malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

oda al cojo ~= auto.oda

Pero hay que contar. Esto es un cuento. O una cuenta. La cuenta.

Afortunado el español en donde contar y contar coinciden. Ambas son ennumeraciones: una en número, la otra en lengua, las dos secuencias, sucesiones ordenadas: la aritmética de la sintáxis.

Contar para atrás. Contar el régimen híbrido: hospital de día, casa de noche, la libertad condicional del cojo. Cojo yo. Cojo unimembre.

Los cojos somos otro cosmos, diría aquel (¿fue aquel?). Los cojos vamos a trompicones, sin contar nada, tropezándonos con digresiones distractoras, desviaciones, vías alternas: hay tráfico en la narrativa: prometiendo contar sin contar: cuenta, canta, canta al cojo.

Oda al cojo. Tanto cojo en la literatura. El capitán Ahab, el capitán Garfio, el cojo de Servidumbre humana, o el otro, el Cojote de la Mancha… no, pérate, ese era manco.

El régimen diurno consiste en: ocho de la mañana, una ambulancia llena de cojos pasa por uno más: yo. El cojo cojea fuera de su casa, las muletas o el bastón se le enredan como espaguetis o peor aún, como malas metáforas sobre espaguetis entre las piernas, pero ahí va el cojo, con sus pasos demediados, con su balanceo místico, con su arritmia esquelética, ladéandose, dándose golpes contra el aire que lo devuelve a su cojera: cojo enfermo de asimetría.

Y entra pues el cojo en la ambulancia. Aquí el cangrejo Oxímorón me regañaría: estamos contando de atrás para adelante, la secuenca va al revés: no estamos contando, estamos odnatnoc.

Od/nat/noc, pues. Salí del hospital, luego me internaron en régimen de hospital de día, después estuve internado las 24 horas, tres semanas duró la convalescencia, y luego, felizmente, me operaron. El accidente que causó la operación ocurrió justo después de la operación. Y de ahí pal real.

Od/nat/noc. Oda natal nocilla. Que nocilla ni qué la chingad. Me cagan los nocillas. Me cagan todos los escritores de éxito. Por las noches, especialmente las noches de premios perdidos, me consuelo pensando que mi éxito es inversamente proporcional a mi talento.

Corrección: el escritor fracasado eres tú: yo soy el que está leyendo. Yo te estoy leyendo. Déjate de tanta palabrería y sigue od/nat/noctando.

Decía: pasa la ambulancia. Hay un en ella un cojo de cincuenta y tantos: prótesis de rodilla. También una coja de Kosovo. Coja Kosovar: qué maravilla. El Cangrejo Oxímorón y la Coja Kosovar se van a casar con un fisioterapeuta de sacristán.

El cojo aborda la ambulancia (es un exceso llamarla ambulancia: un coche cualquiera lleno de signos que vagamente insinúan una condición hospitalaria: esto viaja lleno de enfermos: tenga cuidado).

Y sale la ambulancia, rauda y veloz. Aunque, ahora que lo veo de cerca… ¿por qué Y? Por qué no mejor: antes de salir de mi casa abordo la ambulancia, cojeo porque me voy a tener un accidente dentro de tres meses, dos horas antes (o el día de ayer, da igual), la ambulancia llega a la clínica que está junto al canal diagonal.

¿Así o más complicado?

Besos para ti, escritor. Quién fuera lector. O cojo. Hasta mañana

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Una respuesta a “oda al cojo ~= auto.oda

  1. olga cecilia 30 marzo, 2010 en 17:02

    bueno saber de ti. allá y ahora. abrazo. sonrisa.

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