malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Archivos mensuales: septiembre 2007

espejo.de.popa

Dique.seco nació con una deformación dorsal. La deformación de Dique.seco tenía forma de trabazón macho cónica. En letras pequeñas, bajo el número de serie de su deformación, una leyenda rezaba quiéreme en todo momento, en toda circunstancia, sin condiciones. Tal era el lema de su deformación, pero como yacía en la espalda y en letras muy pequeñas, Dique.seco no alcanzaba a leerlo. Un día, en el muelle de las citas previamente pactadas por el destino, Dique.seco conoció a Guardamarina. Ella padecía una deformación frontal con forma de salida hembra por rosca, también con número de serie, también con un lema inalcanzable: nunca me engañes, nunca me abandones. A diferencia de las historias de amor feliz, en esta el enganche tomó varios meses. Dique.seco y Guardamarina aparecían de pronto, se escondían, fingían encontrarse para perseguirse después con más empeño. Cuando el enganche ocurrió, sus deformaciones respectivas formaron un nudo que, cuando estaban distraídos, tomaba forma de felicidad. La principal ventaja del entrelazamiento de deformaciones es que los lemas quedan a cubierto, ilegibles, irrecordables, como curados por distracción u olvido. ¿Qué ocurrió después? Lo que ocurre cada que entidades como Dique.seco o Guardamarina olvidan sus deformaciones de fábrica y se hacen felices: a intervalos de 1/18, cada quien tiraba para su lado (el supuesto lado sano), y a intevalos de 2/25 ambos se tiraban mutuamente ahí, donde más daño se obtiene: en el blanco del centro de la deformación. A diferencia de las historias de amor desdichado, la tensión que los entrelazaba se deshizo con la facilidad de un mal nudo. La parte difícil vino después: a intervalos de 4/32 y 17/63, Dique.seco y Guardamarina se paseaban por el muelle de la conciencia súbita, sin coincidir nunca, lamiéndo cada quién su deformación. Su último punto de encuentro fue ese lugar que la gente de por aquí llama espejo.de.popa. Es un lugar único, no por su originalidad, sino porque solamente es posible visitarlo solo: ahí no se coincide con nadie. A pesar de las dificultades mecánicas que el acto demandaba, ambos lograron leer al fin, trabajosamente, sus respectivos lemas. No entendieron nada, pero salieron de ahí introspectivamente solos, falsamente aliviados porque sus deformaciones al menos tenían un nombre.

Si te comes un limón sin hacer muecas

La vida es agria. Nuestras facciones de mortales hacen muecas al probarla. O es la vida quien nos prueba acaso, pero, eso sí, la mueca es nuestra: carne de mi carne sometida al tacto vital. / El título de esta nota es el del último libro de cuentos de Sergi Pámies (publicado por la editorial Anagrama), de donde he transcrito un cuento que me gusta mucho, intitulado Ficción, y que insiste hasta el final en renegar de la tensión dramática, denegar la trama, rehusar todo lirismo para poco a poco irse recluyendo en el rincón minimalista de quien está a punto de no contar nada (he ahí el motor del cuento: ¿contará?). Pero en las dos últimas frases Pamiès logra que este cuento rejego haga exactamente eso que ha rehuído a lo largo y ancho de su distancia narrativa: contar. Y lo que cuenta, lo cuenta en dos plumazos y es bueno, muy bueno: dos frases que valen un cuento: que lo disfruten (por cierto, gracias a David R., quien me regaló el ejemplar de Pamiès). / Hablando de dulzuras, malversando y su red de concesionarias aprovecha la ocasión para desearle una buena semana a la especie humana y bañistas circunvecinos.

 

FICCIÓN

Por Sergi Pàmies

Escribo la historia de un personaje de ficción que, a la hora prevista, aterriza en el aeropuerto. Aviso: no se trata de ninguna aventura espectacular, ni está ambientada en lugares peligrosos (cimas que nadie ha culminado, bosques en los que se pierden excursionistas y los equipos de emergencia que intentan rescatarlos, desiertos con tormentas de arena tan destructivas que ni siquiera los camellos se atreven a… [seguir leyendo…]

refritos de catedral.egótica presenta

miércoles, passage.molière (5/abr/2006/10:51) El desamor se puede explicar con metáforas atléticas. Vas corriendo enamorado, creyendo que es maratón y es plano, pero un día alguien te manda al diablo y te das cuenta que la carrera es más corta y tiene obstáculos. Tú no eres velocista, pero sigues corriendo. Y te acostumbras, y poco a poco entiendes que la libertad está precisamente ahí, en el instante de flotación que te da el salto de obstáculos. En eso, alguien a lo lejos se enamora de tí, y se va acercando, acercando, acercando, hasta que entiendes que es tu turno, ahora te toca a tí mandar al diablo, pasar la estafeta, causar el desamor: volverte obstáculo. Sí, el desamor es una estafeta, una estafeta para abrir los ojos de los que corren creyendo que es maratón y es plano.

