malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

cenizas de jodorowski

Era un momento copretérito y complicado de mi existencia. Antepretérito, había creído estar enamorado, había seguido ese espejismo y la gota del arrepentimiento comenzaba a fracturar la tranquilidad pretérita perfecta de mi decisión, a preguntarse qué hacía ahí, por qué había seguido ese espejismo con tan imperfecto ahínco, a preguntarse con signos de interrogación mayúscula (¿¿¿QUÉ HICE???). Creer modaliza demasiado. Infinitivamente, no sabía qué hacer. Por eso fui a ver a Jodorowski, hombre resistente a toda descripción, ¿quién es Jodorowski, qué atributo (mago, cineasta, sacerdote) significa más (psico.analista, poeta, curandero) su sustantivo (no olvidar guionista de comics). Que corra la prosa libre, dos puntos: corría el mes de octubre, estaba a punto de partir para México hecho un puñado de nervios arrepentidos: necesitaba Tarot, ansiolíticos, seguridad, consuelo: algo. Jodorowski atiende en la avenida Daumesnil, café Los Temerarios, todos los miércoles. Boli venía conmigo. O yo con ella. O ambos. Ambos escribimos nuestro nombre respectivo en sendos papelitos y los metimos en una urna para el sorteo. Jodorowski lee el tarot para treinta personas: ni una más. Yo no salí sorteado, pero afortunadamente Boli sí, y con amabilidad pluscuanperfecta me regaló su turno: yo ya estoy bien de la cabecita, Harmodio, en cambio a ti te hace una falta loca. Entre las cuatro y las diez de la noche cabe mucha cerveza. Boli la compartió conmigo (o yo con ella) y a las ocho se fue, borracha y responsable, a dar su curso de español, que es lo que Boli enseña, que es lo que comparto con Boli: esto nuestro que tú y yo y Jodorowski dicen. A las nueve de la noche con veinte minutos llegó mi turno ante el maestro (mago, cineasta, sacerdote, etcétera). Primera vez que Jodorowski me leía el tarot en seis años de vida en esta ciudad: la hora era grave. Ya lo había visto, nunca de frente salvo en sus libros: su hígado peinaba setenta años de canas, vestía vesícula biliar roja, intestino grueso de pana negra y un esternón.pechera de gran elegancia: sensación atemporal, viejo dorian.greyesco, escleróticas en calma, sonrisa tranquilizadora, manos de paz que entregan el tarot diciendo: acarícialo, extiéndelo sobre la mesa: siéntete bien con él: ¿qué vienes a preguntarme?

¿POR QUÉ NO PUEDO AMAR?
¿POR QUÉ NO PUEDO AMAR?
¿POR QUÉ NO PUEDO AMAR?
¡Ah!, responde el maestro con boca en carcajada abierta, para eso no se necesita el tarot. No puedes amar porque ya amas: cuando eras niño firmaste un pacto con alguien de tu familia, padre, hermana, madre, hermano, y ese pacto es a la vez sagrado y exclusivo: hay que romperlo para electro.chocar el corazón y ponerlo amor de nuevo en circulación. Vas a tomar un papel. Sí. Y vas a escribir ahí el pacto. Sí. Y se lo vas a dedicar a la persona con quien lo firmaste (¿tu madre, verdad?). Lo vas a rubricar. Lo vas a quemar después, y vas a depositar sus cenizas en un vaso de leche y te las vas a beber. Eso sucedió en octubre, pasado perfecto. Luego, pasado más acá, me fui a México con las arterias hechas espagueti y unas ganas extraordinarias de romper el tiempo, de hacer trizas sus conjugaciones y regresar a aquel punto pluscuamperfecto en donde todo tenía remedio. En el avión de regreso manuscribí el pacto. Tres meses después (es decir, en cuanto lo transcriba al blog), me lo tragaré al fin. Cuando usted lea esta nota, sus cenizas flotarán longitudinales en alguno de mis (no es por presumir) ocho metros de intestino. El pacto dice, en presente, así: Yo soy tu único amor. / Me quieres más que a nadie en el mundo. / Yo te voy a salvar / Tú estás primero, por encima, tu deseo es razón suficiente para sacrificar, acallar, reprimir el mío. / Nunca me vas a abandonar. / Voy a ser (seré) el que tú quieras que yo sea, a expensas, a muerte, a cambio del que soy en realidad. / Te prometeré lo que sea, te mentiré lo que sea para que tu creas que soy el que tú deseas. / Tengo miedo de que me abandones, de que me grites, de que me dejes de hablar o de querer. / Tengo pánico de que mueras por culpa mía. / Con tal de no sentir ese pánico podría hacer lo que fuera: someterme, castigarme, deformarme tanto como tú quieras. / Quiero que cambies, que dejes de ser quien siempre has sido para que seas como mis deseos te necesitan: permanentemente, acquiescentemente admiradora, contempladora de mi unicidad, queriéndome siempre: quiero ser tu centro. / Tragándome las cenizas de este pacto en un vaso de leche, renuncio, suelto, saco de mí este amor enfermo, esta necesidad de adicto y acepto la vida, acepto la realidad, acepto mi deseo, y acepto al fin el punto móvil del aquí y ahora (punto de enunciación): me quieras o no me quieras, SOY.

Anuncios

3 Respuestas a “cenizas de jodorowski

  1. Mediopelo 15 enero, 2008 en 08:43

    De las cenizas siempre renace la vida, dicen.

  2. Paula 18 noviembre, 2008 en 15:14

    Y qué comics! pero qué comics! Para la otra, lease uno, y con eso basta…

  3. Pachy 16 octubre, 2010 en 21:06

    Memorizaré el pacto-conjuro. Si funciona, cambiaré mi opinión sobre Jodo. Tu texto me gusta más que todos sus tuits juntos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: