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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: diciembre 2009

James Thierrée

Gracias a Vania por invitarnos al Théatre de la Ville el 24 de diciembre. Vimos el espectáculo RAOUL de James Thierrée, un artista plástico cuya materia empieza en su propio cuerpo, prosigue con el espacio y se detiene (provisionalmente, pues JT pertenece a esa categoría de artistas que nada detiene) en los elementos estructurales del teatro: música ambiental, público, telón, proscenio, aplausos, agradecimiento.

Thierrée revisita los movimientos más modestos del cuerpo: una pierna cruzada, el vaivén de una mecedora o el vuelo de una mano hacia la barbilla para pintar la lucha cotidiana del hombre consigo mismo. Así empieza todo: un hombre en su casa intentando leer. A lo largo de 80 minutos Thierrée construye un poema dramático espacial habitado por un bestiario arquitectónico: varillas, velas de barco, animales de fortuna, cabezas de caballo de Troya con los elementos estructurales expuestos. Thierrée, poeta del cuerpo y del columpio, reta las tres dimensiones del espacio torciendo la cuarta: la de los símbolos.

En mitad de la puesta en escena, el artista (payaso, trapecista, bailarín, Chaplin) corre por el escenario con un espejo circular enorme, flexible, apuntándolo hacia el público. Nuestro reflejo colectivo de espectadores de teatro deslumbrados recorre la circunferencia del espejo en manos del artista, quien de pronto prestidigita su desaparición del otro lado del espejo para reaparecer entre nosotros, entre el público.

Los elementos estructurales del teatro son violentados en sentido contrario, es decir sentido del humor. Thierrée enciende las luces del teatro en mitad de la puesta en escena, la música se extingue y el actor se queda al centro del proscenio, preguntándose qué hace ahí toda esa gente. O se columpia del telón, o finta a los espectadores al final de la obra con un discurso de agradecimiento que nunca llega.

Arte puro y a la vez mestizo: su cinta canela poética se adhiere por igual a la danza, al clown, al mimo, al teatro, al Tarzán equilibrista. Su narrativa se construye entre los gags de Chaplin, la suerte de circo y el pathos narrativo de la telenovela.

Que el 2010 se abra bajo los auspicio del artista total, del artista libre cuya compulsión poética infecta cada gesto y cada frase de su dicho. Que el año que entra creamos y creemos lo que haya que crear y creer sin temor ni complejo ni mojigatería: agarra tu texto, tu canción, tu pintura, tu chiste por los cuernos y dale. Felices fiestas, feliz año, feliz novela.

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martes, passage.molière (3h17)

Convalecencia: estable. Mañana voy al doctor. A ver si ya me dan fecha de operación. En el inter, ejercito el menor movimiento posible: mi casa es mi cama.

Escritura: me dispongo a concluir la historia del señor de la R. Sinopsis: la historia de una familia de Atzolco. El papá, indocumentado en Estados Unidos. La mamá vende tamales en Izcalli Ecatepec. El hermano es secuestrador. La hermana es imaginaria. Los secuestrados viven en el sótano. El adolescente sueña con una actriz porno con la que se mastruba vía Internet. La actriz porno viene a México. La actriz porno es secuestrada en el Auditorio Nacional y confinada a un sótnao de Atzolco. El adolescente le enseña a hablar español. Ella inicia sexualmente al adolescente. Contra su familia, contra su país, contra su policía municipal, el adolescente se libera y la libera. /  Cuestiones: adquisición paralela de una lengua y un cuerpo. Aprender a hablar/ aprehender el deseo. Otras cuestiones: injusticia social, definiciones, construir una prosa injusta, que juzga sin piedad los valores burgueses de la clase media mexicana mientras pasa por alto el horror del secuestro. Ese es el plan para hoy. Habría que apurarse. Ya son las cuatro de la tarde.

Lectura: Descubro a Gonçalo M. Tavares, escritor angoleño-portugués publicado por Almadía. Jerusalén es una novela perturbadora, un Hombre sin atributos ni colesterol, una atribulada crónica de cuatro nombres propios: el verdugo, la víctima y una pareja de padre.madre por accidente, que en el acto de dar y quitar la vida balancean por casualidad los libros contables del horror y la injusticia. La trama se administra de dos en dos: el investigador y la esquizofrénica, el ex.soldado y la prostituta, la esquizofrénica y el cojo, el investigador y el director del manicomio. Los capítulos casi no tienen título: apenas la enumeración de los principales personajes que en él participan. / Tavares fija su texto sobre el nombre propio, Jerusalén no es una ciudad, sino una evocación tamaño aleph desde donde es posible contemplar en toda su amplitud el abanico del horror humano: del verdugo con horarios de oficina a la víctima en silla de ruedas. / No hay en Jerusalén una estructura cronológica, sino un hilo ensayístico por donde los personajes caminan como en una cuerda floja. La prosa es densa, sustanciosa, no hay en ella paja ni espuma. / Leo a Tavares en dos noches. Lo releo con Hanna en voz alta. Me encanta Tavares. He aquí un fragmento.