miércoles, el.cairo (9/12/1997/17:17)

Me cai que el grado de felicidad de un individuo está estrechamente relacionado con su porcentaje de satisfacción gastronómica. Qué chingón se siente escribir con la panza llena. Cuando tengo hambre soy como los perros: desconozco. El mal humor hambriento se manifiesta en una crisis melancolico.existencial por ahí de las cuatro de la tarde, hora en que mientras el Cairo duerme la siesta yo me digo: ¿por qué bergas vine al Cairo en Ramadán? / El día de ayer fue una lucha contra la novela con muy magros resultados. Me pasé el día en el cafetín sin lograr sacarme una palabra. Por la noche, después de la ruptura del ayuno, me invitaron a dos fiestas (Mohamed, Rose) pero preferí acostarme temprano, sólo para revolcarme en el insomnio. El Ramadán es un letargo diurno que por la noche se enfiesta: los cuetes no me dejaban dormir, así que salí a comer y a caminar. Me tumbé un sánduich de falafel con vísceras de pollo, dos naranjas y un té (si con eso no duermo, yo no sé con qué). / La novela no avanza porque estoy atorado con el personaje del sordomudo. Al regresar de la cena y el paseo me encontré un café en donde una mesa entera de sordomudos platicaba amenamente. Me senté con ellos. Es increíble la cantidad de cosas de las que hablamos. Era un grupo de siete u ocho, cuatro de ellos jugaban cartas, los demás fumaban shisha. Sin palabras, con el sudor de los gestos de sus manos, me contaron que trabajaban en el aeropuerto, para la compañía TWA. Yo los conté que soy mexicano, trabajo con computadoras, pago siete libras la noche por una cama en el dormitorio común del Sun Hotel y las mujeres egipcias me parecen guapas. Mientras los observaba, tuve el mal gusto de sacar mi libreta de notas para hacer apuntes sobre el personaje del sordomudo, que en la sesión de escritura de mañana espero camine mejor. / Todavía no decido donde pasaré navidades. ¿Belén? Demasiado católico. ¿Palestina? Demasiado militante. ¿Tel Aviv? Demasiado fresa. ¿Un kibutz? Demasiado trabajo. / Por la tarde fui a la embajada de México, donde me recibió una señora que lleva 22 años en el servicio exterior y que ni por eso pierde ese aire de ama de casa mexicana. La biblioteca de nuestra embajada en el Cairo es un caos. Hay libros que ni siquiera se han abierto: la tentación de chingármelos es mucha: ya llevo seis meses fuera de México y tanta literatura nacional me tienta. / El problema de pasar tres meses en la India es que uno se acostumbra a pedorrearse en público sin que sea mala educación y las costumbres intestinales son muy necias: ¿quién le explica a la mía que ya cambiamos de país? Me acabo de soplar uno cuya pestilencia ameritaba una comisión supervisora de Naciones Unidas. / En la embajada leí la revista Proceso y me embargó la nostalgia. Me emocionó sobremanera leer el paso cotidiano de la vida en México: las cosas no esperan mi regreso (cálmate, centro del universo) para transformarse. También me morí de envidia leyendo sobre escritores que a mi edad ya publican. Al salir de la embajada vagué un rato por la Universidad del Cairo y encontré una computadora con teclado latino en donde al fin pude pasar en limpio los dos últimos capítulos de la novela. / Tengo sueño. A ver si me puedo dormir. Chingá, me hubiera ido a la fiesta.

sin comillas: Villoro y Piglia

He aquí algunos extractos que me gustaron de la conversación entre Ricardo Piglia y Juan Villoro, aparecida en la revista Letras Libres de este mes

[P, sobre la edición]  seguimos escribiendo igual que como se escribía hace muchísimo tiempo, necesitamos un lápiz y un papel para ponernos a escribir. Se acostumbra poner en cuestión la experiencia de la literatura a partir del conflicto que se ha generado en la circulación de la literatura, en la distribución de la literatura, en todo lo que hace a ese universo –y por supuesto los escritores estamos preocupados e intervenimos ahí–, pero no consideramos que eso permita definir la literatura. La literatura no puede definirse por su modo de circulación.

