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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

el concurso de estado

Somos ocho. Concursamos con nuestro cerebro para obtener un puesto de Ingeniero-investigador. El ritual prescribe la recepción postal de una carta ceremoniosa donde se nos notifica que nuestro expediente ha sido seleccionado: presentaremos dos exámenes: el escrito y el oral. El escrito durará cuatro horas. Será el lunes pasado. Será antier. Habrá mucha gente presentando otros concursos para otros tantos puestos. Esperarás quince minutos en el vestíbulo junto a los otros candidatos que se entremiran con ojos de cianuro. Le preguntarás a alguien: ¿es aquí el examen de tal y tal? Su respuesta te acusa de estupidez: –Evidentemente. Sabrás entonces que no hay que preguntar nada: no obtendrás nada más que desánimo de los demás candidatos: aquí es la competencia atroz: nadie ayudará a nadie. Entrarás al salón a las dos en punto. Buscarás tu nombre y tu número marcados sobre el pupitre. A partir de las dos, vivirás cinco larguísimos minutos en los que los cuidadores esperan la llegada de los retardatarios. Los exámenes no están a la vista. Los examinados alargan infinitamente los cinco minutos hurgando objetos imaginarios en sus mochilas. A las 14h05 en punto se cerrarán las puertas. Un cuidador leerá el artículo de ley que pena con multa y cárcel a quienes cometan fraude en los concursos públicos. Repartirán las hojas. Siete las del examen, ocho las de las respuestas. Escribirás tu nombre, tu número en la hoja de respuestas, tu lengua recorrerá el perímetro del nombre para ensalivar la goma: doblarás después la esquina superior para que el examen sea perfectamente anónimo: para que tu identidad sea borrada: eres lo que sabes. Te gustará el sabor del pegamento. Te gustará ese primer acto oral que sella el pacto entre esas palabras que estás a punto de responder y los genes de tu saliva. Iniciará el plazo, la adrenalina hará el resto, responderás sobreacelerado porque el tiempo apremia, te embeberás en las preguntas, desesperarás con lo que hacía una semana sabías pero ahora confundes, escucharás con desesperación el ruido de quienes partieron no para un examen sino para un viaje largo: botellas de agua, galletas, pañuelos nadando en sudor, calculadoras ultrapotentes. Malcalcularás la estrategia. Te ahogarás en un ejercicio de programación lógica. Perderás la parte en donde tus argumentos podían brillar mejor. A cuarenta minutos del final, recordarás que había una parte que no has contestado: tu impaciencia, tu miedo a la balanza, tu fobia al codo a codo desalentador de la competencia te hundirá: tu cerebro se disolverá en el océano del ejercicio tres. Entregarás el exámen teñido por tu salida. Saldrás derrotado en cuerpo, intelecto y alma. Como si la República Francesa te hubiera pasado por encima.

Una respuesta a “el concurso de estado

  1. paso a paso 10 junio, 2009 en 18:25

    y sabras que fuiste seleccionado, hace tiempo ya…

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