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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

James Thierrée

Gracias a Vania por invitarnos al Théatre de la Ville el 24 de diciembre. Vimos el espectáculo RAOUL de James Thierrée, un artista plástico cuya materia empieza en su propio cuerpo, prosigue con el espacio y se detiene (provisionalmente, pues JT pertenece a esa categoría de artistas que nada detiene) en los elementos estructurales del teatro: música ambiental, público, telón, proscenio, aplausos, agradecimiento.

Thierrée revisita los movimientos más modestos del cuerpo: una pierna cruzada, el vaivén de una mecedora o el vuelo de una mano hacia la barbilla para pintar la lucha cotidiana del hombre consigo mismo. Así empieza todo: un hombre en su casa intentando leer. A lo largo de 80 minutos Thierrée construye un poema dramático espacial habitado por un bestiario arquitectónico: varillas, velas de barco, animales de fortuna, cabezas de caballo de Troya con los elementos estructurales expuestos. Thierrée, poeta del cuerpo y del columpio, reta las tres dimensiones del espacio torciendo la cuarta: la de los símbolos.

En mitad de la puesta en escena, el artista (payaso, trapecista, bailarín, Chaplin) corre por el escenario con un espejo circular enorme, flexible, apuntándolo hacia el público. Nuestro reflejo colectivo de espectadores de teatro deslumbrados recorre la circunferencia del espejo en manos del artista, quien de pronto prestidigita su desaparición del otro lado del espejo para reaparecer entre nosotros, entre el público.

Los elementos estructurales del teatro son violentados en sentido contrario, es decir sentido del humor. Thierrée enciende las luces del teatro en mitad de la puesta en escena, la música se extingue y el actor se queda al centro del proscenio, preguntándose qué hace ahí toda esa gente. O se columpia del telón, o finta a los espectadores al final de la obra con un discurso de agradecimiento que nunca llega.

Arte puro y a la vez mestizo: su cinta canela poética se adhiere por igual a la danza, al clown, al mimo, al teatro, al Tarzán equilibrista. Su narrativa se construye entre los gags de Chaplin, la suerte de circo y el pathos narrativo de la telenovela.

Que el 2010 se abra bajo los auspicio del artista total, del artista libre cuya compulsión poética infecta cada gesto y cada frase de su dicho. Que el año que entra creamos y creemos lo que haya que crear y creer sin temor ni complejo ni mojigatería: agarra tu texto, tu canción, tu pintura, tu chiste por los cuernos y dale. Felices fiestas, feliz año, feliz novela.

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