malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: marzo 2009

ese.sábado…ese.domingo

Ante cada visita de Fadanelli sobrevienen cataclismos. Hay dos recurrentes: Lenis pierde su licencia de manejar y yo tengo una crisis conyugal. Ese viernes Fadanelli cayó por casualidad con Martín en el bar Sully, local decadente de la calle Faubourg Saint Denis donde nos reunimos a libar la frontera entre la semana laboral y el finde. Ahí mismo cayó Fadanelli y las libaciones duraron, que yo sepa, hasta las seis de la mañana del sábado y cuando Lenis llegó a su casa ya tenía una convocación de la policía para notificarle la pérdida de puntos en la licencia y cuando yo llegué a mi casa ya tenía la crisis conyugal marca Fadanelli entre nosotros. Así es Fadanelli: un vendabal, un cataclismo. Ese sábado quise ir a la mesa de escritores indígenas (Briceida Cuevas Cob, Juan Antonio Regino) pero no logré levantarme. Apenas y llegué a la mesa en donde Sada dijo que los principios de un taller son: respetar el tema de los escritores principiantes y respetar su estilo (en donde dice respetar, se podría leer también cultivar). Ya no llegué a la fiesta en el café Lea: dormí catorce o diceiséis horas, porque el domingo muy temprano había que jalar para el Cervantes a continuar con las entrevistas. Llegó Bellatín con su hijo y su garfio y su entrevistador (Gustavo Guerrero) y se reventó media hora de pura respuesta profunda: mi labor (dice Bellatín) es dinamitar la figura del escritor, falsearla: el relato es un arma de dos filos: no sólo sirve para contar, sino para borrar/falsear/perder las huellas de su autor intelectual. Así, el escritor se viste de traductor obsesivo (El jardín de la señora Murakami) o de cronista histórico (Pérros Héroes) o de derviche girador sufi (Flores). La entrevista fue en la biblioteca Octavio Paz: el parquet rechinaba a cada reacomodo de Bellatín: mi camarita de video se regodeaba recorriendo el garfio de punta a punta: entre los mancos y la literatura hay amor a primera vista. Afuera había un coctel donde Boullosa, Morábito, Uribe y Allain-Paul Mallard esperaban turno para la entrevista. Había vinito y queso manchego. En París el primer sol de primavera deshacía las nubes en su camino. Álvaro Uribe contó una anéctoda curiosa: cuando se ganó su primer libro de cuentos, su madre organizó una fiesta e invitó a todos los amigos. Como tronaban fuerte, invitó a todos los amigos del joven escritor, a quienes dio de beber en copas de cristal cortado de Bohemia: las copas de las ocasiones especiales. Entre la concurrencia estaban los impresentables infrarrealistas. Bolaño, Papasquiaro y compañía comenzaron a soltar las copas de sus manos para que se rompieran en el suelo. La explosión de las copas era una especia de pirotecnia cristalina que celebraba el surgimiento literario de un “niño bien”. Conforme Uribe contaba la anécdota, tres miembros del taller, asiduos lectores de Bolaño, lo mirábamos con seis ojos azorados: Bolaño joven, rompiendo cristales de Bohemia. Tras la anécdota le preguntamos a Uribe qué piensa de los libros de Bolaño. No lo he leído, responde y ante su respuesta se nos cae la baba de incredulidad: en nuestro taller Bolaño es un best-seller: eso sí es una barrera generacional. / Morábito también traía entrevistador, pero por azares de la logística se esfuma de último minuto y me veo obligado a improvisar una entrevista espontánea sin haberlo leído. El vino rioja es un buen aliado para tales circunstancias. Pero mejor que el rioja es la accesibilidad, afabilidad y falta total de pose de Fabio Morábito. En una de sus respuestas habla de la profesionalización precoz de los escritores que se cultiva en los talleres literarios, y de cómo estos han venido a sustituir a las tertulias: son los valores del siglo: eficacia en vez de amistad: apariencia en vez de sustancia: exijimos nuestros quince minutos de fama y los extendemos como si fueran veinte. / Por cierto, prometo solemntemente leer a Fabio Morábito. Dice El Gallo que es buenísimo. Las recomendaciones literarias del Gallo son infalibles.

