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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: julio 2009

este blog está de vacaciones: deja este parrafito para que lo roan

“A la soledad la necesitamos todos sin remedio (…) Sí, todo aquello que vamos logrando ser –en la vida y en la obra de creación — se lo arrancamos, muy penosamente, a la soledad. La soledad no nos da nada (y no por avarienta, sino porque ella misma no dispone de nada ni es nadie); la soledad está ahí, sin más, quieta, fija, fidelísima, sordomuda, permitiéndonos ser nosotros”

De En torno a la soledad, Ramón Gaya, Pre-textos (1992)

la pasión de jackson según beigbeder

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(Tomado de la revista Voici)

“La muerte de Michael Jackson me ha afectado anormalmente”

Nuestra emoción es más intensa de lo que esperábamos. Les voy a explicar por qué están ustedes tan tristes: porque son ustedes culpables de inasistencia a persona expuesta a un peligro irreversible para su integridad física. Todos somos cómplices de este asesinato colectivo. Como Jean-Baptiste Grenouille en la parte final de El Perfume de Süskind, Michael Jackson ha sido devorado por nosotros: la turba de sus admiradores.

Lo mismo cuando Britney Spears canta “¿Acaso quieres un pedazo de mí?”. Sobre las cajetillas de cigarros dice “FUMAR MATA”. He aquí lo que habría que inscribir en las portadas de los discos de Jackson: “¡CANTAR MATA!”. Porque desde que tenía 5 años este hombre no conoció un solo segundo de normalidad. Mentalmente deschavetado, sexualmente desordenado, físicamente desfigurado: todo eso para entretenernos. Sí: a nosotros: su vida era nuestro espectáculo.

Michael Jackson fue la primera star post-humana: el niño Dios en traje de Peter Pan sacrificado mesiánicamente. Usted y yo fuimos testigos de su calvario sin parpadear. Llevábamos 15 años pitorreándonos de él: ahora lo lloramos con lágrimas de cocodrilo: nuestra vergüenza nos emociona.

Jackson intentó avisarnos. “Déjenme en paz (Leave me alone)”, “Sangre sobre la pista (Blood on the dance flor)”, “¿Alguien ha visto mi infancia? Busco el mundo de donde provengo” (tema del soundtrack de Liberen a Willy compuesto por Jackson en 1994: los sollozos no lo dejan terminar de cantar). Sus últimos tres discos son llamadas de auxilio. En 1997 evoca explícitamente su adicción a los analgésicos en la canción Morfina: doce años antes de la sobredosis.

La fama, ahora lo sabemos, es la destrucción de un individuo a manos del amor. Nuestra única circunstancia atenuante en esta masacre del más grande cantautor popular del siglo XX (organizada, planificada y multi.difundida por mundo.visión) es que se trata de un crimen pasional.

harina y anulacionismo

¿Por qué limitarse sólo a anular el voto? Este acto fundacional puede muy bien propagarse a otros ámbitos de la vida civil, siempre y cuando se mantenga su principio activo, que consiste en blanquear algo que anteriormente gozaba de color (cromático o político) con la finalidad de manifestar su caracter indistinguible, su falta de transparencia. Quiero pensar que quienes decidieron anular su voto en la pasada elección (un millón setecientas mil personas) querían dejar en claro que los políticos se han vuelto indistinguibles y sus normas éticas comunes incluyen la deshonestidad, el ocultamiento, el compadrazgo y la indiferencia hacia el bien común (si es que tal cosa existe aún en la sociedad postcolonial mexicana, postcolonial siendo un adjetivo que encobija a otros peores: por ejemplo clasista o racista o ventajista o arribista).

