malversando.blog

Monóbologo interior de @harmodio, maestro de obra electro.literaria (y un tropo entre paréntesis agrega: una bicicleta huiqui descendiendo a toda lentitud por la carretera vecinal del la literatura open source).

Bogoya asedia 10 veces a Los Esclavos de Alberto Chimal

10 asedios a Chimal
Por Camilo Bogoya
(leído en la presentación de Los Esclavos (Almadía, 2009)
en el Instituto Cervantes de París el 5/6/09)

1

Hace unos días un amigo mexicano me dio la novela de Chimal, y el título me hizo pensar en Cartagena de Indias, sus tiempos de gloria, unos 400 años atrás, cuando la ciudad era el primer mercado de esclavos de toda la América hispánica. Mi amigo me respondió, no mames buey, y luego me dijo que él pensaba más bien en las crónicas de Suetonio, en los emperadores que utilizaban a esclavos para su satisfacción sexual. En efecto, Los esclavos, un libro de difícil estirpe, tiene una cercanía con las historias de la antigüedad romana donde se narra de manera transparente y sin ninguna censura, el largo espectro de lo que después llamarían los psicólogos modernos las perversiones.

2

Un epígrafe de Laclos, tomado de Les liaisons dangereuses, abre la novela, sugiriéndonos un nuevo contexto: las intrigas amorosas del siglo XVIII, el racionalismo erótico, los juegos de poder a los que nos somete el deseo. La novela comienza convirtiendo al lector en un voyerista, ya que asistimos al rodaje de una película pornográfica. Yuyis, la actriz protagonista, es la hija de Marlene, quien filma la escena. La explotación sexual de la madre hacia la hija parece el resultado de una educación como cualquier otra, como aprender a sumar o a reconocer las letras del alfabeto. Después sabemos que estas películas en su mayoría no son editadas y se van acumulando a medida que pasan los años, es decir, a medida que Yuyis sale de la infancia. La primera parte de Los esclavos trata también de la relación incestuosa entre Marlene y su hija Yuyis. Ambos personajes parecen esclavos de un deseo transgresor. Sin embargo, el mecanismo de la dominación sexual se expande más allá del rodaje de una película, pues Yuyis vive encerrada, ausente del mundo, y como los esclavos que llegaban a América, desnuda y con una cadena en el cuello.

3

Esta historia podría ser una derivación de Bukowski o la ampliación de una página de Sade. Pero uno de sus mayores logros consiste en contar una historia sucia desde la objetividad, sin llegar a una prosa aséptica propia de un diccionario o de un reporte médico. En otras palabras, a diferencia de Sade, la sexualidad no es un síntoma de la cultura, no es fruto de la hipocresía, no es la cara oscura y acaso más verdadera del ser.

Hace unos días, estaba en el ciberespacio la noticia de una niña de cinco años encontrada en Siberia oriental. Había sido criada por perros y gatos y sólo hablaba el lenguaje de los animales. ¿Cómo narrar la historia de esta niña que ladra y se lanza a morder a los periodistas? ¿Cómo narrar la historia de Yuyis, una niña que crece en cautiverio, como el mítico Gaspar Hauser? Dos estrategias tiene el narrador de Chimal. La primera, no sucumbir a la tentación del sentimentalismo, así se evoquen el tedio de Yuyis y las tardes vacías escuchando el ruido de los vehículos que pasan. Y la segunda, la más impactante de la novela, el hecho de narrar desde fuera de la cultura, es decir, desde un lenguaje que describe los abismos de la imaginación sexual sin ninguna toma de posición, sin subjetividad. Por supuesto, esto puede parecer imposible, y esa narración imposible es uno de los mayores atractivos y logros del lenguaje de Los esclavos.

4

La segunda parte de la novela es un espejo deformado. Tenemos dos personajes masculinos, Mundo y Golo, sustitutos de Yuyis y Marlene. Una gran diferencia los separa. Mientras Yuyis nace y como una autómata se deja llevar por las prácticas sexuales y comerciales de su madre, Mundo, o mejor Edmundo, es un padre de familia, dividido entre su vida organizada y su deseo de obedecer a un amo que lo sodomice y maltrate. La libertad se define para Edmundo de manera negativa, es decir, ser libre es someterse; la libertad es una palabra que en el fondo significa la obediencia. Un día, Edmundo renuncia al orden familiar, se convierte en Mundo, palabra arquetípica, y se vuelve esclavo de Golo, un hombre millonario que entre otras cosas escribe. En sus escritos o confesiones, Golo habla de sí mismo y reflexiona sobre el poder: “Si Golo es perverso, la perversidad es una virtud”. O bien: “Golo piensa que a todos les gustaría mandar, y quienes lo niegan sólo tienen miedo, conciencia de la nulidad de todo ser y todo esfuerzo, o bien un deseo todavía mayor de obedecer, de desaparecer en la voluntad de otro” (fr. 32). Golo también escribe la historia de Mundo y de aquellos que lo antecedieron, una pequeña historia portátil de su esclavitud personal. En sus escritos, además de contar sus propias experiencias, Golo habla de sus maestros “en las artes de someter o quebrar la voluntad, así como de infligir placeres mayoritariamente intolerables” (fr. 40).