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releo esta nota y me parece pésimamente escrita (que conste: al menos estoy consciente).

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releo esta nota y noto que falta lo que viví durante la buenísima entrevista que Marcos Eymar le aplicó a Allain Paul. Mañana lo cuento. Y luego la mesa con Poniatowka y Fabrizio y González Rodríguez. Chale: hay más tiempo que blog.

memorias.salon.du.livre.días.dos.y.tres

Discusión escuchada en los pasillos del Instituto Cervantes, entre Margo Glantz y Elena Poniatowska:

–La embajadora se compró un abrigo de mink (nota del cronista: ¿cómo diáblos se escribe la palabra minc?)
¡Qué lindo!
–Muy largo… hasta acá (la mano de la escritora describe un corte horizontal a la altura de las pantorrillas)
¿Qué lindo?

Quién las reconociera minutos antes, Margo con los ojos encendidos hablando de que correspondencias entre el cuerpo y la novela, la novela del corazón, la del páncreas, la de los dientes. O Elena, respondiendo que el primer deber de un escritor es escribir bien, sin importar la orientación política, social o estilística.

Al día siguiente yo tenía una junta de avance con mi jefe y debí trabajar de madrugada para sacar los programas que me faltaban. Doble competencia, que le llaman y que a veces te hace sentir ni de aquí ni de allá, ni lo uno ni lo otro, ni escritor ni programador ni investigador ni nada. Pero acaso solamente sea la falta de sueño.

Al día siguiente, jueves, no entrevistamos a nadie. Fue la presentación de Almadía y de ahí nos fuimos a la inauguración del Salon du Livre. Martín Solares firmaba ejemplares en el puesto de Burgois. Mario Bellatín brotaba de un rincón del puesto de Gallimard. En el puesto de las ediciones militares nos negaron el alcohol. Yo llevaba tres meses y medio sin beber y ahí puse fin a la promesa, con un buisqui de Gallimard. Ahí, en la barra para los buisquis, me encontré a un amigo cariacontecido porque Carlos Fuentes les había dado plantón en todos los actos de prensa del día. Según me dijeron, de ahí se fueron a la Coupole. Nosotros no, nosotros seguimos a Martín Solares y al hijo de Burgois a un bar de la place Clichy, creo que se llama el Cicerón, muy parisino, con unas tartines de jamón y queso buenísimas. Nos emborrachamos hasta las cinco de la mañana. El pedo sabe a gloria después de tres meses de no practicarlo.

Día 3: viernes. Crudo como la madre de Jesucristo, tengo cita a las 9h30 de la mañana para entrevistar a Homero Aridjis en su residencia diplomática del 16ème. Los muros de la casa están decorados con máscaras mexicanas. Homero recibe de corbata y mientras el camarógrafo y productor instala sus artilugios, platicamos sobre la visita de Sarkozy a México y el enredo de Cassez. En las primeras frases de la entrevista me tropiezo: el apellido de Homero se pronuncia con jota española y no inglesa, Aridjis y no Aridyis… ¿de dónde nos viene a los mexicanos esa oblicación moralo-fonética de pronunciarlo todo en lengua extranjera (para muestra, basten todos esos que sin deberla ni temerla pronuncian Belatín en vez de Bellatín… en fin?).

Homero está vivo. En la entrevista cuenta su viaje al túnel que horada las enaguas de la pirámide del Sol. Y lo vincula con la sensibilidad cotidiana, la atención permanente y precisa del poeta ante lo cotidiano: la poesía se escribe desde aquí: desde ahorita.

Le dejo un ejemplar de Musofobia. Qué manía esta de los escritores jóvenes, sobreprofesionalizados desde chiquitos, buscando antes el reconocimiento y la notoriedad que el talento y el trabajo. Así es el mundo.