Luego entonces, propongo aquí un modesto catálogo de objetos apropiados para asociarse al verbo ANULAR:

  • Anular un mítin: asistir vestidos de blanco y corear la onomatopeya “SHHHH”.
  • Anular la propaganda política: pintar de blanco la cara del candidato. Blanquear su apellido sobre la barda. Alterar los videos en Youtube borrando el rostro del candidato e introduciendo sonidos que anulen la pista sonora (aquel clásico pitido con que antes se ocultaban por televisión las palabrotas).
  • Anular (de manera real o simbólica) la declaración de hacienda (declararé impuestos cuando ustedes declaren lo que se gastan en autopromoción, en bebidas, en restaurantes, en congales).
  • Anlular el acto de nacimiento de los políticos que no respeten los principios básicos anulacionistas (transparencia, honestidad, claridad, respeto por el bien común, buen gobierno) rayando con corrector blanco el nombre, el lugar y la fecha en el acta de nacimiento del político en cuestión.
  • Anular los actos públicos por medio de un cordón sanitario (acordonar la agenda presidencial con cinta canela blanca para impedir la propagación de la hipocresía).
  • Anular el grito de independencia: reunirse en el zócalo callándose la voz y el voto: abstenerse de gritar o corear la onomatopeya ¡SHHHHH!
  • Anular la credencial de elector.
  • Anular a la selección nacional (creo que ya Honduras, Guatemala y El Salvador se están encargando de ello).
  • Anular los medios de transporte de los políticos (derramar pintura blanca sobre sus coches, sus carreteras, sus pistas de aterrizaje).
  • Anular la vivienda de los políticos (derramar pintura blanca sobre sus casas)
  • Anular la vestimenta de los políticos (enharinarlos en actos públicos: enharinarles el traje Hugo Boss).
  • Anular a funcionarios corruptos (enharinarlos, mancharlos de blanco).
  • Anular instituciones disfuncionales (acordonar la zona con cinta canela blanca, blanquear logotipos, enharinar disfuncionarios públicos).
  • Anular el diario oficial: reescribir leyes absurdas, huiquificar la ley.

peñanieto_anulado

ensayo de lingüística general

Caminaba por la calle Montorgueil hoy por la mañana bajo un clima seco en donde no nevaba ni llovía ni hacía frío, acaso una embarrada de nubes indecisas sobre un cielo delimitado por los bordes de las azoteas. En una esquina había un puesto de libros usados, es decir manidos, demasiado vistos, y si no demasiado leídos (ningún libro puede ser demasiado leído) al menos demasiado llevados y traídos, amarilleados por el tiempo, las pastas blandas y arrugadas como consecuencia de la multitud de manos que los han manipulado, sea para leerlos, sea para ojearlos o llevarlos o traerlos. No había gran cosa, ¿gran cosa?, ¿qué es gran cosa?, no sé, clásicos, autores clavados en el imaginario colectivo, o autores de culto, nombres con vocación de herpes secreto y transmisión de boca en boca: eso sería gran cosa. Caí pues en Jakobson, o para ser más preciso mis ojos dieron con Jakobson, o inversamente su nombre dio con mis ojos y tras mis ojos estaba la conciencia, el saber, la red cirquera de neuronas que sostienen su nombre, lo poco que sé de él, los lugares donde lo he aprendido, el diámetro de la calvicie de los profesores que me lo han enseñado, el escote de una lingüísta iraní en un salón de clases que ya no recuerdo. Sobre el ejemplar, un pegote o una estampa o una calcomanía o una calcamonía, es decir un objeto de reciente creación, un objeto que aún no ha alcanzado su nombre por tratarse de algo nuevo y por tanto todavía resistente cualquier síntesis vocal que sea capaz de concentrar el significado de un pedazo de papel que se pega. El pegote decía Circulalibros siendo la traducción mía porque la palabra francesa no cabe en mi lengua: Circul’livres, mi lengua es reacia a los apóstrofes, desde mi lengua las palabras se preguntan qué son esas comas aéreas que se elevan del ras de texto para ir a puntuar sabrá dios qué celestiales fenómenos allá arriba. Recuérdese que estamos en la calle Montorgueil, en una mañana tardía, seca, vagamente nublada sobre un puesto de libros. Como es la costumbre, quien preguntamos por el precio del libro de Jakobson, pero el tenedor del puesto no da color ni cifra porque los libros ahí son gratis, sin embargo gratis no es la palabra porque todo lo que es gratis presupone un precio y el ejemplar de Jakobson no lo tiene; el ejemplar de Jakobson tiene un pegote que anula en él toda aspiración a la propiedad privada afirmando a voz en cuello: no soy de nadie, o mejor aún soy de todos, como las piedras o las hojas del árbol del parque. Con menos retórica, con más calmita, la tenedora del puesto me explica que quienquiera que pase se puede llevar cualquier libro. Ellos están ahí el segundo sábado de cada mes para que los lectores regresen los libros que ya leyeron y se lleven libros nuevos sin inscripción ni pago ni foto ni estado de por medio. Tomo a Jakobson con una mano y con la otra le sonrío al tenedor del puesto con la gratitud de una palabra recién nacida o de una fruta que pasa del árbol a la boca con la gracia de una metáfora dulce o de una enfermedad gozosa.

