escritura vs. obra

Fragmento de Roland Barthes por sí mismo (1975)

Trampa de la infatuación: hacer creer que acepto que eso que he escrito sea considerado como una “obra”, pasar de la contingencia de la escritura a la trascendencia de un producto unitario, acabado. La palabra “obra” es imaginaria. La contradicción está entre la escritura y la obra (el Texto, él, es una palabra magnánima: no hace acepción de esta diferencia). Yo gozo continuadamente, sin fin, sin término, de la escritura como de una producción perpetua, de incondicional dispersión, de una energía de seducción tal que no hay defensa legal que pueda detener a este sujeto que ahora lanzo a la página. Pero en nuestra sociedad mercantil hay que lograr una “obra”: hay que construir, es decir acabar un producto. Mientras que escribo, la escritura es así aplanada, banalizada, culpabilizada por la obra de la cual debería formar parte. ¿Cómo escribir a través de las trampas que me tiende esa imagen colectiva de la obra? Pues bien: ciegamente. Perdiendo, afilando, pronunciando en cada instante del trabajo nada menos que esa palabra con la que Sartre concluyera su Puerta Cerrada: continuemos.

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