En el Cervantes ya espera Mario González Suárez, a quien abrazo con efusión. No me toca entrevistarlo a mí, pero quisiera presenciar su entrevista: no es posible, la logística pide atención a gritos: tengo que salir corriendo. Cuando regreso, están entrevistando a Fadanelli en un rincón de la biblioteca. La entrevista nos deja pasmados: cada frase es sustanciosa, en cada frase hay lengua y hay sustancia: el tipo parece estar escribiendo. ¿Qué dice? No me acuerdo. ¿O sí? Habla del arte, de su aparente falta de fines: el arte no sirve para nada, el arte existe y ya y en esa inutilidad aparente radica su secreto. Y habla del encanto de lo incompleto, del proceso de creación, de la primera página y de la última: la primera buscada pacientemente, la última escrita con prisa por deshacerse de ese animal pegajoso que es la novela.

Es un día muy largo: tras la cruda, tras las entrevistas, sigue el taller literario de todos los viernes, esta vez interrumpido por las cámaras de France 3, que investigan sobre la vida literaria latinoamericana en París. Las cámaras de televisión son un pésimo instrmento para observar la realidad. Las cámaras propagan el principio de incertidumbre, pues distorsionan el objeto que pretenden observar al grado de volverlo irreconocible.

Por la noche aparece Fadanelli en el bar Sully. De ahí nos vamos al Petit Tonneau y termino roncando en la mesa de un bar de République a las 5 de la mañana.

almadía

Una lectora merodea por los pasillos de una librería. Es una mujer de edad mediana, anteojos y curiosidad en ristre, cuyo fino olfato ha sido entrenado para husmear la presencia probable de tesoros literarios escondidos entre los anaqueles de esos injertos de biblioteca y prostíbulo que se han vuelto ahora las librerías. Sin embargo, la librería donde ronda ahora nuestra lectora es diferente. Aquí no predomina la urgencia por leer la última novela del premio TAL 2009. Aquí es al contrario: tras las mesas de novedades, hay espacio para respirar el aire paciente del bibliotecario, del bibliófilo, del coleccionista de metáforas con todo el tiempo del mundo y la convicción de que bajo esas pilas de libros encontrará ese ejemplar agotado, inconseguible en la capital.

La librería de a la que se refiere la voz narrativa se encuentra en el centro de Oaxaca. Su nombre es poco invitador: Proveedora Escolar. Al escuchar el nombre, nuestra lectora se imagina filas interminables de padres de familia con los brazos colmados de libros de texto en la víspera del primer día de clases. Cual es la sorpresa de nuestra lectora al penetrar en el recinto de la calle Independencia, donde los clásicos romanos conviven con el Libro Mágico en perfecta armonía, e incluso dejan espacio para los best-sellers, que bien mirado no le hacen daño a nadie e incluso son capaces de tentar a algún padre de familia y comprador anual de libros de texto: nuestra lectora sabe que no hay edad ni calidad que valgan para iniciarse en el vicio de la lectura, ella misma se inició hace años, no con Julio Verne ni con cuentos de Grimm sino, precisamente, con un best-seller.

En la mesa de novedades nuestra lectora distingue un ejemplar que llama su atención tanto por la originalidad de su diseño como por la calidad reconocida de su autor. Lo abre, lo huele, su olfato reconoce el aroma nuevo: páginas recién impresas, carne fresca. Sus ojos caen en el nombre de la editorial, que de inmediato conquista también sus oídos: Almadía, dos palabras transparentes en una sola. Nuestra lectora, a quien le da un poco de vergüenza confesa que escribe, ensaya un par de tropos para describir esa palabra donde la luminosidad metafísica del alma se resuelve simplemente, en sílaba tónica, canto de gallo, acento en la í.

Un elemental principio de realidad obliga a la voz narrativa a interrumpir la bucólica aventura de nuestra lectora para pedir un poquito más de agilidad. Al fin y al cabo esto no es un cuento ni una novela sino la presentación de una casa editorial; en el estrado hay presentadores deseosos de tomar la palabra, entre ellos Guillermo Quijas, autor intelectual de todo esto, a quien habrá que hacerle muchas preguntas para que confiese cómo se transforma una empresa fundada en 1949 por don Ventura López Sánchez, su abuelo, no sólo en una negocio viable, no sólo en una empresa con responsabilidad social, no sólo en una de las casas editoriales más prometedoras del panorama latinoamericano, sino en un arma de paz.

