malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: enero 2009

por la nacionalización de las industrias productoras de droga

1.- Legalizar el consumo de todas las drogas.

2.- Legalizar el comercio de todas las drogas.

3.- Legalizar la importación y la exportación de todas las drogas.

4.- Crear marcos legales y comerciales para que los países altamente consumidores de drogas importen la droga mexicana de manera legal.

5.- Normalizar la droga como un producto comercial nocivo, a la manera del tabaco, el cigarrillo o las armas.

6.- Crear una bolsa de valores para las empresas productoras y distribuidoras de droga.

7.- Lo que ahora se invierte en la lucha militar, que se invierta tanto en la prevención del consumo de la droga como en el tratamiento de la dependencia. Atacar la dependencia desde una política social agresiva, en donde recibir tratamiento para cortar la adicción no cueste un centavo.

Colofón: Los muertos por narcotráfico se terminarán el día en que la guerra provocada por el comercio de drogas sea tan inofensiva como las guerras cafetaleras o textiles. Las sociedades modernas necesitan las drogas, porque éstas vinculan al hombre ultraproductivo, al hombre utilidad, al eficaz homo capitalisticus con la irracionalidad. La televisión crea dependencia, la pornografía crea dependencia, facebook crea dependencia, la acumulación de riqueza crea dependencia: la otra cara del individualismo a ultranza (de la ultraindependencia) es la adicción.

Epílogo: México necesita un acto de patriotismo: la nacionalización de la droga, la normalización de su comercio, la racionalización de su consumo. Este acto seguramente nos enfrentará con el mayor consumidor de droga del mundo (Estados Unidos) pero, como la nacionalización petrolera del 36, tendrá la virtud de imponer la aceptación de una realidad mutua. Al fin y al cabo, la industria de la droga es, financieramente hablando, una de las tres empresas mexicanas más exitosas de los últimos cincuenta años (la segunda es la emgración, y la tercera ese intra.colonialismo ultra.capitalista [es decir, ultra.acumulador de riqueza] que Telmex, Televisa, Cemex y Corona infligen a sus consumidores/ciudadanos).

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sobre el discreto difunto

– Este -le dije al sabio difunto- que ves oprimiendo la silla, fue en otro tiempo el Jordán de solteras corruptas, monedero falso de virginidades, pintor de virgos de perspectiva y arquitecto de doncelleces. Ya no son tan escrupulosos los más de los que se meten a maridos; pues, como ya te he dicho en otra ocasión, no se calza honra ajustada como antes, ni están solícitos de saber si las mujeres han sido corruptas antes de casarse, los que no viven cuidadosos de saber si son adúlteras después de casadas. No examina el que quiere enmaridar si la mujer es honesta, recatada y vergonzosa, sino si trae dinero, si tiene chiste, si sabe danzar, si habla con descoco y, últimamente, si observa el ritual de las modas.
– ¡Mira qué cuidado tienen los hombres de las leyes del pundonor! ¡Oh miserable siglo! -exclamó el discreto difunto-.

Diego de Torres Villaroel
Visiones y visitas de Torres con Don Francisco de Quevedo por la corte

1728

de los oficios más comunes

Pero advierta, para cualquier género de legumbres que haya de dar a la comunidad, que vayan, como decíamos arriba, bien lavadas y miradas, que ya se ha visto ir en una col una mala sabandija y morirse de repente todos los que comieron la olla. Y si los hijos de los prophetas, como dice la Scritura, miraran lo que echaron en la olla, no dieran voces después al sancto propheta Eliseo diciéndole que la muerte estaba en la olla. Procure a las tardes hacer poca lumbre, pues hay poco en que ocuparla, y no repare si es invierno y hace frío, ni tome por ocasión los pocos guisados para hacer lumbre donde él se caliente y los que con algún achaque entraren en la cocina. Ocúpese también, como dijimos arriba, en limpiar lo que es necesario para la mañana. Lo que se ensucia de noche, como es poco, se friega por la mañana con muy poco recado, y así no hay que tratar de eso.

De los oficios más comunes
San Juan Bautista de la Concepción
1607

retrato del artista en traje de paris hilton

Mario García Torres en el museo del Jeu de Paume. Suena bien, ¿vamos? El correo dice que la comisaria de la exposición guiará la visita y nos explicará las obras. Suena muy bien. Vamos.

