malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

ese.sábado…ese.domingo

Ante cada visita de Fadanelli sobrevienen cataclismos. Hay dos recurrentes: Lenis pierde su licencia de manejar y yo tengo una crisis conyugal. Ese viernes Fadanelli cayó por casualidad con Martín en el bar Sully, local decadente de la calle Faubourg Saint Denis donde nos reunimos a libar la frontera entre la semana laboral y el finde. Ahí mismo cayó Fadanelli y las libaciones duraron, que yo sepa, hasta las seis de la mañana del sábado y cuando Lenis llegó a su casa ya tenía una convocación de la policía para notificarle la pérdida de puntos en la licencia y cuando yo llegué a mi casa ya tenía la crisis conyugal marca Fadanelli entre nosotros. Así es Fadanelli: un vendabal, un cataclismo. Ese sábado quise ir a la mesa de escritores indígenas (Briceida Cuevas Cob, Juan Antonio Regino) pero no logré levantarme. Apenas y llegué a la mesa en donde Sada dijo que los principios de un taller son: respetar el tema de los escritores principiantes y respetar su estilo (en donde dice respetar, se podría leer también cultivar). Ya no llegué a la fiesta en el café Lea: dormí catorce o diceiséis horas, porque el domingo muy temprano había que jalar para el Cervantes a continuar con las entrevistas. Llegó Bellatín con su hijo y su garfio y su entrevistador (Gustavo Guerrero) y se reventó media hora de pura respuesta profunda: mi labor (dice Bellatín) es dinamitar la figura del escritor, falsearla: el relato es un arma de dos filos: no sólo sirve para contar, sino para borrar/falsear/perder las huellas de su autor intelectual. Así, el escritor se viste de traductor obsesivo (El jardín de la señora Murakami) o de cronista histórico (Pérros Héroes) o de derviche girador sufi (Flores). La entrevista fue en la biblioteca Octavio Paz: el parquet rechinaba a cada reacomodo de Bellatín: mi camarita de video se regodeaba recorriendo el garfio de punta a punta: entre los mancos y la literatura hay amor a primera vista. Afuera había un coctel donde Boullosa, Morábito, Uribe y Allain-Paul Mallard esperaban turno para la entrevista. Había vinito y queso manchego. En París el primer sol de primavera deshacía las nubes en su camino. Álvaro Uribe contó una anéctoda curiosa: cuando se ganó su primer libro de cuentos, su madre organizó una fiesta e invitó a todos los amigos. Como tronaban fuerte, invitó a todos los amigos del joven escritor, a quienes dio de beber en copas de cristal cortado de Bohemia: las copas de las ocasiones especiales. Entre la concurrencia estaban los impresentables infrarrealistas. Bolaño, Papasquiaro y compañía comenzaron a soltar las copas de sus manos para que se rompieran en el suelo. La explosión de las copas era una especia de pirotecnia cristalina que celebraba el surgimiento literario de un “niño bien”. Conforme Uribe contaba la anécdota, tres miembros del taller, asiduos lectores de Bolaño, lo mirábamos con seis ojos azorados: Bolaño joven, rompiendo cristales de Bohemia. Tras la anécdota le preguntamos a Uribe qué piensa de los libros de Bolaño. No lo he leído, responde y ante su respuesta se nos cae la baba de incredulidad: en nuestro taller Bolaño es un best-seller: eso sí es una barrera generacional. / Morábito también traía entrevistador, pero por azares de la logística se esfuma de último minuto y me veo obligado a improvisar una entrevista espontánea sin haberlo leído. El vino rioja es un buen aliado para tales circunstancias. Pero mejor que el rioja es la accesibilidad, afabilidad y falta total de pose de Fabio Morábito. En una de sus respuestas habla de la profesionalización precoz de los escritores que se cultiva en los talleres literarios, y de cómo estos han venido a sustituir a las tertulias: son los valores del siglo: eficacia en vez de amistad: apariencia en vez de sustancia: exijimos nuestros quince minutos de fama y los extendemos como si fueran veinte. / Por cierto, prometo solemntemente leer a Fabio Morábito. Dice El Gallo que es buenísimo. Las recomendaciones literarias del Gallo son infalibles.

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releo esta nota y me parece pésimamente escrita (que conste: al menos estoy consciente).

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releo esta nota y noto que falta lo que viví durante la buenísima entrevista que Marcos Eymar le aplicó a Allain Paul. Mañana lo cuento. Y luego la mesa con Poniatowka y Fabrizio y González Rodríguez. Chale: hay más tiempo que blog.

2 Respuestas a “ese.sábado…ese.domingo

  1. harmodio 30 marzo, 2009 en 14:37

    He decidido no corregir las faltas de ortografía, ni las incoherencias sintácticas ni las deficiencias de acorde. No lo dejo de hacer por alguna postura ideológica o estética: es pura, simple, sencilla hueva: eran las seis de la mañana, estaba jetón, así me salió el texto… mil disculpas.

  2. Miriam Jerade 2 abril, 2009 en 22:17

    Por cierto, ¿vino Sarabia al salón? Yo vi a Fadanelli cuando presentaron los tres, con Mejía Madrid. Pues qué chido que además del empache de libros que tuvimos los visitantes del salón – que no era precisamente el salón de Mme. Verdurin- se fueron de farra.

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