El Gutruf está empotrado en el siglo XXI, pero tanto la decoración como la clientela parecen detenidos en 1920. El promedio de edad de los comensales ronda los sesenta años, no tanto por las canas ni la calvicie ni las arrugas como por el atuendo: el sombrero Panamá del hombre que bebe cognac, la boquilla de carey del dramaturgo de pantalón claro, la profusión de materiales preciosos que ornamenta el cuerpo de la señorona formando un jugendstill metálico en su escote. El mobiliario es de madera y terciopelo verde. Tanto en el acabado como en los materiales, los muebles reniegan de su siglo: el Gutruf inmoviliza las manecillas: fuera lo contemporáneo: en esta jaula se aprisionan aires de otros tiempos: el presente ist verboten. Abre paréntesis (por las fotos, adivino que es un bar donde se reune la gente del teatro. Levanto la cabeza y veo adheridas al techo una dispersión de barajas autografiadas y fechadas. Mis ojos se quedan pendientes de un as de corazones firmado en 1956.
07/08/2007 at 09:51
¡Felicidades por el regreso! Ya se extrañaban tus letras. lf.