El artista es mexicano, nacido en 1975, razón de más. Un mexicano que triunfa en París. Definitivamente, hay que ir.

El folleto dice que Mario ha intervenido cuatro espacios: dos salas del museo, la librería y un libro. Es decir, que exhibe su obra en tres espacios espaciales y un espacio literario, es decir un libro.

En la primera sala hay un tocadiscos viejo, su construcción debe rondar la fecha de nacimiento de Mario. El vinil gira cantando una cancioncita cuya letra no se entiende bien. El resto de la sala está oscura: esa es la obra. A falta de más, el neófito se acerca a las bocinas para intentar encontrar la obra o algo que se le parezca. Pero no: la letra es ilisible.

La segunda sala también está a oscuras. Un proyector de diapositivas muestra fotos del Japón, y más precisamente fotos de una vieja empresa de subtitulado a la antigua, cuya creación data 1930. El quid del asunto es que las fotos revelan un mundo a punto de desaparecer. Por lo demás, no son fotos extraordinarias: podrían provenir son problemas del facebook.

¿Cuál es la obra, entonces? Nuestro último resquicio de esperanza es la librería del museo: el folleto dice que Mario la ha intervenido. Intervenir una librería, qué interesante, qué misterioso, qué profundo: ¿vamos?

En la librería no hay nada. Nada extraordinario, quiero decir, porque lo ordinario está cuidadosamente en su lugar: los libros, la caja donde pagar los libros y los compradores potenciales de los libros. En resumen: la librería cualquiera de un museo cualquiera. ¿Y la intervención de Mario? Consultamos el folleto. La intervención consiste en escribir cuatro postales e introducirlas en cuatro libros al azar, para que el inesperado comprador de un libro de Andrea Mantegna se encuentre de pronto con la postal autógrafa del artista del momento.

La reacción clásica: enojo, incomprensión, y el inevitable callejón sin salida de los que andamos a pie en el mundo del arte contemporáneo: esto lo hubiera podido hacer mi prima de quince años.

¿Dónde está la obra? A falta de ella escudriñamos el folleto, cuyo texto explicativo interpreta su discurso plástico como una manera originalísma de revisitar la historia del arte, de rechazar las convenciones artísticas y de dar prioridad a la idea sobre la realización. ¿El título de la exposición? Il aurait bien pu le promettre aussi, que en cristiano se traduciría como

Hubiera podido también prometerlo

Desanimado, me acerco a la curadora de la exposición y le pregunto dónde puedo encontrar la letra de la canción que se exhibe (es un decir) en la primera sala. La comisaria me orienta hacia el cuarto espacio de exhibición: una publicación editada por el museo del Jeu de Pomme y que “sólamente” cuesta 14 euros. Tomamos entonces camino en dirección de la librería: la paciencia de Hanna está al limite: para pasar verguenzas mejor nos hubiéramos ido al museo de Orsay.

De regreso en la librería encontramos un infolio verde con el nombre del artista y !al fin! su obra, que consiste en una serie de quince o veinte hojas en blanco con una sola línea manuscrita:

Prometo hacer mi mejor esfuerzo como artista durante los próximos 25 años

Hoja tras hoja, la frase permance constante. Varía la lengua (inglés, español, francés), varía la hoja en blanco (siempre se trata de papel membretado con el logotipo del hotel donde Mario escribe la promesa). Puras promesas. Al final del libro hay un texto donde Mario explica que en un momento crítico de su vida, cuando estuvo a punto de abandonar las artes plásticas, tuvo la idea de escribir esa misma nota en cada hotel por donde pasara y que esa idea salvó su profesión. Desde entonces su carrera ha vuelto a despegar, ha viajado por todo el mundo, ha vendido obras, se ha convertido en un artista de éxito.

Al final del catálogo, Mario agradece a los consumidores de su arte el haberle permitido conocer el mundo y triunfar. En su último párrafo nos promete hacer su mejor esfuerzo como artista durante el resto de su vida.

