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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: octubre 2007

cuatro enemigos, cuatro

Tomado de Las enseñanzas de don Juan

De Carlos Castaneda

-¿Entonces qué debe hacer un hombre para volverse hombre de conocimiento?

-Debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales.

-¿Será un hombre de conocimiento tras derrotar a estos cuatro enemigos?

-Si. Un hombre puede llamarse hombre de conocimiento sólo si es capaz de vencer a los cuatro. Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

enemigo.1:miedo

“Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.”

-¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?

-Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.

-¿Y qué puede hacer para superar el miedo?

-La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.

“Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural.”

-¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?

-Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.

-¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?

-No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto,

enemigo.2: claridad

“Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

“Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro peto incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

-¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?

-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

-Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!

enemigo.3: poder 

“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.

“Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso.”

-¿Perderá su poder?

-No, nunca perderá su claridad ni su poder.

-¿Entonces qué lo distinguirá de un hombre de conocimiento?

-Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.

-La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos ¿es definitiva?

-Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.

-¿Es posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?

-No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado.

-¿Pero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?

-Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona.

-Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante años, pero finalmente lo conquiste,

-No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.

-¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?

-Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

enemigo.4:vejez

“El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.

“Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

“Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.”

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gracias Dios, por el futbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este…

apero


(Del lat. *apparium, útil, aparejo).

1. m. Conjunto de instrumentos y demás cosas necesarias para la labranza. U. m. en pl.

2. m. Instrumento que se emplea en la labranza.

3. m. Conjunto de animales destinados en una hacienda a las faenas agrícolas. U. m. en pl.

4. m. Conjunto de instrumentos y herramientas de otro oficio cualquiera. U. m. en pl.

5. m. majada (lugar donde se recoge el ganado).

6. m. Am. Recado de montar más lujoso que el común, propio de la gente del campo.

7. m. Arg., Bol., Ec., Perú, Ur. y Ven. Recado de montar.

8. m. Ven. Conjunto de accesorios que forman el aparejo de las bestias de carga.

9. m. ant. Rebaño o hato de ganado.

mitósis de rueda

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por Hisae Ikenaga (2007)

ciencia y dios y tecnología

Por otro lado, respecto a la ciencia y la tecnología, [R.Laughlin, premio Nobel de Física] manifestó: “En el noreste asiático, donde trabajé durante dos años, ‘ciencia y tecnología’ es una sola palabra. Simplemente nunca se consideran separadas. No tendría sentido. Pero en los países occidentales, la ciencia difiere de la tecnología en que tiene matices casi religiosos, y así ha sido desde los tiempos en los que Galileo fue aprehendido por el Papa. En la filosofía estoica griega, la naturaleza, la lógica y Dios también eran la misma palabra. Esa idea está incorporada en todo nuestro concepto de ciencia.

“Una cosa científica debe ser, en primer lugar, verdadera. El hecho de que sea útil es casi irrelevante. Una tecnología, en contraste, debe ser, en primer lugar, útil. Que sea verdadera o no, es casi irrelevante. Hay otra manera de decirlo que crea buenos chistes: en ciencia, obtienes poder diciéndole a la gente lo que sabes. En ingeniería, obtienes poder evitando que la gente sepa lo que sabes”.

Tomado de “Los científicos son controlados por sus fuentes financieras”, La Jornada, 19/10/2007

que chingue a su madre dylan

No me gusta Bob Dylan. No entiendo por qué lo mencionan para candidato al Sheakespeare (perdón, al Nobel) de Literatura. No voy a comprar su libro ni su más reciente antología integral. Dylan me parece prescindible. ¿Algún pedo?

3 fusilamientos 3

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Cortesía de Rue 89

Rafael Lemus en el Cervantes este viernes… no falten

El Taller Literario de París

 

invita a una charla con

 

Rafael Lemus

 

crítico, escritor y ensayista mexicano, en torno al tema de

 

La crítica como género literario

 

Este viernes 19 de octubre a las 18h30 horas, en el
Auditorio del Instituto Cervantes de París,
7 rue Quentin Bauchart, 75008, París

 

Lo acompañarán en la mesa Florence Olivier, Marcos Eymar e Iván Salinas

 

Rafael Lemus se ha erigido como una de las voces más sólidas e originales
de la nueva crítica literaria mexicana. Publica regularmente en la revista Letras Libres
y el Suplemento Día Siete, entre otros, y es coeditor de la revista Cuaderno Salmón.

viernes, la.escalera.méxico.df (11:50)

Soy chilango. Este es mi clima. De pie, la tortilla de maíz se deshace entre mis dientes ávidos: es un día soleado. Para los chilangos el sol no es ningún evento extraordinario: nadie corre a organizar picnics en previsión del invierno, nadie se abalanza a aprovechar el calor antes de las nevadas. Además, aquí el sol nunca cae de frente, entre el sol y el chilango suele interponerse el paraguas protector de los contaminantes, que tiene la virtud de nublar a medias los días soleados, determinar el gris de los días nublados y producir ocasos inolvidables. / Los chilangos tienen tres juegos de vestir: templado, medio lluvioso (lo cual en general implica una chamarra ligera sobre el atuendo templado) y traje.sastre/corbata. La corbata, el traje sastre, son una religión para los chilangos. La corbata canta la canción de la utilidad: soy mi trabajo, vivo ocupado, temporalmente a salvo (el tiempo que dure esta corbata, el tiempo entre hoy y el día en que me liquiden) de la desocupación, del tiempo libre, del ambulantaje: sirvo, le sirvo a alguien. / Para los chilangos, servir es importante. Generosos, la mayoría de los chilangos son amables, hacen favores, cuando no tienes coche te llevan a tu casa. Y en el trabajo sirven demasiado, para algo que los ocupa al menos catorce horas diarias: los chilangos trabajan mucho, todo el día, y cuando no trabajan viven al volante de un coche, la extensión natural de la corbata. El chilango tiene una relación orgánica, íntima con su trabajo: las relaciones laborales a la chilanga incluyen siempre un componente de heroísmo, de estamos dispuestos a todo: mi trabajo es mi trinchera: cueste lo que cueste, licenciado, yo se lo tengo antes del viernes. / Pero en el fondo el chilango sabe torear esa semana de setenta y cinco horas laborales (más las pasadas en el tráfico), le tiene tomada la medida para hacerla menos agotadora: el chilango se las arregla para mantener un buen ambiente de trabajo, irse de cantinas con los colegas, atizar amoríos semanales con la secretaria y llegado el viernes de quincena, matar la jornada a medio día con una comida que se prolonga en extensiones de tequila y chela hasta que cae la noche y entonces los genes de supervivencia que le permiten a los chilangos conducir en estado de ebriedad se activan y aguzan sus sentidos y templan el pulso y los llevan con bien hasta sus casas. Salvo excepciones. Como antes de ayer, en que nos detuvo la siguiente patrulla:

–Sus papeles.

–¿Hubo infracción, mi comandante?

–No, nada más es una verificación de rutina para ver que el caballero no está tomado.

–Mire oficial, la verdad es que me eché mis alcoholes, ¿vamos a arreglarnos, no?

((secretamente, pacto entre chilangos, un billete de doscientos cruza la ventana del automóvil))

–Haga un esfuerzo, joven.

–No traigo más oficial.

–Échele ganas.

(((segundo billete de doscientos, más secreto aún que el primero: el oficial voltea a ambos lados antes de recibirlo))

–Órale pues, váyase con cuidado.

–¿No me va a escoltar en la patrulla?

–¿Hasta dónde va?

–A Tultitlán.

–Noooo joven, está muy lejos.

–¿Entonces deme una clave?

–¿Una clave? Deje ver… Equis cero cero Cronos veintiuno.

–La anoto: X00Cronos21

–Ya con eso.

–Que le vaya bien, váyase con cuidado.

((con el azoro de quien distingue comportamientos extranjeros en parientes cercanos, el chilango expatriado pregunta al conductor para qué es ese código. El conductor responde: por si nos detienen otras patrullas, para que sepan que ya pagamos. Al llegar a la casa, me duermo habiendo deseado que nos detuvieran de nuevo para verificar esa clave que tan amablemente nos vendió el guardián de la ley y el orden. ))

ya entregaron el Shakespeare de literatura

Propongo que le cambien el nombre al Nobel de Literatura, rebautizándolo como premio Shakespeare, y que lo alternen a la manera del Cervantes: en año impar que se lo den a un escritor de habla inglesa, en año par a un escritor de alguna de esas lenguas minoritarias en las que también se hace literatura. No he leído a Doris Lessing, sin embargo me parece que ya con Pinter, Coetzee, Naipaul y Toni Morrison las letras inglesas modernas se podían dar por bien servidas. Acaso mis esperanzas de que la dominación de la lengua dominante exentara a la Academia Sueca eran demasiado inocentes. / Por cierto, en México D.F. es socialmente bien visto pronunciar las palabras inglesas (nombres de marcas, topónimos, antropónimos) con acento nativo. Esto obliga a algunos compatriotas cocolmecas a verdaderas contorsiones fonológicas con tal de alcanzar ese preciado instante de consideración social. A mí, la verdad, ese afán me da mucha desconfianza porque me parece que la buena pronunciación de vocablos ingleses se ha vuelto una marca de cierta superioridad indefinible. Además, sólo se practica con la lengua inglesa (¿lengua.fuente.de.riqueza?). Si fuéramos coherentes, habría que esforzarse también con los vocablos chinos y en ese afán hasta podríamos dejar de de decir China (que en chino se dice Zhong Guó) o Egipto (que en árabe se dice Al-Misr). / Esto me recuerda a la Odette Swann de Proust, quien con exactitud de metrónomo introduce en su discurso palabras inglesas para distingurse de sus interlocutores: el que tú y yo hablemos la misma lengua no significa que seamos iguales: yo soy fashionable, tú un pinche naco monolingüe.