[V, sobre el lector extremo] De alguna manera, la literatura ha reclamado siempre la complicidad de este tipo de lectores, lectores que hacen mejores los libros, que sobreinterpretan en favor de los textos. Toda la escritura borgesiana, con sus falsas atribuciones y sus estrategias para traducir de manera deliberadamente falaz, representa una apropiación practicada por un lector extremo.

[P, sobre los tipos de lectores] En ese sentido, partiendo de los escritores, he pensado que hay –para jugar un poco al modelo de las clasificaciones– dos modos básicos de lector: a uno yo lo llamaría el lector Kafka, que se encierra, se aísla, trata que nadie lo interrumpa. Sabemos las metáforas de Kafka: “Me gustaría estar en una catacumba, en un sótano y que me dejaran la comida en la puerta para que yo pudiera caminar un poco y que después nadie me molestara.” Esa idea de “estoy ahí leyendo un libro aislado en la noche” es un modelo extraordinario donde la interrupción es el problema, la interrupción en el momento de la lectura. El otro es Joyce, que es lo que yo llamaría la lectura dispersa, el que está por la ciudad, un poco el modelo de Bloom, que anda por las librerías de viejo buscando las novelas eróticas para Molly y al mismo tiempo se encuentra con otros libros. Es decir, por un lado estaría la idea del lector que se concentra de una manera absoluta en un texto, y por otro lado estaría esta idea de la percepción distraída, “leo mientras escucho la radio y atiendo el teléfono, leo mientras contesto los mails, leo con el televisor encendido al fondo.

[V, sobre la cortesía] Aquí en México vivió exiliado el escritor catalán Pere Calders, un gran cuentista, poco frecuentado entre nosotros pero extraordinario, seguramente el mejor cuentista de la lengua catalana. Era timidísimo y leía en el tranvía, pero sólo se bajaba en la parada si alguien más lo hacía; le parecía una descortesía que el tranvía se detuviera sólo por él. Como era tan tímido, seguía leyendo hasta que alguien más hiciera la parada, y así se volvió culto.

[V, sobre Bolaño] Roberto Bolaño construye la idea de los detectives salvajes, que investigan poéticamente la realidad y quieren llegar a una zona que está más allá de la literatura: la vida como vanguardia. Su exploración consiste en convertir el arte en una forma de vida. Muchos de los poetas de Bolaño no tienen obra ni necesitan tenerla, lo que quieren es vivir poéticamente. Ésta sería una interpretación lírica de tu idea del detective.

[V, sobre los mitos de camiseta] una de las paradojas de la acción es que algunas grandes figuras que fracasan en el mundo de los hechos tienen una posteridad posible en la mitología; su triunfo como estampa o relato dura más que sus lances reales. Dos de los máximos productores de mitos populares (mitos que se pueden estampar en camisetas) son Argentina y México. Pocos países tienen tantos protagonistas históricos que pueden aparecer en una camiseta: el Che, Maradona, Gardel, Evita, Perón, en la alineación argentina, o Villa, Zapata, Marcos, Frida Kahlo, probablemente la Virgen de Guadalupe, si aceptamos una chica celestial, en la mexicana. Digámoslo así: la perdurabilidad de muchas figuras que jugaron sus cartas en el mundo de los hechos depende del territorio del relato, la fabulación, el mito, la utopía que decora una camiseta.

