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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Memoria obliga

por Sergio González Rodríguez
Tomado (ilegal pero graciosamente) de Reforma (7 Mar. 09)

Han pasado 15 años desde que comenzó a denunciarse el fenómeno de los asesinatos sistemáticos contra mujeres en Ciudad Juárez. ¿Por qué las han asesinado? Por ser mujeres y ser pobres. ¿Cuántas víctimas hay? Al menos un centenar que fueron asesinadas con violencia extrema, entre medio millar de ellas por diversas causas en dicho periodo. ¿Quiénes las asesinaron? Narcotraficantes, secuestradores, violadores y asesinos en complicidad con gente de poder político y económico. ¿Dónde y cómo acontecieron los hechos? Las víctimas fueron secuestradas en las calles de Ciudad Juárez y llevadas a la fuerza a casas de seguridad donde sufrieron violación, tortura y asesinato en festejos de fraternidad masculina. Tales son las conclusiones a que han llegado diversos expertos de México y del extranjero que realizaron investigaciones independientes sobre el fenómeno. Ni el Estado mexicano como tal, ni el gobierno en distintas etapas han enfrentado el reto a la altura de su responsabilidad. La máquina femicida de olvido y exterminio ha continuado. A la fecha, las autoridades han llegado a presumir que nunca aconteció el femicidio en dicha frontera. El recuento de los hechos y la presencia de las víctimas contradicen tal presunción. Diversos investigadores ajenos a la versión oficial han registrado la serie de actos, omisiones, complicidades y ocultamientos de aquellas autoridades, una actuación que va más allá de la mera “impericia” o negligencia con la que han querido justificarse éstas, así como han atestiguado las continuas descalificaciones a quienes se oponen a su “verdad”. ¿Cuál es ésa? La que afirma que gran parte de los crímenes son un mero producto de la “violencia intrafamiliar”. Pretenden desechar el factor de una violencia sistemática contra las mujeres en la que han confluido en la frontera el crimen organizado y el poder político y económico de personajes prominentes con nombres y apellidos de aquella frontera. Nada que ver con la mentira de una culpabilidad generalizada e inasible. A su vez las autoridades y sus voceros, entre los que se cuentan funcionarios, políticos, académicos, periodistas e, incluso, algunas mujeres que se dicen “feministas”, han querido minimizar lo sucedido en Ciudad Juárez con el propósito de desviar la atención pública hacia la violencia de tipo misógino en todo el País, sin ayudar a solucionar al final ni una cosa ni otra. Hasta finales de 2008, en esta urbe se presentaron al menos 75 asesinatos de mujeres por diversas causas, 24 de ellos obedecieron a violencia extrema y abuso sexual. Y hubo 22 desaparecidas. Algunos de los protagonistas de tal tejido de crímenes impunes se mantienen en la vida pública, como es el caso de Francisco Barrio Terrazas, hoy embajador en Canadá mientras otras personas, inconvenientes para los intereses de poder que hay de por medio en el problema, fueron asesinadas. O sufrieron muertes sospechosas, como la de Abdel Latif Sharif Sharif en 2006, un ciudadano egipcio inocente, de acuerdo con expertos internacionales de la ONU, que permaneció en la cárcel más de una década, sufrió aislamiento, torturas y tratamientos médicos ilegales para privarlo de la razón sin que se le probaran las acusaciones de homicidio: murió en la enfermería de un penal de alta seguridad en la víspera de que un juez federal pudiera dictaminar su libertad. Se ha hostigado también a grupos civiles que defienden a las víctimas de la violencia extrema en Ciudad Juárez. En especial, se ha atacado al grupo Nuestras Hijas de Regreso a Casa, que defiende una postura crítica, de fuerte resonancia internacional, con la exigencia de justicia para las víctimas. La memoria de las víctimas de crímenes e injusticias deben ser punto de unión contra la barbarie. La violencia que vive ahora Ciudad Juárez se anunció con el femicidio impune desde la década anterior. Ahora, todo el País sufre la misma inercia oscura por la falta de un Estado de derecho. Hay que dejar atrás esta abyección.

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