malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

sísifo lava los platos

Y cuando despertó, los trastes sucios seguían ahí. Los trastes sucios, la loza como decía mi abuelita, no son de ningún modo el mayor de los problemas, sino solamente un pequeño problema eterno, irresoluble, tenaz como mito griego. Aparecen por generación espontánea después de cada comida, cansados, mancillados, pre-vomitados, para formar una montaña diaria, una montaña móvil: no es Sísifo quien mueve la roca, es la roca quien sigue a Sísifo con tenacidad evangelista. Los platos sucios, la loza, la olla de aquel glorioso caldo de pollo, hoy nauseabunda, son el mejor indicador psicológico de nuestro hogar. Cuando hay viento de popa no esperamos de ningún modo a que se acumulen, tampoco a que los restos de comida se peguen con tenacidad de metáfora repetitiva a la pared del cazo: son lavados inmediatamente e inmediatamente recuperan su brillo original, su aura de cocina limpia: macroindicadores de higiene mental. Por el contrario, cuando tememos o porfiamos o peleamos se forma entre nosotros una montaña instantánea de trastes que nos recuerda que mientras la neurosis nos disfraza de adversarios mútuos la vida sigue ahí, afuera, esperando una enjuagadita para emprender el amor, el anhelo, la escritura, la carrera por el pan y todas esas otras luchas sisíficas cuya integral resulta en esta imparable inercia de agua a la que llamamos tiempo: mi reino por un lavaplatos.

3 Respuestas a “sísifo lava los platos

  1. Mediopelo 17 abril, 2009 en 09:08

    También puede producirse el fenomeno contrario: lavar la loza es un acto purificador que nos libra de los malos humores, es una expiación que se repite diariamente, es la cotidianeidad que nos hace regresar a la realidad del puro pragmatismo de la convivencia.
    Acumular trastos en el fregadero quizás sólo signifique que hay más satisfactorias ocupaciones que atender.
    Apostar por la tecnología sólo es bueno si lo que pretendemos es ahorrar agua, pero el tiempo del fregoteo es un tiempo ritual, un espacio para la reflexión que perderemos para siempre.

  2. Lu 17 abril, 2009 en 14:36

    Será el sereno… como buena ama de casa estoy hasta la madre de lavar trastos. Pero las metáforas funcionan.

  3. andrei 17 abril, 2009 en 23:50

    Simón simón, siempre lo he dicho, lavar trastes es sisífico. ¿Y qué tal cuando estás apunto de terminar por fin con las cacerolas y alguien llega con las tazas de café?
    Sin embargo, estoy de acuerdo con Mediopelo, es un acto purificador. Como tirar la basura después de una fiesta. El alma descansa.

    Pienso que en las escuelas deberían enseñarnos no a lavar trastes, pero sí a sacarle jugo a ese momento, tolerar la ardua y frustrante tarea de subir la roca y reflexionar al mismo tiempo. De esta manera esgrimiríamos productivamente incluso a nuestra burocracia.

    Por cierto, quería decirte que tuviste razón: Eriksson fue un error.

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