sangre de sordomudo

Te dijeron que habías infectado a tres personas. Te convencieron de que al fin habías llegado a ese paredón de culpa que venías buscando desde el principio: un paredón enjalbegado: la cal te mancha la espalda de blanco. Te metieron un gancho por la garganta para sacarte la verdad. Te hicieron pronunciar el nombres y apellido de las personas con quienes te habías refocilado. Te preguntaron por qué no te protegiste y no supiste qué contestar. Te mostraron los análisis. Eran positivos y era tu culpa. Te acusaron no sólo de arruinar tu vida sino también la de las tres infectadas. Tú cerraste los ojos y le prometiste a la virgen que si te dejaba salir de ese trance serías un hombre distinto: renacerías. Pediste un nuevo análisis. Te llevaron a un hospital para sordomudos. Antiguamente, en ese lugar se recluía a las locas, pero la civilización de tus verdugos lo había transformado en un lugar humano: centro de estudio de sangre de sordomudo. Las enfermeras hablaban en lenguaje de signos. Los pacientes describían sus males habitando el espacio con movimientos sintácticos de brazos. Ahí te tomaron nuevas muestras. Tú eras un sordomudo más: la culpa maniataba tu garganta, condenada a cinco años de muerte y tres infectadas en las espaldas. Los doctores te pedían detalles, fechas de contagio, nivel de protección. Tú te inocentabas en descripciones fútiles del deseo (un dios me habitó). Los nuevos análisis salieron negativos, las batas blancas de tus acusadores achacaron todo a ese treinta por ciento de errores administrativos, y las antes infectadas regresaron sanas a sus casas, la sangre limpia pero el rencor intacto. Hubieras deseado renacer, hubieras necesitado un nuevo bautizo para lavar la culpa en la capilla: en la iglesia para sordomudos desahuciados te postraste ante el altar y el ángel de la virgen bajó para dictarte una oración de gracias. Pero la culpa ahí se quedó, ensartando la manzana de Adán, gusano oradador de galerías llenas de malos deseos. Ayer eras el verdugo positivo: ¿te sentías mejor así, en plena posesión de culpa? ¿Mejor que ahora, inocentado por la bioquímica pero cargando el fardo de las faltas ficticias, el pude haber infectado, el todo contratiempo pasado fue mejor? Eres un recién no.nato estacionado entre las piernas de una madre de alquiler: no puedes renacer: el fórceps de la culpa amordaza tu alumbramiento.

¿quién eres? ¿dónde estás? ¿cómo se llega a ti?

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Refutación psico.mágica de José José

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Para Ligia y Pascal.

