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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

9 mm parabellum: un revólver con forma de novela

9mm parabellum
de Alfredo Noriega
publicado por Estación Sur

El primer acto narrativo de esta novela, es decir: el título, acierta porque designa de manera simultánea a dos objetos aparentemente divergentes. ¿Estamos pues ante un libro o ante un revólver? Las alternativas de la pregunta evocan por igual la vieja disputa cervantina entre las armas y las letras y aquella máxima latina que inspiró al creador del cartucho: si vis pacem para bellum (si quieres la paz prepara la guerra). Si un diseñador de armas acude a una máxima romana para intitular su bala, nada más natural que un novelista acuda al nombre de un arma para intitular su novela.
Hipótesis: 9 mm. parabellum es una novela con forma de revolver. La estructura tripartita de la novela evoca los elementos mínimos necesarios para transformar un objeto inanimado, es decir un revólver, en un objeto narrativo: asesino, víctima, bala. La novela está organizada en tres partes: Imanol, Ester y Anexos. En el “prólogo a la Borges” el autor advierte que la lectura de los anexos no es necesaria. Miente como mienten las pistolas en las ruletas rusas: la bala no es necesaria: lo que cuenta es la posibilidad de la bala.
La novela inicia en un avión que sobrevuela la ciudad de Quito. En él viaja Imanol, un vasco de San Sebastián a quien las preguntas de los oficiales de inmigración ecuatorianos pondrán muy nervioso porque Imanol tiene cola que le pisen, es decir, cola terrorista. Afortunadamente para Imanol, los oficiales no buscan sospechosos, sino sólo completar el magro salario del policía con euros frescos. Pasada la aduana, Imanol se perderá en dos geografías simultáneas: la espacial de la ciudad de Quito “colgada de la montaña como una pulga al lomo de un perro”, y la lingüística del español de Ecuador, en donde Imanol coleccionará expresiones que no entiende, y que delimitan una frontera de incomprensión entre el centro y la periferia, el castellano y el español, yo y el otro.
Para contar la historia de Imanol en Quito, el narrador delega la trama polciaca en eso que conocemos como el sobreentendio y se aboca a sus temas: el extranjero, la ciudad, la lengua. Del señor, a quien tan bien le han hablado de Imanol, sabremos muy poco. Apenas que es un hombre para quien los ideales “lo representan todo”. También, que proveerá a Imanol con dinero y protección. ¿A cambio de qué? El lector no lo sabe, pero se lo podrá imaginar en cuanto Imanol se enamore de una quiteña y súbitamente decida darle a su vida un viraje fundamental y echar marcha atrás, renunciar a sus ideales para perseguir la fuente, la alteridad, lo incomprensible o su sinónimo: el amor. Con el asesinato de Imanol concluye la primera parte.
La asesina se llama Esther, y su nombre es también el título de la mejor parte, del mejor personaje, de la columna vertebral de esta novela. Ella es una mujer armada, y como tal, 9 cm parabellum está en sus manos. Esther no defrauda. La mochila donde Esther guarda sus pertenencias contiene sobre todo libros de poesía, un arma y, a veces, un par de medias. Esther dispara y huye, y los puntos de su huída son inolvidables porque una mujer sola en latinoamérica pasa las de Esther, con la diferencia de que, en esta novela, tanto el hotelero que intenta propasarse como el hijo de papi que le lanza el piropo desde la camioneta último modelo o el taxista que pretende conducirla a ese lugar donde “no le íbamos a hacer ningún daño” se las ven no sólo con el cañón de su pistola, también con el filo ágil de su lengua ecuatoriana.
En un fragmento memorable, Esther descubre los planes del taxista y lo encañona, para luego obligarlo a bajar del taxi, arrodillarse y leer un poema de Borges (el poema de Milton y la rosa), de cuya interpretación pende su vida. Si la interpretación es convincente, Esther lo salva. Si no, hasta ahí llegó su vida. No cualquier narrador saldría airoso de esta situación. No cualquier narrador lograría que un analfabeta funcional saque lo que ese taxista le saca a Borges. Por su solvencia, por su significado, por el palmo de emociones y sentidos donde Alfredo Noriega confina a su lector, esta parte es el eje de la novela, el corazón del revólver, la ruleta argentina. Es aquí donde el lector baja las armas. Es aquí donde el taxista salva la vida.
9 mm. parabellum crea una fábula de armas y letras donde el encañonado es, en efecto, el conductor, es decir el autor. El encañonador es un lector de cuya intepretación pende y depende su vida. Interpretación entendida más en la acepción musical que semántica del término, más como canto que como significado. Si la interpretación logra emoción, logra sentido, el lector llegará hasta la otra orilla (la del punto final) y el autor salvará la vida.
Debido a las propiedades transitivas del asesinato (la bala, como el libro, es un medio de transmisión) la asesina se convierte en víctima, justo su huída la había llevado a la costa de Guayaquil, justo cuando se estaba enamorando de un poeta. Los matones del señor la liquidan frente a una iglesia y termina así la segunda parte.
El anexo cierran el vals de máscaras del asesino y la víctima. En ellos, la esposa de una víctima del terrorismo vasco le escribe al asesino de su marido (presumiblemente Imanol) una serie de cartas donde cuenta cómo exorcizó el dolor. Si la bala transcurre del asesino hacia la víctima, la literatura toma el camino opuesto y no sólo restituye con palabras el lugar de la víctima, sino que le permite interpelar al asesino con un simple gesto narrativo: contar cómo sobreviví.

Alfredo Noriega ha escrito una novela ágil, divertida y conmovedora, pero sobre todo una novela significadora. Noriega sale airoso de los riesgos de su empresa: ni el elemento policiaco se apodera de la trama (por el contrario: aquí siempre siempre se sabe quién es el asesino), ni los giros lingüísticos del español de Ecuador obstaculizan en ingún momento su lectura (por el contrario: son parte insustituíble en la construcción del significado). 9mm parabellum es una novela necesaria: desde esta apartada esquina del cyberespacio se le desea mucha suerte entre las manos de sus seguramente numerosos lectores.

Alfredo Noriega (Quito, 1962) es, entre muchas otras cosas, el autor de la novela De que nada se sabe (Alfaguara, 2002), adaptada para la pantalla grande bajo el título Cuando me toque a mí (Víctor Arregui, 2006).

 

Una respuesta a “9 mm parabellum: un revólver con forma de novela

  1. Richard Clinch 12 julio, 2010 en 16:23

    El titulo de la obra es 9mm no 9cm

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