El pasado como futuro

Por Eduardo R. Huchim,
Tomado ilegal pero graciosamente del periódico Reforma, 7/jul/09

La contundente victoria electoral del PRI se basó, en lo propagandístico, en una idea muy bien aprovechada por la dirigencia encabezada por Beatriz Paredes y que se sintetiza en la frase “nosotros sí sabemos gobernar”. Frente a la belicosidad del PAN de Germán Martínez, el PRI supo mantener la ecuanimidad y en las urnas demostró que no siempre la propaganda negra genera buenos resultados. En lo operativo, es clara la influencia determinante que ejercieron los gobernadores priistas y no tanto por su desempeño público cuanto por su activismo comicial, que frecuentemente viola la ley y cuyas irregularidades raras veces son detectadas y sancionadas.

El fortalecimiento del PRI y su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, merced a su alianza con el Partido Verde, constituyen una pésima noticia para Felipe Calderón, quien comenzó frágil su Presidencia y así continúa, a pesar de su elevada aceptación en las encuestas y a pesar de su intento de vigorizarse por la vía del cruento y erróneo combate al narcotráfico.

La victoria legislativa del PRI, unida a sus continuos triunfos en los estados (incluidos los del domingo 5), lo sitúa tempranamente a la cabeza de la carrera presidencial de 2012. Los resultados de las urnas parecen indicar muy claramente que se privilegió la estabilidad política y económica que el PRI se ufana de haber concretado durante su hegemonía. Ese discurso ha sido eficaz frente a un gobierno federal errático, con amplias zonas de ineptitud y sin voluntad para combatir a la corrupción, herencia maligna del PRI, aunque las memorias flacas lo olviden, como olvidan las crisis económicas habidas en los cinco últimos gobiernos priistas. Ahí, en las memorias flacas, tiene el PRI a uno de sus grandes aliados para retornar a Los Pinos.

Otra importante e involuntaria aliada del PRI es la izquierda mexicana, que rinde culto a su inveterada devoción por el divisionismo. El pasmo primero y la mezquindad después dieron reversa al impresionante avance del PRD en 2006. Las ríspidas disputas por parcelas de poder, influencia y privilegios condujeron a los perredistas -incapaces de unirse en lo esencial y deponer lo secundario- a transferirle millones de votos al PRI. Incluso en el Distrito Federal el perredismo tuvo pérdidas y habrá que ver si está consciente de que el electorado capitalino no le escrituró el poder para siempre.

Ahora bien, la vuelta del PRI al Ejecutivo en 2012 es, desde el mirador de 2009, una perspectiva ominosa. Salvo que se produzcan transformaciones partidarias que no han ocurrido en casi 10 años (a partir de que perdió el poder), el PRI seguirá siendo el mismo partido que fue repudiado por los electores de 2000 y 2006. No ha cambiado sustantivamente, por más que en él militen cuadros de rectitud y compromiso indiscutibles. En la coyuntura actual hay dos hechos que aumentan la perspectiva ominosa: la propaganda abusiva y violatoria de la Constitución por parte del gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, y la alianza priista con el Partido Verde. En ambos casos, el poder de la televisión está presente.

