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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Estimado Jorge Castañeda, dos puntos:

En su artículo El desastre educativo (Reforma, 23/04/09) usted se refiere hasta en cuatro ocasiones a las personas originarias de Camboya como “cambodianos”. Le escribo para quejarme porque ese término es un anglicismo: en español se dice camboyanos.

Mi queja no es solamente formal. Me parece particularmente desafortunado que un artículo que lamenta el efectivamente lamentable estado de la educación en México descuide a tal punto su propia lengua, renunciando así a predicar con el ejemplo.

Sin más, le mando un cordial saludo, al que adjunto la dirección electrónica de un buen diccionario consultable en línea.

http://www.rae.es/

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El desastre educativo
Jorge G. Castañeda

Reforma, 23 Abr. 09

Carlos Puig en Milenio comentó el libro Outliers. Subrayaba las conclusiones del autor, Malcolm Gladwell, sobre las diferencias de rendimiento escolar de niños de primaria en Asia y EE.UU. Concluía que la diferencia de días de clase al año -180 en EE.UU., 220 en Corea del Sur, 243 en Japón- y la diferencia de horas diarias en la escuela entre estos países explica en gran medida los resultados superiores de los niños asiáticos. Pero también concluye que esa explicación sirve para entender por qué niños de escuelas buenas en barrios pobres -una en el Bronx otra en Baltimore- y niños de escuelas malas en barrios ricos tienen aprovechamiento desigual, la diferencia consiste en las horas de clase diarias. Quizá esta misma explicación sirva, como lo he sostenido desde hace cinco años -ver el capítulo sobre educación de Somos Muchos (2004)-, para explicar la lamentable comparación, ya no sólo de México con otros países en pruebas como PISA y TIMMS, sino con otra comparación más pertinente y trágica.

En un estudio publicado por la Universidad de California en Irvine, divulgado por The New York Times el domingo pasado, se comprueba lo que desde hace tiempo habíamos sospechado. El nivel educativo de los jóvenes mexicanos en EE.UU. es inferior, no sólo al de sus pares anglo o asiático-americanos e incluso mexicano-americanos -lo que es lógico-, sino es inferior al de salvadoreños, guatemaltecos, otros latinos, filipinos, chinos, coreanos, vietnamitas o cambodianos. Tomando dos criterios: el porcentaje de alumnos de preparatoria en California que obtienen calificaciones de 9 o 10 y el porcentaje de jóvenes de más de 25 años que tienen una licenciatura, los resultados mexicanos son desastrosos. En el primer criterio, sólo 12.9% de los mexicanos tienen calificaciones de 9 a 10 (A en el sistema de EE.UU.). Para los salvadoreños y guatemaltecos es de 14.5%, otros latinos, 26%; filipinos, 32.2%; chinos, 50.9%; coreanos, 50%; vietnamitas, 45.4%, y para cambodianos, 20%. En cuanto a la obtención de una licenciatura, la cifra para mexicanos en EE.UU. es de 17.6%; para salvadoreños y guatemaltecos, 24%; otros latinos, 36%; filipinos, 43%; chinos, 81.8%; coreanos, 77.2%; vietnamitas, 58.5%, y se salva el honor con los cambodianos que tienen 16%, un punto y medio debajo de nosotros.

En vista de que el nivel socioeconómico del migrante mexicano no tiene por qué ser inferior al de otras nacionalidades, con excepción de la coreana, ya que México tiene un PIB per cápita superior a esos países y los mexicanos que emigran no son más pobres que los salvadoreños o filipinos, pero tampoco más tontos ni más inteligentes; la única explicación reside en su educación anterior, que tratándose de los mexicanos es la que recibieron en México. Ciertamente la comparación es imperfecta porque algunos vietnamitas, cambodianos y salvadoreños son hijos de refugiados quizás con un nivel socioeconómico superior; y quizás parte de la educación de los mexicanos ya la recibieron en EE.UU; y que es sólo California, aunque ese estado incluye la mitad de la población mexicana en EE.UU.

Podemos aventurar múltiples hipótesis para explicar la tragedia, pero dos son relevantes. Aunque el año oficial de primaria en México comprende formalmente 200 días, sabemos que entre paros, días de capacitación, puentes, etcétera, el promedio real es cercano a los 180 días de EE.UU., 25% menos que Japón y Corea. Pero además, la jornada escolar en México es de 4.5 horas. En la escuela del Bronx mencionada los niños entran a las 7:25 am, están en clase hasta las 5 pm y algunos se quedan en clubes de tarea o en equipos deportivos hasta las 7 pm.

Podemos esperar hasta las calendas griegas para aumentar el año escolar y alcanzar la jornada completa en la que insistimos sin cesar durante dos años y medio de campaña independiente a la Presidencia. Pero mientras esperamos, el rezago entre mexicanos y filipinos en California seguirá creciendo.

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