¿Arma de paz? ¿!Cómo así!? se pregunta la tercera persona omnisciente en un impostado acento colombiano. Sí, Almadía y la Proveedora Escolar son un arma blanca, insiste neciamente la voz narrativa: para explicarte por qué, es necesario regresar a la calle Independencia, donde nuestra lectora se embelesa con las primeras líneas de un poemario publicada por Almadía. La tercera persona omnisciente señala un local a unas cuantas cuadras de ahí. Es la armería de la Sedena. En ella también hay padres de familia que se pasean entre anaqueles mucho más graves. En tiempos de don Ventura López Sánchez las armas eran monopolio exclusivo del estado, en tiempos de su nieto las cosas ya no son tan claras. Ante el creciente interés de la población por la compra legal de armas, la Dirección de Comercialización de Armas de la Sedena ha respondido prontamente a la demanda abriendo armerías en varias ciudades de país. En su último balance comercial, la división de armamento reportaba utilidades inusitadas: en el 2008 la Sedena distribuyó legalmente un total de 5500 armas, abre comillas, para uso y protección de domicilio, cierra comillas.

Nuestra lectora, que tiene un ojo al poemario y otro al garabato, retira la mirada del ejemplar para interpelar a la voz narrativa. ¿Cuántas armas, dijo usted? Cinco mil quinientas. ¿Quién las vende? La Secretaría de la Defensa Nacional. ¿Con qué objeto? Uso y protección de domicilio. ¿Y no se supone que la función de la Sedena es precisamente la de protegernos? Pues sí, eso es lo que se supone. ¿Entonces qué chingados hace esa institución reportando utilidades financieras como si fuera una empresa? La voz narrativa confiesa su perplejjidad, la tercera persona omnisciente sale por patas, mientras los pasos indignados de nuestra lectora la llevan volando al estante de los Quijotes. Nuestra lectora respira hondo, abre un ejemplar y busca las graciosas aventuras de la infanta Micomicona abriendo así una cita, dos puntos:

Es el fin y paradero de las letras, y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo; que a un fin tan sin fin como éste ninguno otro se le puede igualar: hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Fin, por cierto, generoso y alto, y digno de grande alabanza; pero no de tanta como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.

Cierra cita. ¿Me estás oyendo, inútil? El fin de las armas no es que los libros contables de la Sedena brillen de superhábit, tampoco la legitimación de elecciones dudosas, ni la protección de rutas comerciales. El fin de las armas se resume en una proposición que al mexicanos promedio le suena cada día más quijotesca: preservar la paz.

Aquí nuestra lectora hace una pausa en su alegato para tomar aire, o porque las propiedades cinematográficas de silencio acrecentan el dramatismo de su dicho. Una madre de familia abraza a su hijo, quien a su vez se abrza a sus libros de texto con los ojos llenos de azoro. No sea bruta, señora: el hecho de que Cervantes considere a las armas por encima de las letras no es pretexto para que suelte su paquete de libros y salga corriendo hacia la armería de la Sedena. Por supuesto que Cervantes, o el Quijote o Cide Hámete Benegeli o quien diablos haya sido no incluiría a la Sedena en su catálogo de armas, porque la taxonomía balística del Quijote está compuesta por dos tipos, inciso A: las armas honorables; inciso B, las armas sin honor. La señora recula, ya sé, ya sé que ya sé quiere ir, concédame nada más un minuto para una demostrárselo. Nuestra lectora se aclara entonces la garganta, no sin cierta satisfacción por la ronchita de clientes de la librería que se ha formado en torno a ella. Discurso sobre las armas y las letras, dos puntos, abre comillas:

Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina), y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.

Cierra cita. Ante tamaña arenga, un empleado de la librería, que trabaja de día y estudia de noche, levanta la mano y confiesa que esa prosa es demasiado complicada, que en la televisión lo ha acostumbrado a frases más cortas, que en suma no ha entendido nada.

Entonces nuestra lectora se lanza: Las armas honorables son aquellas que conceden paridad entre enemigos. En el fondo, antes de ser armas, son un mínimo común denominador entre dos hombres que se detestan. Las armas sin honor, en cambio, son una transas tecnológica, transacciones comerciales, industria: son las armas del cobarde, con ellas cualquier pendejo puede fulminar en un tris de gatillo al más famoso caballero andante para luego aprovechar la perfecta inoperancia de nuestro sistema judicial y huir impunemente, y eso en el mejor de los casos, en el peor se queda un ratito más, el tiempo que le toma encobijar o decapitar o pozolear en un tambo de ácido el maltrecho cadáver del caballero andante.

