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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

guía del parís decadente, capítulo 1: bares

Bar Delyss, 4, rue des Deux gares 75010 la callecita perdida entre Gare du Nord y Gare de l’est y los dueños kabiles y las llamaradas del vodka de un tonton flingueur y ese martes cualquiera en donde llegas sin ganas de vivir y acabas bailando sobre la mesa.

La Sully, 16, rue du Faubourg Saint-Denis 75010 (Strasbourg Saint-Denis) en cohabitación perfecta con una calle tomada por los comercios turcos, los puestos de frutas, las bicicletas y esos filósofos urbanos que no van a ningún lado, cuyos pasos describen circunferencias metafísicas al filo de un vaso de cerveza. El Sully, sede de los dos meseros más amables de París, ve pasar el tren del faubourgo, indeciso entre las sopas de tripa turca y los sánduiches de hígado kurdo que lo flanquean.

Olympic Café, 20, rue Léon. 75018 (Goutte d’or) desde aquí se ve Montmartre, desde aquí se ven todos esos turistas que ni se imaginan Senegal tan cerquita, los tapetes para el rezo a media calle, los niños mocosos, la ropa húmeda por la ventana y las tiendas de pescado seco africano. Pescado seco: qué producto tan intrigante: no conformes con privar al pez del agua, lo deshidratan en una inmovilidad intacta: ¿se puede acaso ser más cruel? El Olympic lo es porque está enfrente del teatro donde convive con las sanguinarias heroínas griegas: por la noche hay conciertos en el subsuelo, la cerveza es barata, el ambiente extranjero: por eso está lleno de parisinos.

One Way Café, 50 rue Jules Vallès, Saint-Ouen (Porte de Clignancourt), los lunes de jam-session, el humo de antes de la prohibición del tabaco intramuros, los músicos absortos en sus metales, sus clarinetes, sus percusiones, el público rudo, a veces de motocicleta, tatuaje y cuero, a veces de moñito y calcetín combinado, dependiendo de la tesitura del blues: en el mercado de las pulgas, con sus crepas, sus anticuarios y sus raperos, el one way café es el único bar que se revela sin causa.

Le Lucernaire, 53 rue Notre Dame des Champs, 75006. En esta ciudad donde el espacio es tan escaso, las afinidades se funden: bares y teatros se ganan juntos la vida, el uno dandole la espalda falsa al otro para, a través de una puerta, pasarse la clientela: por eso las pintas a medio precio en la hora feliz del Lucernaire contienen por igual bachilleres que dramaturgos, poetas subvencionados que adolescentes con trastornos alimenticios, rock ácido que tragedia griega. Bajo la placa que señala el lugar donde Saint-Beuve le manejaba la mujer a Victor Hugo, el Lucernaire es uno de los últimos signos vitales de un barrio a punto de transforme enteramente en un museo.
La Chope du Chateau Rouge, 40 rue de Clignancourt, 75018, cuscús gratis los viernes y espejos llenos de recuerdos.

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Una respuesta a “guía del parís decadente, capítulo 1: bares

  1. salamandría 12 febrero, 2008 en 19:29

    ¡Ey! Esta información la necesité hace un mes (mecachis)… siempre le vi la misma cara borrosa a Faubourg St. Denis, sabía que había decadencia.

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