malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: noviembre 2008

domingo, times.square, 9/11/2008/23h55

Tomar un ferry en Staten Island y ver Manhattan acercarse como un transatlántico o una galaxia o una enjambre  millonario donde cada abeja es un personaje de Woody Allen con un foco encendido sobre la coronilla. Ver la estatua de la libertad a la izquierda, de noche, con el brazo en alto y contrastar esa quimera real con las miles de películas en donde se le magnifica con un tamaño mayor al suyo. Tomar el metro sin comprender una J, una R o una W sobre su complicadísima circulación. Descender en Times Square un domingo a media noche, temiendo que no haya nadie y azorándose de su eterno medio día. Times Square empieza tres metros debajo de Times Square, con los locos que pululan en las galerías metálicas del metro: personajes ataviados de girones literarios: personajes que invierten en sombreros, gorros, colguijes, ropa no concebida para vestir: personajes que no necesitan nombre (indios, basquetbolistas, bailarines, vaqueros): su atuendo los representa. / Sacar la cabeza en el mediodía eterno de Times Square. Caminar con la boca abierta y la mirada prendida del cielo. Confundir las fachadas con pantallas de televisión o de cine o de juego de video. El cielo es un anuncio publicitario, los edificios no son arquitectura sino nichos de mercado, la luz es un derroche eléctrico y las aceras un desperdicio: se me va la vista mirando arriba cuando el verdadero espectáculo es bípedo: en una esquina, un marinero, un obrero y un negro de suburbio concentran la atención en los últimos dos minutos de un partido de los Gigantes de Nueva York. Cuando ganan: la esquina se privatiza o se transforma en un sillón dominical de fútbol: los desconocidos celebran no sólo la victoria: tambien la fusión de la intimidad fundida. ¿El marino es en verdad marino, o es un neoyorquino disfrazado de marino? Hanna dice que es un homosexual ofreciendo sus servicios. Times Square es una travestida: el ombligo espectacular del mundo: la fascinación por el derroche, la boca abierta, la bocazas de la riqueza orgullosa de sí misma. El día en que Times Square se acabe será el día en que el derroche no sea posible. Será una lástima: la matemática de bombo y platillo de Times Square demuestra la tristeza del comunismo. / Un hoyo negro de publicidad. La hermana mayor de Las Vegas jugando tragaperras con la bolsa. Una ambulancia a la luz de cuyas sirenas el dinero lo cura todo. Un monólogo millonario. Luces, luces, luces: el teatro del capitalismo, el nada discreto encanto de la acumulación. Y sin embargo ahí están los espacios confundidos: las puertas abiertas: la invitación a subir social y financieramente el rascacielo de cien pisos para realizar el sueño: las puertas giratorias de los edificios no cierran ni en domingo por la noche. En la calle los vendedores ambulantes venden camisas de Obama. Si hace un año me hubieran dicho que algún día añoraría una camisa con el rostro del presidente de EEUU nunca lo habría creído.