Hay quienes opinan que la candidatura de Peña Nieto está siendo construida desde la televisión y para la televisión. Del erario mexiquense fluyen multimillonarios recursos a las arcas televisivas, en un abusivo uso de recursos públicos que de ese modo resultan privatizados, en una evidente violación al espíritu y la letra del artículo 134 constitucional. Y nadie parece inmutarse.

Por otra parte, no es exagerado sustentar, a la luz de la “telebancada” (diputados clara y estrechamente vinculados a Televisa y Televisión Azteca) que los poderes fácticos, con la cobertura del Partido Verde, han iniciado el asalto al poder formal. Ya no les basta la influencia creciente que tienen sobre éste y sobre la sociedad, ahora quieren también el poder. Pretenden seguir siendo poderes de facto, pero también de iure.

El Partido Verde, aliado del PRI, ha cometido tales excesos y violaciones constitucionales y legales que ha pervertido el sistema de partidos. De aquí que juristas como Miguel Eraña hayan planteado la cancelación de su registro, temporal en un primer momento (“La muerte viste de verde”, http://www.uia.mx, portal de elecciones), posibilidad que también ha sido demandada por el PAN, por conducto de su representante ante el IFE, Roberto Gil, si bien no hay indicios de que tal cancelación pudiera materializarse.

Como quiera, con ese aliado verde y obscuro, el PRI ha emprendido la tarea de venderle al país su pasado, para hacerlo futuro.

partido anulacionista

ratas

¿Y si los anulacionistas formáramos un partido? ¿Se podriría o florecería? Si no un partido, al menos un movimiento que luche no por un país rico ni moderno ni hegemónico sino tan sólo por un país justo. Hay acuerdos de convivencia política fundamentales que no dependen de la orientación topológica (derecha, izquierda, centro): transparencia en el ejercicio del gobierno, sentido común en la organización de las instituciones, justicia en la impartición de la justicia, redistribución del ingreso, honestidad en la función pública, humanización del acceso a los recursos indispensables para la vida (maíz, educación, salud, seguridad). ¿Es mucho pedir?

Bogoya asedia 10 veces a Los Esclavos de Alberto Chimal

10 asedios a Chimal
Por Camilo Bogoya
(leído en la presentación de Los Esclavos (Almadía, 2009)
en el Instituto Cervantes de París el 5/6/09)

1

Hace unos días un amigo mexicano me dio la novela de Chimal, y el título me hizo pensar en Cartagena de Indias, sus tiempos de gloria, unos 400 años atrás, cuando la ciudad era el primer mercado de esclavos de toda la América hispánica. Mi amigo me respondió, no mames buey, y luego me dijo que él pensaba más bien en las crónicas de Suetonio, en los emperadores que utilizaban a esclavos para su satisfacción sexual. En efecto, Los esclavos, un libro de difícil estirpe, tiene una cercanía con las historias de la antigüedad romana donde se narra de manera transparente y sin ninguna censura, el largo espectro de lo que después llamarían los psicólogos modernos las perversiones.

2

Un epígrafe de Laclos, tomado de Les liaisons dangereuses, abre la novela, sugiriéndonos un nuevo contexto: las intrigas amorosas del siglo XVIII, el racionalismo erótico, los juegos de poder a los que nos somete el deseo. La novela comienza convirtiendo al lector en un voyerista, ya que asistimos al rodaje de una película pornográfica. Yuyis, la actriz protagonista, es la hija de Marlene, quien filma la escena. La explotación sexual de la madre hacia la hija parece el resultado de una educación como cualquier otra, como aprender a sumar o a reconocer las letras del alfabeto. Después sabemos que estas películas en su mayoría no son editadas y se van acumulando a medida que pasan los años, es decir, a medida que Yuyis sale de la infancia. La primera parte de Los esclavos trata también de la relación incestuosa entre Marlene y su hija Yuyis. Ambos personajes parecen esclavos de un deseo transgresor. Sin embargo, el mecanismo de la dominación sexual se expande más allá del rodaje de una película, pues Yuyis vive encerrada, ausente del mundo, y como los esclavos que llegaban a América, desnuda y con una cadena en el cuello.

3

Esta historia podría ser una derivación de Bukowski o la ampliación de una página de Sade. Pero uno de sus mayores logros consiste en contar una historia sucia desde la objetividad, sin llegar a una prosa aséptica propia de un diccionario o de un reporte médico. En otras palabras, a diferencia de Sade, la sexualidad no es un síntoma de la cultura, no es fruto de la hipocresía, no es la cara oscura y acaso más verdadera del ser.

Hace unos días, estaba en el ciberespacio la noticia de una niña de cinco años encontrada en Siberia oriental. Había sido criada por perros y gatos y sólo hablaba el lenguaje de los animales. ¿Cómo narrar la historia de esta niña que ladra y se lanza a morder a los periodistas? ¿Cómo narrar la historia de Yuyis, una niña que crece en cautiverio, como el mítico Gaspar Hauser? Dos estrategias tiene el narrador de Chimal. La primera, no sucumbir a la tentación del sentimentalismo, así se evoquen el tedio de Yuyis y las tardes vacías escuchando el ruido de los vehículos que pasan. Y la segunda, la más impactante de la novela, el hecho de narrar desde fuera de la cultura, es decir, desde un lenguaje que describe los abismos de la imaginación sexual sin ninguna toma de posición, sin subjetividad. Por supuesto, esto puede parecer imposible, y esa narración imposible es uno de los mayores atractivos y logros del lenguaje de Los esclavos.

4

La segunda parte de la novela es un espejo deformado. Tenemos dos personajes masculinos, Mundo y Golo, sustitutos de Yuyis y Marlene. Una gran diferencia los separa. Mientras Yuyis nace y como una autómata se deja llevar por las prácticas sexuales y comerciales de su madre, Mundo, o mejor Edmundo, es un padre de familia, dividido entre su vida organizada y su deseo de obedecer a un amo que lo sodomice y maltrate. La libertad se define para Edmundo de manera negativa, es decir, ser libre es someterse; la libertad es una palabra que en el fondo significa la obediencia. Un día, Edmundo renuncia al orden familiar, se convierte en Mundo, palabra arquetípica, y se vuelve esclavo de Golo, un hombre millonario que entre otras cosas escribe. En sus escritos o confesiones, Golo habla de sí mismo y reflexiona sobre el poder: “Si Golo es perverso, la perversidad es una virtud”. O bien: “Golo piensa que a todos les gustaría mandar, y quienes lo niegan sólo tienen miedo, conciencia de la nulidad de todo ser y todo esfuerzo, o bien un deseo todavía mayor de obedecer, de desaparecer en la voluntad de otro” (fr. 32). Golo también escribe la historia de Mundo y de aquellos que lo antecedieron, una pequeña historia portátil de su esclavitud personal. En sus escritos, además de contar sus propias experiencias, Golo habla de sus maestros “en las artes de someter o quebrar la voluntad, así como de infligir placeres mayoritariamente intolerables” (fr. 40).

Golo también hace de la escritura una experimentación en su estado bruto. En un pasaje, Golo tortura a su esclavo complaciente y le deja la mano derecha libre para que escriba sus sensaciones. No sabemos lo que escribe Mundo, no sabemos si su prosa está más cerca del silencio o del grito.