Llegaré a una conclusión sin precipitaciones, sin gritos, sin sentimentalismos inútiles. Llegaré hasta allí racionalmente, con ponderación, lógica, secuencia. Nada será creativo, espontáneo o improvisado. Soy médico, tengo instrumentos, he aprendido a pensar de un modo determinado, tengo un plan, ya te lo he dicho: primero, recoger toda la documentación posible a fin de elaborar la gráfica de la distribución del horror a lo largo de los siglos. No sé qué resultados encontraré, pero hay algo que me hace prever una regularidad repartida en curvas que se repiten como un electrocardiograma humano, eso es, como en el recorrido que hace el corazón de una persona normal. Es esa distribución de curvas lo que espero encontrar, la regularidad del corazón de la Historia, como si fuese la otra cara de la regularidad del corazón de un hombre, ambas gráficas con sus picos, con sus caídas, pero por encima de todo con sus repeticiones, con sus previsibilidades, con su normalidad. La historia del horror es la sustancia determinante de la Historia, y toda la Historia posee una normalidad, nada existe sin normalidad. Y del mismo modo que las hojas cuadriculadas de un electrocardiograma permiten ver la  salud o la enfermedad de un hombre, yo veré en la gráfica resultante de mis estudios la salud y la enfermedad, no de un solo hombre, no de un solo individuo, sino de los hombres en su conjunto; del colectivo, de la totalidad del más relevante y abyecto comportamiento humano. Con esa gráfica comprenderé al fin lo que tantos han intentado comprender, ni más ni menos que esto: si la Historia está enferma o sana, si la Historia avanza en el buen o mal sentido, si hay un progreso en el estado clínico, déjame que hable así, si hay o no mejoría en el estado clínico de la Historia o si, por el contrario, el estado del mundo empeora, se degrada, desarrolla infecciones, debilidades. […] Sin embargo albergo un temor, un temor más grande aún que el de comprender que el estado clínico de la Historia empeora día tras día o siglo tras siglo, un temor más grande aún que el de llegar a resultados que demuestren que la intensidad de la relación horror/tiempo no ha hecho más que aumentar. Si la gran esperanza es que el horror, al fin y al cabo, haya disminuido en una progresión gradual y objetiva, de tal modo que se pueda, por ejemplo, prever que en el año 6000 habrá terminado del todo, que desaparecerá de la Historia, si ésa es la gran esperanza, el gran temor no es entonces el del final de esa Historia (como la línea súbitamente horizontal del electrocardiograma del hombre que acaba de morir), sino que la gráfica revele una estabilidad, una estabilidad aterradora, una constancia del horror en el tiempo, un mantenimiento de la normalidad del horror que acabe definitivamente con toda esperanza. La curva visible en los tres primeros siglos después de Cristo repitiéndose cada tres siglos. Es esta repetición de las curvas, es este tedio lo que más temor me genera. Si el horror disminuye se deduce que seremos más felices dentro de cien generaciones, mientras que si el horror va en aumento esta Historia acabará, pues el horror final no dejará nada tras de sí. Y después sí, podrá surgir ora Historia mejor, más ética. Ambas hipótesis nos infunden optimismo. Pero si el horror es constante, entonces sí que no habrá esperanza. Ninguna. Todo seguirá igual.

domingo, passage.molière (17h52)

Usted se dispone a retomar el texto que escribía en ocubre pasado. Un texto escrito por encargo que se salió de las manos. Ya lleva usted tres semanas de inmovilidad debida a una lesión de rodilla y tobillo: no ha tocado usted la pluma en todo ese tiempo, lo cual es una paradoja pues usted se queja constantemente de no tener tiempo para escribir.

El encomendador del texto le ha llamado a usted el día de ayer. Usted se ha comprometido a tener el texto listo para el próximo martes, es decir dentro de 48 horas. Usted considera, por un lado, que el texto aún no está listo: se impone el bomberazo, el maquinazo, la fuerza de la voluntad sobre el trabajo razonado.

Abrirá usted el texto en dos vertientes: una para el encomendador, que cumpla con el contrato: un texto para estudiantes de español en un nivel de lengua elemental. La otra vertiente, la más egoísta, llevará ese texto hasta sus últimas consecuencias: una historia perversa contada como cuento para niños. Pretende usted publicar esta historia en el curso del 2010. En el fondo a usted le sobra tiempo para escribir, pero hay cosas que lo distraen: la bebida, la vida social, la Champions League, las series policiacas por televisión. En el fondo usted sería feliz manipulando al infinito el control de la televisión. ¿Por qué se obliga entonces a escribir? Notoriedad, eso es lo que usted busca. Hoy por ejemplo, leyó usted que un escritor joven, mexicano, acaba de obtener un premio, y de inmediato usted se pone verde de la envidia y, ahora sí, moviliza sus fuerzas creativas. Lo que lo levanta del sillón futbolero no es la creación: es el ego.

Levántese, pues. Clone el texto: llámelo El Señor de la R (versión para estudiantes japoneses) por un lado, por el otro Ejercicios de español para actriz porno (versión para adquirir notoriedad). El primero se estructurará en capítulos, entre cuyos goznes habrá ejercicios para el estudiante, ejercicios de comprensión, de aptitudes léxicas, de ejercitamiento semántico. En la otra versión sustituirá los goznes por juegos del lenguaje acaso inspirados en el OULIPO: ejercicios de racismo, clasismo, exclusión (vertiente criolla hispanoamericana), ejercicios de sadismo sintáctico y semántico (hambre, desempleo, desigualdad): ejercicios todos ellos orgullosamente mexicanos.

Apréstese entonces a la pluma, y deje de sobre.exponerse a la luz verbal del blog.

re.entrada en materia

Llevo más de tres semanas inmóvil. La inmovilidad es un estado y un proceso y un evento. Inmovilidad ambulante, que fue y vino de México enyesada, la pata estirada, imposibilitada para flexionar la rodilla.

Este párrafo intenta transformar la inmovilidad inútil en inmovilidad creativa. No lo logra.

Hace algunos meses estaba escribiendo sobre actrices porno. Un texto que me encargó el amigo a.noriega para una colección de libros de texto de español para extranjeros. La idea era escribir la historia más perversa en la lengua más inocente. Salió una historia de secuestros ubicada en el Estado de México: el secuestro de una actriz porno americana durante una gira.

Desde hace algunos años intento escribir una historia narrada por una máquina. La máquina se llama balSac. La historia es lo de menos (la frase precedente es una mentira), intento construir una voz que provenga de manera veorsímil de un sistema en construcción: sistema sintáctico, referencial y narrativo (la frase precedente es innecesariamente pretenciosa: así es la lengua: la pretensión disimula el vacío).

Por azares geométricos (por yuxtaposición), ambas historias se influenciaron. Los ejercicios de español para actriz porno salieron con la voz del primer capítulo del balSac: una voz que usa y abusa de las definiciones. Me encantan las definiciones. Son candorosas, inocentes, simétricas.

Afuera está nevando (esta frase contiene parcialmente realidad).

definición: Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial.

Por eso precisamente me gustan las definiciones: por pretenciosas y contradictorias. La definición de la definición se contradice. ¿Claridad? ¿Exactitud? Analícese por ejemplo el sintagma final: “algo material o inmaterial”. La definición podría bien terminar en “algo”. Punto. Proposición que expone con etcétera los caracteres etcétera de algo. Punto. Pero como la definición necesita ser clara, precisa y determinada, pues “algo” no basta. “Algo” es demasiado vago. “Algo material o inmaterial” es igualmente vago, pero la racionalidad del adjetivo “material”, la simetría de la disyunción, la perfección binaria del prefijo in- crean la sensación de exactitud objetiva: discurso cientificista constructor de verdad verbal.

La verdad verbal es imposible porque el lenguaje no puede dejar de mentir. La palabra “lápiz” no es un lápiz: la palabra “lápiz” miente su significado: significar es mentir: sin lenguaje no hay mentira: mentir y hablar son sinónimos: la primera palabra y la primera mentira fueron simultáneas: los mudos no mienten.

Eso pasa cuando dejas de escribir dos meses. Te pones filo.superficialófico. Afuera nieva.

