malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

movimiento armónico simple

Los fisioterapeutas son gente buena. Gente joven. Gente de blanco. Gente ágil, en plena posesión de sus facultades corporales, gente generosa encargada de una labor que no pasa por el lenguaje: entrenar a un músculo, readiestrar a una rodilla, proustianamente despertar el inconsciente óseo de un miembro para que recuerde una coreografía olvidada, la danza del movimiento cotidiano, la vida antes del accidente.
El accidente, nuestro (tú, mi) punto final.
Un lector, un escritor, un accidente en medio. El accidente de que te esté leyendo. La improbable casualidad de que me estés escribiendo. La ruptura. La realidad conlleva ruptura. Una lesión nos espera al salir de este texto. El fatal accidente de siempre: el trabajo, la calle, las necesidades, el hambre, el candor y el terror de los vínculos.
Los fisioterapeutas, decía. Jóvenes de blanco, por lo general guapos, llenos de energía. Muchachas que saben moverse y te. Te mueven al moverse. Muchachas reinas del movimiento. El movimiento armónico simple es demasiado para un cojo. Los fisioterapeutas nos ayudan a sobrellevar el demasiado.
Mi fisioterapeuta no tiene nombre, pero tiene mucho caracter. Intentando evitar de nuevo el decimonónico retrato literario, no diré (dirás) que es alto, delgado y de cabello negro, sino que sobrepondré/mos las cualidades morales encima, tapando a las físicas.
Entonces diré que tengo, tuve, ¿tengo? un fisioterapeuta de cabello muy simpático, estatura tónica, complexión desenfadada y ojos amistosos. ¿Su edad? Ya la he sugerido: edad blanca, bata y pantalón blanco en plena posesión de ese derroche degenerativo que es la juventud.
Si la vida fuera una gran clínica con el canal diagonal del tiempo detenido, con un mismo barco arenero estacionado en sus aguas para siempre, aferrado al mismo instante, transcurriríamos por ella acompañados de un entrenador, no un fisio ni un psico ni un ergo, sino un viviterapeuta, alguien encargado de guiarnos en la selva de arena de la realidad, de enseñarnos el buen movimiento, el movimiento generoso, amistoso, amoroso y no el movimiento avaro ni el violento ni el que cierra la puerta para siempre. Un experto en cultivar el movimiento constructivo, en evitar, administrar, dosificar, racionar el movimiento destructivo: un simple armonizador vital del movimiento.
Tal persona no existe en la vida y sí en la clínica. Tal persona es el fisio, educador de músculos, intérprete de danzas óseas, oídor de ligamentos, alguien que merecería venir al mundo envuelto en metáforas felices, tal es el gozo del paciente al recuperar el movimiento.
Este movimiento narrativo queda en suspenso hasta mañana. O pasado. O hasta cuando el siguiente barco de arena vuelva a flotar por las aguas del canal diagonal.

Una respuesta a “movimiento armónico simple

  1. mariana 9 junio, 2010 en 23:31

    yo te leo y también te escribo. ahora mismo lo hago, lo segundo, y te invento. sí, chato, eres mi personaje, aunque se rompa todo, aunque le demos en la madre al hueso de la literatura. hagámozlo.

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