5

La novela de Chimal explora la sexualidad contemporánea. Podríamos decir que dicha sexualidad no existe, y que fundamentalmente somos iguales al hombre primitivo, encadenados desde siempre al mismo apetito y a las mismas prácticas. Sin embargo, Chimal nos muestra los avances del cine en materia de imaginación pornográfica, los avances de la técnica (un consolador de dos cabezas o la invención de autómatas), y también las nuevas formas de relación como el ligue cibernético. Pensar si nuestra sexualidad puede ser distinta a la del siglo XIX o a la de los emperadores romanos, es otra forma de leer Los esclavos de Alberto Chimal.

6

La novela propone un lenguaje y un estilo realistas. Y de repente, el narrador irrumpe para decirnos que la historia relatada no es exacta. El fragmento 25, el último de la primera parte, comienza diciendo: “En lo dicho hasta ahora hay varias mentiras”. Siguiendo el juego de espejos, si miramos la segunda parte, el último fragmento comienza de un modo similar: “En lo dicho hasta ahora hay, cuando menos, tres mentiras”. Una narración que miente, que es inexacta y lo confiesa, hace ver hasta qué punto el lector también es una suerte de esclavo. Su placer es la lectura, un placer voyerista; pero al mismo tiempo obedece, sometido al deseo del lenguaje.

7

Del mismo modo, un narrador que confiesa sus inexactitudes, hace más creíble la historia. Pero prefiero pensar que detrás de estas confesiones que le dan un giro al relato, se esconde la idea de que la literatura puede ser una broma, de que la ficción es inexacta porque no compite con la verdad, y que mentir es uno de los atributos mayores del lenguaje.

8

¿Dónde está el erotismo? ¿En un cuerpo desnudo o en un cuerpo que oculta la desnudez? Esta no es la pregunta que plantea Los esclavos. La novela planeta una pregunta todavía más esencial: ¿Qué es la desnudez? ¿Un estado de pureza y sinceridad? ¿Una invención de la cultura? ¿Un terror original? ¿Una forma de esclavitud? La novela de Chimal responde a esta respuesta, en 102 capítulos palpitantes.

9

La literatura nazi en América, el libro de Bolaño, muestra a seres despreciables que se dedican al oficio de escribir, como lo puede ser Golo. Bolaño, igualmente, se burla con sutileza de la creencia en la nobleza del escritor. Una parodia de este tipo de individuo, sin ninguna relación con un contexto antisemita, aparece en un personaje marginal: Abdalá Martínez de las Fuentes. Abdalá, que significa “siervo de Dios”, es un poeta con 27 años de carrera literaria, que de repente entra en una fonda y como un vendedor de perfumes o empanadas, lee sus poemas. Leer quiere decir, obligar a escuchar. De nuevo, escuchar es una manera de someterse y de obedecer, y como debemos someternos a la novela, estoy a punto de terminar estos asedios.

10

Después de más de diez libros de cuentos publicados, además de ensayos, obras de teatro y comics, especulo que la experiencia de la novela debe ser una forma de volver a inventar un universo ficcional. Teniendo un pasado literario importante, esta primera novela es una aventura a través del lenguaje como instrumento de precisión, y al mismo tiempo una exploración que nos lleva a mirar de frente lo que nos espanta.

Si leemos la primera y la última frase de Los esclavos, este ejercicio daría “Marlene enciende las luces” y “Golo entra en la casa y cierra la puerta”. Si volvemos a la primera frase, nos damos cuenta de que el primer capítulo del libro sólo tiene una línea. Podríamos pensar que el tema de la novela es la elipsis y sobre todo el silencio, un silencio constante que hace devorar al lector las páginas, pues la tensión entre lo dicho y lo no dicho es permanente. Un amigo mexicano me decía que un crítico de su país dividía las novelas entre dos reinos: la novela fálica y la novela clitoridiana. Yo diría que Los esclavos, mezcla de pujanza y resistencia, de éxtasis sonoro y profusa imaginación, produce un goce momentáneo, y ante todo, un goce sostenido.