelfa regresa cargada de botellas. El ruido de vidrio despierta a su abuela Macrina. La vieja se limpia el néctar de la boca. Sus labios agrietados se abocan en un semblante de curandera malencarada. ¡A trabajar, escuincla, que yo estoy cansada, no he acabado de dormir mi siesta! Me vas a apartar diez botellas, ¿trajiste los corchos?, sí abuelita, pues me las vas entonces a apartar, las vas a llenar con tres deditos de cera, ¿trajiste la cera?, sí abuelita, pues le vas a poner tres deditos así de cera, y yo voy a ir llenándolas de menjurje.
El acto de introducir un chorrito de cocido dentro de la botella sin desparramar una sola gota acapara toda la atención de la vieja. Doña Macrina aprieta la lengua entre los labios, el líquido hirviente derrite la cera, un olor rancio llena el espacio de la habitación. Ahora ponle los corchos. No puedo, abuelita, los corchos están muy duros. ¡Arréglatelas! Ya estás grande, ya tienes edad de meter un corcho. Con pasos pesados, la vieja se tambalea hasta su catre, se tiende, sigue durmiendo.

Adelfa_Danzón.mejía_patiño.harmodio.huiqui (1)

Huiquificación de una novela original del señor Javier Mejía Patiño, siguiendo las prescripciones del Manifiesto por una literatura huiqui.

Una niña camina por la calle con dos veladoras. Tan gruesas que apenas le caben entre las manos. Viste un vestido largo, desgastado, color naranja con flores estampadas. La niña camina con la cabeza hacia el suelo, concentrada en los gironnes que se forman en las orillas al contacto del suelo con el vestido. Sus pasos levantan el polvo. Las nubes de polvo conforman el rostro ajado de su abuela Macrina, una de las mejores curanderas de Catemaco. ¡Ándale, chamaca huevona!, chilla doña Macrina, ¿qué no ves que se me hace tarde para mis preparaciones? La niña sube de dos en dos los escalones de madera. Aunque delgadito, su cuerpo los hace crujir bajo su peso. Las veladoras adquieren sentido entre las manos verrugosas de la abuela. Esta para San Pascualito Bailón, esta otra para San Judas Un fogón arde. Las llamas se reflejan, entrópicas, desdentadas, sobre la dentadura dorada de la abuela.

Doña Macrina dispone las veladoras en una mesa de madera, junto a un manojo de hierba. Después sale al descuidado jardin del traspatio, de donde corta otro manojo más. Su mandil es color pardo, perlado de manchas de sangre. Sus manos llenas de uñas y de mugre atan el nuevo manojo con un hilo de seda. Con pasos desiguales, doña Macrina llega trabajosamente al gallinero. Su olor indispone a los animales, que se cacarean, se temen, se huyen unas a otras con saltos vanos dentro del corral. La mano implacable de la vieja se cierra sobre el gañote de una de ellas. El hilo de seda, las manos, los dedos, las uñas amarran ahora a la gallina por las patas. Doña Macrina regresa a la habitación. La gallina cae como cosa al piso. La única diferencia con los objetos son sus ojos muertos de miedo. Doña Macrina se afana formando un cuidadoso atado de manojos. Una olla de barro hierve en el fogón. Doña Macrina remueve su contenido. Sus dientes dorados mastican palabras, frases, conjuros que sólo ella entiende.