El Quijote pone las armas honorables por encima de las letras porque en la utopía cervantina las letras dictan la ley y las armas conservan la paz. En la distopía del México postpriísta ese orden se ha distorsionado tanto que las armas se han vuelto dictadoras de leyes no escritas, transformando a las víctimas en una escritura dantesca, letra que con sangre entra y encripta su mensaje: así el encobijado significa ya no quiero tu protección, el inmolado significa le está llegando el calor al jefe y el decapitado significa que vamos por las cabezas de tu organización.

La lengua de Cervantes, la de nuestra lectora, la de ustedes aquí presentes sea quizá el último palmo de realidad común entre el padre de familia y el pozolero, entre don Ventura y el judicial, entre esa señora de la limpieza que nunca se ha robado nada y el diputado ___ (sustitula el ___ por su adjetivo favorito) que se lo ha robado todo.

Nuestra lectora, a quien por la inflamación de su prosa casi podríamos llamar nuestra oradora, sale al fin del embeleso. En su arranque lírico.políticoha perdido la noción del tiempo. La librería está vacía, los clientes se han ido, un último empleado acomoda los libros en los estantes. En la soledad de la librería, nuestra lectora tiene una visión. Don Ventura López Sánchez, o su imagen o su avatar, extiende el brazo hacia ella, levanta el índice, señala el ejemplar del Quijote que nuestra lectora tiene entre las manos. Nuestra lectora descubre que es una edición de aniversario del Quijote publicada por la editorial Almadía, que la original cubierta ha sido diseñada por el ingenioso Alejandro Magallanes, que la edición ha sido cuidada literal, obsesivamente por Martín Solares, que incluso ha logrado, en un viaje de cafeína, comunicarse con Cervantes para que reescriba algunos fragmentos y de paso corrija el error del burro. Don Ventura sonríe con la sonrisa de quien sabe que su empresa es lenta pero segura, que impulsar la causa de las letras en un país donde van ganando las armas no es una causa perdida, sólo una causa de más largo plazo. Con el orgullo del deber cumplido, don Ventura lleva de la mano a nuestra lectora por el catálogo de Almadía, en donde las estrellas del hit parade conviven con escritores jóvenes, de los que nacieron encuerados y sin lectores. La riqueza del catálogo y la preciosidad de la edición seducen sin remedio a Nuestra Lectora, quien lamenta haber desperdiciado tanto tiempo en la perorata política en vez de concentrarse en lo suyo, es decir la lectura. Y eso que don Ventura aún no le platica cómo, en sus breves años de vida, la editorial Almadía y la Promotora han dinamizado la vida cultural oaxaqueña, dando a luz un saludable embrión de renacimiento cultural alejado del aire faramalloso y contaminado de la capital mexicana.

¿Qué más se le puede pedir a una editorial?, pregunta don Ventura. La tercera persona se anima entonces y saca de su omnisciencia un pliego petitorio. Se le puede pedir, por ejemplo, que nos acerce a autores centro y sudamericanos; que en un arranque de utilidades se anime a enfrentar a las tres carabelas del colonialismo editorial: Alfaguara, Anagrama y Tusquets; que intente romper el cerco que le impide a escritores argentinos y mexicanos conocer sus respectivas obras sin pasar por España, y ya entrados en gastos se le puede pedir también que evite a las mafias de la distribución haciendo uso del internet y del envío por correo. Ni que fuera tan difícil. En tiempos de Amado Nervo, cuando los libros viajaban en barco, los latinoamericanos se conocían mucho mejor que ahora que viajan por fibra óptica. Y sobre todo, párrafo final del pliego, esta voz narrativa solicita, de la manera más encarecida, que el brazo de Almadía persista en el quijotesco empeño de enfrentar cualquier presente, por dantesco que éste sea, con las armas de Cervantes y don Ventura, las que nos conceden el beneficio de la igualdad por bestia que sea el enemigo, las únicas armas honorables, es decir, las palabras.

