malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

espejo.de.popa

Dique.seco nació con una deformación dorsal. La deformación de Dique.seco tenía forma de trabazón macho cónica. En letras pequeñas, bajo el número de serie de su deformación, una leyenda rezaba quiéreme en todo momento, en toda circunstancia, sin condiciones. Tal era el lema de su deformación, pero como yacía en la espalda y en letras muy pequeñas, Dique.seco no alcanzaba a leerlo. Un día, en el muelle de las citas previamente pactadas por el destino, Dique.seco conoció a Guardamarina. Ella padecía una deformación frontal con forma de salida hembra por rosca, también con número de serie, también con un lema inalcanzable: nunca me engañes, nunca me abandones. A diferencia de las historias de amor feliz, en esta el enganche tomó varios meses. Dique.seco y Guardamarina aparecían de pronto, se escondían, fingían encontrarse para perseguirse después con más empeño. Cuando el enganche ocurrió, sus deformaciones respectivas formaron un nudo que, cuando estaban distraídos, tomaba forma de felicidad. La principal ventaja del entrelazamiento de deformaciones es que los lemas quedan a cubierto, ilegibles, irrecordables, como curados por distracción u olvido. ¿Qué ocurrió después? Lo que ocurre cada que entidades como Dique.seco o Guardamarina olvidan sus deformaciones de fábrica y se hacen felices: a intervalos de 1/18, cada quien tiraba para su lado (el supuesto lado sano), y a intevalos de 2/25 ambos se tiraban mutuamente ahí, donde más daño se obtiene: en el blanco del centro de la deformación. A diferencia de las historias de amor desdichado, la tensión que los entrelazaba se deshizo con la facilidad de un mal nudo. La parte difícil vino después: a intervalos de 4/32 y 17/63, Dique.seco y Guardamarina se paseaban por el muelle de la conciencia súbita, sin coincidir nunca, lamiéndo cada quién su deformación. Su último punto de encuentro fue ese lugar que la gente de por aquí llama espejo.de.popa. Es un lugar único, no por su originalidad, sino porque solamente es posible visitarlo solo: ahí no se coincide con nadie. A pesar de las dificultades mecánicas que el acto demandaba, ambos lograron leer al fin, trabajosamente, sus respectivos lemas. No entendieron nada, pero salieron de ahí introspectivamente solos, falsamente aliviados porque sus deformaciones al menos tenían un nombre.

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