sábado, staten.island, 8/nov/08/14h00

Tomé el avión el sábado temprano, sin dormir, rumiando aún la fiesta de la noche anterior. No pegué el ojo no por falta de sueño sino porque la fiesta acabó a las cuatro de la mañana y el acto y efecto de hacer la maleta duró varias horas. Al final, la noche posible se redujo tanto que más valía tomar un baño caliente y dejar pasar su única hora cortándome las uñas de los pies o leyendo la edición especial de una revista dedicada a Obama en vez de arriesgarse a perder el avión durmiendo. Salí de la casa de madrugada, aún no amanecía, hacía un frío que congelaba lengua, palabras y saliva. / Para llegar de mi casa al aeropuerto hay que pasar bajo un puente que salva el periférico. Es una zona de nadie, las putas esperan a sus clientes en camionetas viejas, con una velita sobre la guantera por todo indicador de su profesión. Cuando voy hacia el aeropuerto, ellas representan el último confín de mi barrio: sus escotes saturados de carne saltona son como pañuelos agitando adioses desde el asiento del copiloto: frontera exterior del sentimiento de sentirse en casa. / Llego al aeropuerto de JFK después de haber dormido dos o tres horas. El resto del tiempo lo invierto asomado mirando nubes, temiendo la turbulencia y haciendome falsas ilusiones sobre la comida de Air France. Cuando al fin llega, me siento un simio en el espacio, ejerciendo un acto animal primario (alimentarse) en un medio totalmente inapropiado para tal efecto. Un pelotón de chimpancés alimentándose a diez mil pies de altura: conmovedor. / Viajo de trabajo a EEUU para participar en TAC 2008 (TExt Analysis Conference). Por el mismo precio tomo una semana de vacaciones en casa del Oswaldo en Staten Island. Cuando el avión aterriza bajo un tapete de lluvia espesa (brusqued, movimiento, miedo, azoro)  me preparo psicológicamente para el suplicio de la inmigración. En vano: casi no hay fila, el empleado de inmigración es muy amable: una sola pregunta (buisness travel?): un oficial pura sonrisa, como si EEUU no fuera ya EEUU. / En el aeropuerto no me espera nadie. Paseo en el puesto de revistas para hacer tiempo. El rostro monotemático de Obama cruza de punta a punta todas las portadas, desde Men’s health hasta The Economist. Sólo le falta salir en la portada de las revistas pornográficas. No estaría mal. / Ozwaldo nos lleva a comer a una taquería mexicana denominada El Gallo Azteca. Hay corridos, hay cilantro, cebolla y chila, hay tortillas hechas a mano. Las lágrimas se me salen con la primera cucharada de pancita. Mientras masticamos la pancita, la lengua, el taco entre mexicanos lamentamos nuestro país en llamas. Al observar a los empleados del gallo azteca (el taquero es bajo, moreno, el cráneo ensimismado en una gorra de las chivas) pienso: esta es gente honesta y trabajadora: lo único que quería era vivir honestamente en un país donde los honestos están de más. ¿Está en llamas el país? ¿Son llamas duraderas? ¿Por qué mientras más se incendian más ganas tengo de regresar? Otra cucharada de pancita. Qué rico es regresar a casa.

obituario.3 (no hope)