Mario promete ser un buen artista. Y nos agradece todos estos años de viajes, bienales, galerías y trabajo arduo manuscribiendo postales y papelitos. Es un artista sin obra, un artista cuya obra es un discurso, un tejido de palabras e ideas que elongan la capacidad elástica de la interpretación hasta el infinito para crear una maya (en sánscrito, una ilusión) que enreda a galeristas, curadores y espectadores del arte contemporáneo. Mario nos promete ser un buen artista, nos vende su talento futuro, nos convence de que las posibilidades interpretativas del acto de escribir promesas en postales y guardarlas al azar dentro de los libros son infinitas y de eso vive, con eso se gana no sólo el pan sino el currículum y las palmas de la última bienal de Venecia.

Mario García Torres es el artista en traje de Paris Hilton: famosa porque es famosa porque es famosa. Mario, artista sin obra, o más precisamente: joven promesa del arte, nos vende por catorce euros la promesa de un brillante futuro, y su acto repite y magnifica todas las promesas incumplidas: desde el panadero que embaraza su novia, promete casarse con ella y huye, hasta aquel presidente que hace tantos años prometió acabaro con la corrupción en México. La obra de Mario García Torres es invisible pero tangible: un pedestal para la transa mexicana, una burla/birla con tu dinero en tus narices. Así, Mario García Torres es un artista porque es un artista, porque así lo dice el galerista, porque así lo dictamina el folleto del Jeu de Paume, porque hay un discurso que arropa su vacío, porque hay un currículo donde se enumeran los museos y las galerías que han creído en su burla, que se han dejado transar a la mexicana. No es entonces extraordinario que el país donde no se sabe si las elecciones son ciertas, si el político trafica droga, si el militar vende armas, si el ombudsman se prostituye, el mejor exponente artístico sea un prometedor de futuros maravillosos. Intencional o involuntaria, la inexistente obra/burla de García Torres me parece genial, y como mexicano inocente que soy, creo a pie juntillas en sus promesas.

número deficiente

1. Arit. El que es inferior a la suma de sus partes alícuotas.

dos.margina.dos

Uno: Gitanos en la línea 13. Hablan a voz en cuello. Su habla estridente molesta a las señoritas trabajadoras de la mañana, esas que adelantan lectura profesional sentadas con las rodillas juntas. La señorita miran a los demás y sus ojos buscan consenso: que se callen ¿verdad? Los gitanos ladran su lengua balcánica en un diálogo a dentelladas que contiene la síntetis perfecta de gozo y agresión. Es la hora pico, la de los encorbatados de agenda electrónica, la hora exacta releída cada cinco minutos en el remate del antebrazo. La presencia de gitanos a esa hora es por sí misma una agresión: vienen en sentido contrario desde sus periferias: estorban el fluir profesional nuestro de nosotros, los que viajamos hacia lo importante, eso que siempre está en el centro. A los gitanos de la línea 13 sólo los calla una lata de atún y otra de cocacola que abren, mascan y degluten colectivamente, a boca vierte y manos llenas.

Dos: la indigente que coopta la parte trasera del autobús un día de invierno en que los medios de transporte que dependen de la rueda circulan con las ventanas cerradas para bien de sus pasajeros. La indigente coopta sin lugar a dudas más asientos de los que le corresponden a causa de ese equipaje imaginario que lastra la vida del indigente: bosas plásticas llenas de nada, periódico pasado, ropa sin cuerpo ni dignidad, deshechos que lo han extraviado todo: hasta el carácter deshechable han perdido de tan deshechos. Junto a la indigente: nadie. La pátina de excremento que envuelve su persona propaga un círculo sanitario de inmundicia aeconómica, asocial y aespacial tan penetrante que le asegura un margen de tres metros de soledad. Algunos bienpensantes, siempre de izquierda, van y se sientan junto a ella pero pronto sus rostros muestran signos de agotamiento olfativo que busca cualquier excusa, cualquier gancho cualquiera en el paisaje de dónde colgarse para bajar prematuramente.

Si los gitanos viajan con su país portátil puesto, la indigente es un tumor social sin nacionalidad: su himno es la peste (si no el silencio). Su pasaporte: la pus.

ser consecuencia de

¿de qué?

mi pateólogo de cabecera

hope

• n. 1. a feeling of expectation and desire for something to happen. 2 a person that gives cause for hope.

• v. 1. expect and want something to happen. 2 intend if possible to do something.

archipámpano

1. masculino (festivo) : Persona que ejerce gran dignidad o autoridad imaginaria.