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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: octubre 2009

Prosa Automática (por Juan Villoro)

Aparecido en el periódico Reforma, 16/oct/2009

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ejercicios de español para actriz porno (3)

14. La familia de Romero es muy humilde. Romero necesita dinero para salir con sus amigos o para divertirse. ¿Cómo se las arregla nuestro personaje para conseguir dinero?
Romero bordea la barranca de regreso a Atzolco. Es de noche. Romero entra en la casa. Raquelito y Rana ven la telenovela de las nueve. En la televisión, una mujer de ojos verdes le pregunta a un hombre de ojos azules:
Ramiro… ¿me amas?
Raquelito teje mientras ve la telenovela. Tejer es transformar una bola de estambre en ropa. Para tejer, se necesitan dos agujas largas y una bola de estambre. El estambre es un hilo grueso e infinito. Raquelito no necesita ojos para tejer. Con los ojos pendientes de la telenovela, las manos de Raquelito transforman el estambre en una bufanda, un calcetín o una chambrita para bebé.
–Mamá… necesito quinientos pesos (Ramiro… ¿me amas?)
–¡Tanto dinero! ¿Para qué lo quieres? (No lo sé Rita Rosa… necesito tiempo)
–Me pidieron en la escuela unos libros de historia (Tienes que decidir Ramiro… o ella o yo)
–¿Qué libros? (Sabes que eres el amor de mi vida.)
–Uno sobre la independencia y otro sobre la revolución (Tú no eres un hombre sincero)
–Apúntame los nombres en un papel. Mañana tengo quehacer en casa de los Rentería. El señor Rentería tiene una biblioteca muy grande. A lo mejor tiene los libros que necesitas.
El quehacer es el afán de la casa. Lavar trastes, lavar ropa, trapear el piso, sacar la basura, sacudir el polvo, lavar la estufa: todo eso es el quehacer. A las familias acomodadas no les gusta hacer el quehacer. Las familias acomodadas contratan mujeres humildes para hacer el quehacer. A estas mujeres se les llama sirvientas. En México hay millones de sirvientas. Entre las familias acomodadas, la palabra sirvienta es un insulto.
El tejido no es quehacer. Tejer es un gran placer. Las agujas del tejido hacen un mismo ruido: teje que te teje. Ramiro… ¿me amas? Teje que te teje. No lo sé Rigoberta… necesito tiempo. Teje que te teje. Tú no eres un hombre sincero. Teje que te teje. Las telenovelas son la pasión de Raquelito. Teje que te teje. Las telenovelas la curan del mundo. Teje que te teje. ¿Y Raymundo? Teje que te teje.
–¿Y Raymundo?
–Todavía no regresa.
Rana ve la telenovela sentada junto a Raquelito. A Rana le gusta mucho la telenovela de Rita Rosa. De grande, Rana quiere tener los ojos azules y el pelo rubio como Rita Rosa. De grande, Rana quiere ser actriz de telenovelas.
De manera discreta, Romeo mete la mano en la bolsa del tejido de Raquelito y se roba una bola de estambre.
–Acompáñame al sótano.
–Espérate…. estoy viendo la telenovela.
–Ándale, acompáñame…
–¡Quítate… que se están besando!
Ramiro y Rita Rosa se besan por televisión de manera apasionada. Rana y Romero salen al patio. Una luna mediana ilumina la enredadera. Romero le da a Rana una punta del estambre.
–Si escuchas a Raymundo, jalas del hilo…
–Raymundo te va a matar si bajas sin su permiso.
–Cualquier ruido raro, tú jalas del hilo.
Romero abre la puerta secreta con la bola de estambre entre las manos. Una línea de hilo baja por las escaleras. Romero se pone la máscara de Blue Demon. La celda del secuestrado está a oscuras. Romero enciende la luz.
–Buenas noches.
El viejo no contesta. El viejo escucha la radio con atención.
