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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

volibol en kizkalesi, 15/08/08/13:45

Días dulces junto al mar. La costa turco.mediterránea, casi esquina con Siria, se ofrece al agotamiento del viajero con la benevolencia de una hamaca de agua. El Castillo de la Muchacha es la estrella flotante de la playa de Kizkalesi: brota de pronto de en medio del mar: como propulsado por cimientos flotadores. / No hay un solo extranjero en el pueblo: puro vacacionista turco: familias reunidas en torno a interminables partidas de Rumyk, interrumpidas apenas por la intervención esporádica del vendedor ambulante de mejillones rellenos. / Hay un torneo de volibol playero, deporte que anteayer yo despreciaba por considerarlo un cuasi.concurso de belleza que sintetizaba perfectamente la banalidad de cierto espíritu playero: un no.deporte, primo hermano del jet.ski. Pero luego, observando a las jugadoras, descubrí que los equipos de volibol playero son microcosmos emocionales donde lo que en verdad se juega es la bi.comedia humana de la pareja. La pareja moldava, por ejemplo: colérica la una, cada punto perdido se traducía en reproches y gritos contra el mundo en general y su compañera en particular, misma que a veces, cuando los decibeles del reclamo desbordaban la arena del vaso de su paciencia, se sumía en una ira silenciosa de mineral ofendido, de donde no había gesta deportiva que la arrancara: la exasperación de quedarse voleando, gritando, lamentándose sola desesperaban a su compañera hasta el perdón, que la otra mula tardaba en conceder. Uno pensaría que las rumanas que tenían enfrente, guapas, ágiles, cordiales en el acierto como en el fallo, aprovecharían el encono de sus contrincantes para hacerse con la victoria. Pero precisamente por eso, por ordenarse de dos en dos, el volibol playero se parece más al matrimonio que al deporte: esa animadverción profunda, sólo posible entre enamorados de largo plazo, es más resistente, más tensa, más duradera que el cariñito cordial y oportunista de los apasionados: tras gritos y sombrerazos, ganaron las moldavas. / Las rumanas se enjuagan la arena en las aguas vespertinas de Kizkalesi. Se bañan en silencio, cada una por su lado. Tras la derrota, las imagino nadando en preguntas matrimoniales: ¿seguir, cortar, cambiar? /Kesto ke lotro, mañana salimos para el monte Nemrut.

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