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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Escupir relato dentro de la puta vagina vieja del texto para que se moje y se levante y ande



Un puente. Un canal diagonal. Un estadio plateado con forma de plata y forma de elipse. El régimen narrativo. Un cangrejo con el acento desacomodado: Oximorón/oxímoron. Un y/o narrativo partido por la mitad: yo/tú leo/escribo. Una rodilla partida por la mitad en un acidente que sucedió hace varios meses y hacia donde el cangrejo Oxímoron, recién lavado, peinado y acentuado, dirige el relato que teje entre sus diagonales tenazas.

Estoy retomando. Esto se había interrumpido. Retomar es difícil. Entrar en un texto viejo: la vieja vagina del texto. Difícil orientarse, especialmente cuando se es un macho recalcitrante y cangrejo: Oxímoron, el macho más hembra de la bahía.

Setecientos cincuenta palabras con destino hacia atrás: estás cruzando el puente sobre el canal diagonal. No hay barcos flotando en el canal. Cuando veas los barcos desde el puente recordarás cómo se veían desde la ventana de la clínica: barcos transportadores de tierra, arena, sustancias minerales, demasiado ríspidas para ser transportadas por tierra: nada es lo suficientemente pesado para el mar.

No lo estamos logrando. La vagina seca del texto nos rechaza a los dos: a tu yo escritor, a mi tú lector. No nos estamos compenetrando.

Para compenetrarnos, nada mejor que un poquito de lubricante narrativo. Érase una vez un jugador de rugby con la rodilla rota. Un cirujano. Un fisioterapeuta. Una enfermera. Otros pacientes. Un estadio elíptico. Un canal diagonal. Ahí lo tienes. ¿Qué puedes hacer con eso?

Cursilerías. Ayer te dieron de alta. Cruzaste el puente diagonal con tus pertenencias, tres meses de enseres cotidianos, el cargamento higiénico de rastrillos, desodorantes, jabones, ropa de recambio, toalla: el ser humano es un caracol higiénico.

Escupe, puta vagina vieja. Escupe este relato húmedo con que mi lengua te fecunda. Erúctalo, suéltalo, entrégalo a su lector como un falso recién nacido, como si lo acabaras de concebir, doler y parir, vieja vagina mentirosa, vagina lingüística de siempre, palabras de siempre.

Toma el cangrejo, métetelo, penétratelo, lacera tu vientre de literatura puta, rejega, indiferente para parir una historia al revés: una historia de atrás para adelante, donde las causas proceden de las consecuencias, donde el enfermo sale del hospital, donde el cirujano te taclea en una cancha de rugby y te rompe el ligamento cruzado anterior.

750 palabras han transcurrido y la vagina no se moja, el cangrejo no camina, la historia no avanza ni retrocede: ha de ser porque es lunes. O porque duele, dolerá, dolió.

Dolió cruzar el puente con tus pertenencias. Dolió decir adiós como duele siempre: adiós, no nos volveremos a leer ni a escribir ni a decir, adiós vagina vieja llena de lectores que no han nacido, adiós panteón de escritores en ciernes cuyas voluminosas obras se perdieron en el olvido, adiós pacientes.

Me dieron de alta de la clínica. Crucé el puente diagonal. Lloré en la cima del puente, sobre la arena de barcos cuya triste tarea es desplazar la tierra. Lloré porque la clínica es una placenta de salud, por las enfermeras donadoras, generadoras, cuidadoras, encariñadoras, y por los doctores protectores, curadores, aseguradores; por los fisioterapeutas que te acompañan para enseñarte a percibir el bien y el mal en tu propio cuerpo, por la comida que siempre está lista, por la pérdida de una casa temporal que te dispensa de la rasposa práctica de vivir.

Este texto sigue seco. El accidente está todavía lejos. Ni el escritor ni el lector se atreven a cruzar el puente que separa la clínica de la realidad. Por eso ambos bajan corriendo las escaleras del puente como si quisieran estorbarse mútuamente, enredar sus piernas recién operadas y tropezar juntos para lesionarse de nuevo, ser operados, internados, curados de nuevo. El siamés lectoescritor regresa a la clínica y dice ni madres, no me voy, refuto al que me dio de alta: de aquí no nos vamos sin haber contado hasta la última inyección de morfina: están todos secuestrados por el relato: de aquí nadie sale hasta que alcancemos el instante del accidente.

2 Respuestas a “Escupir relato dentro de la puta vagina vieja del texto para que se moje y se levante y ande

  1. angusenelespaciovacio 6 abril, 2010 en 11:08

    Lo que has escrito me ha dejado un poco… como decirlo, colgado de la parra. No se si volverlo a leer… o olvidarlo, definitivamente. Tiene algo fascinante. Como dos líneas paralelas que no se cruzan hasta el infinito…

  2. Susana 14 abril, 2012 en 11:30

    ENTRE MAS LEO LA “HiSTORiA” TENGO LA SENSACiON Q ES MAS COMO UN ENCANTAMiENTO Q UN JUGADOR DE RUGBy. PUEDO ESTAR EQUiVOCADA PERO CREO Q ES PARA Q UNA MUJER QUEDE EMBARAZADA..? ME ENCANTARiA SAVER LA RESPUESTA *: )

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