–Perdieron las Chivas… 2-0… dos goles de Ramírez… ¡qué genial ese Ramírez! Hay que convocarlo a la selección… ¿me regalas un vaso de agua?
–Aquí tiene.
El viejo bebe con avidez. Romero mantiene la bola de estambre pegada a su estómago. El viejo observa la bola. Sus ojos siguen el estambre que sale de la habitación.
–¿Qué es eso?
–Una alarma de estambre.
–Tu hermano te prohibe bajar al sótano sin su permiso.
–Sí.
–Pero tú necesitas algo de mí. Con ese hilo alguien allá afuera te va a avisar si llega.
–Sí.
–Dime, ¿en qué te puedo ayudar?
Romero mete la mano al bolsillo de su pantalón. La hoja de impresora rosa pasa a través de las rejas. El paralítico la acerca a sus ojos.
–No veo nada con esta luz… ¿de qué se trata?
–Quiero ir a Erópolis.
–¡¿Erópolis?! ¿A tu edad? ¡Eres un cabroncito!
–Necesito entrar a Erópolis.
–Pero Erópolis es para mayores de 18 años.
–Dieciséis.
–¿Ya bajaron el límite de edad? ¡Qué cabrones! Ya no hay moral.
–Ayúdeme a entrar a Erópolis.
–¿Y cómo quieres que te ayude?
–Usted es el dueño del Auditorio Nacional.
–No soy el dueño. Soy el accionista mayoritario, que no es lo mismo. Además, ¿cómo te puedo ayudar aquí encerrado? Si me consigues un teléfono para hacer una llamada, quizás…
–Piense en algo. Si usted me ayuda yo lo ayudo.
Rana jala el hilo desde arriba. Romero cierra la puerta y sale de la celda sin despedirse del viejo. Romero sube las escaleras con gran apuro. El apuro es prisa, problema y urgencia, todo a la vez.
–La máscara… quítate la máscara –Romero se deshace de Blue Demon y lo guarda en la bosla trasera de su pantalón. Romero y Rana esperan a Raymundo en la cocina. Rana y Romero fingen que juegan con la bola de estambre.
Raymundo llega a la casa acompañado de don Tripa. Raymundo sube al segundo piso, besa a su madre, deja sobre la mesa de centro un billete de 1000 pesos. Raquelito no despega los ojos de la telenovela.
–Estás borracho.
Raymundo entra a su cuarto. Raymundo sale con un botiquín de primeros auxilios bajo el brazo. El botiquín es una maleta con material médico necesario en caso de emergencia: gasas, vendas, analgésicos, termómetro, agua oxigenada. El botiquín de Raymundo también contiene unas tijeras de pollero. Los polleros son hombres especializados en destazar pollo. Destazar significa hacer piezas o pedazos.
Don Tripa espera a Raymundo en la mesa de la cocina. Don Tripa pasa sus dedos gordos por el cabello de Rana. Don Tripa sienta a la niña sobre sus rodillas. Rana no está a gusto. Don Tripa huele a borracho. Rana se quiere ir. Don Tripa la acaricia.
–Qué bonita niña.
Los pasos de Raymundo bajan las escaleras.
–Vamos.
–Trae a tu hermanito. Ya está grande. Así se hace hombre.
Raymundo observa a Romero. Romero observa a Raymundo. Rana se lleva las manos a la boca. México es un país cruel.
–Acompáñame.
–No puedo. Tengo que hacer tarea para la clase de Historia.
–No nos vamos a tardar. Después te pones a hacer la tarea.
Los tres hombres cruzan el patio y se pierden por la puerta secreta. Romero se pone otra vez la máscara de Blue Demon. La máscara de Tinieblas le queda chica a don Tripa. Su cabeza enmascarada parece una burbuja a punto de estallar.
El Santo abre la puerta y enciende la luz de la celda. Tinieblas desinfecta los instrumentos del botiquín. Blue Demon se come las uñas.
–¿Me van a mutilar de nuevo? –pregunta el paralítico.
–No mucho. Nada más un dedo.
–Nosotros lo hacemos por su propio bien. ¿Qué prefiere: un dedo o la vida? No es nuestra culpa. Tiene usted una familia muy tacaña. No quieren pagar. Prefieren llamar a la policía.

