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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

guerra en México y otros excesos discursivos

Llego al bar después de trabajar. Pido una cerveza. O dos. Acaso, en circunstancias exepcionales, tres. Al salir del bar, veo aproximarse un camión repartidor de cerveza, observo los colores llamativos que decorran el chasis. Luego me voy a dormir a mi casa. En ninguna etapa del proceso hubo balazos, ningún tiroteo fue necesario para que la cerveza llegara al bar, nadie fue amenazado ni decapitado, ninguna granada tuvo que explotar para que el lúpulo y la malta se transformaran en cerveza. Si me tomo más de tres cervezas, o pierdo mi trabajo por pasar demasiadas horas en el bar, o tiranizo a mi familia, eso es responsabilidad mía, y con ayuda de la sociedad me podré rehabilitar, pero por más que me hunda en el alcoholismo, seguirá sin haber decapitados ni granadas ni explosiones ni tiroteos en la plaza pública. / ¿Cuál guerra? ¿Contra quién? Por un lado, tenemos a un tipo que se quiere meter cochinadas porque así lo ha decidido, o porque las cochinadas le gustan, o porque las necesita, o porque es un adulto mayor de 18 años y hace de su vida un papalote. Del otro lado tenemos a una cadena de productores, transportadores e intermediarios de un producto que no es mucho más dañinos que el tabaco o la cerveza, y que consumido en exceso producirá seguramente problemas sociales y de salud pública, cuya gravedad no es ni remotamente comparable a la violencia, el miedo y el secuestro intra.muros de una sociedad entera. Estos empresarios necesitan asociarse a bandas criminales (o transformarse ellos mismos en criminales) para poder ejercer su negocio debido a la prohibición. ¿Si el consumo fuera legal, lo necesitarían? / Claro, persiste el problema de que la mayor parte de los consumidores se encuentran al otro lado de la frontera, pero ese es un problema gringo. ¿Por qué no, en pos de la paz social en México, hacer ojo de hormiga con el transporte del mismo modo que ellos hacen ojo de hormiga con la invisible red de traficantes locales? /Leo en El Universal un embrión de debate sobre la legalización de la mariguana y la cocaína en México. Llamarle guerra es una conveniencia comercial o política… ¿si la solución no es militar, por qué entonces insisten en llamarle guerra? ¿Quién gana con la prohibición, quién con la militarización, quien preserva mejor el poder gracias al miedo? / Al respecto, vale más leer esta excelente columna de José Antonio Crespo en Excélsior.

3 Respuestas a “guerra en México y otros excesos discursivos

  1. Alex 23 septiembre, 2008 en 18:45

    Hay otro asunto del que no se habla: el tráfico de armas. Éstas, sospecho, cruzan la frontera por Estados Unidos. Bueno, quizá también entran por otro lado, no lo sé.

    Así que estoy también a favor de la legalización de las drogas y la inversiónd de todo ese dinero en políticas de prevención: campañas, clínicas, programas de atención familiar.

    Y su el ejército quiere seguir peleando, que entonces ataquen el tráfico de armas. A ver si cómo le hacen los secuestradores para seguir con su negocio sin cuernos de chivo.

  2. r.h.g. 24 septiembre, 2008 en 03:18

    Si bien estoy de acuerdo con la idea básica del ‘cada quién hace con su cuerpo lo que quiera mientras no dañe a terceros’, creo que el caso presente es más complejo, debido a que lo que realmente está en juego es el concepto del monopolio de la fuerza en manos del estado.

    Cuando agrupaciones ajenas al estado tienen capacidad de uso indiscriminado de la fuerza, cambia el panorama: su verdadero poder se transforma de un producto de las leyes del mercado (demanda y oferta de droga) a un organismo que busca mantenerse a sí mismo a toda costa (como ejemplo, el gobierno). Si llegasen a legalizarse las drogas, o al menos dejarlas circular como si nada, el hecho fundamental de que existe un grupo de poder con capacidad de poner en duda el monopolio de la fuerza en el país seguiría en pie.

    Antes, la legalización hubiera tenido sentido, como una respuesta sensata a un problema todavía controlable. Ahora resulta ceder por miedo a las presiones de un grupo, que difícilmente se dará por bien servido con las concesiones dadas, y que buscará un control mayor de la sociedad, si así se le es permitido.

  3. Alex 24 septiembre, 2008 en 18:49

    No creo que legalizar las drogas sea ceder. La idea es quitarles su poder. Si se legalizan las drogas, se cae el mercado. Cualquiera podría, por ejemplo, plantar su propia mota. Imagínate lo que eso haría con los precios. En cuanto a las drogas más químicas, pasaría algo similar. Con el beneficio agregado de que la gente sabría con más certeza lo que se está metiendo: un riesgo de salud menos, lo que sea de cada quién.

    Me figuro que entonces los que ahorita trafican con drogas serían unos más de nuestros ilustres empresarios. O sea que seguirian siendo criminales pero saldrían a la luz :p

    Pero hay que entonces controlar el mercado de armas, eso que ni qué.

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