Te hicimos una ofrenda de día de muertos. Una ofrenda tradicional, con cráneos de azúcar, flores de cempazúchitl, catrinas distinguidas y los platillos que te gustaban. En lo alto de la ofrenda estaba tu foto, junto a la foto de la abuela de Paco, fallecida dos o tres días antes que tú. Más abajo estaban los abuelos de Hanna, y el perro de Vania y la lista de familiares difuntos de Pedro. El domingo cocinamos cochinita pibil, tinga, picadillo, chicharrón y nos reunimos para beber y bailar frente a la ofrenda, como si ustedes nos estuvieran presenciando. A los franceses la ofrenda les causó mucha curiosidad: a los franceses les encanta el exotismo: a los franceses les encantamos. Ayer, antes de dormir, Hanna propuso quitar la ofrenda, pero yo preferí que la dejáramos un día más. Durante la fiesta alguien sugirió que era como un árbol de navidad necrófilo. Qué pendejada. Un árbol de navidad necrófilo. El mundo, papá Zolá, se ha vuelto una pendejada. Ayer me desvelé hasta las seis de la mañana con tal de presenciar la coronación del primer presidente negro en la historia de Estados Unidos. ¿Te acuerdas de aquel perro al que bautizaste como Carter? ¿Te acuerdas que decías que Reagan tenía cara de diablo? Pues ayer un negro sabio y verdadero ganó la presidencia. Yo sé que tú desconfiarías. Primero por que es político, y tarde o temprano todos los políticos traicionan (los políticos aspiran prometiendo y expiran traicionando). Segundo porque es gringo, y en los últimos siglos la historia se ha empeñado en mostrar que la peor enfermedad de México es la salud de Estados Unidos. Dirán que eras anti-americano, dirán que no conoces bien la historia, pero a ti no te importa porque a los difuntos las críticas los tienen sin cuidado. Fíjate el tamaño de la pendejada: después de más de un año siguiendo las elecciones, después de desperdiciar valiosas horas de sueño, trabajo y escritura leyendo el NYTimes, espulgando las encuestas de realclearpolitics, devorando los programas de Olbermann y Maddow en MSNBC, y desvelándome hasta las seis de la mañana para escuchar el discurso de Obama con la tensión superficial de los lacrimales a punto de derramamiento y la convicción de estar ante una redención histórica y la sensación mesiánica de ser un negro más del mundo e irme a dormir con la beatífica sonrisa entre los dientes del que se empacha de espectáculo sin digerir ni reflexionar ni discurrir ni madre, por la mañana la realidad llegó a ponerme en mi lugar. Mientras que las primers planas del planeta se llenaban con la sonrisa de Obama en particular y de Estados Unidos en general, las de los periódicos mexicanos encañonaban a sus lectores o se consumían en fumarolas. ¿Te acuerdas, papá Zolá, de cuando los generales revolucionarios se traicionaban recursivamente hasta el asesinato mútuo? ¿Te acuerdas de cuando se caían los aviones de los suspirantes presidenciales? ¿Te acuerdas de cuando, rodeado por torres hemerográficas de la revista Proceso, lamentabas que tu país fuera gobernado por pillos? Pillos es poco, papá Zolá. Déjame antes ponerte en antecedentes: ayer, a eso de las ocho de la noche de México D.F., mientras el mundo hacia vizcos contando los delegados electorales de Ohio, el avión con el secretario y el subsecretario de Gobernación se desplomó justo sobre Reforma y Periférico. Los pillos de tu tiempo eran distinguibles, desenmascarables, reconocibles. Los de hoy son peores porque son indistinguibles: narcos, políticos, delincuentes, empresarios: todo disfraz es posible. Tu país, mi país (ese que iba a ser salvado por nosotros, los García ¿te acuerdas?) se ha convertido en una olla express de vodevil, un teatro donde el cuento, el engaño, la traición y la mentira gobiernan, un lugar impermeable a la verdad, una novela de Rulfo donde las certezas son mentiras inmortales, vivas porque caminan, muertas porque se pudre, porque arrastran sus tendones leprosos entre nosotros. Se nos han acabando los nombres para la realidad. Puro sustantivo transitivo, nombres en crisis de identidad: la Patria se emputa, el político se envilece, el narco co.gobierna, el policía se entrecorrompe, el traficante de armas hace su agosto. No hay fronteras, papá Zolá, no hay límites con qué separar el orden del caos, la verdad del engaño, el narco del político, el banquero del ladrón. La única frontera visible es la de la primera plana de El País: arriba Obama sonríe a la salud de Estados Unidos, abajo un avión ministerial se incendia y cae sobre el periférico a la mala muerte de México.

obituario.2

Rodolfo Zolá García Zapata nació en Izamal, Yucatán, en febrero de 1914, de padre hispanoparlante y madre mayaparlante. De su padre se sabe que llegó a Yucatán escondido en un cargamento de ajos proveniente de Puerto Limón, Costa Rica. Los que conocían las razones de su huída se fueron con ellas a la tumba. Se sabe también que era masón, maestro de música y que vivía en una casa aledaña a la del cura. Se sabe también que bautizó a sus hijos con nombres estrictamente ajenos al cristianismo: Rodolfo Zolá, Juárez Harmodio, Nívea, Grecia, Vargas Vila. Se sabe que era un hombre generoso, cultivado y honesto, y que estos atributos llenaban de celos a la curia. Se sabe que murió joven, cuando Rodolfo Zolá contaba apenas con seis años. Es decir, que murió en 1920, después de haber paseado con su hijo por el cerro, en donde pescó frío. Su hijo, el futuro general Zolá, lo recordaría por el resto de sus días. A lo largo de sus noventa y tantos años de existencia, Rodolfo Zolá guardó con él un retrato a pluma de sus padres, ante el cual se postraba a diario en un ritual pagano. Con la cabeza gacha, les prometía que sería digno del ADN moral que ellos le habían heredado: generosidad, honestidad, sabiduría (¿Cómo debe ser el hombre? Inteligente, valiente y bueno). La infancia de Rodolfo Zolá terminó ahí: la muerte del músico, masón y maestro fue un baño de sal de plata que retrató con nitidez de nitrato la paternidad justa, cariñosa, recta. De su madre, Cenobia Zapata, se sabe poco. Que hablaba maya. Que cuando Zolá cumplió catorce años lo bendijo con una moneda de un peso, cuyos cien centavos consustanciales le permitieron llegar a la ciudad de México y enlistarse en el ejército.