Golo también hace de la escritura una experimentación en su estado bruto. En un pasaje, Golo tortura a su esclavo complaciente y le deja la mano derecha libre para que escriba sus sensaciones. No sabemos lo que escribe Mundo, no sabemos si su prosa está más cerca del silencio o del grito.

5

La novela de Chimal explora la sexualidad contemporánea. Podríamos decir que dicha sexualidad no existe, y que fundamentalmente somos iguales al hombre primitivo, encadenados desde siempre al mismo apetito y a las mismas prácticas. Sin embargo, Chimal nos muestra los avances del cine en materia de imaginación pornográfica, los avances de la técnica (un consolador de dos cabezas o la invención de autómatas), y también las nuevas formas de relación como el ligue cibernético. Pensar si nuestra sexualidad puede ser distinta a la del siglo XIX o a la de los emperadores romanos, es otra forma de leer Los esclavos de Alberto Chimal.

6

La novela propone un lenguaje y un estilo realistas. Y de repente, el narrador irrumpe para decirnos que la historia relatada no es exacta. El fragmento 25, el último de la primera parte, comienza diciendo: “En lo dicho hasta ahora hay varias mentiras”. Siguiendo el juego de espejos, si miramos la segunda parte, el último fragmento comienza de un modo similar: “En lo dicho hasta ahora hay, cuando menos, tres mentiras”. Una narración que miente, que es inexacta y lo confiesa, hace ver hasta qué punto el lector también es una suerte de esclavo. Su placer es la lectura, un placer voyerista; pero al mismo tiempo obedece, sometido al deseo del lenguaje.

7

Del mismo modo, un narrador que confiesa sus inexactitudes, hace más creíble la historia. Pero prefiero pensar que detrás de estas confesiones que le dan un giro al relato, se esconde la idea de que la literatura puede ser una broma, de que la ficción es inexacta porque no compite con la verdad, y que mentir es uno de los atributos mayores del lenguaje.

8

¿Dónde está el erotismo? ¿En un cuerpo desnudo o en un cuerpo que oculta la desnudez? Esta no es la pregunta que plantea Los esclavos. La novela planeta una pregunta todavía más esencial: ¿Qué es la desnudez? ¿Un estado de pureza y sinceridad? ¿Una invención de la cultura? ¿Un terror original? ¿Una forma de esclavitud? La novela de Chimal responde a esta respuesta, en 102 capítulos palpitantes.

9

La literatura nazi en América, el libro de Bolaño, muestra a seres despreciables que se dedican al oficio de escribir, como lo puede ser Golo. Bolaño, igualmente, se burla con sutileza de la creencia en la nobleza del escritor. Una parodia de este tipo de individuo, sin ninguna relación con un contexto antisemita, aparece en un personaje marginal: Abdalá Martínez de las Fuentes. Abdalá, que significa “siervo de Dios”, es un poeta con 27 años de carrera literaria, que de repente entra en una fonda y como un vendedor de perfumes o empanadas, lee sus poemas. Leer quiere decir, obligar a escuchar. De nuevo, escuchar es una manera de someterse y de obedecer, y como debemos someternos a la novela, estoy a punto de terminar estos asedios.

10

Después de más de diez libros de cuentos publicados, además de ensayos, obras de teatro y comics, especulo que la experiencia de la novela debe ser una forma de volver a inventar un universo ficcional. Teniendo un pasado literario importante, esta primera novela es una aventura a través del lenguaje como instrumento de precisión, y al mismo tiempo una exploración que nos lleva a mirar de frente lo que nos espanta.

Si leemos la primera y la última frase de Los esclavos, este ejercicio daría “Marlene enciende las luces” y “Golo entra en la casa y cierra la puerta”. Si volvemos a la primera frase, nos damos cuenta de que el primer capítulo del libro sólo tiene una línea. Podríamos pensar que el tema de la novela es la elipsis y sobre todo el silencio, un silencio constante que hace devorar al lector las páginas, pues la tensión entre lo dicho y lo no dicho es permanente. Un amigo mexicano me decía que un crítico de su país dividía las novelas entre dos reinos: la novela fálica y la novela clitoridiana. Yo diría que Los esclavos, mezcla de pujanza y resistencia, de éxtasis sonoro y profusa imaginación, produce un goce momentáneo, y ante todo, un goce sostenido.

About these ads

2 Respuestas a “Bogoya asedia 10 veces a Los Esclavos de Alberto Chimal

  1. Pingback:Los esclavos | Las historias

  2. paso a paso 3 junio, 2012 en 23:22

    chimal y la carabina de ambrosio

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.958 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: