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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: octubre 2008

rodolfo zolá garcía zapata: obituario (parte 1)

General diplomado de estado mayor, padre de once hijos, hombre de honestidad de hierro, filántropo de barrio, lector incansable, mayaparlante, sabio tecolote, esposo, padre, abuelo, ejemplar y “modesto experto en todas las ramas del saber humano”, murió el 24 de septiembre del 2008 en la ciudad de México a la edad de 94 años.

Papá Zolá pertenece a una clase en peligro de extinción: la de los hombres honestos a toda prueba. Sus mayores logros no fueron militares, a pesar de que en el ejército se le recuerde como un soldado ejemplar. En un país historicamente corroído  por la mentira, la corrupción y el abuso de hombre a hombre, su gesta fue la de un humano modesto, que cruza el pantano del siglo sin mácula, invirtiendo en cada uno de sus actos y sus palabras el mismo valor: el valor de la honestidad, el enorme lujo de ser justo.

A Papá Zolá le encantaban las definiciones, las sentencias: aquellas frases memorizadas que tienen la virtud de fijar su valor moral en la cabeza. “Axioma: verdad evidente que no necesita demostración”. La honradez de Papá Zolá era de naturaleza axiomática, y demostrarla es ocioso y a la vez muy simple: sobran las anécdotas. Quienes formaron parte de su batallón recuerdan que era el único oficial que no cobraba el diezmo obligtatorio que la mayor parte de los oficiales exige de la tropa. Bienes materiales acumuló muy pocos: su casa en Villa de las Flores y su pensión de jubilación. Honradez tanto más excepcional formando parte de una generación de miitares que se no sólo se manchó las manos de sangre torturando guerrilleros en la sierra o acribillando estudiantes en la plaza de Tlatelolco, sino que también se enriqueció hasta la ignominia. Junto a esas biografías tan mexicanas, cuyo único obituario será escrito por las peleas legales de sus herederos, la herencia inmaterial de Papá Zolá adquiere una sustancialidad de acero inoxidable. Para muchos, su legendaria honradez rayaba en la estupidez: la anécdota más significativa al respecto es aquella un terreno que el presidente López Mateos le regaló en Sam Luis Potosí. Era un terreno fértil, de varias hectáreas, cuya explotación estaba a cargo de campesionos de la región. Al jubilarse, Papá Zolá le regaló (sin costo alguno) el terreno a los campesinos que lo bregaban porque “la tierra es del que la trabaja”, ante la exasperación inútil de sus hijos, a quienes se dio el lujo de dejarles por herencia un tesoro sin heredarles un solo centavo. “¿Cómo debe ser el hombre? Inteligente, valiente y bueno. ¿De qué está enfermo el mundo? De avaricia, de ambición, de falsedad y de miseria. ¿Quiénes van a salvarlo? ¡Los García!”

[continuará…]

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