exordio a un estudio del espacio en Amado Nervo

Prólogo, dos puntos: dos siameses en la frontera o la frontera entre dos siameses. Ambos, fronteras y siameses, son secretamente privilegiados porque sintetizan y concentran dos cuerpos, dos lugares, dos instancias en una sola. Ambos encarnan la experiencia del otro siendo exactamente quienes son, a la vez locales y extranjeros. Semejante al siamés o a la frontera, el prólogo contiene una sustancia doble: la realidad fáctica del mundo por un lado (Está usted sentado en el metro o en el sofá de su casa, tiene usted una compilación de novelas cortas de Amado Nervo entre las manos) y la realidad lingüística de la ficción por el otro (Este era un payaso que tenía una hija). Aquellos lectores aquejados por la realidad leerán con atención el prólogo y disfrutarán de las sesudeces que el prologuista teje con la finalidad de atrapar, asir, pescar el relato entre las redes de lo real. Los enfermos de ficción, en cambio, lo pasarán por alto y prisa para adentrarse de lleno en la irrealidad del relato. Prólogo o no, ambos se encontrarán en el punto inicial de la lectura: frontera donde la realidad circundante se disuelve. Cerrados a la realidad, abiertos a la ficción, los ojos se concentran en una línea, la línea infinita de la literatura, línea de dos sentidos: lectura y escritura, narración e interpretación, creación y creencia: crear y creer son verbos fronterizos, por eso sus primeras personas se confunde en un siamés: yo creo.

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“Los prólogos no me gustan ni para remedio”, confiesa Amado Nervo en el prólogo a la novela Pascual Aguilera (Costumbres Regionales). Miente. Al menos cuatro novelas suyas van precedidas por un prólogo. Los prólogos de Nervo son breves. Acaso intuye que, al cruzar la frontera entre ficción y realidad, el lector se encuentra en un momento vulnerable, propicio para sembrarle una duda, clavarle un acicate argumental o tutearlo sin ningún recato.

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Metaprólogo, dos puntos: prólogo del prólogo. Este es el prólogo para una compilación  de  narrativa de Amado Nervo. Su título debiera ser

Exordio a un estudio del espacio en Amado Nervo

Su finalidad: analizar, con la ayuda de una computadora, las expresiones espaciales en las novelas de Nervo. Objetivos colaterales: probar la resistencia de sus materiales literarios: estimar el deterioro que el tiempo ha causado en sus estructuras. Pseudo-metodología: entregarlas a un lector cobaya, narrador incipiente, nacido aproximadamente cien años después de Nervo, cuyos hábitos de lectura horizontal (lectura de papel) han sido deformados por las impaciencias propias de la lectura vertical (lectura de cristal), también llamada navegación compulsiva por Internet. Primera observación: los prejuicios críticos del lector cobaya aniquilan cualquier impulso por levantar siquiera el ejemplar de novelas del anaquel donde se marchita desde hace meses: no hay mejor censura que el consenso: la cuarentena crítica es un coro de voces autorizadas que, de Los Contemporáneos hasta José Joaquín Blanco (“todo lo que Nervo toca se vuelve lugar común”), cruza de orilla a orilla el siglo XX repitiendo el mismo lema con tenacidad primaria: Nervo es el Rey Midas de la cursilería.

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Pausa publicitaria, dos puntos: gracias a los mecanismos de la Literatura Huiqui (véase www.literaturawiki.org) es posible reformular, reescribir, corregir al gusto del cliente la frase de José Joaquín Blanco, que rebautizada bajo el título Midas_de_la_cursilería.jjblanco.harmodio.wiki, daría

No todo lo que Nervo toca se vuelve lugar.

Sin sentido aparente, esta nueva versión tiene el beneficio de la duda: ¿qué significa volverse lugar? ¿Qué frases, qué medios de expresión, qué giros lingüísticos, qué parte de la prosa de Nervo opera el acto y efecto de volverse lugar? Fin del metaprólogo. Lugar al prólogo.

[…seguir leyendo]