diario.del.salon.du.livre.dia.uno

Día uno: mesa en el Instituto Cervantes. Están Tomás Segovia, Elena Poniatowska, Fabio Morábito, Margo Glanz y Jaime Moreno Villareal. El tema: escritores de raigambre extranjera. Llego tarde por culpa de un puto pedazo de código que no quiere correr. Además trabajo lejos. En el camino (metro, línea 13) cierro los ojos y hago respiraciones abdominales para relajar la tensión: el Instituto Cervantes le ha encargado al Taller de París la tarea de entrevistar a treinta y tres escritores invitados para CervantesTV. Las noches se nos han ido en juntas de preparación, horarios, ensayos, y el trabajo va poco a poco quedando relegado. Para colmo, tengo reunión de avance el jueves por la mañana con mi superior jerárquico: un informático hipercompetente frente al que no hay Salón del Libro que valga: el trabajo tiene qué salir. / Llego tarde a la mesa. Habla Tomás Segovia, habla bien y mucho, quizá porque escucha poco y eso poco es gracias a un discreto aparatito pegado al oído. Tras la mesa suben Segovia y Glantz y los dos primeros entrevistadores: más nervios. La entrevista ocurre en la oficina del director, al amparo de un óleo de Ortega y Gasset por Ignacio Zuloaga. Lo primero que pienso al entrar en la oficina y plantarme bajo el óleo: este no es mi mundo, yo vengo del código, de la tecla, del programa corre o no corre. El cámara ajusta sus aditamentos, Tomás Segovia salta al ruedo. Me impresiona su claridad: como si la vejez afinara sus ideas. Le preguntamos si existe la Literatura Mexicana y responde que literatura y nacionalismo son dos cosas distintas: primero viene la creación, ya luego los demás le atribuyen las banderas. Veinte minutos  eternos: diferencias entre prosa y verso, diferencias superficiales, diferencias profundas, bendito sea Turing también grabamos con una camarita para nuestro futuro sitio del taller: eso tienen los medios, distraen de lo esencial (la respuesta): la periferia (la cámara) le roba su lugar al centro (el objeto): no logro concentrarme en las respuestas de Segovia. Abajo, los asistentes a la mesa brindan arropados por un trío jarocho. Aparece Christopher Domínguez, muy castigado por el jet lag, Gustavo Guerrero, con un nuevo corte de pelo pero la misma afabilidad de siempre, el mismo dominio de sí mismo: ¿cómo le hace Gustavo para permanecer auténtico entre tanta faramalla, tanta farándula, tanto reino de la apariencia? / Sigue Margo Glantz. Habla del cuerpo, habla de los dientes, de que ha escrito una novela para cada órgano del cuerpo, a mi BalSac se le hacen agua las papilas: Margo es clara, sus palabras salen de su voz perfectamente pulidas. En el vestíbulo está la Poniatowska esperando su abrigo. Intento ser yo pero no lo logro. ¿Dónde está Harmodio?, me pregunta Hanna cuando bajo al fin junto con los entrevistadores. Detrás de un barro enorme que me salió en la nariz, justo la víspera de la entrevista con Sergio González Rodríguez… ¿qué voy a hacer? ¿qué va a pensar de mí el medio? / Al final, quedamos los irreductibles, los instrumentos sin músicos, la calle vacía. Esta es la parte más jugosa de las sesión: la de los chismes sin nombre. Que si un tal exige que su homenaje sea en tal lugar a tal hora sin importarle el programa, que si otro tal exigía su inclusión de último minuto en la mesa de la raigambre extranjera: los escritores tien todos un ego de aquí a Pachuca: son todos unas divas, y sin embargo qué bien, qué rico, cómo y cuánto me embelesaron las palabras de Segovia y Margo. / Entrevistaré a la Poni el domingo… ¡¡¡qué nerviooooooos!!!

