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Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

sangre de sordomudo

Te dijeron que habías infectado a tres personas. Te convencieron de que al fin habías llegado a ese paredón de culpa que venías buscando desde el principio: un paredón enjalbegado: la cal te mancha la espalda de blanco. Te metieron un gancho por la garganta para sacarte la verdad. Te hicieron pronunciar el nombres y apellido de las personas con quienes te habías refocilado. Te preguntaron por qué no te protegiste y no supiste qué contestar. Te mostraron los análisis. Eran positivos y era tu culpa. Te acusaron no sólo de arruinar tu vida sino también la de las tres infectadas. Tú cerraste los ojos y le prometiste a la virgen que si te dejaba salir de ese trance serías un hombre distinto: renacerías. Pediste un nuevo análisis. Te llevaron a un hospital para sordomudos. Antiguamente, en ese lugar se recluía a las locas, pero la civilización de tus verdugos lo había transformado en un lugar humano: centro de estudio de sangre de sordomudo. Las enfermeras hablaban en lenguaje de signos. Los pacientes describían sus males habitando el espacio con movimientos sintácticos de brazos. Ahí te tomaron nuevas muestras. Tú eras un sordomudo más: la culpa maniataba tu garganta, condenada a cinco años de muerte y tres infectadas en las espaldas. Los doctores te pedían detalles, fechas de contagio, nivel de protección. Tú te inocentabas en descripciones fútiles del deseo (un dios me habitó). Los nuevos análisis salieron negativos, las batas blancas de tus acusadores achacaron todo a ese treinta por ciento de errores administrativos, y las antes infectadas regresaron sanas a sus casas, la sangre limpia pero el rencor intacto. Hubieras deseado renacer, hubieras necesitado un nuevo bautizo para lavar la culpa en la capilla: en la iglesia para sordomudos desahuciados te postraste ante el altar y el ángel de la virgen bajó para dictarte una oración de gracias. Pero la culpa ahí se quedó, ensartando la manzana de Adán, gusano oradador de galerías llenas de malos deseos. Ayer eras el verdugo positivo: ¿te sentías mejor así, en plena posesión de culpa? ¿Mejor que ahora, inocentado por la bioquímica pero cargando el fardo de las faltas ficticias, el pude haber infectado, el todo contratiempo pasado fue mejor? Eres un recién no.nato estacionado entre las piernas de una madre de alquiler: no puedes renacer: el fórceps de la culpa amordaza tu alumbramiento.

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Una respuesta a “sangre de sordomudo

  1. ól 17 septiembre, 2007 en 15:09

    Cool. Duro, pero cool. Espero que no sea autobiográfico… (O qué dolor.)

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