Querida Ligia, dos puntos: A reserva de lastimar a uno de nuestros cantantes fetiche, más precisamente a uno de esos cantantes que solíamos escuchar en las fiestas de tu palacio de Télégraphe allende las cinco de la mañana, cuando ya el amanecer y los grados de alcohol del « viski » hacían estragos en nuestro entendimiento, quiero, a manera de loa celebratoria de tu matrimonio con Pascal, refutar de plano esa canción que juntos hemos cantado con tanto ahínco en las madrugadas referidas: El amor (NO) acaba. Como instrumento de contradicción me dispongo a usar el Amor Loco, que André Breton escribió a partir de su encuentro con Jacqueline, de quien se enamoró estúpidamente y con quien concibió a Aube (Alba), sustantivo femenino que a mí en lo personal me parece lleno de buenos augurios.
Pero vayamos a José José, estrofa uno: Porque el alma se vacía /como el cántaro en la nube /¡el amor acaba!. ¿Cántaro… nube…? ¡Vaya figura retórica para abrir una canción de desamor! Entiendo que estas nubes están cargadas de lluvia: son nubes negras: se avecina la tormenta. ¿Qué puede el alma esférica de un cántaro contra las amenazas atormentadas de las nubes? Muy poco, canta José José, pero afortunadamente la voz fumadora de Breton interviene aquí a manera de conjuro, refutación o contradicción psico.mágica (abre cita, página 124 de la edición de poche, dos puntos): “observar una nube desde la tierra es la mejor manera de interrogar su propio deseo”. O pág. 129 : “El deseo, muelle único del mundo, el deseo, único rigor que el hombre ha de conocer, ¿dónde se le puede adorar mejor que en el interior de una nube?”. La nube abstracta, inmaterial, imprecisa, puede adquirir la forma que tú quieras. Inspirándose en Baudelaire, Breton dice que las nubes son los puntos suspensivos entre el cielo y tierra, significados solteros a la espera de su media naranja significante: Pascal y Ligia y las formas infinitas de su deseo.
Estrofas más adelante, el príncipe de la canción agrega: Porque somos como ríos / cada instante nueva el agua / ¡el amor acaba! Con todo el respeto que su música me inspira, debo detenerme aquí para demostrar la enorme equivocación, de corte heraclitiano (nunca te bañarás dos veces en el mismo río), con que tropieza el príncipe. En efecto, la realidad vive sometida al cambio; pero aún, los enamorados crecen, evolucionan, se transforman al son de la balada rotacional del universo. ¿Pero de dónde chingados saca José José que el amor debiera ser estático, que la única manera de preservarlo es disecándolo como a un conejo o prendiéndolo de la aguja del coleccionista para reducirlo a la quieta condición de mariposa de vitrina? Breton, página 119: “Mi amor por ti no ha dejado de crecer desde el primer día: bajo su higuera imperial tiemblan y ríen los destellos de su fragua cotidiana. Porque tú eres única, no puedes dejar de ser siempre distinta para mí, otra, otra tú.misma. A través de la diversidad de estas flores inconcebibles, eres tú.cambiante a quien yo amo, tú en camisa roja, desnuda, en camisa gris.” Con la venia de José José, me permito aquí reescribir la estrofa en clave bretoniana: porque el amor es como un río, cada instante nueva el agua, el amor no acaba. Post.data para Pascal y Ligia, les deseo de todo corazón un amor de Heráclito: cambiante e infinito, sabio y fluvial : un amor que se sepa vivo.
Si esa fuera la única equivocación de José José, este texto podría tocar aquí a su fin. No es el caso. Su aguardientosa alteza insiste en equivocarse con todo su ronco pecho: Porque se vuelven cadenas / lo que fueron cintas blancas / ¡el amor acaba! Grandísima idiotez, apunta Breton en la página 132, abre cita: “No hay sofisma más temible que aquel que consiste en presentar la consumación del acto sexual como necesariamente acompañado de una caída del potencial amoroso entre dos seres[…]. De esta manera, al perseguir su realización, el amor se expondría a su ruina […] para extinguirse un día, víctima de su propia resplandecencia. […] Este error moral [es consecuencia de] la incapacidad que padece la mayoría de los hombres para, en el amor, liberarse de toda preocupación ajena al amor y exponerse sin miedo, sin dudas, sin reservas, a la mirada fulminante del dios […] El amor recíproco, tal como yo lo concibo, es un dispositivo de espejos que reflejan [de, en y hacia mí] los mil y un ángulos de lo desconocido: la imagen fiel de quien yo amo, siempre sorprendente en la adivinación de mi propio deseo, dorada más y más por la vida”. Que no te digan, Ligia, que no te cuenten, Pascal, que matrimonio y amor son antónimos josé.josianos: no hay cinta blanca ni cadena capaz de contener el río de la vida: amor y agua son sinónimos: ambos motores del mundo, ambos materia imprescindible de lo vivo.
En el video de You Tube del que me inspiro para escribir esta refutación, José José viste de smoking y sostiene el micrófono con aire incierto. Incluso su voz se quiebra un poco al cantar Porque el tiempo tiene grietas /porque grietas tiene el alma / porque nada es para siempre / y hasta la belleza cansa / ¡el amor acaba! Algunos dirán que esta hesitación es producto del exceso de bebidas enervantes que caracteriza a nuestro príncipe. Yo prefiero pensar que su voz duda y se rompe de incredulidad: sus cuerdas vocales no logran creer lo dicho por su canto. Más que refutarlo, me gustaría usar algún artilugio surrealista para suplantar, justo en esa estrofa, justo en esa parte del video, a José José por André Breton sin grandes cambios: el mismo smoking, el mismo tranco semi.borracho, la misma retransmisión ochentera de Siempre en Domingo, pero con el profeta surrealista de frente a la cámara (los técnicos de Televisa en zoom apresurado hacia su cabellera) cantando la pág. 74: “Todas las flores, empezando por las menos exuberantes de este tiempo, conjugan a placer su fuerza para regresarme la juventud de la sensación. Fuente clara donde todo el deseo de arrastrar conmigo a un nuevo ser se refleja y viene a beber; todo el deseo de volver a empezar de dos en dos, dado que no había sido posible antes, para retomar ese camino perdido al final de la infancia y que se deslizaba, ungiendo entre las praderas a la mujer aún desconocida, a la mujer por venir. ¿Eres al fin tú esa mujer, es hasta ahora que debías venir a mí?”
Aquí y ahora, con estas palabras que ejercen su magia conforme mi voz alta las pronuncia bajo el psico.mágico auspicio de Breton, conjuro, en nombre de Pascal y Ligia, los malos agüeros que las canciones del mal amor pudieran operar en su destino: que su amor no acabe, que el río de sus cintas blancas corra por mil y un derroteros y vaya a fertilizar el océano de amantes que han amado sobre la tierra para que, mientras las órbitas del universo parpadeen aún, siga habiendo amantes cuyos labios se confundan en el azar de un beso, y con el azar de la mano ignoren a José José y se plantan frente al mundo como ustedes el día de hoy, para abandonarse voluntaria, solidaria, enamoradamente a la pronunciación de ese monosílabo mágico: sí.