Florence Cassez

Anduve alegando en contra la cobertura que los medios franceses han hecho del “affaire Cassez” (inocentándola por el solo hecho de ser francesa) en el sitio de @rret sur images al que soy adicto por su pertinente y pertinaz manera de deshebrar los medios de comunicación. En una nota de hoy, @si retoma mi alegato (previa corrección de mis faltas de ortografía) en el cual manifiesto mi indignación cuando, de manera unánime, los medios franceses asumen que Cassez es inocente y la tratan de pobrecita víctima en un país salvaje (La Víctima Como Usted vende más periódicos). Por otro lado, tanto los medios mexicanos como el gobierno (en especial la Secretaría de Protección y Salvaguarda de los intereses de Televisa y TVAzteca) dan por hecho la autenticidad de los testimonios en su contra, como si en el sistema judicial mexicano no hubiera manera de comprar, falsificar y construir testigos artificiales, por no hablar de las puestas en escena de los arrestos en horario estelar que no solamente engordan el rating de las televisoras, sino también del espectacular García Luna. / Metareflexión: por pendejos como yo (cuyo ego se inflama de aerostática manera cuando los citan en @si o cuando salen por casualidad en la televisión) es que los medios de comunicación se han transformado en templos de culto para Nuestro Santo Señor del Espectáculo.

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PD: ¿Qué hay de extraño en que el secretario de seguridad pública escenifique una detención que tuvo lugar ayer, en exclusiva, para las televisoras? Ya Pancho Villa reescenificaba sus batallas después de ganadas, obligando a sus soldados a portar el uniforme enemigo para alimentar las cámaras (fuente: Friedrich Katz).

esto también es escritura, ¿no?

#! /usr/bin/env python
# -*- coding: utf8 -*-
#
# extract_scu_weights.py
# usage: python extract_scu_weights.py -i input_file -o output_file
# extracts each sentence weight in scu’s from a tac’08 pyramid evaluated summary
#
# dependencies:
# tac2008.breakSent/breakSent.pl
#
# Created by Jorge García Flores on march 5th 2009
#
import re, sys, os, getopt, xml.dom.minidom

# change these values according to local configuration
#
BREAK_SENT=’../scripts/tac2008.breakSent/breakSent-multi.pl’
TMP_LINE = ‘/tmp/tmp.line’
TMP_SENT = ‘/tmp/tmp.sent’

def main():
#1 Extract options
try:
opts, args = getopt.getopt(sys.argv[1:], ‘i:o:’)
except getopt.GetoptError, err:
print str(err)
print “usage: python extract_scu_weights.py -i input_file -o output_file”
print ” extracts each sentence weight in scu’s from a tac’08 pyramid evaluated summary”
sys.exit(2)
for o, a in opts:
if o==’-i’:
input_file=a
elif o==’-o’:
output_file=a
else:
assert False, “unhandled option”

#2 Open the xml input file
try:
dom = xml.dom.minidom.parse(input_file)
except UnboundLocalError:
print “error: no input file”
print “usage: python extract_scu_weights.py -i input_file -o output_file”
print ” extracts each sentence weight in scu’s from a tac’08 pyramid evaluated summary”
sys.exit(2)

linesList=[]
annotation = dom.getElementsByTagName(‘annotation’)
lines = annotation[0].getElementsByTagName(‘line’)
if lines.length > 0:
for line in lines:
text = line.firstChild.data
if len(text)>0:
linesList.append(text)
#4 Extract sentences from each line
sentences= []
start_position=0
for linea in linesList:
f = open(‘/tmp/tmp.line’, ‘w’)
f.write(str(linea))
f.close()
command = BREAK_SENT + ‘ ‘ + TMP_LINE + ‘ > ‘ + TMP_SENT
os.system(command)
g = open(TMP_SENT, ‘r’)
for l in g:
size = len(l)
if size>1:
l = l[:-1] #Take out the end line fromn the breakSentences result
size=size-1
end_position = start_position + size
t = l, start_position, end_position, 0
sentences.append(t)
start_position=end_position + 1
g.close()
# print sentences
peerList = annotation[0].getElementsByTagName(‘peerscu’)
for peer in peerList:
if peer.hasChildNodes():
uid = peer.getAttribute(“uid”)
label = peer.getAttribute(“label”)
weightRe = re.match(‘\([0-9]+\)’, label)
if weightRe:
weight = re.sub(‘[()]’, ”, weightRe.group(0))
else:
weight = ‘0’
print ‘uid=’, uid, ‘ label=’, label, weight