Voy a intentar escribir a pesar de la nieve. Voy a intentar retomar los Ejercicios de español para actriz porno a pesar de que tengo sueño y hambre y una conexión a internet que me permite evadirme infinitamente en una infinidad de verdades verbales o visuales, animadas o inanimadas, materiales o inmateriales. Retomar un texto es tremendamente difícil. Retomar cualquier cosa es tremendamente difícil. Retomar es tan tremendamente difícil que no se debería abandonar nunca nada.

Buenas noches.

oda enyesada al rugby (parte 2)

Una oda enyesada es una composición poética del género lírico envuelta por una capa de sulfato de calcio hidratado, blanco por lo común, tenaz y blando. Para poner en práctica (es decir, en texto) una oda enyesada, es necesario que el bardo se encuentre quieto pero no de cualquier quietud, sino quieto de quietud dócil, paciente, administrada por vía oral tres veces al día: quieto de convalecencia.

Cuenta la leyenda que el rugby nace un día cualquiera del siglo XIX, durante un partido de futbol, cuando el joven William Webb Ellis se insubordina contra las reglas, toma el balón con las manos y se echa a correr como ratero consumando así la separación. Las causales son varias: primero geométricas (ovoide contra esfera), luego físicas (fuerza contra habilidad), al final éticas (honestidad contra marrullería). Ésta última enorgullece por igual a jugadores y aficionados al rugby, que ante el chiquero moral del futbol se jactan de practicar un deporte de damas y caballeros, donde no se engaña, donde nadie cuestiona el juicio de los árbitros y donde el respeto al contrario tiene consecuencias concretas: al final del partido ambos bandos departen cordialmente la cerveza tibia y la comida. A esto se le llama “el tercer tiempo”.

En mi natal Ecatepec yo jugaba futbol llanero. Era defensa central. Jugaba todos los domingos. Dejé el futbol por la literatura: el primer taller literario al que asistí ocurría en domingo, día de guardar para la iglesia futbolera. Hubo que elegir y preferí la literatura. Futbol y literatura son actividades igualmente marrulleras: el novelista necesita engañar, simular, mentir tanto como el futbolista. El lector es un árbitro al fin.

Creo que esto no es una oda. Más bien es una elegía: composición poética del género lírico donde se lamenta un acontecimiento digno de ser llorado: sulfato de calcio hidratado con lágrimas deportivas. Elegía enyesada, pues. ¿Qué se llora? Un tránsito fallido. El futbo.novelista con la cabeza hundida en rugby buscando elevación moral y muscular. El amante metido en rugby buscando dilatar unos cuantos milímetros el diámetro de las pupilas de su mujer. El hombre metido en rugby buscando a otros hombres con quienes ejercer violencia entre caballeros. Y el borracho bañado de sudor y cerveza imaginaria, esperando ansio.gozosamente el tercer tiempo. Y en el parpadeo de una tacleada los ligamentos se rompen y hay que operar. Eso se llora.

continuará…

oda enyesada al rugby (parte 1)

Empecé a jugar rugby hace tres o cuatro meses. Ni siquiera conocía las reglas. Los pocos partidos que había visto por televisión me habían aburrido tediosamente. Aburrirse tediosamente es redundante, como redundantes me parecían esas montañas de héroes de calendario nadando sobre otros héroes a la caza de un balón invisible enterrado bajo un mar de músculos.

Hasta una tarde en que mi jefe del trabajo envió un correo colectivo cuyo objeto rezaba: ¿AMA USTED EL LODO? El correo contenía una invitación para formar parte de un equipo de rugby: los Old coyotes, que juegan en una liga de jugadores veteranos donde el espíritu de competición es secundario: lo que cuenta es el placer del juego. En mi mente el rugby apareció inofensivo como un partido de badmington entre jubilados.

Acepté por dos razones. La primera: congraciarme con mi jefe del trabajo. La segunda: despertar la admiración de mi mujer. Aquí es necesario abrir un paréntesis para mostrar el calendario que el seleccionado nacional publica año con año; en él, los mejores jugadores de rugby del país aparecen semidesnudos en posiciones altamente eróticas. Alguna vez estuve en una fiesta de cumpleaños donde un amigo homosexual recibió ese calendario envuelto para regalo. El calendario fue estudiado milimétricamente por los asistentes. Las pupilas de mi mujer se dilataron con un diámetro inusitado. En mi imaginación, tres meses de entrenamientos de rugby transformarían mi raquítico esqueleto en un arrecife de virilidad: un banco de fibra muscular donde las pupilas de mi mujer encallarían diametralmente. Me estoy poniendo lírico. Debe ser el yeso.

continuará…