Firman José José, André Breton y Jorge Harmodio
Campagne les Boulonnais, 8 de septiembre del 2007

miércoles, mercado.ganadero.laissac (5/sep/07/7:05)

Ganado vacuno. Toneladas de rebaños desorientados en una retícula de orientación racional, es decir inaccesible para ellos, bestias volitivas. La orientación la da un corral de metal cuadriculado con rejas plegables, capaces de abrir y cerrar un elemento de la cuadrícula según las necesidades de la compra.venta. Cuando una operación se cierra, una serie de rejas sucesivas se abren formando un corredor que conduce a los animales hacia un camión, donde serán transportados hacia parajes lejanos para el sacrificio. / Retrato hablado del ganadero de Laissac: 1:boina, gorra, cabeza a cubierto, calientita: todo, menos parecer hombres de cabeza fría; 2: bata azul para identificarlos, para federarlos, casi uniformarlos; 3: botas de hule para no pisar la mierda, el orin, la sangre: botas para caminar sobre los humores vitales que compartimos con los animales: botas, en fin, para pisotear lo que nos une con los animales, eso que nos humanimaliza; 4: un baston de madera para golpear la grupa de las bestias cuando el miedo, la rabia o la incomprension las inmobiliza: el arma simbolica del administrador oficial de crueldad. / En el mercado, recordé la crueldad implícita en el acto de comer. Una especie entera que decide borrar la crueldad intrínseca del depredador: comer y matar podrian ser una misma palabra, lo son para muchas especies, no para nosotros, a los humanos nos gusta comer evocando el paraíso, donde el acto de alimentarse no implica la desaparicion violenta (masticacion) de otro ser vivo (ponga aquí un comentario de Mediopelo citando al Foucault de Vigilar y castigar). / Retrato hablado y retocado del ganadero: rostro taimado, comportamiento hiper.masculino, indispensable para ejercer ese rol de administrador de crueldad con que la sociedad lo ha ungido: él se encargan de golpear la grupa de las bestias, mercarlas por dinero, conducirlas calladamente al matadero y ademas guardar el secreto: ese filete que usted se come es cruelty.free, en él no hay una sola gota de violencia: usted coma y olvide lo demás, nosotros nos encargamos del cuchillo.

martes, laissac (6:51/sin.acentos)

Ayer fuimos a recoger hongos al bosque. Habia que desbrozar el suelo para localizarlos bajo la primera carpeta de hojas otonales. Eran amarillos y sustanciales, casi flores carnosas. Mi amigo y guia me explicaba que habia que distinguir los de enves estriado de los de enves puntuado, estos ultimos venenosos. Recogimos casi dos kilos. Ayer mismo por la noche nos los comimos, cocinados con ajo y perejil. Pocas veces en mi vida he consumido alimentos acabados de cosechar.sacrificar. Sabian a tierra. Tierra de aqui. / Mientras los masticaba pensaba metaforas para el blog: flores carnosas: flores terregosas, carne terrosa, carne aterrada, tierra floreada… / Mientras los degustaba, la esposa de mi amigo y guia aclaro que los hongos no tienen ningun valor alimenticio: nutricionalmente hablando, son una perdida de tiempo. / Hoy desperte tan temprano porque vamos a ir al mercado ganadero a comer tripas. Los ganaderos pertenecen a ese grupo minoritario que se arriesga a explorar esos territorios ignotos allende el croissant con cafecito y a desayunar tripas a las siete de la manana. Espero que el valor nutritivo del cerdo mananero (como joden los paises sin enie, egnie, enhe… ?como fingir una ñ? / Decia, que espero grandes cosas de los valores nutricionales del cerdo. / Hoy desperte de buenas y quisiera desearle una bonita semana a la especie humana (cuando despierto de malas tambien lo deseo pero no lo digo… ?que valor nutricional tendra el deseo callado, inenunciado, no.contado, no.dicho?)