Memoria obliga

por Sergio González Rodríguez
Tomado (ilegal pero graciosamente) de Reforma (7 Mar. 09)

Han pasado 15 años desde que comenzó a denunciarse el fenómeno de los asesinatos sistemáticos contra mujeres en Ciudad Juárez. ¿Por qué las han asesinado? Por ser mujeres y ser pobres. ¿Cuántas víctimas hay? Al menos un centenar que fueron asesinadas con violencia extrema, entre medio millar de ellas por diversas causas en dicho periodo. ¿Quiénes las asesinaron? Narcotraficantes, secuestradores, violadores y asesinos en complicidad con gente de poder político y económico. ¿Dónde y cómo acontecieron los hechos? Las víctimas fueron secuestradas en las calles de Ciudad Juárez y llevadas a la fuerza a casas de seguridad donde sufrieron violación, tortura y asesinato en festejos de fraternidad masculina. Tales son las conclusiones a que han llegado diversos expertos de México y del extranjero que realizaron investigaciones independientes sobre el fenómeno. Ni el Estado mexicano como tal, ni el gobierno en distintas etapas han enfrentado el reto a la altura de su responsabilidad. La máquina femicida de olvido y exterminio ha continuado. A la fecha, las autoridades han llegado a presumir que nunca aconteció el femicidio en dicha frontera. El recuento de los hechos y la presencia de las víctimas contradicen tal presunción. Diversos investigadores ajenos a la versión oficial han registrado la serie de actos, omisiones, complicidades y ocultamientos de aquellas autoridades, una actuación que va más allá de la mera “impericia” o negligencia con la que han querido justificarse éstas, así como han atestiguado las continuas descalificaciones a quienes se oponen a su “verdad”. ¿Cuál es ésa? La que afirma que gran parte de los crímenes son un mero producto de la “violencia intrafamiliar”. Pretenden desechar el factor de una violencia sistemática contra las mujeres en la que han confluido en la frontera el crimen organizado y el poder político y económico de personajes prominentes con nombres y apellidos de aquella frontera. Nada que ver con la mentira de una culpabilidad generalizada e inasible. A su vez las autoridades y sus voceros, entre los que se cuentan funcionarios, políticos, académicos, periodistas e, incluso, algunas mujeres que se dicen “feministas”, han querido minimizar lo sucedido en Ciudad Juárez con el propósito de desviar la atención pública hacia la violencia de tipo misógino en todo el País, sin ayudar a solucionar al final ni una cosa ni otra. Hasta finales de 2008, en esta urbe se presentaron al menos 75 asesinatos de mujeres por diversas causas, 24 de ellos obedecieron a violencia extrema y abuso sexual. Y hubo 22 desaparecidas. Algunos de los protagonistas de tal tejido de crímenes impunes se mantienen en la vida pública, como es el caso de Francisco Barrio Terrazas, hoy embajador en Canadá mientras otras personas, inconvenientes para los intereses de poder que hay de por medio en el problema, fueron asesinadas. O sufrieron muertes sospechosas, como la de Abdel Latif Sharif Sharif en 2006, un ciudadano egipcio inocente, de acuerdo con expertos internacionales de la ONU, que permaneció en la cárcel más de una década, sufrió aislamiento, torturas y tratamientos médicos ilegales para privarlo de la razón sin que se le probaran las acusaciones de homicidio: murió en la enfermería de un penal de alta seguridad en la víspera de que un juez federal pudiera dictaminar su libertad. Se ha hostigado también a grupos civiles que defienden a las víctimas de la violencia extrema en Ciudad Juárez. En especial, se ha atacado al grupo Nuestras Hijas de Regreso a Casa, que defiende una postura crítica, de fuerte resonancia internacional, con la exigencia de justicia para las víctimas. La memoria de las víctimas de crímenes e injusticias deben ser punto de unión contra la barbarie. La violencia que vive ahora Ciudad Juárez se anunció con el femicidio impune desde la década anterior. Ahora, todo el País sufre la misma inercia oscura por la falta de un Estado de derecho. Hay que dejar atrás esta abyección.