malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

retrato del artista en traje de empleado

Son las cuatro cuarenta y ocho de la mañana de un lunes 17 de marzo. Hoy empieza mi nueva vida, consistente en levantarme, de lunes a jueves, a las cinco de la mañana y aprovechar las tres primeras horas del día para escribir. El blog es mi nuevo reloj checador. El despertador aún no suena, una pesadilla tuvo a bien despertarme a las cuatro y cuarto. La nueva vida consistirá en despertar a las cinco, preparar té verde, escribir tres horas, bañarse a las ocho y cuarto, pedalear hasta la Gare du Nord para tomar el tren de las nueve, meter la bicicleta en el tren, llegar al trabajo a las diez, sentir la presión del publish or perish hasta las siete u ocho de la noche (una hora de pausa para comer: la peor hora del día: mesa de diez investigadores, temas personales cuidadosamente excluidos: sólo se tocan con pinzas temas académicos o científicos o silencio: comer en silencio como desconocidos con tal de no hablar de sí mismo), a las ocho pedalear de regreso a la gare de Fontenay aux Roses, llegar a la casa a las nueve y cuarto, preparar arroz o atún acompañado de pasta: son las cinco: suena la urgencia del despertador.

3 Respuestas a “retrato del artista en traje de empleado

  1. paso a paso 17 marzo, 2008 en 05:03

    Son las once menos 3.

    Io le hago el relevo al harmodio, pa ke vaya a la escuela. Dos fueras de lugar, dos explusados y ni asi.

    De seguro ia sabe lo ke va a publicar, nomas ke no le gusta mucho su bicla. Comprenle una bicla de esas ke se doblan, al harmodia. Ha cumplido con la asiduidad del fonca y del jale…

    neta, comprenle una bicla chida.

  2. Mediopelo 17 marzo, 2008 en 09:20

    Ánimo, Harmodio. Esto es una prueba de resistencia, pero de aquí puede salir algo grande y, si no, al menos te habrás convertido en una persona “de provecho”, sin dependencias (etílicas o de cualquier otro tipo).

  3. Alex Escalante 18 marzo, 2008 en 19:24

    Qué gueva dan las instituciones, me cae.

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